Oteiza alias Oteitza XIII
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Escribe Ortega y Gasset, futuro director de "El Sol" al desaparecer "El Globo" y su competencia, "El País", que Pío, tan reportero como novelista en la época madrileña de los Baroja " ...lo que busca es el dinamismo, y buscando, buscando en torno suyo seres reales donde algo dinámico se manifestara ha tenido que ir al margen de la sociedad actual y precisamente en eso que suele considerarse como el escombro social, los golfos, los tahúres, los extravagantes, los vividores, los suicidas, creyó encontrar su asunto". Agrega: "¿Pues qué? ¿Iba a hablarnos de los senadores, los comandantes, los gobernadores de provincia, las damas de las Cuarenta horas y los financieros? En el transcurso de diez años escribe Baroja veinte tomos de vagabundaje".
Ignoraba Baudrillard que iba a servir de guía para las pautas de los media actuales. La sociedad implosiva, es evidente, delega su estado de ánimo en la prensa o la estrella de la meteorología. Vean que nada sucede si no lo han dicho los telediarios de ayer. Y si llueve en lugar de lucir un espléndido sol, o viceversa, la culpa es de la lluvia. Ahorcados todos los mensajeros incómodos, se mima a quienes mantienen a la sociedad tranquilamente acojonada.

Yacía Mateo Morral, suicida, en la cripta del Buen Suceso. Hay redactor que refiere que "parecía dormido". Al parecer, no se había disparado a la cabeza el arma de pequeño calibre. Como todos los muertos, exhibe un ojo más alto que otro y los labios encogidos. Así lo describe la autopsia del experto Antonio Lecha-Marzo: "el progeneismo, la prominencia de los senos frontales y la desviación de la nariz hacen de él un tipo criminal de Lombroso". Un temible friki, vamos. Interesa el degenerado, fruto de alcoholismo atávico o de la sífilis del Raval. De eso, nada. Procedía de distinguida y acaudalada familia de Sabadell. Eso, quizás, lo explica todo mejor que el dictamen forense.
Ley de Jurisdicciones
Mateo Morral, el día 30 de mayo de 1906, se había subido a los áticos de una casa señorial de la Calle Mayor, número 88, frontera con lo que hoy es "Casa Ciriaco" y a espaldas del San Nicolás mudéjar. El 31 había lanzado una bomba camuflada en un ramo de flores a la carroza que traía de Los Jerónimos a Ena de Battemberg y a Alfonso XIII dispuestos a consumar sus nupcias en Palacio pese a la hemofilia, peligro para la descendencia, ya que se transmite vía materna, latente en la novia.
Después de la carnicería que provocó, Morral halla asilo en la sede de un periódico conflictivo: "El Motín" . Su director, Nakens, le traslada a la periferia: Cuatro Caminos. Sólo dos días después se tropezaría Mateo con el guardia. A éste le infunde sospechas "un joven bien vestido" que deambula por Torrejón. De corbata y chaqueta de buen corte, algo escuchimizado, fino bigote, qué diablos hace en plena estepa manchega. Encuentro fortuito y epílogo a la tragedia. Preguntémonos de nuevo por qué el "guarda jurado" de los primeros cables, después "guardia civil", patrullaba en solitario.
Los novios quedaron ilesos, no así un general, otros jinetes de la guardia y demás participantes en la comitiva. Fueron 28, los muertos, más un centenar de heridos. Las redacciones de periódicos, todas muy próximas, se ponen alerta nada más sentir la onda expansiva. La de "El Globo" entre ellas. Pío Baroja explicaría años después: "... el autor del atentado solía ir a un café de la calle de Alcalá donde nos reuníamos varios escritores. Le solían acompañar un periodista, un empleado del tranvía llamado Ibarra, que luego estuvo preso después del crimen, y un polaco, Dutrem-Semóvitch, viajante o corredor de un producto farmacéutico: la Lecitina Billon". Informado al máximo, e in situ. Aparentemente. El caso Morral acarreaba, y aún acarrea, muchas incógnitas.
Se le escurre a Baroja por ejemplo, que Morral se refugiase en "El Motín". Se le escapa, otrosí, un contexto que atañía de lleno tanto al activista como al periodista. O sea, la Ley de Jurisdicciones impuesta dos meses antes, 23 de marzo de 1906, por la Juntas Generales. Militares, por supuesto. Alfonso XIII anduvo enviando emisarios a los cuarteles asegurando a coroneles y espadines que iba a cortar de raíz las críticas a la milicia y las desastrosas guerras de Ultramar. Acto seguido, reunía a los ministros en pantomima real para asegurar la disciplina en el Ejército, negar el ruido de sables y de báculos y de esta suerte hacer el paripé de monarca parlamentarista. Hay republicano que lo trata de más fullero que Isabel II y Fernando VII. No sin fuentes más que dignas: Romanones.
Delitos de Imprenta
Dicho repúblico describe el germen de esa Ley de Jurisdicciones: "La oficialidad exigía que pasasen al Fuero Militar los delitos cometidos por medio de la imprenta contra la Patria y el Ejército". A lo cual accede el Rey, cómo no. Se prohibe hasta pensar. Hubo protestas recias en el consejo ministerial, las de Montero su presidente entre ellas. Y el chusco Romanones nos hace la secuencia. Requerido Montero a presentarse en Palacio, a las diez de la noche y tras tenso debate con Alfonso XIII, "al salir no vio peldaño del dintel, tropezó en él y cayó al suelo... y del suelo no volvió a levantarse políticamente". Al día siguiente, se encarga desde Palacio a Moret que forme gobierno. En mayo, Morral, partidario acérrimo del libre pensamiento y de su difusión en sistemas gutemberguianos (la Escuela de Ferrer Guardia además de clases imprimía libros) lanza un floripondio con dinamita a la carroza de la pareja borbónica, que eran primos, y ya estaba liada. Falló.
Grafismo del Novecento
La fotografía ya estaba en marcha en aquellos principios de siglo. Pero se conservaba como apoyo gráfico mixto el diseño de páginas con grabado, y fotograbado pasado a clichés. Los grandes modelos aún vigentes en este tipo de maquetación eran "La Ilustración de Madrid" y "La Ilustración Española y Americana", cuyas últimas corresponsalías se dedicaron preferentemente a los otros terroristas que en Cuba y Filipinas pretendían la secesión del Imperio. Para portadas, cómo no, en planchas al cobre trazadas con perfección asombrosa y a contrarreloj, generalotes con copiosa quincallería de medallas y barbas de dos cuernos. Y barcos, y globos, y la Expo de París, y la electricidad, tecnología punta de su tiempo.
Debían cuidar los directores que las planchas fuesen exclusivamente exclusivas. Es decir, que pagaban por originales, no por tiradas enviadas simultáneamente a varios periódicos. Muchas veces obligaban a los acuafortistas de redacción a copiar clichés ingleses en madera, "reduciendo al grabador que había de seguir servilmentelas huellas de otro buril a poco más que un carpintero de fino". Tipos exóticos, escenas luctuosas, sucesos espeluznantes y batallas llegaban a tiempo a imprenta. Toda una proeza del reporterismo gráfico que atravesaba océanos y pormenorizaba sin perder actualidad, dados los biorritmos de vida de aquella sociedad, con días de 100 horas o más. Y sigamos con el testimonio relativamente documentado de Pío. "Este polaco e Ibarra recuerdo que tuvieron una noche un serio altercado con un pintor que dijo que los anarquistas dejaban de serlo cuando tenían cinco duros". Uno se imagina la sonrisa sarcástica, íntima, de un Mateo Morral cuya familia catalana nada en la abundancia.
Un forense militar
Sigamos con ellos, con Pío y Ricardo en acción de levantar noticia: "Después de cometido e
l atentado y encontrado a Morral muerto cerca de Torrejón de Ardoz, quise ir al Hospital del Buen Suceso a ver su cadáver, pero no me dejaron pasar. En cambio, mi hermano Ricardo pasó e hizo un dibujo y luego un aguafuerte del anarquista en la cripta del Buen Suceso. Mi hermano se había acercado al médico militar que estaba de guardia a solicitar el paso y le vio leyendo una novela mía, también de anarquistas, 'Aurora Roja'. Hablaron los dos con este motivo, y el médico le llevó a ver a Mateo Morral, muerto". Revela Pío que en "La Dama Errante, "la angustia del doctor Aracil, paseando por las calles de Madrid, está inspirada en la de los conocidos del terrorista, que anduvieron escondiéndose aquella noche. Lo demás del libro, casi todo está hecho a base de realidad. La mayoría de los personajes son tambien reales. El doctor Aracil, aunque desfigurado por mí, vive; el que me sirvió de modelo para pintar a Iturrioz, murió; María Aracil pasea por las mañanas por la calle de Alcalá. Algunos supusieron, no sé por qué, que en María Aracil había querido yo pintar a Soledad Villafranca, la amiga de Ferrer, cosa absurda..."
Psiquiatría del XIX
Uno más de los entretenimientos extravagantes de la grey literaria, plástica y sin horarios de aquellos cafés con tertulia, predilecto de Pío Baroja, era estar al tanto desde la mesa de mármol de quién atravesaba la puerta giratoria, la espesa cortina de velludillo rojo y, nada más despojarse el desconocido de sombrero, chambergo, boina o barretina de artista, adivinar por sus rasgos craneales su oficio, beneficio y profesión. Fisiognomonía, se apuntó. Sintonizaban estos aprendices de detective con toda la escuela médica referida al criminal nato. La que había dedicado exhaustivos estudios a Garayo, "El Sacamantecas" alavés. No obstante, al reportero Pío Baroja se le escurre un dato fundamental. O llega demasiado pronto, o demasiado tarde. El caso es que un policía francés de alto rango llamado Durand, que había investigado en París el previo atentado contra Alfonso XIII, el de la calle Rohan, cerca de la Opera de donde regresaban el Borbón y el Presidente de la República, acude al depósito de cadáveres del Buen Suceso y embrolla más el asunto con su reacción. En París, dos bombas habían estallado en el estribo del vehículo. Ilesos, ambos dignatarios. Cronistas de aquel otro atentado se hace también muchas preguntas al respecto. En seguida.
¿Quién era Farrás?
Fue otro 31 de mayo, el de 1905, extraño azar, y las víctimas fueron numerosas. ¿Saben quién envió la corresponsalía del frustrado magnicidio? Un Azorín muy melífluo. Las incógnitas que se plantean son múltiples. Por lo pronto, no hubo dos bombas, sino tres. La tercera quedó en la parte de atrás del coche. Se descarta por cerebros lúcidos que se pudiesen arrojar los tres artefactos desde la muchedumbre sin que nadie reparase en quién los lanzaba. Las aceras estaban abarrotadas de curiosos y de policía. ¿Tres bombas, una, dos, tres, por encima del público trufado de secretas, y nadie lo ve? Sólo pudieron ser disparadas desde lo alto, desde el Hotel del Louvre. La policía lo niega, a aber por qué, y el enigma se acrecienta. Disponían de alguna sospecha o pista, ya que de inmediato unos cuantos inpectores apostados en los jardinillos del Sacré Coeur y en la escalinata que desciende a los Almacenes Duffayel, aguardan durante un lapso de tiempo ¿calculado? e irrumpen en el número 4 de la callejuela denominada "Escalier Sainte Marie". Apresan a tres individuos, pero el que buscaban, el tal Farrás, no cae en la redada. Y precisamente era el sospechoso de ser el autor material del bombardeo. ¿Farrás era Farrás?
El comisario Durand lo identificaría sin dudar al penetrar en la morgue marileña, un año después, y ver el cuerpo "como dormido" de Mateo Morral. "¡¡Este hombre es Farrás!!"Cuando la pasma decide entrar en la cheka de París, tras el atentado de 1905, en ella se hallaban Almereyda, Malato y Vallina. Farrás, la del humo. ¿Se le dio tiempo para escabullirse? Derivaría este golpe policial en el celebérrimo "Proceso de los Cuatro". Como los Mosqueteros, sólo que falta el cuarto, el esencial. Vallina confesó que en el Bois de Boulogne se habían escondido otras bombas que el Juez halló en el lugar indicado. La lista de testigos no deja de ser, asimismo, sorprendente.
Anatole France, Lerroux...
Depusieron el el sumario Charles Albert, Anatole France, Lerroux. Al final hubo que absolver poque del enigmático Farrás, ¿Morral?, ni rastro. Ciges Aparicio: "Se le buscaba el París, y no se inquirió si la noche anterior al atentado hubo obscuras reuniones en España; si dieciocho capitanes de una guarnición no se juramentaron para ejecutar algún fusilamiento..." Entretanto, la situación es muy tensa en Catalunya. Uno de sus semanarios más sarcásticos, el histórico "Cu-Cut" incurre en licencias de sátira insoportables para los cuarteles. No lo secuestraron, ni procesaron a sus directivos, ni al autor o autores de los presuntos ultrajes. Prefirió la Guarnición pasar la acción directa y en noviembre de 1905 un comando de oficiales asalta la redacción y destruye enseres, muebles y máquinas.
Apoya el Capitán General
El Capitán General, en lugar de proceder a castigar a los tumultuarios, se pone de su parte y pronto cuenta con las adhesiones inquebrantables de otras plazas: Madrid y Sevilla. Esto dio lugar al juego con dos barajas ya descrito de Alfonso XIII y a que se creasen las Juntas Generales y la jurispridente "Ley de Jurisdicciones" contra las imprentas que no adulasen a un Régimen caracterizado por su provisionalidad. Con un partido conservador, vaya sólo un ejemplo, que atravesó cinco crisis totales con cuatro Presidentes del Consejo de Ministros y sesenta y siete ministros nuevos, no faltan testimonios de que el Borbón "parecía solazarse con el frecuente relevo de personas en quienes depositaba, más o menos completamente, su confianza".
Aunque todo esto no es sino guirigay propio de la época tardomonárquica. Queda sellada para siempre la incógnita de el si el cadáver de la cripta del Buen Suceso a quien Ricardo Baroja retrató -- un buen modelo, inmóvil -- y después pasó a aguafuerte era el de Morral, el de Farrás, o el de ambos. También, y sobre todo, el porqué de que el "guarda jurado" de las primeras informaciones terminó siendo guardia civil, por qué patrullaba a solas, sin la pareja que es habitual en la Benemérita, y que al parecer a tiro fijo cuando detuvo a un Farrás-Morral cuya cabeza no estaba desfigurada en la cripta, "parece dormido". y que se había suicidado, todo lo indica, disparándose en otro punto de su anatomía.
Fusilan a Ferrer Guardia
Queda el funesto 'continuará' que va a conducir a Ferrer Guardia al paredón. Nada más exclamar el superagente Durand "¡Este hombre es Farrás!" ante el cuerpo inerte de Morral, se detiene de inmediato, relacionándolos, no se sabe por qué, a José Nakens y a Ferrer Guardia. Lo de José Nakens es lógico y hace pensar en un chivatazo. Pero sería Ferrer, innovador de la pedagogía, anticlerical recalcitrante quien se tragarse el mortífero marrón. Se le procesó como chivo expiatorio de una "Semana Trágica" en la que no intervino por expresa prohibición -- y animadversión -- de los huelguistas.
El Gobierno conservador, sólo por sospechas, imputaba a Ferrer Guardia como cerebro de los atentados de París y Madrid. Sólo indicios infundados lo condujeron al foso de Montjuich el 13 de octubre de 1909, donde muere con dignidad senequista. El 6 de mayo de 1910 fallece Eduardo VII de Inglaterra y en conciliábulo privado hasta siete monarcas, entre ellos el Emperador de Alemania, le dicen a Alfonso XIII que fusilar a Ferrer ha sido "un acto antipolítico". Al regreso, el Borbón despotrica: "¡Maura, no!" Agrega que pasar por las armas a Ferrer Guardia no sólo ha sido, como le indicaron "antipolítico", sino que es "peor que un crimen" porque "ha comprometido mi situación y el prestigio de España". De inhumanidad, ni palabra. Y hasta aquí nos ha traído la anécdota de los dos Baroja, uno de ellos dibujante, acuafortista, pintor, cuando acudieron a la morgue para describir el uno, realizar apoyo gráfico el otro, cómo era y estaba el cadáver de Mateo Morral. ¿O era Farrás?
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Frikis, Baroja, Beorlegui
Se preguntará quien esto lea qué tiene que ver esto con Oteiza, o con Beorlegui. Con Oteiza alias Oteitza, conspirador en pizarra, mucho. Oteitza era un freaky en sí mismo. Tanto, que en la primera Altzuza -- no la reinventada -- los frailes del Hogar del Misionero que se ubicaba en un cerro próximo dispusieron centinelas o imaginarias para defenderse de sus alocuciones destempladas. De sus visitas. El vigía de turno daba la alerta de que un hombre barbudo, pequeño pero fornido, de jersei existencialista con sietes e insólita energía estaba subiendo el repecho a zancadas. De inmediato, los frailes se encerraban en sus celdas y se entregaban a la oración, vigilante incluido. Algunas de las salidas que le surgían en instantes solemnes, rodeado de catecúmenos tirando a sinsorgos, eran las de un 'freaky' en estado puro e influido por el 'freakism' de las Américas. Sobre todo, en alguna de sus teoréticas en Escuela de Deba, por Mario Moreno "Cantinflas", 'freaky' de honor.
Las iconografías al aguafuerte de Fernando Beorlegui, así como los adláteres de quienes se rodeaba, eran de esta repetida tendencia. Y en lo que toca a motivos y personajes, basta con repasar su vasta obra. Ricardobarojiana en la intención, no en la ejecución. Para realzar la prosapia de los 'freakies' remitía Fernando a Carreño de Miranda, "el Goya del XVII" apuntaba con énfasis. Carreño, sí, con su monstrua desnuda. Remitía también a la colección de bufones velazqueños. Ricardo Baroja es un impresionista incluso grabando al boj su autorretrato y algunos tipos pop (el impresionismo no sólo tiene que ver con el color). Beorlegui gusta de afinar y refinar incluso lo más barriobajero. En contra de los pintores áulicos, prefería la plebe. Y si ésta estaba algo encanallada, mejor. Y tratándose de charangas que desafinan incluso con el bombo y el bombardino -- el 'rap' vasco -- perfecto.
Ahora que el término 'freaky' invade esos sembraderos de incertidumbre que son las columnas del columnismo-Zelig, o sea, el de quienes quieren quedar bien con quien les lea, sea quien sea, y no ofender a los dioses y las diosas de la Igualdad, del Cambio Climático, del Ahorro de Agua y el Domund de ahorrar luz para que en Biafra no falte de nada, amén de observar a rajatabla el principio de no ser hortera y populachero; ahora que la tarea de columnista es idéntica a sí misma, firme quien firme, se percibe el desasosiego ante el antiquísimo fenómeno de los 'freakies', cuyo primer impulsor fue Phineas Taylor Barnum (Connecticut, 1810-1891). Personaje éste que le solucionó la vida, con su circo de dos pistas, a más de un fenómeno que en su poblacho era burlado por enano, por mujer barbuda, por hermafrodita, por tener dos cabezas siamesas o por barajar con los pies (siendo manco). En Euskadi, lástima que Barnum hubiese fallecido, hubo un flatulento que le habría hecho de oro: ejecutaba la Marcha Real a base de borborigmos anales.
Todos estos marginados hallaban su razón de ser, tras el debido examen, en los espectáculos de Mr. Phineas. No sólo las monarquías precisan de 'freakies' (menos grotescos, a veces, que el Rey o Reina que les condesciende): el republicano Tío Sam -- otro 'freaky' -- también. La revista "Interviú", otrora prestigiosa, exhibe tetas-'freaky' cada semana en portada. Anafrodíticas. El 'freakism' empieza a ser negocio exitoso y plebeyo porque los politicos han fallado en el intento de incluirse en él, e incluso Berlusconi no da la talla.
Don Quijote, espejo de 'freakies'
¿Que cabe la superchería? Desde la novela picaresca, oigan. Por cierto, Don Alonso Quijano, alias "Don Quijote", es el espejo global del 'freaky' por excelencia. Una de las ironías de Barnum fue exhibir como 'freaky' a una anciana mujer negra afirmando que se trataba de la nodriza de Lincoln. Pues le solucionó el retiro a la señora con el perrea-perrea, ya que las masas estaban empeñadas en creérselo y se agolpaban para admirarla. En cuanto a ella, explicaba de maravilla la biografía del malogrado presidente durante su infancia.
Para cerrar el bucle -- sin red -- váyase al principio, a las observaciones de Ortega sobre Pío Baroja, a las confesiones de éste último cuando era panadero y quiso escribir con trabajo de campo "La Busca". Otro recuerdo escrito: "Vivía yo en Madrid, en la calle de la Misericordia, en una casa unida al Convento de las Descalzas. Esta casa había sido la casa de los Capellanes del Convento" -- de ahí la firma Viena-Capellanes de sus reposterías -- "y en ella murió la Reina Doña Juana de Austria (...) Teníamos allí un guardillón abandonado. En este sitio, mi hermano Ricardo, un amigo nuestro, Pedro Riudavets y yo solíamos dedicarnos a proyectar artefactos mecánicos..." Qué más quieren.
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