Epitafio para un vacíoLas termitas del ClaustroRafael Castellano de la Puente
EN 1976 el Departamento de Cultura de lo que hoy es la Kutxa me solicitó y en 1977 publicó una serie de semblanzas de personajes vascos célebres, aunque no famosos en el sentido hoy mediático de la palabra. Treinta años después, la reedición a cargo de 'Basandere Argitaletxea' emerge en las baldas de las librerías y las webs de novedades. Permanece como uno de los más solicitados en esta Durangoko Azoka-2007. Ha resultado, pues, intemporal.
Es algo que podría etiquetarse como costumbrismo. Sólo que se me permitía, qué digo, me exigían que incluyera las malas costumbres. He añadido algunos episodios más, ilustraciones y explícitos pies de fotos. En aquel ayer una sugerencia del jefe de la sección de Ediciones me sonó a imperativo categórico. Que Oteiza, alias Oteitza, me redactara un prólogo. Lo hizo. <<<<<
Se excusó , Oteitza, de acudir a la presentación multitudinaria que de este voy a llamarlo más que más que 'best seller', 'best read', se llevó a cabo en la Sala de Actos de la calle Garibay.
Digo bien 'best read'. Se distribuyeron en promoción y librerías 68.00 ejemplares, rápidamente agotados. Pero Oteitza pasó del evento. Lo hacía por hábito con toda suerte de compromisos sociales. Huía el de Orio de las multitudes y no por agorafobia. Le abrumaba que las masas publicanas le acosaran para tocarle la zamarra vieja, el jersei de cuello de cóndor. No era profeta ni gurú ni Gran Lama de nadie.
El prólogo no se va a reproducir aquí, viene dentro del libro que en imagen se ve y resultaría canso. Es un texto logrado merced a la táctica estratégica de la conspiración intelectiva no exenta de farsa. Residía Oteitza, y me perdone García Lorca, en una vaga astronomía de pistolas inconcretas.
Todo encuentro con cualquier fin, pongamos una pitanza de queso ovino y jamón ibérico en el "Iñaxio", para él era un komando. Aunque se limitase a dos individuos.
La lechera vasca
No pusimos "prólogo", sólo "comentario". Vaya al menos un párrafo explícito al que Oteitza recurre: "... 'Yo inclinaré la cabeza', piensa nuestra lechera en la versión vasca del cuento de la lechera, pensando en que se hará rica y en que le saludará con respeto la gente, y es cuando al inclinarse derrama la leche. Hay contestación (frase estéticamente auditiva), diálogo con los demás. Rafael Castellano ha recogido sus casos de humor estético en la calle, en la taberna, en la cocina de un hogar vasco. El humor norteamericano, por ejemplo, es temporal. El 'gag'. En el vasco, el humor es espacial. Está inmerso, bucea en él, mientras que en otras civilizaciones se coloca de espectador del suceso jocoso". Etcétera.
Suelo evitar releer, se sufre. Pero en los casos de automaquetación y autoedición de lo que se redacta, no hay escapatoria. Y surgen los incisos, los añadidos. De modo que incluiré unos párrafos para ilustrar esta ilustración oteitzana u otéicica de cómo en ciertas épocas no se precisaba del 'gag' concebido en esos estudios de Hollywood hoy en huelga, ya era hora. No se necesitaban, en el pueblo, sofistas.
En su sentido estricto. Los sofistas de la antigua Grecia definieron su utilidad: "Vendemos ideas a quienes no las tienen". Aunque observaban una estricta ética, y nunca diseñaron sofismas-basura como las TV y algunos diarios hasta hoy puritanos. Éstos, vista la competencia, no vacilan en firmar con data informes directamente facilitados por las oficinas de prensa policiacas. A los que sólo añaden, pecado capital según su Biblia o Libro de Estilo, opinión incluso irónica del firmante. Siempre a favor de su Consejo de Administración, sublime Areópago que todo lo ve. Dicho esto, que no es poco, sigamos.
La 'dema' como estímulo
Sofistas o guionistas, no se precisaban en tiempos pretelevisuales, porque la imaginación alerta bastaba a la comunidad. Sin expertos a sueldo. Instrumentaban las gentes sus propios mecanismos de hilaridad, de catarsis. Se provocaban además los acontecimientos, mayormente, mediando el estímulo de la apuesta. La 'dema', otra ciencia de psicología de masas, ha arruinado caseríos mediante cierta ludopatía que mira más allá del lucro puro y duro. Se aplica a pruebas de bueyes, frontón, aizkolaris, 'harrijasotzaiak' o alzadores de piedra; y 'harrizulatzaileak' o perforadores de rocas con palanka para barrenos. E incluso regatas de 'txanalak' , lanchas sin quilla movidas con pértiga. Estos dos últimos deportes rurales, por cierto, tuvieron su Olimpia en el desfiladero del Deba entre Sasiola y Astigarribixa. O Estigarribia, en documentos.
Precisamente, miren por dónde, este desfiladero abre el enclave donde fui testigo de aquel big bang con enormes rocas volando que poco después alcanzarían la N-634, kilómetro 46. Lugar de alto interés etnográfico que la cantera de Amenabar-Lezeta pretende desvanecer. Fue pues la 'dema' o apuesta, siempre ganada por su taimado protagonista, pronto sabrán por qué, la que hacía desternillarse a la feligresía de algunas tascas y bodegones. No sin dentera, porque la que sigue pertenece al género 'grunge' . Inenarrable, no me sirve como adjetivo. Le hubiese entusiasmado a Buñuel para un corto. Pero inenarrable, no. Porque, precisamente, se puede narrar. Y cuando la publiqué se le terminó el chollo a su protagonista, un provo de mucho preocupar porque era de los transconciliares. Cura implicado en sociologías callejeras, antropologías con retranca. Y chiquitero. Por supuesto.
Morderse los dos ojos
Sucedió varias veces en Mutriku y aledaños: Markina, Ondarroa, Lekeitio, Durango, Ermua y pedanías próximas. Este cura no pasaba, que se sepa, de jugarse un café completo. De Napoleón y Montecristo, cuidado. Como en todo truco ilusionista, se necesitaba de un julai, primo o membrillo de alta sensibilidad ante el acicate de una apuesta. Una vez logrado el corro de brujos, agotados los tópicos de rigor, este cura proponía: "¿A que me muerdo un ojo?" A éste desafío inicial no entraba el pringao, intuía que se trataba de una prestidigitación simple o una charada. Con lo cual el cura mistificador se quitaba el ojo postizo y le hincaba con suavidad los incisivos. Ojo que claramente le delataba, ya que en tales días las ortopedias a las que se recurría, Seguridad Social mediante, colocaban sobre el mostrador el primero que tenían en el cajón. Nada de caprichos ni extravagancias, como que fuese del mismo color que el sano. Para coqueterías, pagando.
Se veía así mucho ojo negro acompañando a otro azul o verdoso, o viceversa. Iba diciendo que se lo sacaba el cura de la órbita, y le aplicaba un cuidadoso mordisco. Aquí surgía el suspense. Profería el cura: "¡A que me muerdo el otro!" El julai saltaba, anda ya, de qué vas. Porque el tuerto, de ciego nada. Se movía, actuaba, cogía los objetos y salvaba barreras arquitectónicas sin lazarillo. "¿Qué te apuestas?" Ya estaba liada, y el café completo con coñac francés de contrabando y montecristos de Fidel Castro quedaba apalabrado. Actuando como testigos y albaceas los de la cuadrilla. El cura dionisiaco, entonces, extraía de su boca una dentadura postiza completa, equina, y manipulándola como en un guiñol se atizaba un bocado a los párpados de su ojo válido. Esto es bucear -- con provecho -- en la risa. Sin valerse, en este caso, de prótesis. Una explosión de endorfina colectiva seguía al birlibirloque.
Gente monolingüe
En el tintero , cinta Kores analógica, se me quedaron muchas ocurrencias como la anterior. Era la prole de Iñaxio y Joxepa, del "Bodegón Iñaxio", estudiosa en la escuela. Ayudaban en el negocio, pero a la hora de los deberes se instalaban en un rincón con los bártulos y allí cumplían fielmente con las tareas pedagógicas. Iñaxio y su cuadrilla, a unos metros, debatían acerca de arquitectura rural sin arquitecto mientras el vástago varón, Iñaki, se retorcía las meninges en luz amarilla. Su voluminoso cráneo, luego dio el estirón, despejaba la equis y la i-griega de una de esas endiabladas ecuaciones pitagóricas. Prieto entre los dedos el bolígrafo bic, ceñudo, concentrado. No todos en la mesa de la tertulia, hoy palabra desvirtuada y artificial, hablaban euskara e Iñaxio se lucía en el idioma de Quevedo. Era Iñaxio uno de esos "caseros del monte que no saben castellano" tan añorados por el Oteitza más anacreóntico. Un Oteitza, reseñemos, que jamás se esforzó por hablar "tratamudeando" en euskara postindoeuropeo. Coartadas nunca faltan, y sigo envidiando a esos plásticos que pintan, esculpen, graban y realizan instalaciones en euskara visual y táctil. Gustaba Iñaxio, sigamos con él, de hacer metáforas. "Es a modo de comparación", aclaraba según su libro íntimo de estilo.
Parábola del granero
Porque Iñaxio sí aprendió, autodidacta, a expresarse en cristiano, decía la Benemérita. Ahora resucitan, para el erdaldun, el sistema que los nativos monolingües han aplicado siempre a la hora de comunicarse en español. Lo reitera un spot de ETB: "No te importe meter la pata, pero habla euskara". Iñaxio se había construido un esperanto digno de su inmensa inteligencia. Se le daba una higa patear el panteón de Nebrija. Una noche, participaba de la conversación en pie, trayendo y llevando el condumio, los farias, las copas. Picando de aquí y de allá su vaso de vino, chorizo, queso. Le dijeron que se sentara a la mesa para debatir y él respondió como el Gran Jefe que era:
"Yo estoy costumbrao a comer de tente".
Éste era su discurso mientras su hijo Iñaki estudiaba álgebra, y fui testigo en directo: "Caserío bueno debe tener granero grande". Señala majestuoso, con orgullo, a su mayorazgo: "Yo a ése" -- por la cabeza -- "ganbara grande ya le he hecho; ahora tiene que llenar".
E Iñaki, impasible, inmerso en sus trigonometrías. Pero sigamos con el prólogo.
Delegación en truhanes
Firmó sus folios Oteiza, como siempre, Jorge Oteitza. Constan amarillentos entre los papelajos y carpetas de Blocs de Oteitza, de ahí el tag de estas entregas. Pero fíjense, en cómo en dos trazos (la lechera vasca) describe la actual pandemia de delegación-en-cibersistemas similar a la inmensa distancia sujeto entronizado/bufón del medioevo. 'Decidores', llamaban a los bufones. En la actualidad, 'decididores'. Fueron imprescindibles para monarquías tétricas. O sea, todas. Rara vez la Corona disfruta de sentido del humor, por no decir que el absolutismo resulta incompatible con una salida o réplica sarcástica, siempre más hiriente que el exabrupto regio. Precisaban reyes, reinas, princesas e infantes de la risa en un momento dado para aliviar las muchas angustias e hipocondrías que les aquejaban.
El cetro no sólo pesa: quema.
La Corona siempre es melancólica y atrabiliaria. Necesita de la carcajada como de un sedante convulsivo o purga contra la soberbia desmedida. Se vale para ello, desde los días
de los carlomagnos, de histriones a sueldo que se metan a fondo con sus intocables figuras. Piden veneno inofensivo. Lisonja ácida, encubierta, que insinúe comsí-comsá una imagen democrático-constitucional de Derecho. Y sin pasarse, que la lesa majestad no perdona. Pudiera extrañarnos que un Rey lúgubre como Felipe II, uno de cuyos bufones era alavés, soportara chanzas como la que sigue. Pero al parecer, correa no le faltaba.
La fuga de Antonio Pérez
Un día de Jueves Santo se hallaba toda la Corte reunida, y surgió la noticia. El valido Antonió Pérez había logrado fugarse de la mazmorra donde Felipe II le tenía a pan y agua.
El secretario predilecto caído en desgracia aún tenía muchos amigos. Éstos y, como siempre, una muchedumbre ni afecta ni desafecta, aunque contraria a los tormentos y riguroso presidio a los que realeza sometió al consejero fugitivo, celebraban su hazaña. Se hallaban en uno de los salones del Alcázar, y en todos los semblantes se leía el regocijo. Antonio Pérez, la del humo, se reían. Y cruzaban coñas al respecto. En estas, el enlutado monarca hace su aparición súbita. Los pilla in-fraganti. Más sombrío y ceñudo que nunca, pues estaba debidamente informado, agudiza su expresión el mal humor.
La turbamulta cortesana, efecto-espejo de grandes simios como el sapiens, compuso de inmediato el gesto imitando al del Rey. Momento de clímax y tensión roto por el bufón Moraza, vizcaino alavés, que se encara con el lóbrego Austria y discursa, dice. "¡Dime, Rey! ¿Qué hombre es ése que tenías preso y se ha escapado? No debería ser muy justa su prisión cuando todos se alegran de su fuga. ¡Alégrate tú también como todos!" Y liberó la carcajada de nervios contenidos de la concurrencia. Sólo Felipe conservó la iracunda seriedad. No castigó a Moraza, por supuesto. Era de la plantilla.
Necesario para tales trances.
Dicho sea de paso, estos truhanes y truhanas, damiselas deformes que por contraste estético-indumentario lograban que las infantitas resultaran menos feas, no salían caros. Techo, tres comidas y la ropa vieja y recompuesta de los nobles. Prendas que hacían su figura más grotesca. Aunque no cortarse un pelo ante el trono, más aún, verse en la obligación de ridiculizarlo (la oposición pagada a la línea editorial del periodismo contemporáneo en columnas autodisidentes ) ya era de por sí gran ventaja.
No de desaprovechaban.
Porque, ojo, es la Corona (por cierto, la monarquía española no ciñe corona en sienes) quien decide en última instancia que es oportuno ser satirizada. Si no el cómo, sí el cuándo y, lo más peligroso, el depende. Delega, pues, desde cuando los Faraones, Reyes de Roma o Visigodos, en truhanes, enanas y monstruas. Modelos de las Meninas velazqueñas.
O de Carreño de Miranda, el Goya de los Austrias.
Velázquez, judío converso
Los bufones solían ser judíos conversos. Como Woody Allen. O sea, circuncisos clandestinos. Sus familias hallaban porvenir fácil en la mordacidad inteligente de sus criaturas con defectos hipofisarios. Ello facilitaría el acceso a la Corte como profesionales humorísticos. Velázquez, me lo confirmó el guía especialista de su sala en El Prado, Nacho Benjumea, sefardí en activo, era Silva Velázquez y no al revés. Silva es apellido hebraico. El gran pintor de contraluces fue, pues, judaizante que insertaba en sus estructuras grafías alfabéticas como el aleph, el jet y el kaf. Las vigas de la mampostería de la sala de Las Meninas, tan estudiada en espacios vacíos por Oteitza, representa claramente esos grafitti de la kaballah. O del Talmud.
El efecto-espejo arriba citado, que obliga a empatizar a bufones y personajes de sangre azul, es esencial en el famoso lienzo. Añádase al interés de don Diego, de escuela sevillana, por los enanos palaciegos navarros y vizcainos, muchos surgidos de las juderías vascas y vascónicas. Que eran muy abundantes desde los días del insigne viajero Benjamín de Tudela, en cuyo relato abundan exageraciones que mueven a risa; pero sin hipérboles ni caricatura, en aquellos tiempos, tanto como en estos, no hay proeza que valga.
Cosquillas pregrabadas
La pandemia, hoy, consiste para el vulgo chusmacero, lo que se designa hasta el hartazgo como ciudadanía, un día lo propuse para evitar el seboso 'os/as' y cómo me arrepiento, en huir de la intervención y contemplación brechtianas ante el jápening-performance. O sea, en eludir montárselo por sí mismo para dejarse llevar por los caricatos de la tele, por las cosquillas digitales de un p.point por otros divulgado. Sin elaborar el propio. También, por otros media con carcajadas pregrabadas, radio, tele, casetes, que contagian en empatía artificial. Me dejó atónito que en un tenderete de ecologistas de Castilla se vendiesen cintas, hoy las supongo DVD, con diversos gorjeos y trinos de aves. Nada de salir ni al parque de enfrente: naturaleza enlatada.
Derribados los púlpitos, los sacramentales, disponemos de uno o varios cibertelepúlpitos en casa. En ellos, quien sermonea pone cara de circunstancias, o de haba; se sitúa más allá del bien y del mal y es impecable. Puede incurrir el bello busto del noticiero, sin condena, en hipocresía y cinismo. Calcada, la situación, de la época en que (salvo alguna salvedad muy celebrada) a nadie se le ocurría el sacrilegio de replicar a un reverendo o párroco en su homilía. Sólo Iñaki "Voltios", que yo sepa, discutía con los televisores en blanco y negro a la hora del Telediario. Y le desmentía a Nixon todas sus mentiras.
(Un paréntesis)
A propósito, con un "Garganta Profunda" de la CIA y el Alto Estado Mayor, es más que fácil montarse un 'scoop' histórico como el de Dustin Hoffmann y Robert Redford. Así cualquiera. En España hubiera sido impensable. Fijáos. Los laureados reporteros pillan el teléfono, llaman a un Ministerio de Washington y no sólo están en sus puestos de trabajo la secretaria, el Senador o el Secretario de Estado, sino que se ponen al habla. ¡Y hablan con la Prensa! Películas. Licencias de la elipsis. Pero así asesorada, la plumilla menos avispada se levanta un Pulitzer. O no.
En este libro, "Anecdotario de Euskal Herria", las gargantas profundas también susurraban y exigían hacerlo en offtherecord y condición de anonimato, cosa de que no las hiciesen enmudecer según los métodos de Lynch. Pero también se transcriben relatos chuscos de cuando se hacían chistes, ejercicio muy arcaico en todas las provincias circumpirenaicas, con personajes de la Historia Sagrada. Sobre todo de apuestas crueles que Cristo le hacía a San Pedro. Es la dinámica del clown y el augusto. Pues en ello seguimos.
Un Cristo sin milagro
Sí. Me dicen durante una cena en el argentino del Kalbario, vacuno de importación de la Patagonia o por ahí, qué mejor sitio; me narran: "Estaban en una taberna tres parroquianos, un andaluz, un gallego y un vasco, y uno de ellos se percata de que en otra mesa está sentado un hombre con túnica samaritana, melena y barba en punta, tal y como se representa a los Cristos arios del Sagrado Corazón en Euskal Herria. "¡Mirad, ése es Jesús!", exclama. El gallego decide verificarlo y, cojeando, se le acerca: "Jesús, te he reconocido. Sáname que renqueo". El Cristo le hace un gesto muy místico y dice: "Vete en paz y quítate la escayola, que estás curado". Efectivamente, el gallego vuele ágil y gozoso a donde sus colegas. Con lo que el andaluz, palpándose la barriga, se arrima a su vez al Cristo: "Mira Jesús, que tengo úlcera y las paso canutas y he perdido el humor". El Mesías le hace otro aspaviento y repite: "Puedes ir en paz, estás limpio". El andaluz se siente de inmediato aliviado y se lo dice al vasco, que permanece cazurro y distante en su asiento. Pasa un rato y Jesucristo, mosqueado, se levanta, se acerca al remiso e inquiere: "¿Qué, tú no tienes nada que remediar?" Y el vasco, poniendo las palmas de las manos de parachoques: "¡A mí ni te me acerques, que estoy de baja médica!"
Obra de saldo
Me forzó a conseguir ese texto o preámbulo de Oteiza alias Oteitza, sine-qua-non, un relaciones-públicas llamado Julio Abad. Cuando le opuse que por muy alias Oteitza que fuese, Jorge Oteiza podría no desear enredarse con aquella entidad-- entonces con la siglas CAP-- y que era muy suyo y proclive al rebote si se le importunaba con bagatelas, y que dependía casi siempre de cómo le había sentado el mono de café-café de esa mañana, Julio Abad profirió un "¡Bah!" y definió: "Nos llama capitalistas podridos, ya sabemos su discurso leninista habitual, pero cuando necesita un dinero bien nos viene a ofrecer obra suya".
Se la compraban a precio de saldo, por supuesto. El mundo era, es, fue, será un mercadillo bíblico, evangélico. Nadie expulsará del templo al especulador oportunista y con visión de usura a cargo de genios, ingenios y profetas difuntos. De ahí que Oteitza decidiese fallecer antes de tiempo, convertirse en zombi haitiano como las 'arimenak', fantasmas de carne y hueso que vagan por la etnoantropología éuskara y a las que no hay que tocar jamás a menos de contraer invalidez perpetua, enfermedad incurable o demencia del tipo Alzheimer. Lo menos grave, morirse, otra de las consecuencias de rozar un sudario redivivo."La muerte mata, pero no atormenta", dijo un saddhu.
Oteitza en pijama
Nunca se establecerá, por tanto, iba diciendo, contacto táctil con los espectros vascos aunque lo supliquen, porque ello acarrea el 'birao' o mal fario. Quienes más lo ruegan cuando se te aparecen en las encrucijadas son los poderosos que se hicieron enterrar con hábitos de fraile o monja carmelita en fingida modestia y ascesis post-mortem. Les abrasa, son ánimas tartufas. Por eso, y lo vengo repitiendo en este blog de blocs en el que discuto conmigo mismo, como en todos los borradores de libros antes de ir a talleres, Oteiza alias Oteitza se hizo sepultar en pijama.
Nótese que el Tenorio de Tirso de Molina y Zorilla sólo puede tocar a la estatua viva del Comendador (" ¡Conmigo al infierno ven! ") cuando ya ha traspasado la barrera, ya ha expirado a consecuencia de una estocada mortal. Oteitza decidió cumplir su ciclo de treinta años esculpiendo -- "los treinta años de la Torre de Babel, coño"-- y reciclaba toda suerte de moldes, a veces necesitado para amamantar a los muchos parásitos que mitigaban su labilidad emocional y necesidad de afecto (más truhanes que bufones).
Plásticos pro-presos
Jamás esgrimió el estoque de su bastón-estoque para expulsarlos de su templo macroespacial. Pedía hora a las Entidades Altruistas y ofertaba cajas metafísicas que Piris el calderero de Irun le fundía. Otrosí, las cedía gratis para subastas de plásticos solidarios. Obra pro-presos. Se hallaba Oteiza en su trance cenital -- sin extinguirse el genital -- de alias Oteitza cuando accedió a componer el prólogo-comentario para mi libro, o para la CAP. Me confesó en un bodegón próximo a su barrio de Zarautz, a Arguiñano no iba, que como todo quisque la edad le regresaba a la niñez. Pongamos pubertad. Léase que la sierpe alquímica se mordía la cola y el abuelete retornaba a chaval, cuando en las playas de Orio y Zumaia tramaba barrabasadas con sus excelsos primos Embil, los del holding de cerámicas y muebles de Gipuzkoa-kostalde.
Primos muy notorios: Balenciaga, que goza de Museo en Getaria, y Plácido Domingo, el hijo de Pepita Embil, un Plácido que comenzó de barítono hasta mudar la voz al revés, y de ahí su amplio registro en claves de sol y fa. El caso es, por seguir con el proceso de publicación de este Anecdotario, que Abad logró su prólogo, su marchamo publicitario. Nadie era nada ni nadie, en aquella turbulenta década de la permisividad tolerada, los 1970 finales (los de un Suárez que no obstante envió al mako a Xabier Sánchez Erauskin, mi boss en "Punto y Hora", por una portada satírica); nadie tenía futuro sin el sello-Oteitza en el historial del catálogo para exposición, o en las galeradas de un título.
De la Pernon pancromática a la Canon digital
Es la segunda edición, la que esto ilustra. Corregida, revisada, actualizada. Se debe, buen pesquis editorial a "Basandere Argitaletxea". No quisieron otras instancias, entre ellas la propia CAP, arriesgarse. La portada, foto de Nerea Allika. Encarnan los Allika una estirpe de fotógrafos que se remonta al cajón de fuelle, la isochrom Agfa, la Pernox pancromática con Zeiss Ikon de A.G. Dresden. Que, por cierto, perdura en algunas Canon. La lente Zeiss Ikon asimismo se encajaba en la Kodak Fénix, "aparato científico dotado de nuevas perfecciones ópticas y mecánicas, hace fotos de 6 x 9 centímetros, tiene objetivo anastigmático f.6.3.; obturador vario 1/100; teledisparador; dos visores, brillante e iconométrico, precio: 110 pesetas". Varias de las fotos del apoyo gráfico se deben a Allika-padre. Fallo de maquetación (mío) el identificarlas. Se subsanará en posteriores tiradas.
De 1935 , datan las cámaras antes aludidas. Iban a ser estos aparatos supratecnológicos los de Capa y Gerda Taro durante la Guerra Civil de 1936. Manufactura alemana de precisión. También había alemanes, y muchos, en la Brigadas Internacionales. Fallecerían en campos de exterminio de rojos y apátridas.
Los Bécquer en Valmar
Quizás llegaran los Allika más allá aún. Hasta la placa de cristal y cliché de fotograbado para "La Ilustración Española y Americana" y "La Ilustración de Madrid"de los tiempos de los hermanos Bécquer. Se llamaban Domínguez Bastida en realidad, Gustavo y Valeriano. Bécquer era un alias o heterónimo que heredaron de un tatarabuelo de Sevilla, pintor como ellos dos. Azares del arte y necesidad de ver mundo más allá del tedioso Madrid los trajeron a Euskal Herria. Y vinieron a residir y trabajaban en el Palacio de Valmar, o de Aguirre, aquí en Deba. Mi abuelo lo llamaba "Itsasbista". Era el jaun de ese palacio( hoy lamentablemente ruinoso, se ha tardado mucho en rehabilitarlo, léase reconstruirlo) don Leopoldo Augusto de Cueto (1815-1901).
Solía extrañarme en los años que pasé enviando reportajes a "El Pais", sin acento, que se me refiriesen a Juan Cueto como "tu vecino" o "tu paisano". Para mí que Cueto, Juan Cueto Alas, comunicólogo, era cántabro o asturiano y residía cerca de Xixon. Hay un Deva en Asturies que he visitado, sería eso. Qué va. "Clarín" era Leopoldo Alas; pero de segundo apellido, Ureña. Liberal, entusiasta de la Revolución de 1868, terminaría sus días como republicano convicto y militante. Leopoldo de Cueto en el Deva de Guipúzcoa, el asunto hacía vislumbrar redes de contacto. Pese a situarse en las antípodas políticas de Alas Ureña.
El Marqués Cueto
Este Cueto, propietario de la mansión de Itsasbista-Aguirre, Marqués de Valmar, había estudiado Derecho en Sevilla, de ahí posiblemente la relación con los Bécquer pintores. En esa Universidad se graduaría en Jurisprudencia y en 1833 ya era agregado de Embajada en París. Ejerció de diplomático en Países Bajos, Brasil y Lisboa. En 1850 alcanza la Primera Secretaría de Estado. Pero la Revolución de 1868, tan grata a "Clarín", periodista acerbo y también ameno narrador no sólo en novela, sino en 'short stories' mira por dónde, costumbristas; la Gloriosa de 1868 le desmarca a Cueto de la política. Sólo con la Restauración se le concede el título, y lo hace Alfonso XII. Así, la casatorre Aguirre, o Itsasbista para mis ancestros, pasa al callejero de Monreal de Deba como Valmar. Van dibujándose las ramas o raíces genealógicas.
Todo esto habrá que investigarlo aquí y en Oviedo; que esto son bocetos, escorzos. Vayamos a la anécdotas, que en "Cosas" no faltan estampas retrospectivas en aguafuerte y puntaseca a la luz del candil de carburo, luego de gas. El Romanticismo no sabe de hitos ni de ciclos seculares. Lo decimonónico no es lo mismo, ya que el movimiento "Sturm und Drang" a la vasca iba a durar hasta la Cuarta Guerra Carlista entre euskaldunes, la de 1936-39. La de Mola, Sanjurjo, Franco, Millán Astray y Queipo de Llano, conjurado contra la Monarquía junto con Ramón Franco Bahamonde en 1930. Iba a cambiar luego la guerrera, y cómo y con qué saña. Pero en Deba han aparecido placas de fuelle, las antes aludidas, en las que se le ve con varios líderes radicales republicanos de 1931, poco después de la trifulca entre el prócer republicata Ostolaza y don Mateo Múgica, obispo de Vitoria. Éste fulminó 'a divinis' la Biblioteca que aún nos sirve de seno nutricio. De lo cual diría Pío Baroja, asiduo a las tertulias de Valle Lersundi en la Calle de los Muertos: "Cómo puede condenar don Mateo todos esos libros, si no los ha leído". Cosas. "Cosas".
"¿Quién diablos es Ofelia?"
Este anterior mecenas , Leopoldo Cueto, había nacido en Cartagena; pero, al ser hijo de militar, la cuna nada quiere decir. Con carlistadas por medio, además. Ignoro cómo llegó a adueñarse de esta antiquísima casatorre, ya se dijo, pero indudablemente algo tuvo que ver con la primera derrota de los carlistas del brioso Txapalangarra tras la contienda de 1839.
En mi familia cuando todos nos alojábamos en un casón próximo, Buztinzuria (y mi abuelo José María el geógrafo me aclaraba que Buztinzuria significaba en vasco "Arcilla Blanca") se contaba que los Itsasbista estaban reñidos con los Buztiñaga del cerro de enfrente, ría por medio, por causas banderizas. Aunque nadie se aclaraba sobre quiénes eran los gamboinos y quiénes lo oñacinos. Así que el edificio Itsasbista, próximo a lo que fuera muelle de carboneras donde fondearon goletas que hacían trueque de arena por carbón con Asturies -- otro posible vínculo -- es medieval.
Es el caso que este Augusto de Cueto, Marqués de Valmar, le hizo a Valeriano Bécquer, excelso pintor a fuer de eximio dibujante y grabador en boj, un encargo de altura y, sobre todo, bien pagado. No podían dejar escapar aquel chollo, y Valeriano aceptó.
Imagínense el largo tiempo que transcurrieron afincados en Deba, entonces Deva, Gipuzkoa, los hermanos Domínguez Bastida, alias Bécquer, mientras se cumplía el contrato. Porque también se invitó a palacio a Gustavo Adolfo. En el año 1970 iban a fallecer los dos hermanos. El primero, Valeriano.
Anécdota muy romántica, goética, muy de leyenda fantasmagórica y truculenta, la que sigue. En Madrid, un amigo común divisa en el Salón del Prado a un Gustavo pálido y vencido de dolor. Le alcanza. "¿De qué ha muerto Valeriano?" Y Gustavo Adolfo, con estremecedora lógica: "Ha muerto ¡de muerte!" Baudeleriano, al cabo.
Poco después, más en calma aunque "con lágrimas en los ojos", comentó a algunos amigos cómo era el temperamento del pintor fallecido: "Para dar una idea del genio de mi hermano voy a referir lo que pasó años atrás con un amigo. Habíale encargado el señor Cueto que le pintase seis lienzos con seis alegorías de los seis teatros primeros del mundo. Una de las obras a las que daba más prisa era la representación de 'Ofelia'. Mi hermano corrió a verme y me dijo, '¿Quién diablos es Ofelia?' Yo entonces tomé la pluma, como acostumbraba, porque él me dibujaba mis versos y yo le versificaba sus cuadros'.
El ligue de Hamlet
Confiéselo, usted tampoco está al tanto de la tal Ofelia. Se trata, en dos palabras, de la novia de Hamlet. Requerida de amoríos por el príncipe esquizoide, es hermana de Laertes e hija de Polonio. En ese manicomio sin bufón que es Elsenor, a Ofelia su parentela la previene de que va a ser un ligue-klinex del protagonista, y punto. De un Hamlet majara como todo su linaje.
No soy amigo de destripar argumentos, pero cuando Polonio, padre de Ofelia, fallece asesinado, Hamlet se niega a facilitar el paradero del cadáver y larga parrafadas muy shakespirianas: "No sé dónde él come, sino dónde se lo comen. Cierta asamblea de gusanos políticos está en estos momentos ocupada con él. El gusano es el único rey en materia de comida... Nosotros cebamos a todos los demás animales para engordarnos y nos engordamos a nosotros mismos para cebar a los gusanos..." Humor negro, negrísimo, palaciego.
Mutis grunge
Puro grunge, Hamlet, que facilita una pista: "... si no dais con él en todo el mes, vuestra nariz le descubrirá subiendo por la escalera que conduce al pasillo". Añade: "¡Ya esperará hasta que lleguéis!" Adivinan: es el propio Hamlet quien se ha cargado de una estocada al padre de Ofelia confundiéndole con el suyo, el Rey. Cosas de las dinastías. Ofelia tiene un mutis muy de lucirse la actriz. Primero solloza: "No puedo por menos de llorar pensando que le dejarán allí en la tierra helada..." Cambia de talante: "¡A ver, mi carroza! Adiós señoras, amables señoras, buenas noches, adiós..." Y sale prorrumpiendo en carcajadas convulsivas. Aplausos.
garantizados y escalofríos del respetable.
La calavera de Yorick
El Quousque Tandem no lo ha leído la mayoría de pichicomas que de él hablan e incluso lo analizan. Sucede, creo que ya aludí a ello, con el "Ulysses", el "Quijote", "Das Käpital", la Constitución española (salvo en el sobadísimo título VIII) y la Guía de Teléfonos. Tampoco "La Comédie Humaine", ni la Biblia, ni el "Gero" de Axular, ni el "Aranzadi" de la abogacía. Por sólo citar un puñado. De ahí que aludiese antes a "Cosas, anecdotario de Euskal Herria" como un 'best read'. Me han demostrado que no sólo lo leyeron: lo releyeron. Morbo, curiosidad o afán de pillarme en un renuncio, puede. Cuando alguien lanza un título al viento, debe atenerse a las consecuencias, no sólo a los elogios.
Al menos, Valeriano Bécquer admite ante su hermano que no ha leído ni asistido a la función de "Hamlet". Nunca lo supo el Marqués de Valmar, persona de incalculable biblioteca que tal vez anulara el tan necesitado encargo pictórico al enterarse. Lo digo porque la mayoría de personas supuestamente cultas que dibujan o aluden a Hamlet le hacen decir "To be or not to be" con una calavera en la mano. No es así. Queda, sin embargo, esa escena como inerradicable estereotipo para ignorantes. Aguarden y entérense.
Cuando el repetidísimo monólogo, lo que tiene en las manos y cierra es un libro. Ha leído la frase en él y la comenta. El cráneo mondo aguarda en la mesa de 'atrezzo' hasta el Acto V, Escena Primera. Un cementerio contiguo a una iglesia. Es a la caída de la tarde de un día primaveral. Dos sepultureros se disponen a enterrar en sagrado a Ofelia, pese a que se ha suicidado, supuestamente, tras adornar con flores un sauce llorón.
Quedan así en la duda sus intenciones de quitarse de enmedio. Los enterradores discuten el caso. ¿Se tiró al río Ofelia, o se cayó? Esta escena es claramente denterosa, macabra como bien corresponde al 'thriller' anglosajón. Se interesa Hamlet, en el osario, acerca de lo que tarda un cadáver en pudrirse. Alecciona el sepulturero: "Dura más el que tiene el pellejo curtido por razón de su oficio, y resiste al agua. El agua, Señor, es un terrible destructor de todo hideputa de muerto. Aquí tenéis una calavera (coge la célebre calavera) que ha estado metida en tierra veintitrés años". "¿De quién era?". "De un hideputa de loco. Un día me tiró por la cabeza una botella de vino del Rhin. Es la calavera de Yorick, el bufón del Rey".
Monólogo para un bufón
Hamlet se conmociona y coge, aquí sí, el cráneo semicarcomido. Profiere la parrafada que sigue: "Ah, pobre Yorick, yo le conocí, Horacio. Era un muchacho de un gracejo inagotable y de una fantasía portentosa. Mil veces me llevó a cuestas y ahora ¡qué asco y horror siento al recordarlo! A su vista se me revuelve el estómago. Aquí pendían esos labios que yo besé no sé cuántas veces... ¿Qué se hicieron tus chanzas, tus piruetas, tus explosiones de buen humor, que solían hacer prorrumpir en ruidosas carcajadas a los comensales...?" Etcétera. La conexión con el "Anecdotario de Euskal Herria" es que la mayor parte, por no decir todos
sus personajes, como Yorick, hoy son difuntos.
Sus allegados los recuperan, supervivientes, en los textos que ayudaron a elaborar con una inteligencia natural hoy por desdicha extinta. Bueno, salvo dos o tres excepciones, fuentes inagotables de guiones auténticos, verídicos. Como la vida misma y su picaresca. Prestaron hace años el libro y, como es natural, se quedaron sin él. Hace poco, las termitas del Claustro, paredaño con el "Bodegón Iñaxio", penetraron en éste. Normal, ya que se yergue el templo sobre sepulturas desde el siglo XV o XVI, y ya oyeron al enterrador de "Hamlet". Gusanos, liendres, termitas, miasmas.
Lo más trágico es que Iñaxio Odriozola, filósofo, gastrólogo, mentor del local y sus exquisiteces y foros de medianoche, murió del disgusto. No lo superó. Queda pues, en la calle Iturkale, adonde fui a parar en un cesto con 20 días de edad en su número 17, un vacío sin epitafio que he pretendido desagraviar con este libro. No sólo eran personas-personaje del pueblo de Deba quienes allí se reunieron conmigo para celebrar sesiones de tradición oral, sino gentes venidas de todos los puntos de Euskal Herria. Quedaba allí con ellas, se encargaba a la cocina el combustible y la sobremesa siempre resultaba fecunda.
Incluso empleados de la CAP, hoy "Kutxa", me suplicaban un ejemplar, auténtica paradoja, ya que era en los almacenes de su barraca, no de la mía, donde podrían hallarlo. En vano, de los 68.000 no quedaba ni uno.
Años anduve peleando por la reedición, y hela aquí. Del interés del Marqués de Valmar, Leopoldo Cueto, tan urgente, por el cuadro de "Ofelia", ya trataremos en otra entrega tras la consabida investigación. Sólo me consta que no era Valeriano Bécquer el primer plástico que la plasmaba como alegoría. Hay "Ofelias" de Delacroix, Redgrave, Lehmann y algunos más. Temas o motivos similares constituían lo que a los románticos molaba. Se mirará. Otro día.
El 'Cannery Row' de Steinbeck
Aparecer en estas "Cosas" siginicó, significa entrar en la descomunal historia de una zona relativamente pequeña. Una villa o comarca a la que mi amigo Ralph Horton, norteamericano enraizado en Euskal Herria, compara con Cannery Row, el lugar lugareño de Steinbeck. Cannery Row quizás sea más reducto que escenario cambiante como lo es Deba. Deba es encrucijada de enculturaciones exógenas que endoculturizan la cultura estética y dialéctica. Ya me referí a cómo acudían al "Bodegón Iñaxio" como enclave de intercambio de surrealidades reales, procurando tenerme de anfitrión.
Que aquello iba a aparecer en prensa, gota a gota, se daba por descontado. Jamás se especificaba. Era un sistema 'feedback' o de cerezas engarzadas. Nos valía como coartada cualquier cena para hacer unas risas. Igual que en la "Sociedad Beloqui" de Zumarraga, desaparecida, donde oficiaba Busca Isusi de sollastre y Jaka Legorburu y el veterinario Vallés y mucha más masonería de esta índole como cronistas de valía. No puedo ignorar los encuentros del "Aitzaki", Azpeitia, al otro lado de Izarraitz. Ni los de "El Ruski", en Eibar. Ni las visitas a Juan Gorriti, bajo las Malloas. Copiosos surtidores, todos ellos, de sucesos inimaginables salvo con la imaginación furtiva de lo prohibido. Cábala, o sea, 'kaballah' en idioma hebreo es 'lo transmitido'. Sí que se hacían unas risas, a veces, macabras. Como en Cannery Row de Steinbeck, y en ello acierta Horton, en esos locales se superponen generaciones desvanecidas. Una de ellas, la de la intercomunicación oral, la tertulia, el "Bazen behin" o "Érase una vez" de los cuentos sadomasocas de Grimm. O de las "Mil y una noches y una noches". Todos éramos Sherezade. Algunos lo seguimos, lo seguiremos siendo.
(Continuará-Jarraitzeko-À suivre-To be continued)
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