"Si vous voyez deux personnes discutant sans cesse et sans s'accorder nulle raison, soyez sûrs: ils parlent de Métaphysique". (Voltaire)
Pralenaitz y el río subterráneo de Leteo
De piedras, tartalos, anacoretas y espeluncas
Rafael Castellano de la Puente (Maverick Ink Press, texto y foto)
¡BANG! Meteoritos de calizas cretáceas nos sobrevuelan.
La cantera explota (textual) la montaña de Aitzerle. "¡¡Cúbrase!!" El técnico del sismógrafo se acurruca como liebre en la hoya de la izquierda. A Pralenaitz me llegué para fortalecer las coronarias de paso que paseo. Los vedantas, creo que me lo explicó la saddhu Indrani, o quizás Druva, el hombre-medicina que reside en el ashram de Zestoa, aseveran que nadie muere si tiene un proyecto sin finalizar. Aunque yo me suputo para mí mismo que la diñamos siempre sin cortar las uñas de los pies. Pero me queda muchísimo por escribir. Así que me remito a ambos, consultorios y brahmanes.Válganme, así, la mística de asanas que irrigan al vago y al simpático (no es un autorretrato) o la clínica con su cortisol suprarrenal. Oteitza pasaba amablemente de médicos porque casi llegó a ser él mismo facultativo, amén de imprentero. "Se han pasado con la carga", dice el técnico del buzo azul y el sismógrafo. Será eso.
"Tranquilo, peor está el frente de Iraq". Y me abro. He visto, he hablado con un responsable del (des)control. Él estaba acojonado por mí. Penetré como siempre hasta el 'arpegi' gargantuesco de Pralenaitz, luego se puntualiza, y tras el primer ¡¡bang!! en sordina y sin metralla vino el otro. Pirotecnia jevi. Pude entretando conversar con el práctico de la cantera. No se percibe la sirena. Pero el cajetín del sismógrafo del amable, jovial, acogedor aunque algo tenso técnico hacía bip-bip-bip midiendo en escala de Richter. "¿Nadie le ha impedido el paso?", se extraña. Pues no. No me puede expulsar porque si retrocedo a destiempo y me alcanza un meño la llevan clara, él y el centinela que se ha ausentado: hamarretako. "No, las langas son libres y esta es mi excursión favorita desde antes que viniesen Peñalver y alguna alta personalidad, creo que el Diputado General, ¿cómo se llama?" No me da tiempo a agregar muchas cosas. Que aquí me llego, por inveterado hábito montañero, predador de hongos, cruzando Artzabal, camino de Goiko-Etxe o Millapros, o Sarobe, donde el hórreo. Y lo hago desde los días de mi abuelo el geógrafo e inventor de círculos algebraicos. Y
desde otra época en que, senderismo vocacional, me infiltraba tras el vertedero para mis fines.
Medioambientalidad y bulas
Porque antes de que la Mancomunidad centralizase la basura del Bajo Deba en Mutriku, variante hacia Langa-Olatz, este recodo que lleva a la espelunca de Pralenaitz lo utilizaba el camión de las cochambres de Deba-city. Existen fotos de cuando antes del reciclaje. Humareda de zurraspas, pestífera, servía para camuflar e impedir el acceso a la sinuosa, breve, selvática veredilla que conduce y conducía a la caverna hoy consagrada por la paleografía. Catedralicia. Bloqueaban la entrada dos bloques a los que hubo que conjurar con el sésamo ábrete. A pelo. Cerca, Ermittia, cegada en su día por los ecotúneles medioambientales. Alguien me susurra que la medioambientalidad sacrosanta empieza a parecerse a los fundamentalismos católicos, absorbida por oligarcas pudientes que compran bulas de ecología sostenible y así pueden transgredir el dogma, sin infierno ulterior, en demarcaciones nunca próximas a sus hogares residenciales. Ojos que no ven. Es algo similar a la prohibición en UK de los burdeles. O a las protestas porque los bares de ambiente se instalan en el barrio-pueblo de uno. Para eso están los ghettos, no. Para ir allí a pecar con indulgencia plenaria.
Los túneles de una vía de comunicación a cuyo paisaje, tráfago y estructuras hemos habituado la óptica, a la fuerza ahorcan, o puede que sea darwinismo robótico; los túneles de la A-8, que hoy exige carné de rallye y paciencia de fakir, provocaron un cataclismo en los 1970. Cuando se inauguró fue la autopista más sinuosa, arriscada, pródiga en accidentes y sobre todo la más cara de Europa. Y la más verde, eso que no falte. De ahí el viaducto de Iztiña. El tercer carril, qué chapuza, qué descalabro, desplomará toda la riqueza sumergida en vericuetos intercalados y de seguro confluyentes bajo arcilla y calcita de estas vaguadas que les dicen ciegas, porque los arroyuelos no van a la mar, sino a la sima. Pralenaitz incluido, en su gran peñasco o cornisa de sílex de Aitzerle. Abeja de Piedra o Lugar de Panales, lo concedo, guiándome de otras etimologías de raíz inversa, posiblemente creadas por gentes analfabetas en euskara que ponen cosas a los nombres y no al revés.
Mover la economía o viceversa
"In God we trust", se lee en el dólar. Un dólar tan verde que emociona ver allí a Franklin, ingeniero, mecenas de Thomas Paine y medioambientalista hasta el punto de inventar el pararrayos contra los frecuentes incendios de un país que sigue siendo de madera. Y de un puritanismo radical que hoy roza, desde aquella Revolución, luego desmantelada a base de enmiendas, el integrismo cuáquero. Franklin, periodista perspicaz, político impenitente, fue independentista USA tirando a los 13 Estados pioneros y vagamente anglófilos. Conspirador, también, a través de logias coadyuvantes del propio Reino Unido que estaban en el ajo. Un Franklin hoy verde, de un verde fiduciario tras la marca de agua. Como Pennsylvania, su sitio. Muchas figuras de la patrística EEUU constituyen, en ese billete ecuménico, paradoja. Cristianos de diversas facciones ponen la Santa Faz en las celebérrimas treinta monedas, hoy devaluadas como divisa. Aquel siroco que le entró al apóstol descarriado es simple tradición oral. Tradúzcase que donde se mueve el parné, el cónquibus, todo es justificable. Incluso que un Judas traicione, por un puñado de dólares, al amiguete ideólogo que le ha calado durante el último marmitako en la Sociedad y que lo ha dicho delante de todos. Pese a lo cual, y a lo menguado del beneficio-- exigencias del guión-- procede a
delatarle por rojo y por actividades antirromanas.
El imperio de los lobis
El mundo, sí, debe mover la economía o cunden el paro y la inflación. Pero si invertimos los términos y la economía mueve el mundo, a la grey mandataria le entra la fiebre del oro, del hierro, del fosfato, del petróleo o del cemento. Se propicia, por avidez compulsiva, que se agote el filón y, por ende, la necesidad ulterior de más manos donde ya no hay obra. No se diversifica. Al paro la plantilla, con sofismas de marxismo al servicio de la patronal. "No es culpa nuestra, no queda materia prima". Suele ocurrir, y concluye en el imperio de los lobis. Para qué elegir a nadie, si a ese nadie lo van a presionar hasta que reniegue del pueblo soberano que le puso la cachiporra en el puño. Qué ha sido del Fuero foral; qué de estos Territorios Prehistóricos. No precisa ningún holding de exprimir tan a tope un venero como lo que va a suceder, ya inexorablemente, en Aitzerle o lo que de él queda. Incrustémonos esto en la mollera. En la ignorancia culpable. Pregunten por ahí, fuera del contorno inmediato, qué saben de Praileaitz. O, yo en mis trece, de Pralenaitz. "¿Un conjunto de rock-radical?"
Por encima de lo sobrehumano
Los billetes verdes, en serio, constituyen contradicción per se. Cuando el capital se vocea proletario y servidor de esa sociedad auténticamente anónima que es el censo, es decir, cuando la máquina de fabricar churumo controla lo humano y lo hace por encima de todo otro interés vital, también por encima de lo sobrehumano, dominarán las exigencias bursátiles. Que jamás pensarán --no piensan-- que la condición sapiens sapiens también está en grave riesgo de desaparecer del mapamundi o del zoo. No nos reproducimos en cautividad urbana. Implosivos o delegatorios, "alguien ya hará algo, para eso están los entendidos", tras la explotación desmesurada sin que el sistema la frene la autoestima se nos queda hecha trizas . Cómo la va a frenar, si son carne y uña. No intentamos impedirlo en persona. Nos reprimimos en ese 'pharmakón' expiatorio, finisecular pretexto. No ejercimos el sano derecho al pataleo. Nos van a cercar el barrio de edificios con una altura de más, que oiga, si no no es negocio. Manda la Construcción. Es decir, que las cementeras son bífidas. Si por un lado convierten lo selvático en lunático y nos impiden el paseo saludable, oxigenante, en huida de la plaga de hormigoneras, por otro van a encerrarnos en jaulas de macadán. Para qué acudir al manicomio, si ya residimos en él. Un muro de cemento nos ahogará la perspectiva; y todos, todos, somos especies en peligro de extinción. Informan, última hora, que la Diputación ordena-propone-exige-impone (democráticamente, que no falte la guinda) a la Sociedad Aranzadi y al equipo encargado de investigar Pralenaitz, o Praileaitz I, suspenda 'sine die' sus tareas arqueológicas. Tiene todo el aspecto de los vetos-Bush. O sea, de un pacto impuesto. Más bien un ultimátum. Hasta que ocurra con la cantera como con los plegamientos y las cataratas del Niágara: que se cobre entrada a nuestros tataranietos por entrar a admirarla.
"Freunden trinken"
Y la Europa encarecida por el euro canta el himno de Beethoven-Schiller, eso de "Freunden trinken". Con vino verde del Rhin. Nadie lo comprende, salvo los germanoparlantes, pero es apolíneo y sobre todo báquico. En mitología, Apolo y Baco son dos dioses gemelos que, como todo ese panteón, llevan una doble vida. (De la librea apotemática, que ilustra este intríngulis, se habla más abajo). Se supone que, pese a la que está cayendo, más que los caldos del Rhin pronto resultará más lujoso un brindis con el elixir más codiciado: agua del grifo, subterránea, que corroe e irriga -- calcita hidráulica-- la panza de esta subcordillera de Arno, Izarreta, Arbil, Andutz, Izarraitz. Aquí hubo también mucha viña de emparrado, aérea, para txakoliñ, vino verde donde los haya. Quienes vendían txakoliñ en su sel o korta-- de ahí 'kortijo'-- como en Etxezabal de Astigarribixa, lo anunciaban mediante una vara de 'erramu', laurel, en la entrada. Quienes tenían buen manzanal fermentaban (='irikiñ') sidra. Iba ésta en estibas a Ultramar, sobre todo a la zona canadiense de El Labrador, donde los aborígenes inuit la conocían como 'ur eroa', agua loca. Se cataba la sidra en los cuartos menguantes hasta cerrar el orificio con un taco de madera o 'txotx'. Para hacerlo hermético se untaba con ¡cal hidráulica de Aitzerle! La sidra se trasvasa de barrica en un 'ilbera' o cuarto menguante, noche de licántropos. Otros la embotellaban.
Pan hoy, pan duro mañana
La cantera de Sasiola se abre como un sarpullido geológico, las voladuras van a ir a más, nunca a menos, es la Primera ley de la Termodinámica aplicada a los dividendos del desarrollo por el desarrollo. Saciarse hoy, sin mesura, es sed para mañana. "Freunden Trinken" traerá su resaca, aquí llamada a saber por qué aje. Millapros ya está en venta, sus colmenas deshabitadas son todo un símbolo. En su día, tras el trigo molido en toponimias como Errotazar o Errotaberri, maíz indiano en talo. En sectores de extracción, toda ansiedad de tragaldabas es pan para hoy y hambre para mañana. Sí, me refiero a esos siempre plusvaliosos puestos de de trabajo. Y si no hambre, pan duro. Sin margarina. Los paseantes, con el deambuleo cotidiano interdicto, ya no saben si de veras se necesitan viviendas, o si se está creando la necesidad de filantrópicas hipotecas junto a la necesidad de necesitarlas. Si se tiene una, la segunda. Pero esos caseríos de clarísima toponimia, Ospittale, Sindika, son asimismo hogares en peligro. Que están en serio trance de demolición, desahucio o abandono por expropiación con coartada de zona peligrosa para que quienes allí viven (humo vivo, no dormido, surge de las chimeneas) desalojen un mal día y se instalen, como un exilio, en unos minirrascacielos en hormigón superpoblado a los que con perseverancia nos van
habituando la pupila.
Ojo a los anarquistas de derechas
Tenían ya en sus terrenos, no habla el idilismo idiota, sus antenas, sus pistas, sus vehículos todoterreno, su banda ancha, su distribución eléctrica de alta tensión --¿lo calibran quienes le dan a la goma o la tytadine, que produce añicos volanderos? -- ; les habían trazado sus redes de gas natural -- ¿otro factor-riesgo? --; quedaron ya amortizados sus avances agronómicos. ¿El Agroturismo? Eso es una filfa, un pastiche, una opereta, un mal facsímil, un subsidio de sector terciario al que inevitablemente irán a parar o los baserritarras, o los operarios de la cantera cuando se extinga, o ambos a la par. No confundir jamás progreso con desarrollismo. Éste lo absorbe todo, incluido al mismísimo Bakunin cuando se malinterpreta su metáfora de que todo poder destructor es también creador. Hace muy poco le dije a una colega que hay que tener cuidado con los anarquistas de derechas. Con los prestidigitadores campechanos y uniformizantes. Con los optímates, patricios y patricias. Suelen hacerse 'sponsors', o proteccionistas. Lo cual, como en ese reino del dólar verde, USA, cuya way of life también alcanza a los valles vascos, no todo fueron bienaventurazas adquiridas, proporciona prestigio y rebaja las taxes. Asfalta el camino hacia el, por supuesto, altruista cargo público. Este paraje, tesoro etnográfico o simplemente contemplativo, se ha ido corroyendo sin clemencia y nadie ha movido un dedo ni hallado un antídoto para la voracidad de sus más esclarecidos benefactores.
Cambio climático
Inmensa, umbría hondura. Toda ella perforada de cavernas para transcurrir la durísima climatología, invierno continuo, del Auriñaciense. Con sus sus altibajos, como durante el Dryas II, el del mayor crioclactismo, un viruji que pela, hasta el más placentero Alleröd, para volver a otra borrasca total con isobaras de congelación y ausencia en las excavaciones de polen adherido a la piedra. No fue la Glaciación de Würm constante. Nadie culpaba, es especulación mía, a un agujero de ozono. Normal, porque no había motores de explosión, ni bulldozzers (que siempre se maldice al mal llamado 'turismo'). Tampoco industria pesada, ni deforestación masiva e irresponsable. Ni canteras que rebañan la taza hasta las heces, cuando de todos es sabido que las tazas no manan. Se achacaba la meteorología adversa a los chamanes y arúspices, o se blasfemaba abiertamente contra los Genios de las Aguas, las Lluvias, los Hielos, los Rayos, responsables de su exceso o su escasez. Esto se hace evidente al hallarse restos de reno o de 'ursus spaelus', enormes, carnívoros, en las cavernas. También, de cabra montés. Despojos óseos que, al pasar a inmediatas estratigrafías, ceden paso a los de jabalí, tejón, nutria en niveles donde se detecta polen y otra flora-fauna de atmósfera templada. Es ya la Era Boreal. Carecemos de instrumentos para percibir, empero, la dimensión que separa a quienes en un principio se alojaban en Pralenaitz (¿cómo se llamaría el antro en su momento?) hasta que el 'homo habilis' del Aziliense, por así definirlo, es ya capaz de fabricar armas arrojadizas que permitan perseguir la presa a distancia y no ser a su vez capturado, muerto y digerido. Aparecen la jabalina, el venablo o 'aitzkora', las finísimas y mortíferas tallas agudas, apuntadas, para agresión manual a venado, tigre, alce, hiena o semejante en discrepancia territorial. Que a saber por qué en jerga antropológica llaman 'cinceles'. Seguimos siendo, por cierto, territoriales, con fobia a quien transgrede nuestro umbral inviolable fijado en el paleocortex. Suele padecerse en el ascensor.
Omertà en el entorno
Se induce el cambio climático más patente de los yacimientos de conchas de crustáceos en Urtiaga, Ekain, Ermittia. (A Pralenaitz no dejan ni siquiera arrimarse, y existe una especie de 'omertà' en torno a ella, ya nos ocuparemos; se admiten sugerencias y confesiones). El porqué de esas valvas y residuos como de paella cuaternaria es sencillo. Si podían ir al marisco, a la 'gabarrantza', es porque el mar había aumentado de nivel como consecuencia del deshielo y el estuario del Deba quedaba mucho más cerca del oleaje, de sus inmensos y nutritivos recursos. En Ekain pintaban salmones de la regata de Sastarrain. Pero no faltan mejillones de mojojonera y demás delicias pelágicas. Llevándole la mira de topografiar a mi padre, hallamos dos fósiles de caracolas marinas cerca de Enciso o La Demanda, no lejos de las placas con huellas de dinosaurios de La Rioja. Lo que hoy es Vasconia estuvo sumergido, más tarde emergió, y el mapa exacto de un litoral en continua oxidación se ve sujeto a imperceptibles, o escandalosas, según si hay mano humana o no metiendo la zanca, transformaciones. Todo es proteico, aunque nos parezca perpetuo.
Indígenas y alógenas
Son periodos, estaciones de temperie más o menos isoterma que, al igual que las mugas territoriales, no pasan de convención. No pude explicitárselo, intuirán por qué, al técnico que vigilaba las vibraciones desde el atrio de Pralenaitz. No era precisamente, además, donde debía situarse. Su posición correcta, y la del geosonar triaxial, o comosellame, hubiese sido bajo el peralte o arbotante de la sala donde se han revelado unas pinturas que peligran y que, de nada sirve ya lamentarse, desaparecerán. Como Praileaitz II. La espelunca se resquebraja a cada chupinazo, lo pude atestiguar. Pictografías del llamado Gravetiense las hay en otros lugares del planisferio, muchos, no es absolutamente excepcional salvo para nuestro microcosmos, ojo. Además, en esos otros yacimientos se les ha respetado más allá de lo turístico y más acá de lo místico. Seguimos siéndo místicos, sí, y adorando hacia la más íntima intimidad del ser a la montaña y convirtiéndola en yúyu, porque aunque la especie evoluciona, de momento no muta. Jamás nos percataremos de esa condición metamórfica, lenta en el hombre como la erosión natural o benigna en los roquedos y arrecifes. Se ven en Pralenaitz trazos abstractos (como los que usted ahora lee) cuyo significante semántico se nos escurre porque esta raza zoológica en la que nos movemos no es coetánea, eso sí que es seguro, de quienes ejecutaron los signos-significados-significantes que en la cueva han surgido de lo hondo de un tiempo incalculable para nuestra capacidad mental.
La vista gorda de Don Telesforo y On Miel
Aquella tribu, secta o clan se motivaba para escribir según sus propias conveniencias, términos, imagos de abstracción y códigos. Intraducibles o inefables, hoy. Están más lejos que el ideograma, el jeroglífico, la gliptografía. Puede, como en un célebre chiste, que quien lo descifre lea allí "tonto el que lo lea". Quiero decir que es muy plausible que no supongan una trascendencia indebidamente, irreflexivamente otorgada a toda incógnita que derive de la temporalidad transcurrida desde ese grafitismo -- en esto hay que ahondar -- hasta el instante, para la sensibilidad contemporánea científicamente mágico, de su revelación. Más, o menos, aún, tampoco somos indígenas, más bien alógenas. Cuando Barandiaran y Telesforo de Aranzadi estuvieron por aquí y excavaron Ermittia, saltándose en "visita de médico" las dos contiguas y posiblemente intercomunicadas Pralenaitz II y Pralenaitz I, qué enigma subyace bajo esa ¿dejadez? o presurosa vista gorda; cuando estos dos sabios senderistas y etnógrafos anduvieron por los caseríos que se enumeran más abajo, al hoy "Mamarru" o coco de la infancia los nativos lo llamaban "Erramun Maketo" y se cobijaba, para su folklore, en la buharda o ganbara.
Accesibles durante muchos kyr
¿Insulto? ¿Por qué? Raro es quien en estas veredas tan jacobeas, aunque inauguradas por los 'jakiak' o sabios de Ultrapuertos, entrecruzadas de calzadas romanas y prerrománicas (góticas, véanse los ajimezados de Astigarribixa) carezca de sana hibridación; alienígena sería, digo, quien no exhiba en análisis -- y psicoanálisis-- y tras tantísimos siglos un desoxirribonucleico polícromo, ultravioletas e infrarrojos incluidos. Las razas puras, absolutamente endógamas e incluso las más incestuosas (léase a Malinowsky) perecen de bocio, y demás malignidades o minusvalías.
Eugenesias aparte, hora es de terminar con el mito falso (sí, insisto, haylos falsos y haylos ciertos) de la inexpugnabilidad de los vascos en sus riscos. Fueron las gentes que aquí moraron durante siglos y siglos, y varios milenios, tres ceros que la jerga cientifista complica llamándolos kyr (= kiloaños); fueron esas gentes, iba diciendo, tan accesibles a lo exótico y lo cosmopolita que puede asimilárselas a japoneses actuales, aunque no obligados a la diáspora para su espionaje industrial. Los cántabros de estos marjales, sin necesidad de viajar, ni de agobiarse, abdujeron de tanta visita mucha más información pasiva que ese nipón caricaturizado, pero auténtico, de una era del milagro económico que condujo a samurais y geishas a la latría de la Empresa. A la ruleta rusa de comer fugu. A esa neurosis maligna de pensar que se es insustituible en el tajo. A trabajar en condiciones de infarto, laborismo metafísico. A sufrir si no se trabaja porque el ocio, tan salutífero, es pecado mortal. No precisaban pues, felizmente, los éuskos -- o como se llamasen a sí mismos-- ni el clásico mechero, hoy en desuso, con una microcámara de microfilme dentro que se disparaba al encenderlo. Para qué, si los que atravesaban estos valles y senderos rumbo al sol de Finisterre les prodigaban gratuitamente los avances y tecnologías más sofisticados desde todos los puntos cardinales de la Tierra.
El horizonte no es horizontal
Era éste un orbe en órbita detenida que, para mis adentros pienso, aquellas personas que nos antecedieron no consideraban plano. No, desde el momento en que no sólo el espacio einsteniano, sino el simple skyline del océano es curvo, y a Oteitza, lástima que haya fallecido, le diría que los plásticos conceptualistas, y él lo era en monocromía, pecan de un exceso de geometricidad. Se ríen de los egipcios de perfil, de la ausencia de efectos ópticos en el románico, de la anagrafía dimensional o perspectiva de los Primitivos Flamencos y siguen pintando, necedad obcecada, horizontes de línea recta. Acabo de fijarme en los límites de la mar. Puede que la amurallen uno de estos años, los lobis: "Dos alturas más, o no edifico". Así que la contemplo, cosa que durante años no hice. La veía, pero no la miraba, menos aún la admiraba. Pero desde hace tiempo me choca esa sensación, gozo de muy buen pesquis, y he comprendido que el horizonte no está en horizontal, sino en mínimo y sutil arco de círculo. Trigonométrica y algebraicamente. Y para vista aguda, la de los humanos predadores que en Pralenaitz se refugiaron. O que hicieron de la gruta su almacén, santuario, dormitorio u hospital, a ello también iremos. Pues paisajista hay que, no fiándose del pulso, diseña esa zona liminal cielo-mar con escuadra y regla recta de carpintero. Aún.
Inventos y neologismos
Al gran sollastre Arzac, por cierto, se le viene conociendo en restaurantes de cocina tradicional o recetas sorpresivas como 'el pequeño japonés', ya que pilla de aquí y allá lo que incautos fogoneros le chivan y después lo aplica a sus exquisitas alquimias. El vasco sólo ha de sentarse en el poyo adherido a su habitáculo para que neanderthales, eslabones perdidos, celtas gaélicos y galos galicanos; centuriones, entogados cicerones, sabihondos grecorromanos, hechiceras uraloaltaicas, evangelistas de toda filosofía, devotos del Diablo, o de varios; walkirias, judíos judaizantes, arábigos almohades o abencerrajes y normandos de diversas etnias, desde Wamba a Ricardo Corazón de León, vayan entregándole inventos y fórmulas de patente registrada. A domicilio y sin necesidad -- por entonces-- de emigrar a otras latitudes para progresar. Aquéllas se desvelan, incluso instalan, a cambio del peaje u hospedaje en paz e interlocución. Estancia a veces tan larga que se convierte en asentamiento. En mestización. Ante mí, el caserío hospitalario Ospittale. Con los ingenios extranjeros llegan otrosí los neologismos. Uno muy propio de este entorno es el romano corrupto de "Errota", molino, instrumento básico de la economía transtemporal que acelera la producción de harina. "Errota" es el "rota", de rueda, rotación, etc. Esta máquina-herramienta, con su nombre -- como hoy web, blog, clikar, linkar-- enriquece además de la industria más básica de subsistencia. una dinámica lingüística que conserva su dimensión sintética en verbos, 'aditzak', declinaciones y reversión sintáctica.
Autosuficiencia vestimentaria
Éstas constituyen el huso y la rueca de la lengua vasca. En este mismísimo paraje, ya que de ello hablamos, tejían lanas del propio rebaño o llegadas desde lejanas cañadas. Perdura en Deba como emblema cabalístico una leyenda de La Hilandera. Tiene incluso su capilla lateral a ella dedicada en la iglesia. Aquí no cumple transcribirla. En cuanto a las ruecas aludidas, que le dieron origen, en ese desfiladero de Sasiola-Astigarribixa se les decía 'goruak' y al trabajo con ellas, 'goruetan'. El huso es 'ardatza'. La madeja de hilo de lino, en su día, es 'arimataza'. Es aspa de enmadejar, 'matazuzkia'; y la devanadera, 'arilkaia'. En el siglo XIX la rueca elaboraba toda la ropa, camisas, pantalones, incluso el ajuar de las camas, de cada caserío. El hilo de lana, allá por 1920, todavía se fabrica para vestuario doméstico. Se carda se hila, 'irun', y se elaboran medias de mujer o 'galtzerdiak'. Estas gentes sabían, pues, cómo vestirse y calzarse, amén de otras habilidades domésticas ligadas a lo agropecuario, sin recurrir al consumo. Todo lo más, al trueque. El progreso o civilización daría entrada a otro personaje muy particular, el faquín que, con el '600' rebosante de géneros y ropas de faena 'prêt à porter' , visitaba cada año las caserías, transhumante, y vendía todo el género, desde sostenes hasta servilletas. Conocí a uno en Elorrixa. Pero, aún hacia 1930, en la propia vivienda se fabricaban abarcas, sillas de anea y cuévanos y cestas con corteza en tiras, 'zumitzea'.
Las abarcas, de piel de vacuno repujadas con lezna o 'eztena'.
No hay identidad innata
La etnología y etnografía vasca, pues, fruto de la sabiduría de los 'jakiak' maquetos. Que maqueto, apúntenlo, no es sino la metátesis por 'meteco' o ajeno al campamento, o forastero en la jerga de los westerns. La misma metátesis impidió que "Miraflores" lo fuese, y desde siempre fue "Millapros". Nunca me ofendió, pues, que me llamaran ni 'maketo' ni 'intelectual'. En ambos casos, rara vez acontecidos, me producen el calorcillo interno de otra imposibilidad verificada: la diferenciación absoluta de otras biologías. Pero eran sendos elogios pese a la intención de esas personas con 24 apellidos vascos. Léase, traducidos al euskara a lo largo de tantos kyrs que abarcarlos nos produce vértigo. Apellidos que, además, se los saben de corrido y creen que con haber nacido vasco ya se es vasco con todas sus virtudes y sin ninguno de sus felizmente conservados defectos. Incurren en dañino error, sobre todo para sí mismos. Ninguna condición, positiva o negativa, es congénita. Tampoco, con elocuente frecuencia, ambitual. No, no: la identidad no es un don innato; hay que trabajársela. Aunque sólo sea aprendiendo, por respeto a esos antepasados, o por inquietud de fácil resolución. O, es mi caso, a modo de valiosísimo instrumento comunicativo para traspasar del senderismo a la etnología y sobre todo a la mitología conversando con esas personas que saben más que yo porque llevan en este bólido ínsito en la Vía Láctea muchos más años. A quienes halaga que uno se dirija a ellas en su idioma. Cosa que hace treinta años no acontecía, les habían lavado el cerebro a conciencia desde el Movimiento. Con lo cual, largan, rajan. No sin pasar página al erdera como adviritiendo que también son bilingües. Estas gentes, escogidas, no todas, han aprendido lo que a mí jamás se me llegó a inculcar a través de asignaturas y materias metódicas. La etnología, la paleoantropología no soportan el método. Al menos, un método aritmético carente de algoritmos, de proyección quántica. No existe la tempospacialidad absoluta. La inferencia del espacio y el tiempo absolutos -- en Arqueología aplicada -- debe pues ser idéntica a otra inferencia inductiva, como
desde su cátedra nos explica Sir Bertrand Russell.
Un materialismo prehistórico
¿Euskal Herria un reducido reducto? ¡Venga ya, por Manitú y Ortzi! Aunque los 30.000 años que me propuso para cerciorarse o concienciarse el sismólogo que con su puesto cubre el expediente de comprobar desde la cantera si la caverna se desploma o no, vaya marrón, viene a ser como fechar el Diluvio Universal (cosa que aún hacían en el ilustrado siglo XVIII). Nadie sabe cuándo ni dónde comienza ni acaba nada. Pasa lo mismo con el Aziliense, o el Magdaleniense. El carbono-14 te puede indicar una datación específica para entendernos. Un mojón de relojería, por así decirlo. Qué obsesión ponerle muros -- no langas-- a los campos científicos. Es la eterna disparidad entre verdad y realidad. Puede la estadística en curvas aproximarte a una distancia que, por sus coordenadas de distancia-tiempo y distancia-lugar, es geodésica y por lo tanto relativa. Aquí la quinta dimensión la proponen los microclimas y un cierto materialismo prehistórico. Del legítimo, no del que predican los empresarios más temibles, los que se jactan de actuar por el bien de la socioeconomía. Cuando miramos 25 años atrás, un nanomicrosegundo en el devenir del cosmos, tenemos una impresión no poco astígmata, o mejor présbita, de lo que ha cambiado el mundo. Sobre todo con esto de Internet; o en la revolución de los masmedia, el traslado de la efigie malvada de Stalin en Georgia -- donde se empeñan en ser parientes caucásicos de lo vasco -- a la de un tal Osama Bin-Laden, a quien a diario localizan comprando el mijo de cuscús en un drugstore del Middlewest y a cuyo estafermo, "Al-Quaeda", hay que enfrentarse porque de todos es sabido (lo de la CCCP se prefirió olvidarlo) que lo musulmán odia la democracia made in USA y entonces hay que montar un pollo de no veas en donde se esconde la yihad. Como en las Cruzadas de aquel Inocencio III, "Dios elegirá a los suyos". El God del dólar contra el Islam sin un maravedí, o un dirham, que Marruecos se calienta. Hemos envejecido, claro, aunque duramos más siempre y cuando no nos bombardeen. Pues bien, si en 25 años ya se ha visto todo cuanto se puede experimentar, cómo concebir un Solutrense, un Auriñaciense, un Würm. No cabe en nuestras limitadas meninges.
Memoria y Máquina del Tiempo
Dispone la casta humana de esa Máquina del Tiempo que siempre echan en la tele en domingos de lluvia y sin fútbol. La lleva consigo en la memoria y en la capacidad autotelepática de prever lo más probable. Y se equivoca a diario, claro. Yerra en el mutable pasado, en el celérico presente y en el imprevisible futuro. Se cae en amnesia de lo propio por exceso o defecto. Posamos para nuestro retrato en autoapología. He fotografiado a Oteiza y a Oteitza. Rara avis, era un pájaro extraño, sí, no colocaba nunca, como suele ser común en todo modelo, su mejor perfil. Aguantaba el flash como un relámpago en la lejanía y sin interrumpir jamás su discurso, introspección o invectiva jocunda. No se instalaba psicobiológicamente en la actitud 'me- están-sacando-una-foto'. Fue fotogénico porque salía relajado a la primera, no a la quinta. Su mejor amigo en la sombra, Larruquert, cineasta y fotógrafo-alquimista del blanco y negro, creó soberbios Oteitzas en gran formato. Sin problemas. Dice empero Larruquert que quien más guerra le dio para que lo inmortalizaran en sales de plata, colodión y gelatinas diversas fue On Miel Barandiaran, presbítero.
Pasaba Oteitza del objetivo, o ponía esa cara de haba que en las letrinas públicas o vespasianas nos retrotrae, a los varones, al pudor de las Trobriand. Ello nos diferencia parcialmente de los designados como irracionales. A su favor, la memoria olfativa. El sapiens es anósmico. Y la sacrificial: si se les maltrata, archiva quien lo hizo. Nunca se pierde. Al contrario de la persona humana, yonki en potencia, cuando trisca buscando hierbas y se purga, ni se equivoca ni se adicciona. Los actores y actrices saben que en una peli con animal, el bicho siempre les sacará ventaja en interpretación y que el Oscar sería para él. Chita siempre se comió a Weissmüller. En percepción ultrasensorial estas especies ¿en desarrollo? captan sin sismógrafo pluriaxial mínimos terremotos como los que vienen sacudiendo Aitzerle (o Itoiz) por ese otro sutil cronómetro que es el instinto, mientras nosotros seguimos repantingados en el sofá.
Ocurre que acumulamos conocimientos, rara vez sabiduría, y ya se habla de las témporas a partir de un ¿infalible? vaticinio. Del "han anunciado que para mañana viene lluvia". Pero la simpática, esbelta Sibila del Tiempo en bluyines populistas y pródiga en guiños al surf no es capaz de predecir con certeza un Riss inminente. (Acaba de sonar el teléfono; como desde hace décadas, llaman desde Elgoibar, al azar, para solicitar 'mesedez' el parte meteorológico 'in situ' y saber si merece la pena acercarse o no al litoral, a la playa; ejemplo nítido de que los meteosatélites carecen de alta definición, la que permite descifrar los microclimas; sólo en directo, y conociendo para qué fines, se concluye si hace buen o mal tiempo).
Merino, arqueología crítica
Conviene citar a arqueólogos como mi amigo y fuente de información divulgativa, José María Merino. Doctor enciclopédico y paciente médico de Oteiza alias Oteitza, Merino se nos fue tras hacer lo imposible para que su socio el de Orio llegara a centenario sin momificación.
Se agregaba José María a una escuela o tendencia critica paleontológica con profusión de estadísticas y dictámenes que combatían el lugar común de que al Mesolítico, Eneolítico, Magdaleniense, Gravetiense o Aziliense se les denomine de forma desviada 'culturas'.
Este investigador, Merino, que en su estudio me mostró el peligroso filo de las lascas cortándose un dedo con una de ellas y deteniendo la hemorragia, para un médico como él, de forma un tanto sacamuelas: con un klínex; este arqueómano y estudioso en directo de la Pesca, su relax, aplica con cierta sorna o sarcasmo cabreado, tratar a Oteitza contagia por ósmosis, a los momentos de creatividad el principio de que lo Económico condiciona la biosfera, según el materialismo histórico en digest. O sea, en este caso, prehistórico. La 'cultura propia del
X-ense o Y-ense' es un término estéril, inválido. No hay 'arte' rupestre. No puede invocarse, en épocas donde el ocio les estaba vetado hasta a los componentes tullidos y mutilados de la tribu, un impulso de decoración superflua de la caverna en periodos de reposo o de caza. Ésta no se suspendía ni por fuerza mayor. Todo cuanto las gentes más o menos primitivas llevan a cabo goza de una utilidad espiritual que lleva al antedicho positivismo. Magia para comer, es su definición. Oigan, que por ahí siguen haciendo rogativas. En este contorno de Aitzerle, hasta los funestos años del hambre, 1940-41.
"Techné" es "Arte"
La industria lítica, regresemos a la Edad de Piedra, se perfeccionaba para mejorar la dieta según el principio de mecanicidad. Se calcula, pronostica, implora el máximo de nutrientes en mínimo esfuerzo-por-segundo. Con la maza dando. Claro que en esta suerte de analíticas y como los extremos se tocan, todos los vericuetos conducen a la cantera del holding Amenabar. Cantera que al día de hoy, abril-2007, tiene el aspecto semidesértico del Zigurat elemita de Tsoga-Zanbil, Irán (-1.200). Terminarán, insisto, calificándolo Monumento de Interés Mundial dentro de 25.000 zyrs.
Algo se le pasó por alto a Merino, que excavó Urtiaga y Ekain y que fijó con clarividencia , siempre librepensante, la acrónica del perfeccionamiento de útiles según la presión de esos microclimas que, se vio, aún perduran e influyen. O por circunstancias existenciales, ecosistemáticas, del habitante del Planeta; aunque sin pasarse, ni considerar que a cada espelunca le corresponde una autonomía o un ritmo de inventiva propios. De modo que no existen esos periodos unificatorios en bloque. ¿Qué se le pasó, que en todo no se puede estar? Simplemente otra etimología que no me canso de reiterar: que en griego "techné" significa "arte". Y que de ahí técnica, tecnología y técnicos especializados en vibraciones de gomadós. No hay artista sin técnica, ni técnica sin artista. No existe el artista autodidacta. Tampoco el adolescente, ni el innovador, lo discutiremos con mi visión del fenómeno-Moore en lo otéicico. Alguien provee de rudimentos, siempre. Tampoco hay maestrazgo si éste no sigue aprendiendo a su vez del bloque discente (Pigmalión a la inversa). Donde pongo artista póngase deportista, torero, divo de rock, soprano lírica, virtuosa del cello, supervedette o showman. O ingenieros de minas, farmacéuticas, industriales, economistas, juristas, ilusionistas de la contabilidad doble ni brokers de la estafa perfecta; ni señorías o eminencias. Ni talento sin técnica, ni técnica sin talento. La llamita de Pentecostés brota desde fuera del cráneo, no desde dentro.
Boicots a la A-8, al chiquiteo...
Gracias a esas aguas donde rema Caronte en gabarra, en Deba-Itziar-Lastur, con sequía máxima, jamás hubo restricción de aguas. Hay termas en Zestoa, en Santa Águeda, en Zaldibar. Todos maldijimos la autopista Bilbao-Behobia, todos la utilizamos. Sentido común trastocado. Se termina acudiendo al bar de luces rojas del polígono propio, es un símil. Como ya estaba trazada, y pese a los innúmeros boicots que se le hicieron al ir encareciéndose el peaje (como contra el chiquiteo cuando el vino subía) se terminaba encauzándose en ella. Y en el "Freunden trinken". Con un doscaballos y el Sol antinuclear en el parabrisas. Existe en Lasao, junto a la erreka que separa Lasao Aundi de Lasao Txiki y la langa que conduce a Sagarmiñaga y Kalbarixo, un recodo con un doscaballos al que las lianas asimilan a esos templos y pagodas en ruinas de Cambodya. Imposible mover esa carcasa. Pasa como pasará con la cantera, después de que hayamos sufrido sus abusos por nuestra mala, tarda cabeza.
Como fornicar en un Citroen
Es más que un suvenir. Es nostalgia. Un 2 CV azul-purísima, matrícula BI-6788. De los años 1970 del pasado siglo. Por entonces todos comentábamos la imposibilidad, incluso para los más expertos acróbatas, de fornicar en uno de esos troncomóviles. Quiá. Alguien me vino con la solución: "Se puede sacar el asiento de atrás; lo sacas, lo sacáis en una campa o una cuneta, y listo". Euskadi Sioux, lo véis, escuchad al abogado de Satán, termina comprando winchesters, bebiendo agua de fuego, subiéndose al caballo de hierro y atiborrándose de carne de superbúfalo en molde de hamburguesas del Macdonalds. Con crema de cacahuete. Me dijo una fuente nada túrbida: "Estaban excavando allí Barandiaran y otros entendidos y un buen día tuvieron que dejarlo: al perforar la autopista se hizo un barranco por dentro y cayó un aluvión de flechas, huesos, cerámicas de mucha antigüedad". Hoy ha sucedido lo mismo entre Ospittale y Sasiola Goikoa. Han canalizado las aguas y en el torrente artificial navegan detritus de gran valor por el tiempo transcurrido. Han adquirido la condición, los vertidos de aquellos lejanísimos ancestros, de enseres y ajuares paleoculturales. Pero enfaticemos: lo que importa es la bóveda transtemporal del sílex del que resultó chispa, fuego, supervivencia y hamburguesas de bisonte, antílope o mamut hirsuto. Veamos si esta vez no miramos a otro lado mientras el apocalipsis toca a diana. Aunque lo más verosímil es que, de no acontecer un milagro, se nos acabó el tiempo. Sólo nos queda discutir con sus responsables de metafísica aplicada. Ya véis lo que dice Voltaire, 'ut supra', del asunto.
Menos mal que no reciclaban: así podemos conocer mejor qué sucedió en esa nigromántica encrucijada de Sasiola-Astigarribixa. O de Olatz-Lastur, en macrocosmos. Puede que Pralenaitz esté asimismo enceguecida en alguna de sus ramificaciones. Comenzó Aranzadi a darle al tamiz de los gambusinos que buscaban oro en el Far West. Maravillosos hallazgos que irán a parar a Museos y demás panteones de antepasados venerandos. Muy tarde lanzamos, hoy, ahora o mañana, el mayday. Hechos consumados, hechos consumidos.
Pralenaitze: "Peñasco de los frailes"
Cuando se controló lo de la inmundicia residual, la sociología del hormiguero llevó a desaprensivos a usar la plazoleta, a tres minutos de la espelunca, para desechos de toda índole. Desde somieres, armarios, sofás ventrílocuos y tazas de báter con óxido excrementicio hasta lavadoras o cocinas Fagor de cuatro fuegos de butano. En el Paleolítico del +2000. El sismólogo me interrogaba acerca de Pralenaitz. Esta es la toponimia y como lo pronuncian los indígenas del Cañón del Arno: "Peñasco de los Frailes", en plural. Posiblemente herejes anacoretas que fueron sus últimos expertos en brujería aplicada y fitología psicotropical. También, como el Oteitza bipolar del tranxilium nocturno, trogloditas del vacío en cueva o dolmen. Portería de fútbol no, porque decía Oteitza que "el fútbol es como un tenis" y sus espacios abiertos eran de frontón, búsquese la pieza que le valió la Bienal de Sâo Paulo.
Al Guggenheim de Bilbao, o de Gehry, se le conoce en Escocia como de estilo lata-de-sardinas-abierta. A Warhol no se le ocurrió (y no quiero dar malas ideas a los popartistas). O sea, otra suerte de vaciado del vacío industrial y naviero que en un Bilbao en metamorfosis tuvo lugar.
Pues como este jovial ingeniero cuyo diafragma yo adivinaba tirante como piel de tambor me daba palique, yo intenté informarle convenientemente. No pudo ser. A la caja del radar sí que casi le da un infarto. Nos tuvimos que atrincherar. Así, se quedó sin saber un montón de detalles. Verbigratia, lo de la visita del Diputado General, Comosellame el cargo, junto con Peñalver, que tiene su miga.
Un televisor eneolítico
Desde hace más de un año, en el siguiente repecho que lleva a Ospittale y Sasiola Goikoa y en una diminuta quebrada entre dos tabiques de roca hay un vestigio arqueológico: un televisor enorme, panzudo, familiar, en blanco y negro. De los que estridían por la noche con el Txunda- Txunda. A los que se asomó El Cordobés para brindarle al Caudillo y David Cubedo para proferir "¡Arriba Esspañña!!" ; y finalmente Arias Navarro, "Carnicerito de Málaga", con aquel "Españoles, Franco.... ha muerto". Un televisor para el enfant-terrible de Falange auténtica, así se autodefinió en épocas transicionales bajo el vehemente flequillo. Concedámosle el anonimato. Hoy se le ha visto desde todos los ángulos (no citado) en uno de esos foros antitodo que contramanifiestan en las inmediaciones de donde procesan al lehendakari Ibarretxe, oye, y ejerciendo de mastigóforo muy poco ponderado para su profesión periodística. No se puede gritar hijosdeputa y que luego le arreen al de al lado. ¿Cómo captan a estos gamberros comilfó? Pero que lo identifiquen, que no seré yo: es inconfundible, todos le recordamos y estaba haciendo el patas, para que le sacaran.
Regresemos al día en que vino de visita guiada, lo llaman ahora, como si el personal fuese burriciego, ese Juntero Mayor de Gipuzkoa. Le estaban colocando los de la brigada municipal una alfombra de grava sobre la arcilla. La arcilla sujeta mejor la suela, y la grava lo pudo lanzar al abismo. Lo constaté en voz alta, pero carezco de autoridad. También cambiaron las sogas viejas, negruzcas, por otras nuevas y flamantes. Qué despilfarro. Ocurre que rara vez llegan las eminencias civiles a estos lugares de la jungla transurbana. Quiero decirles que los científicos instruyeron al Gran Diputado acerca de lo valioso de la pinturas-morse descubiertas en el seno de la espelunca, por no hablar de otros hallazgos más lujosos
y esotéricos. Que incluyen cosméticos para idéntica caracterización nigromántica que los pictos de la isla de Man, Escocia. Estos pictos salvajes y belicosos le interesaban a Oteitza, en una carta me pide bibliografía. La hubo, pero desapareció, señor Juntero, en un vaivén de fondos de Biblioteca en la Gipuzkoako Enparantza donostiarra. Con los libros todos somos cleptómanos, así que hay que vigilar con mayor celo el trajín de volúmenes únicos. De veras.
Cosméticos de camuflaje
¿Magia, los cosméticos? Puede. Qué indaguen más y mejor, que debe haber manos impresas gravetienses con el pulgar expresionista a modo de identificación o lenguaje gestual. Como en Gargas, qué envidia da recordar Gargas, intocable, cuando se transita cerca de Pralenaitz. Gargas es Europa. Pralenaitz, este Reino subpirenaico de las Autonomías. Manos crípticas idénticas a las francocantábricas las hay en Patagonia u Oceanía (en el Busch australiano). Porque durante ese agujero negro tempospacial protohistórico primaba lo práctico. O, al menos, la autosugestión de ir al rastreo protegidos por talismanes positivistas. Se recubrían los cuerpos de arcilla y otros emplastes estéticos por animismo, vale; pero sobre todo como camuflaje olfativo que impedía que la piel humana fuese venteada y alcanzada por la pieza a cazar. Y de disimulación o simbiosis colórica y calórica, no lo niego. Del mismo modo que la vestimenta militar o talar, ¡esas tonsuras!, imprimen carácter. Pikoleto hubo que tenía que dormir con uniforme para sentirse como comanche pintarrajeado para la batalla. Salir a campo abierto para la bronca con la presa obligaba, como hoy, a valerse de guardaespaldas de la empresa Blackwaters. A falta de ellos, queda la alternativa más accesible: ser guardaespaldas de sí mismo. O meterse a Mortadelo, a kokodrilo de los demás; a secreta infiltrado y procurar que no te junen y corneen. Mucho menos, que te nombren Hechicero vitalicio.
Sacerdotisas y chamanes solían revestir tocados cabrunos, ahí están los ttuntturros del Zanpanzar. Eso procede de cuando la ley de la selva absoluta: disfrazarse de bestia a apresar garantizaba no ser a su vez engullido por ella. Identificarse luego con el rebaño concedía el liderazgo del chivo, del 'pharmakón'. O, como en el ciclo de fiestas invernales de La Rioja administrativamente no alavesa -- nos vamos a adherir también a La Rioja, señor Sanz -- los disfraces de Larriba de Cameros. Se cubren los danzantes allí con caretas de piel de cabra y cuernos asimismo caprinos, erizado el cuerpo de estrepitosos cencerros ('zintzarriak'). Salen a la vez que los de Ituren, en Nafarroa. Vea que no se pueden instalar mugas a la cultura popular ni a la meteorología. Nada ha variado, fijáos en los uniformes de los rangers en combate. En esos marines de rostro tiznado con betún que les da la ilusa impresión de pasar inadvertidos. Como esas primadonnas que se aderezan para el incógnito y así ser mejor detectadas, guiándose el paparazzo por sus inmensas gafas de sol y sus modelos multicolores, frikis y fovistas.
La caracterización para no ser apresado o para ejercer influencia, o para obrar con doblez, es facultad animal espontánea en muchos géneros selváticos. También, políticos. El camaleón, merced a sus cromatóforos, es el ejemplo más patente de camuflaje defensivo o estratégico. Como esas personas a quienes se intitula 'bai-bai' porque se muestran de acuerdo, invariablemente, con todo congénere que con ellas conversa o expone razones. Woody Allen hizo una película acerca de este trastorno: "Zelig" o "Ziélig". También sirve de paradigma la mantis religiosa, que se agrega al verde específico de la planta que roe. El camaleón observa una homocromía variable, según en qué trasfondo se instale, para no ser visto o para no dar el cante de lo que realmente es.
La librea aposemática
El ejemplo de las vedettes antes aludidas es todo lo contrario de la homocromía. También se puede verificar en algunos grupillos que desean hacerse muy visibles y horripilantes. Los colores chillones, o amortiguados adrede, contrastados con lo común de la comunidad, tratan de infundir miedo. O, más bien, de asimilarse a la colectividad agresiva de la que no se forma parte taxativamente (moda chándal, maniquí de sintecho, deportivas talegueras, sudaderas de un presidio que jamás se pisó, forros polares en clima tórrido, chales palestinos lejos de Jerusalén, negativa monjil al tinte o coquetería capilar, atuendos rap en zona caucasiana-tope). En entomología se llama 'librea aposemática'. Insectos tóxicos y nauseabundos tratan de ser identificados a primera vista como tales. Lo cual aprovechan otras especies inofensivas y timoratas para infundir, enfundándose en heráldica plagiada de las que sí son peligrosas, un temor que impide ser algo peor que depredado: marginado. Invitan así, con su apariencia, a una precaución que les garantiza la inmunidad. O se autosugestionan ante el espejo más iluso y engañoso: el espejo de los Narcisos feos.
Legos que son abades
Se deduce fácilmente que toda-- toda-- librea aposemática termina creando la ideología
(que no la ideación). En refranero popular, que el hábito, sin hacer al monje, hace al lego creerse abad. Vivimos, sobre todo en épocas de caucus como la presente, cazando votos a través de la librea aposemática. Como los chamanes de Pralenaitz para poseer la vara de mando. No está de más citar aquí los años heréticos de Eneko de Loiola cuando formó su secta en Alcalá de Henares, luego en Salamanca. Iniciativa que le valió ser perseguido, y no precisamente de oficio, por la la Inquisición. Ésta no sólo lo envió al mako por hebraizante y beguino, o begardo. Una vez fuera, mediando multa, puso el Auto de la Fe como condición para no volver a la mazmorra que él y sus prosélitos no vistiesen sayas del mismo color, al no constituir Orden permitida (Ley de Partidos). Así, los ignacianos o como se designaran se cubrieron con sotanas de tonos distintos. Por lo cual resultaron, cómo no, más inconfundibles que antes de la sentencia.
Oteiza alias Oteitza, perspicaz, supo por qué Eneko de Loiola era uno de los más firmes expósitos de una espiritualidad vasca deformada por sus adversarios. Condición que se insufló, una vez bien prostituida, a sus paisanos. Para que odiaran al intelectual de acción, al agitador de conciencias, al 'freelance' de la religiosidad. Lo llegaron a detestar y amoldar a su conveniencia los mismísimos jesuitas, encajándolo en su praxis. Nunca jamás fue Ignatius
ignaciano. Por lo mismo que tampoco Marx fue marxista, ni Darwin darwinista, ni Freud freudiano, ni Castro será nunca castrista. Franco sí; Franco fue franquista hasta la médula del Monohuevo.
Estos maquillajes ambivalentes del Paleolítico tenderían, como en los aborígenes americanos, a la antedicha 'librea aposemática' más que al camuflaje olfativo o a la homocromía producidos por células pigmentarias de defensa dimanadas del sistema endocrino del camaleón. Al final, todo fingimiento cae en la paradoja. Cuanto más atributos de ocultación y timidez, más medallas, más galones, más plumero, más aceptación grupal tendente a la letal unanimidad al votar que sí. Y en el ejecutivo o ejecutor, más ensoberbecimiento hasta llegar a la transparencia negativa de un abrecoches de hotel como los del Palace o el Waldorf Astoria.
Mojoneras comunales, fueros y fauna de angulas
Aunque, a mí, lo que me complace es la descripción geo-estética, más allá de la sima como tal y de sus problemáticos inquilinos, en su envoltorio aromático de árgomas, acebales, lianas, robles, castaños, ortigas, helechos del pleistoceno; fresnos, chopos y el importantísimo contorno topohumanístico de Lasturbehea-Arnope-Olatz-Mixoa. También, de sus usos y costumbres. Cuando nos apropiábamos de una txanela nos acogíamos a la ley sin rúbrica ni sello, tácita como otras muchas, de esta encrucijada. A saber, que tanto los troncos como las embarcaciones a la deriva arrastradas por el caudal del río son del primero que los halle y domeñe. Aitzerle es 'abeja de piedra', se dijo. Aquí hubo panales, y Millapros conserva sus colmenas como significación genealógica. Cuando alguien desea apoderarse de un panal de abejas para su explotación, ha de ser el primero en descubrirlo. Luego le hace una muy visible señal en forma de cruz con cuchillo, hacha o cincel. Si el panal está en quebrada o en roca viva, la cruz-señal se clava delante en un poste.
No olvidemos las 'austarriak' o piedras cenizales en forma de prisma alargado, empotrado en tierra. Son los 'seles' que guían al topógrafo según las costumbres locales. Un sel, o 'kortia' es un conjunto de terrenos o territorios alrededor de un mojón central o 'kortarria'. Bajo el mojón se han introducido cascos de teja. La unidad de medida entre la austarria y los mojones es la longitud de una larga vara de catorce pies, 'amalauoiña'. Son las kortiak invernizas o veraniegas. La korta-txikia inverniza mide un radio de 31 amalauoiñ; la korta-aundia o veraniega, de 63 amalauoiñ. En el caserío Burgo, la era o larraina servía para desgranar trigo, luego maíz, golpeando con mayales o 'ireburrak'. En Astigarribixa, 'ttibittak'. Sólo a principios de siglo se fabricaban tejas en el entorno. Tejas cuyos fragmentos, a saber de qué procede esta liturgia, se enterraban bajo el prisma de la mojonera. Se realizaba esta industria, excepcional, en la tejería de Olabarrietta, Mutriku.
Angulas, cómo no. No todo va a ser alimentación espartana y ayuno de eremita. La angula de Sasiola hace décadas que fue muy apreciada, hasta que comenzaron los vertidos de cromo de encromar piezas de ciclos, motociclos y pavonado de armería desde la parte industrial del Deba, otro enigma insostenible de la Esfinge económica. Recuerdan los ancianos de la tribu que la luna nueva atrae y concentra angulas, que se pueden recoger con las famosas baiak -- las he visto, junto con una enorme prensa de sidra de noria en Lasao Aundi -- si el agua está translúcida. Con aguas turbias, raro es pillar angulas. Aunque si con luna llena el agua queda túrbida, pueden recogerse en tales circunstancias todas las que quedaron acumuladas en el fondo durante la luna nueva. Ni que decir tiene que las detonaciones de la cantera las han ahuyentado para siempre. A angulas y a anguleros. Y luego dicen, yo el primero, que van caras.
Big Bang y negocio redondo
¿Qué fue del megatelevisor? Nada. Veinticuatro horas después de la visita oficial, cuando hubo absuelto el Gran Hechicero la caverna, aunque sin excomulgar la cantera heliogábala (ese día prudentemente enchopada) me acerqué al recodo y, para mí el envite, allí seguía ese paleoreceptor. Rastrillada la zona de aparcamiento para excelencias de modo que no se viesen los desperdicios de excursionistas y vagamundos ajenos a lo biodesagradable, y que allí depositan los residuos de sus picnics, para qué hacer lo mismo un tramo de pista más allá y llevarse la caja fachendosa a un Museo de los Horrores. Así comienzan las siempre enojosas entropías, señor Diputado General. Política incluida. Aquí y ahora, pese a los discursos repletos de bienaventuranzas, se aplica la ley del desarrollismo insostenible. Nada que ver con lo idílico campestre, tan discriminarorio. Necios de su partido de usía eran los más fanáticos y enfurecidos cuando en un caserío distante y pintoresco, Maitetxu Mía, divisaban una antena de televisión o un repetidor que les descomponía el panorama-Arteta. Ignorando que la población rural dispone de plenos derechos para disfrutar del progreso constructivo. Le escamotearon a usía, pues, el espectáculo nefando del megatelevisor epipaleolítico. Aunque, seamos serios, usted no detendrá el big-bang del negocio redondo: arrasar para edificar bloques y territorio industrial a 1 euro el metro cuadrado (índice Dow Jones). Y le sigo aludiendo en mayestático.
Habían limpiado justo-justo lo que pudiese aparecer ante los ojos del mandatario. Pero el artefacto televisual, chatarra astrofísica, estaba unos 30 metros más allá, hay un repecho, y quedaba oculto. Como siempre, se barre bajo la alfombra y no se le dice a un barandé que se ponga unos calcetines de lana gruesa y botas viejas. No, no: se esconde la valiosísima arcilla sin grumos ni chinas, excelsa para cerámica, bajo grava. Símbolo de aquí mando yo, y no lo natural de la Naturaleza. De modo caucional, para que no se manche los chapines. Grava de escombro de la cantera, que hay que reciclar, en esa mañana silenciosa y desértica. Qué melancólica metáfora.
Baroja toma chocolate en Ifar Kale
Pero el sismotécnico me daba charleta. El desasosiego fomenta la labia. Se provoca el diálogo. (No, no voy por ahí: aunque tardes hubo en que me encontré a parejas o hirurkos sentados en serena confidencialidad ante el antro; y me pregunté, era de cajón, si no habrían escogido dos conversadores la brisa fresca, suspiro gélido del monte a través de la bocana de Pralenaitze para negociar; vgr. Otegi y Egiguren). "Bueno, si no se puede estar...", me inhibo. "No, no, tranquilo", señala el práctico un asiento improvisado de los de los Picapiedra. No está tranquilo, él. Yo, que a ver si Deba precisa de tanto cemento para construcción. O -- no dio tiempo a pormenorizárselo-- pastiches de su presunto Barrio Histórico, desde los 1960 demolido, suplantado por desarrollismo en sus más linajudos chalés colindantes con la Alameda. (Lo mismo van a hacer con las maravillosas casas de piedra, mampostería también arqueológica, monumento popular, de Osio Kalea: otro desmán). Ifar Kale es barrio histórico, post-histórico, postmoderno. Con rehabilitaciones largo tiempo exigidas. El ojo se habitúa; no la memoria amarga.
En uno de esos edificios solariegos que daban a la carretera y la Zumardi de Calbetón (¿quién coño fue Calbetón?) vio el lendakari Agirre Lekube desfilar un batallón de mendigoizales. Junto a él, un insidioso general Orgaz, del Tercio, que lo quiso camelar para que entrase en el Alzamiento, y Agirre Lekube le dio calabazas y de este modo y malas maneras nació lo de estos vascos no saben lo que quieren, cristianos y no participan en La Cruzada, rojoseparatistas. "No están disponibles", espetó el catedrático-aldeano-crack del balompié y lendakari, Agirre Lekube, al milicón. A ese palacete, hoy espectral, desvanecido, acudía también Pío Baroja a platicar e informarse y evadirse del tedio de su consulta en Zestoa. Alternaba Baroja con Valle-Lersundi el etnógrafo, tío abuelo de "Bixurda", un célebre parroquiano del "Iñaxio". De derechas dipsómanas y euskaldun. Chocolate de Mendaro para el joven médico y escritor en embrión Baroja ("Vidas Sombrías" se manuscribió al dorso de las plantillas para igualas). Doctor que no bebía más que zarzaparrilla durante las tertulias ilustrativas, que no ilustradas, menos aún ilustres. Iba el sol más lento,
en aquellas tardes de verano.
Aquel Hotel Miramar, artdéco puro
Y en otra casona hidalga, "Nere Jakintza", perduran en la fachada un nombre apócrifo, "Aldazabal-Murgi" y dos escudos nobiliarios como pegatinas pétreas arrancados de sendas casas-torre de Lastur Goikoa. Y desapareció el Hotel Miramar genuino, una joya arquitectónica artdéco, lo que darían hoy por conservarlo. Fue ingenuamente sustituido en contagio de la fiebre-Fraga por una inmensa edificación a lo Regiones Devastadas (así describía Oteitza ciertos urbanismos) que dejó de ser negocio porque los belgas, noruegos, holandeses y demás hiperbóreos llegados en día de viento sur y sol se ausentaban zingando en cuanto llovía. Cosa en la zona (y en Bélgica) muy frecuente. Y que no pare. En qué estábamos. Sí. El técnico del buzo mahón, o bergara, explica: "No, no es sólo para Deba, lo que se saca de la cantera". En fin, que aquí se va a descabalar con vistas a todo cuanto precise la CAV, y ya han dicho desde el Tripartito que precisan de 100.000 viviendas. Parece comunismo; pero mientras no se anule la labor de contratistas poco sensibles con el entorno que ellos no van a sufrir (los peores viven en él y a pesar de ello lo revientan y estropician); mientras no se neutralicen las plusvalías intermediarias, de socialismo ni asomo. Más bien suena a fuero desaforado que en nada encaja con el folkloresco apretón de manos y la palabra dada a modo de pacto de sangre inviolable de la vasquidad hidalga. Cuentos de lamias. Demagogia de segunda mano.
Jentiles en Larruskain y Arno
Y nos interrumpieron, ya señalé, los meteoritos de roca calcárea catapultados por la TNT, visibles un segundo ante mi pupila digital, audibles mientras violentaban el follaje de los dos inmensos y recios chopos tras los que me tuve que parapetar veloz. La cantera, claro. Pues no lleva años allí, ni nada. Ahora nos damos cuenta de que es uno de los Irensugeak insaciables que pululan entre Olatz y Arbil. O ciertos jentiles trasubstanciados del parné a toda costa, nuevorricos que destrozan acá y residen en Benidorm, qué magnífico ejemplo de avidez masificante. O en la Eivissa degradada. Esta demolición abusiva de patrimonio europeo, también agresiva, no sale en los programas-denuncia del corazón rosa. Que sí, que residimos en una civilización, más allá de la caza, el pastoreo y la ganadería, basada legítimamente en dinámica oferta-demanda (o viceversa) sin límites deontológicos. Puede que todos seamos culpables. Entonemos el miserere, pero la próxima vez exijámonos estar más alerta.
Porque lo del entorno-contorno no es pintoresquismo pictórico. Los trogloditas sólo lo fueron, a su vez, cuando su intemperie nómada en chozas de palitroques y pellejos de rinoceronte peludo se les hizo insoportable por temporales y cambios climáticos tirando a polares. Poco después, lograban la tecnología del fuego y esto daría lugar a una adoración del pequeño sol, al hogar de la hoguera (fuero es fuego) que daba paso a la calefacción y la la cocina vasca. De chavales, de chocolatada por estos riscos, exigíamos los varones, tribales, a las chavalas: "Apartaos, que vamos a mear el fuego". Cábala, ritual de la horda y de esa prehistoria (in)humana que es la adolescencia.
Jentiles y tartalos destrozones, según los nativos, habitan Arno y su cordillera. Uno de ellos comenzó el cataclismo, me cuentan los depositarios de las muchas leyendas de Sasiola, al lanzar con la honda desde Larruskain un inmenso peñasco que, según fuentes, fue a parar a Errotazar (hoy campo de fútbol del Amaikak Bat). Otras me juran que el jentil apuntaba, es lógico, al santuario franciscano, hospicio como Ospittale para peregrinos sabios. Los 'jakiak' labortanos, suletinos. Los iniciados. De lo que deriva, que no de Sant Yago, la palabra 'jacques', jacobeos; y otrosí, que por ahí pase el Xantixoko Bidea o "Donejakue Bidea" para la Real Academia de la Lengua Vasca. Tan olvidadiza ésta de euskalkis que quiere variar Pralenaitz por Praile Haitz o algo similar. En algo han de perder el tiempo. No dejemos de apuntar una curiosa etnografía, fruto de un casero 'jakia', sabio. Afirma que del sistema de la honda nació el deporte de la cestapunta, o su diseño. Oteitza, evaluador de las más cacofónicas etimologías para su uso propio, pero desaprensivo con las ajenas a su calenturiento magín, hubiese dicho su refrán favorito: "Non è vero, ma è bene trovato".
Fraile y guardameta
Si hablas con Pedro, guardián de la iglesia de Sasiola, lo haces sobre las losas que han visto desfilar millones de romeros extáticos en viaje hacia el lugar donde el sol se descabulle. Arriba, en Pralenaitz, liturgias lustrales, lunares. A los supuestos ermitaños de la espelunca, que pudo ser beaterio mixto, les han concedido ya las almas caritativas de la localidad el genoma de todo Lastur Behea. Van más allá (o más acá) del ADN. Un matemático me informa de que esas pinturas descubiertas, series en rojo óxido de puntos y rayas, tienen muchísimo que ver con el número hermético descubierto por Amadeus Fibonacci (Pisa, 1175-1240). Por ende, con las proporciones áureas de Leonardo Da Vinci y con Le Corbusier, tantas veces citado por Oteitza en sus argumentaciones de urbanismo cabalístico.
(Que nadie comprendió jamás, mucho menos su proyecto de cementerio-aeropuerto hacia las supernovas inmatéricas).
Esto de las series de Fibonacci y el número áureo o Divinal Proporción se halla también en la progresíón de partículas subatómicas, en el cuerpo humano evolucionado en cinco miembros, en los lauburuak o svásticas y, pásmense, en Stonehenge y en las topoisomerasas del ADN. Ello merecerá otra minuciosa entrega en Maverick Ink Press. Primero, ya se subrayó, seguir investigando. Es lo menos que podemos hacer.
Fácil resulta suponer que la gran piedra que se hallaba ora en Errotazar, ora en Astigarribixa, dice Pedro, era un meteorito ferruginoso. "Tenía un hueco en la parte que daba a la ría", más concavidades paleootéicicas, "y era porque al verlo llegar un fraile desde lo alto de Arno se encomendó a Dios y lo detuvo con el codo al borde del río, y la marca del codazo quedó para siempre". Es lo que se conocía en la prensa y radio deportivas como 'una zamorana' . Parada de cuando los días de Txillida como guardameta de la Real, inventada por aquel genio de los tres palos (¿dolmen?) llamado Zamora. El campo de fútbol se llama "Errota Zar"; pero es coincidencia. No concluye aquí la veraz alegoría. Tiene moraleja, aún presente. "En todo el valle había apuestas de barreneros, palankaris, y en una de ellas perforaron esa peña lanzada por el jentil desde Larruskain y después le dieron fuego a la pólvora y la hicieron añicos". Más metáforas y onomatopeyas. "¡¡Bang!!", retumba el suelo. Aerolitos. Ovnis: Objetos Volantes No Identificados. Con epicentro un poco más arriba de donde nos hallamos en monólogo dialogado el técnico del sismógrafo y el que esto suscribe. Flashback: "¡¡Cúbrase!!" Ruge la cantera, vuelan los peñascos, el terruño tirita.
Calaveras sin boina
Me tomo el pulso, y ochenta. Lo pude atestiguar en vivo y en directo y por eso vencía más en la balanza adenérgica el reportaje que el sobresalto. La especie humana, como todo el zoo planetario, se garantiza su perdurabilidad a través de un filtro poderoso: el miedo. Por eso resulta tan mortífero el miedo al miedo, a ello aludimos en capítulo en embrión. Todo acto heroico lo es en contra de quien lo perpetra. En su ciega desesperación de huir hacia delante, olvida el sapiens estultus su momentánea condición. No escarmentamos. O nos puede ese instinto cinegético, oculto en el hipotálamo, de cazar algo y acarrear un trofeo. Para exhibirlo, autoestima, y después comérnoslo aunque vaya impregnado de colesterol con la consiguiente indignación de las batas blancas con 'burnout'. Poco hemos evolucionado, pues, desde que aquellos preindoeuropeos que, desmintiendo al Padre Barandiaran y sus calaveras sin boina, no llegaban aún a cromañones y habitaban la cueva. Oteitza se apuntaría. Nada consuela más que una obsesión cumplida. Obsesión, seamos sensatos, en la que uno no cree.
Estas gentes realizaban litolatrías más rudimentarias que el dolmen de galgal que ilustra estas líneas, fotografiado según se baja del Toloño. Para fotografiar la caverna de Pralenaitz ahora se necesitan tres papeleos, más dos o tres llaves de candados, una de la Dipu y otra de Amenabar el nuevo jentil, palankari y semidiós de los terremotos. Aunque minimalista, sigamos con la foto, el dolmen ya es monumental. (Así que jamás volveré a hacer de Prometeo encadenado, que te mandan a los capetos y te cambian las cadenas por los grillos). Sigue simbolizando el dolmen, caverna en síntesis, un ataráctico tránsito de vida a no-vida. Epicuro el ecuánime también es céltico. Gaélico. Neolítico. Ha amaestrado, la ciudadanía de Pralenaitz, al lobo y al caballo. Pastorean nómadas. Cazaban y recolectaban frutos comestibles, medicinas y ponzoñas. Mucha cicuta junto a las glicinas, cicuta que se confunde con el perejil silvestre. Los tejos, para envenenar dardos.
Pralenaitzenses preindoeuropeos
No obstante lo cual, los auriñaciences, por qué no pralenaitzenses, que habitaron Pralenaitz antes de que así se denominara tras el consabido sincretismo paleocrístico, también enterraban al cacique o la sibila con sus atributos, bastón de hueso, arpón, collares de piedra negra en tridimensión ya escultórica y fetichismo de fertilidad. Hace +/-25.000 años. Y Oteiza alias Oteitza, en la higuera. Un santuario preindoeuropeo a un paso de la pituitaria y del tercer ojo de los tartalos, jentiles, cíclopes y ogros, ojo del que todo ser humano dispone porque se asienta en la zona supraquiasmática, cinco o seis centímetros más adentro de las gafas para cerca, y va y no se entera. Lo indagó todo, en Deba, desde los festines trogloditas en Bodegón Iñaxio de la secta masónica de constructores de estelas funerarias 'made in Taiwan', Escuela de Deba, hasta la zona de Elorrixa a donde se le condujo para que se opusiese a la Central Nuclear. Desastre en Mendata, como el de hoy en Pralenaitz, que iba trascendiendo de rumor a certidumbre. A Oteitza le regocijaba oponerse, incluso a la oposición de la oposición. A ello iremos, tenemos todo el tiempo del mundo y además la existencia exige que actuemos por relevos. Tiempo que no es oro y, por tanto, no está sujeto a pervertida o impredecible fluctuación.
Comenzaban los días en que el pez grande no devoraba al chico, sino el más rápido al más lento. Véase la vida de las pirañas. Con lo que Txillida se hizo con la iconografía de aquella matxinada contra el Átomo. Fue en casa de un activista clandestino y buen conspirador, compañero de alineación de Eduardo Txillida en la Real: Izaga. En su mesa se esbozó la pegatina del Deba Nuklear Ez. Que posiblemente haya que reeditar, ya que el Gobierno ha proclamado, ostentóreo, que se comprometió a no instalar plantas energéticas de ese cariz, y que no las instalará. La buena noticia nunca es noticia, oigan. Cada vez que dice el Gobierno que bajará la gasolina, la sube. No está al loro del precio del barril del día siguiente, no hay meteosat que controle Wall Street conchabada con la OPEP, y los veinte euros no llegan a la ida y vuelta. Inch Allah! Aquí, la Texaco (y la Westinghouse) tienen la palabra. Ahora ha quedado consagrada sin recurso, salvo en la lejana y ésa sí, mitomaniaca Europa, la impunidad de la cantera a cambio de llevar a cabo la urgentísima rehabilitación (ha sufrido varios incendios sospechosos) del Palacio de Itsasbista, así lo llamaba mi abuelo, y ahora de Agirre. ¡La bula para pecar impunemente!
El Tripartito y Sherezade
De zona catastral a zona catastrófica, Aitzerle o Pralenaitz lleva paso de semejarse a un atolón para pruebas nucleares de la Dulce Francia rancia de Sarkozy y su dandístico gurú, Chirac, que es más mayestático por cierto que el Monarca de acá que dice reina pero no gobierna. No obstante lo cual se deja citar por el jotero Sanz, qué atrabilis la de este hombre, con fines netamente geopolíticos. Y ni me lo regaña por bocazas. Quizás aguarden a que se derribe él solito, me refiero a Itsasbista-Agirre. Que van ya mil promesas sin actuación. Es la ya archiconocida y plagiada estrategia Sherezade, y ya les dije que en este capítulo hablaríamos del Gobierno (vasco).
Vayamos a unos planteamientos de geografía con inclusión de establecimientos humanos. Que un mapa no describe la Tierra lo sé desde muy, muy crío. Cumple aquí citar a mi abuelo, geógrafo e inventor, nacido en Córdoba por destino de mi bisabuelo. Éste padre de mi abuelo llamábase Wilfredo y era un De la Puente peruano regresado a la Península tras tres siglos de esa familia en las Américas.
Los De la Puente, encartados
Era Wilfredo el último vástago a su vez de su quinto antepasado, don Francisco de la Puente y Jáuregi, de Turtziotz, que se vio constreñido a fugarse tras una contienda banderiza contra los Pando de esa vizcainía encartada y limítrofe. Lo hizo con una irlandesa que también, por lo que me refirieron, andaba en malos rollos, doña Felicia Lonegan. Mi tío, que investigaba estos enredos, aseveró siempre que "los de la Puente nunca se cruzaron". O sea, que no hay saltoatrás. Pero en Perú, aparte los aborígenes de diversas razas, hubo chinos y africanos. Y malayos. Y véte a saber. Dicha sea la verdad, yo estas identidades familiares nunca me las llegué a creer del todo. Sólo, por obviedad, que Wilfredo era masón de la Logia Escocesa y que se emborrachaba religiosamente el 4 de julio, día de la Independencia de los 13 Estados Unidos que aquellos francmasones escoceses (pictos camuflados de arcilla y casacas estrelladas y áureas del generalato) financiaron.
Comprobado asimismo está que Cuzco y Lima abundan tanto en De la Puentes como Balmaseda o el propio Turtzioz, enclave que jamás reclaman los más empecinados abertzales. Lugar de las Encartaciones y vizcainía que abunda en dólmenes y otros cachivaches titánicos y que por abandono conserva ese plenairista colorido-Regoyos sin ciclo combinado con los avances sociotécnicos. De eso se quejan. De ser solamente fotogénicos. Como se decía del Goiherri: "Ataun eta Zegama, goizean ikusi eta gabaz eraman". También sé que hubo que esconder los atributos de Grande Oriente de este Wilfredo vagamente corsario, era marino, bajo la baldosa de la cocina de la casa de mis abuelos. Franco abominaba de la Logia Militar (calle del Príncipe) que le había rechazado por no dar la talla mental. Un registro, entonces, quizás mañana, que Rajoy se ha descamisado como los pibes de Evita, y el acabóse.
Pues el bisabuelo, que regresó de su Eldorado sin un céntimo, qué zarza genealógica, confabulado en movidas clandestinas, hubo de desaparecer de Lima o Cuzco sobre el lomo de los Andes, donde enviudaría. Segundas nupcias con la Banca López, de Córdoba (se la fundió como pródigo que era, quizás epicúreo o simplemente golferas, o consciente de que ya era hora de disfrutar de las mareas mansas en bare-bare). Y de ahí mi abuelo José María el cordobés, que tanto sabía de estos parajes y de su etnografía audiovisual. Todo se reitera en las generaciones.
Arcilla, dinamita, palanka y herri-kirola
Iba a que este abuelo me instruyó mucho acerca del contorno y detalle de la privilegiada zona o desfiladero entre Arno y Aitzerle (que es el nombre de la cornisa fantasmagórica hoy a punto de ser desintegrada por la cantera). Aitzerle, "abeja-de-piedra", una escultura natural y por lo tanto divina y preciadísima, como se certifirá 'ut infra'. Doy importancia personal, lo confieso, a los yacimientos de arcilla pura de esta gran vaguada porque el antedicho abuelo jamás me compró un juguete: me los fabricaba con mi presunta ayuda. Estas lecciones saqué, previas al relevo, lo véis, de Oteitza como lectura complementaria, de José María de la Puente, geógrafo humano. (Oteitza, ojo, jamás significó para mí un para-abuelo, jamás le llamé "El Viejo", con qué grado de confianza: yo nunca abuso de la amistad ). Me conducía el abuelo por recovecos de la 'bailara' del Deba y recolectábamos en un enorme paño azul a cuadros arcilla cretácea para formar canicas de guá luego cocidas en el horno de la casa "Bustinzuria" que habitábamos. "Mira, ehto é Buztiniaga, er cahtillo que ehtaba cuando lo banderiso del lugar ehtaban enfrentaos con loh de Itsasbista, y una Itsasbista ze enamoró de un Buztiniaga y tuvieron que fugarse a uña de cabayo por lo ehpino der Arno, y ze dehpeñaron... Y Buztiniaga en euhkera sirnifica: abundansia de arsilla; y Buztinsuria donde noh alohamo, arsilla blanca, y..." Así, las canicas, algo ovoideas, ¡más Oteitza con su huevo, laberinto y espiral de esfera vacua!, eran obras de arte porque acarreaban su mitología, lo cual completaba el abracadabra del juguete para infancia asertiva. Del Otrolao, Biarritze, Endaia, los niños ¿ricos? traían canicas cursis con diseño interior de vidrio soplado. Pijos latentes.
Ni comparación entre lo que se adquiere y lo que uno se fabrica. Los Olentzaros y Santa Klauses son el recurso de los abuelos sin talento ni capacidad de empatía con las criaturas: constituyen burdos sucedáneos en casas y mansiones de acogida biológica: las más.
Esto de la cantera y los dinamiteros, insistamos, hizo furor en su día y en todo el lugar presidido por el santuario primitivo de Aitzerle-Pralenaitz. Se transformó en 'herri kirola' olímpico. Con apuestas que arruinaban caseríos y rebaños. La palanka de barrenar barrenos, voces éstas de origen claramente éuskara, adentrar, dio nombre a la calle bilbaina de San Francisco y urbanización colindante, ya que allí tenía su sede la UGT y los palankaris no dejaban la herramienta en las barriadas de zona minera, Somorrostro, La Arboleda. Era la palanka un muy codiciado bien. Les había costado muchas horas en un tiempo en que todas las horas eran extras. Sólo la conseguían, como una cancillería menestral, los que con ella se mostraban diestros. Se abrían las minas de Bizkaia al cielo gris, gélido o bochornoso, durante la fiebre del hierro. La cantera de Deba-Mendaro se explota, ahora se enteran, al igual que la rica en minerales y de la misma guisa. A base de resquebrajar el monte.
Explotar con finura y destreza
Pero un momento. Consultado un viejo técnico en la materia, nunca descuidemos una contrastación, detalla que el arte del barrenador, arte lítico, sí, como el de los ancestros gravetienses, consistía en perforar la roca con finura y destreza, meterle el cebo y el fulminante recubiertos y en zona específica, quirúrgica, que sólo el oficio continuado localizaba. Así, al contrario que ahora con la gomadós (para la paz) el bloque que se trataba de desmenuzar no saltaba descontrolado en peligrosa dispersión volcánica. Se fragmentaba en su justo límite, intrínseco, y quedaba listo para el posterior desguace de adoquines. Sin desparramarse ni poner en peligro la circulación de vehículos debajo de Pralenaitz, por ahí discurre la N-634, ni el yacimiento de más allá del río, Astigarribixa, calzada prerrománica jacobea, ni a quienes esa casería habitan. Las vibraciones llegan hasta allá, y el tantas veces aludido Pedro, santero de Sasiola, recuerda bien que las tribus de este entorno de relentes y solisombras protohistóricos también eran ludópatas de otro 'herri kirola' desvanecido: regatas de txanelas. Con pértiga.
Ahora, pregúntenle a un tedax, la explosión se hace a discreción, y el responsable de este blog de blocs mal sincronizados adrede, las erratas no, ya me convencí de que son incontrolables, ha podido asistir al desbarajuste. Admite el discurso de
otro senderista pro-cantera de que "se necesita material para la construcción, que es lo que está dando empleo, y para abaratar viviendas". Vale, aceptemos, ya le han pasado el programa electoral los suyos. Otrosí, la del joven del buzo laboral y el detector de vibraciones que a la pregunta de si "es usted de la cantera" se desmarcó tras infinitesimal pausa: "trabajo para la cantera". En el mono, un anagrama de la empresa. Sin descuidar el pequeño goniómetro de tierra adentro, el sismógrafo, se mostró amable con el intruso. Sabía de qué iba. Abajo, varias árgomas y encinas tronchadas en el abdomen por deflagraciones anteriores, presurosas. (O sea, que mis dos álamos gemelos no protegían tanto como me pareció poco después). Trabaja en ello, intuyo, porque se ha especializado y a su oficio se debe. No es paradoja insólita: la Escuela de Armería y las fábricas de Gamesa bullen de enjambres de pacifistas. Diles que pierdan curso o curro. "Yo sólo soy telefonista", alegan a sus conciencias.
Cavernas con verja
Al día siguiente de esta aventurilla casual, bueno, un pelín provocada, habían plantado un cartel triangular en la pista que conduce desde las fauces de Ermittia hasta el senderillo peligroso, pero sin riesgo si se es prudente. "Kontuz. Harrobia. Eztandak". En triángulo, una icónica litolátrica también: un monte desprendiendo pedruscos; aviso que más que arriba debería instalarse abajo, que es por donde discurren los vehículos a toda hostia inconscientes de que les pueden lapidar. Se ausentó el eco en este valle donde las piedras replican y los viejos recuerdan con nostalgia que "era la voz del Diablo". Otros retazos de conversación que recuerdo, antes del big bang en Aitzerle. A la indagación del joven técnico, respondo: "Esto es calcita kárstica". Palpo la carne de peña. Añado: "Pero si quiere que le sea sincero, lo de menos son esos trazos que dicen han encontrado, o que sean o no anteriores al cromañón, preindoeuropeos, o que la caverna como espectáculo sea valiosísima; si lo es, pasará como con Ekain. A aquella le instalaron, como a ésta, una verja y dos candados enormes, ¿no? Pues puede que hagan, como en Zestoa, una réplica para los turistas y que la garita oriental o pagoda que aquí quede tras pelar la nuez de piedra sólo se abra a privilegiados, sacerdotes y sibilas cientifistas y sin halitosis". En este preciso instante se cortó mi monólogo dialogado. Pero tenía muchísimos datos pendientes en esa recámara de la oratoria donde se comprime la idea previamente a su exposición vocal. La idea, habrá que reiterarlo, no es la ideología. A ver.
Zona de Aitzerle, terminal
Un arqueólogo, en "Aranzadi", cuando "Aranzadi" disponía de pulverulenta sede en San Telmo, me dijo muy sentencioso que lo mejor para los yacimientos de todo tipo es seguir donde están, bien enterrados y sin que nadie los descubra. Entonces me pareció una boutade. Tras lo sucedido con Ekain y los proyectos de tronzar y descacharrar Arno y aledaños para que aparquen los touroperators del Inserso, o sea, romper cien huevos para rebozar un filetito, comprendí de qué iba aquel axioma. Sin embargo, la condición actual de Pralenaitz, terminal, sincerémonos, a menos que como en los días de trapisonda antinuclear el pueblo, la plebe del plebiscito se conciencie de que el desarrollo caiga lo que caiga no es progreso, sino dinero; de que esa chaucha es a costa de nuestros impuestos (miren bien lo que significa la palabra: de imponer) y nuestros votos a ciegas, da que pensar. Ahora constituye un valor transfronterizo que puede servir para que la cantera-Irensuge se sacie y no rompa el paisaje de este Reino subpirenaico que dicen que es Europa también. Pero mientras los votante EUN (los inteligentes pasan de votar a republicanos que van de demócratas y a demócratas que van de republicanos) sigan pensando que Europa está entre México y el Río Bravo, mal nos va a ir por muchas estrellitas titilantes que adornen nuestros pasaportes.
El cañón del Deba, de Arbil a Saturraran
Yendo río Deba adentro, a unos cinco kilómetros aproximados desde la barra y el espigón de su desembocadura junto a las playas de Xantixau (Deba) y Ondarbeltz (Mutriku); partiendo de donde en los años 20-40 aún se situaban los muelles de Maxpe y Urasandi-Urasamendi ("Uraz handik"-"Uraz hamendik", dependiendo de donde se instalase el teodolito psicológico de quien observaba) y de donde el puente exhibía un tramo levadizo para el paso de goletas que traficaban carbón y arena con Asturias; en uno de esos aún sorprendentes meandros, con la isla próxima a Irurein incluida, se halla en margen izquierda la antigua parroquia y calzada prerrománica de Astigarribia, Astigarribixa para la prosodia de los habitantes del trecho a estudiar.
En la derecha, separada por las aguas de salitre y frecuentemente enturbiadas del cauce, antaño filón de angulas, todo el conjunto histórico-religioso de Sasiola. Es Sasiola Goikoa y Behekoa, además de auzoa o barriada, convento franciscano donde se alojaban peregrinos del Camino Jacobeo por la costa. Los caseríos desperdigados en constelación desde los auzoak citados de Astigarribixa y Sasiola, que sólo el flujo fluvial separa aunque el lecho los comunique en estratos magmáticos y etnológicos, se yerguen en laderas del monte Arno y Arbil. En Arno, cavernas a las que penetrábamos, al ser en chimenea, con una soga atada en el ombligo y anudada, por la otra punta, a un enorme roble. Algún chusco nos pudo dejar encerrados con sólo sajar la cuerda, pero en esos días todos éramos Huckleberry Finn y Becky Thatcher e incluso pirateábamos txanelas para pequeñas travesías. Hay en las espeluncas de Arno estalactitas gruesas como columnas, de techo a suelo. Además de otras como Arbil, cueva solutrense ya excavada; o como la de Ermittia y muchas hendiduras más que se sospecha están comunicadas con Pralenaitz. También es más que evidente que completan en sus conductos una red hidrográfica de aguas soterradas. A ver si las reventamos, con lo que ahora cuesta el H2O, para salir ganando cemento seco. En Deba-city, anótese, jamás hubo restricciones de agua, que se recuerde, gracias a esos manantiales ocultos que por dentro se ramifican.
Del Auriñaciense a las Carlistadas
Consideremos que una estructura geológica es similar en arquitectura a esas otras, metálicas, sólidas pero de difícil amortiguación, del brutalismo en hormigón armado. Si se golpea en cualquiera de los vectores de la gran jaula, la onda expansiva se propaga a toda ella. Por eso las vibraciones de la cantera de Aitzerle, hoy en día, afectan a la totalidad de la topología humana (las piedras, el suelo, son tan humanos como la flora o fauna, supuestos sapiens incluidos) de ese mapa. Desde la última Guerra Carlista, una de las vías del desfiladero del Deba en este punto destruidas es el puente viejo de Sasiola. Lo dinamitó el Cura Santa tras atravesarlo para que las tropas autodesignadas como 'liberales' no lo capturaran. Había prendido fuego el Cura a la iglesia-fortaleza de Deba con dos carros de heno ungidos de petróleo con el fin de ahumar y rendir (lo logró) a la soldadesca enemiga allí enrocada. Hizo unas cuantas fechorías más con mujeres 'badaezpadakoak', vocablo intraducible pero aplicado a espías, infiltradas, mataharis e implosivas del sector terciario. Disponía Santa Cruz en Lastur de Cuartel General del Sur (Aldazabal) y del Norte (Leizaola) y había inventado el impuesto revolucionario en sus dominios. Al igual que Pío Baroja, el del irreconciliable Aviraneta, era Santa Cruz y Loidi adicto al cacao. Dormía con una bala de cañón en la mano, arrecostado, para no dormirse. Un chiricaua que, por lo mismo, terminaría en una misión jesuítica allende la mar. Las Carlistadas fueron nuestra Guerra de Secesión en varios episodios, el del Movimiento franquista incluido.
Llegaban, decíamos, refuerzos, y en su retirada táctica cruzó el Deba por Sasiola con su partida de partisanos, tras lo cual voló el puente viejo para evitar ser perseguido. Como lo del río Kwai. Pero en general, todo sigue como en entreguerras civiles. O seguía, hasta que la cantera prudente de los Aperribay, con la que se construyó el espigón margen derecha, pasó a otras manos más contundentes por lejanía, como se explayó.
El cañón de Arno-Arbil
Podemos, pues, seguir diciendo, como en los 1920-31, que entre las dos montañas, Arbil, subiendo desde el hayedo de Pagatza, y Arno, que se eleva desde Mixoa-Saturraran, existe un angosto barranco que encauza tres vías fundamentales y otras derivadas. Enumeremos. El río Deba, la carretera que llega de Eibar, Elgoibar, Mendaro (mucho trajín de ambulancias bajo Aitzerle, por lo del Hospital de Osakidetza) y el ferrocarril, casi un Metro elevado, que desde sus días de locomotoras de vapor, luego las bifrontes checas, comunica Bilbao con Donostia-Muga hasta Endaia y su THV a París. Agreguemos las que confluyen: la calzada romana, Donejakue Bidea o Xantixau Bidea para peregrinos a pie. A la zona de Mixoa, hoy con hipermercado cercano al paisaje de crestas en flysch de Saturraran-Ondarru y sus peñas juliovernescas, corresponden caseríos dispersos a ambos lados de la carretera. Ésta se soterra en breve túnel y atraviesa ese puente brooklyniano que encarrila el tráfico hacia la convencional muga con Bizkaia (y viceversa).
Larrabeixak y betisoak, mavericks en Arno
En topografías antiquísimas, siglo XI, 'Lipuzcoa'
concluye por linde fluvial, quitémosle todos los puentes al valle con imaginación retrospectiva (y táctica) en el mismísmo Deba. Pero las jurisdicciones son y serán siempre una forma de (mal)entenderse. Olatz, por ejemplo, dado lo dicho acerca de la onda expansiva de la cantera actual de Aitzerle, es auzoa meridional mutrikuarra y valle extendido por la ladera occidental de Arno. Los montes tampoco son en sí empalizadas geológicas. En la cumbre, Arnoate es Bizkaia en el comedor y sala; en la cocina, Gipuzkoa. Así, cuando existían los arbitrios se efectuaba el contrabando de reses bravas, hay ganadería de lidia y mavericks idiosincráticos, las 'larrabeixak' o 'betisoak', entrando la reata por una puerta de Arnoate y saliendo por la otra. No faltan otras peripecias descabelladas, como la de que los cow-boys tenían a los morlacos más bravos amaestrados para que defendieran la manada mejor que perros de presa. Embestían a los cuatreros. Algo de verdad siempre palpita en estas historias.
El Arno lo hemos escalado casi toda la grey madura del entorno. La última vez aún quedaban casquillos de fusil de mínimo calibre, los de los gudaris que allí resistieron. Tanto, que Franco tuvo que recurrir a la Lüftwaffe, Legión Cóndor nazi, para lo de 'domuit vascones' de su Reconquista particular. Más símil de la jaula: al bombardearse Gernika, desde estos altozanos se percibía el bramido de las bombas incendiarias y el resplandor en lejanía de las explosiones. En la carretera que parte de Sasiola hacia el puerto conocido como Kalbarixo, certámenes de goitiberas, un asador vascoargentino de suculenta carne ranchera, Ormaetxea. Y un cerro conocido (hay más homónimos) como Urkamendi, casi 300 metros sobre la mar. Uno imagina lo que se hacía allí. Urkia, sí, es sauce. Pero esto fue un patíbulo de contrabandistas. No olvidemos Galdua (Galdona o Galdonamendi) entre la carretera a Ondarru y la costa.
Nómina de caserías dispersas
Corresponden a Sasiola como núcleo, amén de la iglesia de San Antonio y las ruinas del antiguo convento franciscano, una serie de casas-torre y caserías dispersas pero contiguas (decía Juan Ramón Jiménez que los océanos no separan, juntan; lo mismo sucede con las langas, la de Pralenaitz incluida). Moviendo las losas del Santuario que aún permanecen a flor de planta se ven los esqueletos de los frailes que se hacían enterrar, por modestia regular, con el hábito por féretro. A modo de satélites: Sindika, Ospittale, Sasiola, Milapros, Mantarrai y Sarobe (hórreo). También, muy significativo, Goiko-Etxe. Alrededor de Astigarribixa, los caseríos de ganado y labranza: Torre, Irurein, Bekoetxe, Betetxe, Etxezabal, Jauregi, Zalbide, Agarre, Gorixu, Anduitza Goikoa, Anduixa Bekoa, Arnondo, Leiarte. Naturalmente, en su día necesitaron unos y otros de piedra de cantera para engendrarse. Pero entonces sí existía ese desarrollo sostenible que tanto repite el Tripartito que está en ello, aunque evidencias como Pralenaitz-Aitzerle-Amenabar lo conviertan, nunca mejor dicho, en insondable y otéicica vacuidad cóncava de la utopía espiritualizada como lo de que muero porque no muero de Teresa de Cepeda, ya la aludimos en otro párrafo
'Izkua' en 'gazikutxa' con 'sagardaua'
Euskal Herria sí que muere porque no muere y su desarrollo, con la venia, e insistir es indispensable, resultará insostenible mientras venere al Capital y al Becerro de Oro, que no áureo. O sea, ni siquiera fractal: desproporcionado y fracturante. En Saturraran, en Errotaberri Bekua, hubo un escultor especializado en ruedas de molino que extraía su material de estratos de conglomerados cercanos (principios del siglo XX). De modo sostenible, desarrollaba una industria en desarrollo básico y alimenticio. Eso, sí.
En cuanto a Olatz, en uno de sus caseríos, buscando alojamiento y estudio, fui recibido y agasajado con carne de la matanza o cecina salida de la pétrea salazón de una 'gazikutxa'. Las angulas estaban en trance de evolucionar a gulas del Norte. Las de lomo negro, a precios vergonzosos. Como si fuesen de anzuelo. Pero hay otras suculencias. No sólo se acecina el cerdo. Las lonjas, muy sabrosas, eran de 'izkua', esto es, toro semental. La construcción de gazikutxak en piedra neolítica del XIX para conservar alimento sí que es desarrollo sostenible. La cantera de Aitzerle, no. Se muestra abusiva. Aconteció aquel convite o afarimerienda de 'izkua' acecinado circa 1980. Fue en Korostola u, hoy, "Kostola". Otra de las primeras palabras en euskara comunicada por mi abuelo el cordobés errante fue, mira por dónde: 'sagardaua' "que viene a desí, vino de mansana". Más pitanzas de matanza: morcilla finisecular o 'mortzila'; delgadas y circulares, 'odolostixak' u 'odolkixak'. A las muy gruesas, asimilables al botillo asturleonés, se les llama 'jangizon' o, pagano sacrilegio (u oración eucarística): 'jaungoikuak'. En Deba había un alguacil muy severo, tanto que multó al orfeón Vergarés por cantar en la calle, para gozo de estivantes, pasadas las diez y media. Se le
conocía como Jaungoikua, por su corpulencia y por su milagrosa ubicuidad. Era de la familia 'Jaungoikua', cómo no. Izen da izan, suele decirse. Ez: baizik eta ezizena izana ttek.
Más detalles gastrológicos
Los condimentos son idénticos al citado botillo: sangre, carne de cerdo, anís, hinojo, orégano, sal y pimentón. Así: sagardaua, jaungoikua y zezinokela de gazikutxa: manjar delicioso. Otra de las características de Oteiza alias Oteitza era, sobre todo al final, su hedonismo, el del gourmet de Balzac, el primo Pons, con su intrusismo en manjares deliciosos de quien ha cruzado desiertos tempoespaciales de carpanta. Hambruna que deriva en antropofagia muy, muy selectiva. Olatz, sí. A más de su ermita de advocación a Samikolla (San Nicolás, Santa Klaus), este panal humano se cobija en estos caseríos: Apategi Zarra, Apategi Berria, Lete (ruinas), Aportategi Nagusia, Aportategi Txikia, Aritzaga Aundia, Aritzaga Txikia, Korostola Nagusia ("Kostola"), Korostolamendi ("Kostolamendi"), Abeletxe, Zelaieta, Beliotegi, Isasi, Mitxelanen, Jarlotza, Artzain (ruinas); Gorostizabal ("Korostai); Ziñuazarra, Ziñuaberria, Urreistieta, Iturriza, Etxerre, Sakoneta, Txurruka, Goienetxe Zarra, Goienetxe Berria, Amegi, Lekonde. En un tiempo propiedad de los Condes de Mutriku, rama Txurruka-Areilza. Areilza se propuso apoderarse por la brava de la playa de Saturraran en la cala adonde conduce el senderillo de su chalé. Saturraran fue un seminario que sirvió como Campo de Concentración de mujeres rojas tras la invasión franquista, y pudo la Iglesia intervenir e impedir aquella pernada topográfica en un País cuyas leyes dicen que toda playa (con excepciones) es pública. Cacique irrecuperable pese a sus coqueteos postreros con un PNV que no olvidaba su discurso de Bilbao con camisa vieja y prédica sañuda, se quedó sin bajar en albornoz a retozar entre las olas. A veces pienso que quienes ganan las guerras, o creen haberlas ganado, las pierden o se quedan en esas desconcertantes e incómodas tablas de los escaques. Ni sí, ni no. "Badaezpadakoak", decía Santa Cruz, y siguen diciéndolo los aquí residentes.
Fuentes, suelo, materiales de asentamiento
Hoy en día esos caseríos han sido adquiridos, vete a saber con qué otros propósitos. Que habrá que desentrañar, es uno de los puntos fundamentales de la movida pro-Pralenaitz que se va desperezando: incordiar. Con el espectro en pijama de Oteiza alias Oteitza, zombi en arimena de encrucijada, a la cabeza. No como estandarte, ni solicitando misas en la benditera, que para eso goza de hermano capuchino gracias a quien fue a parar, tras ir a la deriva, a esa borda y casona de Altzuza, hoy su Museo. No: más bien como antídoto del cloroformo sociológico que invade a los burgos soporíferos. Para que no suceda un Aitzerle paralelo, simétrico, clecsográfico, a cambio de trazar un bidegorri en Itsas Bide (Kasakanpo). Bidegorri, digamos de paso, a modo de concesión para que las bicis despendoladas no atropellen a la entidad móvil más inerme incluso ante los patines: la peatonal. Qué quejicas son los ciclistas que se saltan el semáforo rojo; y los moteros que van a 200 por carreteras comarcales en espiral y exigen se cambien esas barreras metálicas. Son los templarios de la medioambientalidad. Frailunos y acorazados.
Alfaguaras arábigas
Todo esto hubiese querido describirle al ingeniero que captaba vibraciones cuando dos o tres aerolitos sobrevolaron nuestras personas y se asustó por mí. Pero no pudo ser. En cuanto hubo tregua, salí de allí como alma que lleva el Diablo. O sea, feliz por haberme apoderado de la realidad. La verdad, la verdad sea dicha, es algo inefable: nunca se la alcanza.
Hagamos acopio de fuentes que permaneces externas y que se abren a manantiales de pequeñas errekas (un indígena, con la mano en el oído: "Lehorteak entzuten dira").
Las hay torrenciales, y abundan e irrigan el pensamiento como sedante sangría. El diagnóstico es que la vida circula energética, licuada, versátil, a veces aérea, buitres o azores, en estas vaguadas y humedales. Junto a Goiko-Etxe brota muy sonora, dolby-stereo, una alfaguara. Voz arábiga, sí. Que por aquí hizo también una correría cantábrica el vascón mestizo Abd-Al Rahmán III, califa cordobés de próspero gobierno.
Aquellos Omeyas sí conocieron y prodigaron sistemas de irrigación y construcción constructivos, asertivos, sensatos y respetuosos. Compatibles con la circunscripción, con el rededor y sin encontronazos mutuos. Serían excluídos, los mal llamados moriscos, junto con los judíos, de estos pagos subpirenaicos por lo de siempre, porque sabían demasiado. Aunque en Nafarroa se afincaron como mudéjares o híbridos en sus barriadas y zocos. Y se les respetó, y se aprovechó su talento. La cultura, empero, jamás se ha vuelto a valorar como medio de vida. Es normal que el ignorante que jamás lee ni el Marca piense que la Literatura, por poner sólo una faceta de la inteligencia aplicada, no es ni oficio ni beneficio. Que sólo la conciba como excéntrico 'hobby'. Parece contradictorio que, rebasada la presuntamente inculta Edad Media (que fue anteayer si nos enfrascamos, como aquí, en épocas paleolíticas) no se valore el esfuerzo intelectual en subsistema alguno del llamado Reino de España. Se considera una extravagancia a la que se conceden premios oficiales y diplomas póstumos a modo de limosna para autocomplacencia regia, comunitaria, académica 'cum laude' o municipal. Siempre se preferirán masas adictas al nodo-telediario y a esa libertad liberticida de las tertulias precocinadas. O las más pérfidas de cómo está el patio de la gente guapa cuando no se ha duchado ni maquillado el perfil. No gusta la basura divulgativa, privilegiada, de enteradillos en prédicas insubstanciales -- 'sustantzibakoak' -- por libre albedrío del público, qué va; sino por la machaconería del delegado de los mandamases en dar de comer mierda para que la mierda acabe gustando y que los que no produzcan mierda divulgativa sean considerados vagos y maleantes. Qué pena. Para mejor ilustrar esto, aunque sé que quien no lee no me va a leer a mí, vaya aquí la experiencia de mi amigo Joaquín Gálvez, de Irun, 'esclavo de Hitler' en la Francia ocupada. En su primer día de rancho, tras ser apresado por gendarmes de Vichy, le metieron en la escudilla carne agusanada y hedionda. "Dije que de aquello no comía". Al tercer día de trabajo duro asfaltando aeropuertos a cuatro patas con un cepillo, debilitado y muerto de frío, declara,"comí carne con gusanos". Quien quiera entender, que entienda.
Abd-Al-RahmánIII, califa y nieto de Oneka
Sin divagar, fue Abd-Al Rahmán III nieto del sultán 'Abd-Halláb y de la infanta napartarra Oneka, hija a su vez de Garsea II de Nafarroa. Cayó Oneka prisionera, o fue rehén, junto a su hermano el príncipe Fortuño, tras una correría arábiga que tomó Iruñea, se acercó a la
mar y acabó con la vida del citado monarca, Garsea II, en una emboscada cercana a Aibar. Fortuño, musulmán, renegó al menos externamente de su educación coránica y se retiró a meditar a Leyre en pleno desconcierto espiritista. Este Fortuño "El Monje" (¿el Mullah?)abdicaría, es lógico, en su hijo Antso I Garcés, todo un Guerrero del Antifaz en perpetua guerra contra el Infiel y fundador, más tarde, del Monasterio de Albelda en La Rioja. Suele suceder en las mejores familias.
¿En quién o qué creía Fortuño, a quién prodigaba oraciones en Leyre? Un investigador de Lizarra me confió que la invasión sarracena o mahometana de la Península Ibérica tuvo muy poco de castrense, escaramuzas magnificadas, y muy mucho de captación cultural, tan necesaria en una comunidad cristiana instalada de espaldas a la higiene, la matemática, la literatura, las artes, la arquitectura, la mística, los números áureos e incluso el cero: con el 'sistema cero-uno' funciona este ordenata, o Google, o Gmail, desde el que me comunico con quien buenamente desee asomarse a mis pesquisas. Abd-al-Rahmán, el rubio, de mirada azul, que cabalgó por estas veredas -- pongamos de relieve que Astigarribixa aún exhibe tramos prerrománicos-- sería rival contemporáneo del primer Rey que se hizo llamar de Nafarroa, no sólo de Pamplona. Nos referimos a Antso II Abarka (970-994). En pliego sellado en 997 declara Antso: "Yo, don Santxo, rey de Nafarroa por la gracia de Dios y por sobrenombre Abarka..." No derrotó Antso Abarka a su lejano pariente o primo Abd-Al Rahmán III, sino a quienes, también musulmanes, por aquí quedaron. Posiblemente fatimíes procedentes del Mogreb y rivales sectarios de este primer Califa, que los desplazó de entre sus súbditos por razones, como siempre, de escolástica religiosa. Era Abd-Al-Rahmán sunní radical.
Este poderoso, inteligente califa, como ratificando lo que me confió el 'jakia' de Lizarra, tras valorar lo poco que de las provincias vascónicas podía esperar y no queriendo combatir de espaldas al oleaje, prefirió edificar la Mezquita ce Córdoba. También, siempre en aquel emporio de su imperio, fundó la primera Escuela de Medicina de esta península piojosa, mugrienta, analfabeta, lerda y sometida a caudillaje diverso en ondas expansivas. Caudillaje en árabe significa 'banda de forajidos".
Alfaguaras y aljibas, pues, como la de Goiko-Etxe, surgen en la cima de la zona catastrófica. La de Itturmusu, próxima a Sorotxiki, en Irurein. Luego, Itturrizarra, cerca de los muros de Anduitza Azpia; y Urotzaga, Tantortazarko Iturrixa (junto a una antiquísima central eléctrica: Turbiñia); Ondartxo, Sasiolako Itturrixa y Beatzi Itturrixak. Toda esta confluencia de nanohigrometría se superpone a la antedicha, subterráquea. A Olatz, vean qué ilustración de esto, van a caer las torrenteras de Olazgoikoerreka y Olazbekoerreka. Ambas desembocan en la enorme Kobaldeko Zulua, pareja de Pralenaitz al otro lado del Deba, pero con sustento tectónico idéntico. Esta Kobaldeko Zulua se sitúa cerca de la otra ermita de Olatz: San Isidro, para mí el auténtico patrón de Oteitza en meditación activa y siesta mientras los bueyes le labran la era, en este entorno de 'larraiñ'. (Otro apellido de mi abuelo era Larrañaga, pero comprenderán que después de tres siglos en Perú, muy poco por no decir nada de vasco le quedaba al cordobés sabio). Pero vayamos al grano.
Kobaldeko Zulua y Pralenaitz, comunicadas
Las aguas de los regatos, chorreras y cañadas de Olatz aludidas y que confluyen en la inmensa caverna, dice la tradición oral o cábala que comunicaban Kobaldeko Zulua con Sasiola, ergo con las kobazuluak circunvecinas, sobre todo Ermittia y Pralenaitz. Se hicieron pruebas, y troncos y otros señuelos arrojados al cauce en Olatz aparecían en Sasiola. José María de la Puente el geógrafo dixit. También mi padre, topógrafo y en su día apupilo en "Buenos Aires" de Mutriku mientras trazaba la markina de Markina-Xemein y sus roquedos mágicos encerrados en templete octogonal: francmasónería evidente. Con un San Miguel presidiendo un resquicio de paganismo pétreo bajo el que hay que deslizarse, como en tantísimos otros del Continente y Ultramar, para ligar noviazgo.
Naveguemos por los ríos telúricos, lo de Leteo viene al final y hubiese entusiasmado, qué capacidad la suya para el entusiasmo, a Oteiza alias Oteitza. Una vez, esto es absolutamente verídico, aunque depende de su capacidad para la candidez; una vez se cegó el conducto entre ambos antros, Kobaldeko Zulua y Plalenaitz, por crecida de las aguas. Vasos comunicantes, lo que vomitaba Aitzerle (y peñas contiguas) penetró en la mismísima iglesia y sepulcro de momias franciscanas de Sasiola. Al llegar la inundación a los pies del ídolo San Antonio, y en inmediaciones de Kobaldeko Zulua a los de San Isidro en su ermita de Olatz, se desatascó el conducto. Restableciéndose de inmediato, no sin gran estrépito escuchado en las dos orillas,
el flujo entre ambas cavernas. Chamanismo sincrético.
Este milagro natural se repite también, como tantas otras consejas, en el barrio de Oma. A saber si Ibarrola, quien se demostrará que fue otrosí devoto en sus días comunistas de Oteiza alias Oteitza, también que dormía en casa de Guayasamín y en la misma cama donde a veces pasaba días de asueto Fidel Castro; a ver si Ibarrola-padre lo sabe. Pero Ibarrola, puñeta, qué haces mezclándote con ese falangista irredento de tupé cano. Tú verás.
Allá en Oma, Kortezubi, la erreka de este nombre se introduce bajo el monte de forma idéntica al riachuelo de Lastur, que es "valle ciego", más bien tuerto porque se vierte a las cuevas, entre ellas a Pralenaitz. Esta espelunca hoy en estado crítico, la cantera la devora sin remisión, refugio de ogros tartamudos en la tercera edad de piedra, fue explorada desde esa década años-1920. Nadie descubrió nada, salvo su existencia latente. Los dos monolitos impedían penetrar en sus salones estalactíticos y con runas en óxido rojizo. Pero la espelunca estaba catalogada ya por los expertos pertinentes para ulteriores catas. Llegaron los requetés a Deba, y todo avance se detuvo para de inmediato enmudecer tras el genocidio en blitzkrieg de Gernika. Conste en acta.
Cal contra el cólera, abono y adoquines
En Kortezubi-Oma la crecida rozó las piernas del San Pedro de la ermita y el conducto, irrigación metafísica, retornó a la normalidad. No es raro que estas parábolas se reiteren en valles alejados. Hablando de Pralenaitz, fuentes arqueológicas y paleontológicas de esa década prodigiosa para algunos, los 1920-30, dejaron dicho que "hay canteras, como la de Aitzerle, junto a la carretera, cerca de las caserías de Irurein y Sasiola, donde se extrae piedra para la carretera". Y se daba trabajo, sin desmadrarse, a los 'adokineruek', que entonces las calzadas eran de adoquín. Extraían de allí asimismo los caseros de Arbil la cal con que abonaban sus sembrados y sellaban sus muros contra la peste y el cólera morbo mediante encalado azulenco. Aderezo profiláctico que, pese a las muchas epidemias que dejaron la pradera entre Ospittale y Sasiola Goikoa sembrada de osamentas, no agotaba las existencias de la cantera, ni mucho menos. Los de Goiko-Etxe extraían la cal de la cueva muy próxima a Pralenaitze de Ermittia. (Pralenaitze es otra toponimia alternativa más, en bizkaiera ondarrutarra). La cal, esto engarza con lo que viene luego, es elemento primordial en las celebraciones carnavalescas de La Rioja. Allí es habitual arrojarse barro, harina, yeso, cal o talco unos a otros en las calles.
Nodrizas durante cuatro años
Plural , insistamos, Pralenaitz o Pralenaitze. Esta secta anacorética, tan posterior a los preindoeuropeos que hicieron de ella, iniciales e iniciáticos, su morada, queda curiosamente enfrentada a los Jentiles o Tartalos cuyos dominios se situaban en Arno con sus muchas espeluncas para proto-oteitzas cavernícolas. Preguntado acerca de la labor pralenaitzense de la mujer, o de la hembra del hominino que ya había logrado dar forma al sílex para agredirse (qué hablan de paz, la paz es entelequia absurda, vivimos bíblicamente en cainismo mientras nos neguemos los buenos días ); preguntado por las féminas, se induce tras consultarlo que debían amamantar a las criaturas hasta sus cuatro años. Las crías que sobrevivían al parto, preciosísimas garantías de la especie y cuya fortaleza debía protegerse por instinto demográfico, eran objeto del máximo esmero maternal. Cuando quedaban exentas de esta función nodriza, participaban las mujeres de todas las actividades del clan, desde la hechicería y la contabilidad hasta la caza y la guerra sin cuartel, pasando por la detección de bayas y frutos propicios para no caer en los axiomas de Darwin y, por consiguiente, evitar perecer ellas y la humanidad que se empeñaron en precaver.
Un buen día el varón cavila, al contar los siete o nueve meses previos al nacimiento de la prole, que él también participa de la procreación y que, dos y dos, es un proletario a su vez. Se produce de inmediato la revolución patriarcal. Más allá no divaguemos.
Mala, muy mala consejera es la conjetura.
Tamarises y bambúes
En Arno quedan madroños, muchos, como al borde de las marismas de Lasao; los hubo en Pralenaitz. También robles, encinas, tilos. Hoy, álamo-chopos y sobre todo el prehistórico o quizás diluvial helecho y 'gorostixa', acebo, son mayoría. También en Arno persisten acacias, cerezos, espinos, encina baja y muy poco castaño. Junto al río Deba, laurel o erramu, fresno o lizarra con que se siguen entrelazando los ramos propiciatorios y pararrayos del solsticio de San Juan. A la parte de Irurein, cerca del puente metálico del tren, íbamos a capturar cañas para pescar, ya que hay bambúes y mimbres de la mimbrería hoy desaparecida: sostenible pero a saber por qué hoy desaparecida. Otra planta taumatúrgica de juventud es el muy abundante tamarís (mal llamado tamarindo). Sutil, algo japonudo y decorativo en plan Zen y teteras niponas en cerámica-cáscara de huevo, crece en las riberas. Similar al de Alderdi Eder en Donostia.
Lo comunal y los pobres
Todo este magma es cretácico. Con calizas. De esta materia prima accesible en monte comunal. No callemos lo de la toponimia surgida de la mala fe, "Pobreenaitz", que no es sólo insultante sino caricatura malévola de un tiempo, caza y pastoreo y más tarde fuero foral nunca escrito ni suscrito. Fue Pralenaitze comunal como garantía y seguro o mutualidad entre campesinos, al igual que el auzolan; tiempo en que no existía la propiedad, sino sólo la momentánea posesión de lo colectivo; de esa materia prima se nutre la tribu total o mancomunidad de clanes. "Pobrienaitz" y similares es chiste de pésimo gusto, clasista. Allí talco calcáreo, piedra, madera, están al alcance de quien lo extraiga al detall, que no como mayoristas del monopolio en entornos de minifundio. Pero argumentemos con peso. Documentado está que cuando una familia se traslada de una auzoa a otra, de un pueblo a otro, la hospitalidad de los nuevos vecinos se materializa en regalos para el ajuar y también un cordero, oveja o becerro para que crezca su rebaño. Un grupo de familias parientes y vecinas forman siempre hermandad y se ayudan de forma mutua (auzolan, ya citado). En caso de parto, a él regresamos, o de enfermedad grave con viático, cada familia vecinal, comunal, contribuye con el presente denominado 'bisitta', "una gallina o una moneda de cinco pesetas" u otro bien equivalente. No se olvidan los seguros de ganados en cofradía. Cuando muere (hablo de muy antes de la Guerra Civil) una cabeza de ganado asegurada en mutua, cada familia "indemniza a la damnificada proporcionalmente a la cantidad con que se aseguró". Dos socios elegidos libremente en la barriada certifican las tasaciones. No es necesario documento escrito. Tiempos lejanos de democracia autóctona y sin autoritarismos ni cacicazgos. Ni caudillajes. Ni jauntxos.
Un día me sobrevino insoportable hilaridad al escuchar por la radio a Santiago Aizarna diciendo que en Euskadi no hay caciques. Acepto que son foráneos, transeuntes que hacen en terrritorio ajeno lo que en el suyo no le permiten. Pero sigamos con la construcción. Pese a las riquísimas vetas de arcilla, el ladrillo y la teja para tabique interior o tejados de casa y tejavana se importaban de otras comarcas. Hubo techos de tepes ('zuiak') que han pasado a teja e incluso a uralitas diversas para 'estalpeak'. En algunas se situaba el 'labea', horno, para cocer pan de trigo que hasta hace poco, y sólo ocasionalmente, pasó a hacerse de maíz (talo). De la peña se extrajeron lajas para bordas, chozas, gallineros, 'txarritokiak' o pocilgas. Existía en Irurein, antes que en Aginaga, una piscina-acuario para conservar angulas. Ahora los pastos en conserva se envuelven en negro plástico, al que el ojo antigüista (tampoco es eso) se tiene que habituar. Pero quedan algunas, 'bedarzuitza' o 'metia', de heno. Han desaparecido, sólo he visto en zona de Nabarra, las de helecho: 'garozuitza'. Así pudieron mantenerse durante milenios, siglos, lustros.
Pez rápido, pez lento
Ahora tratan de introducirnos en la dinámica destructiva del pez rápido que, como en subasta online, así comenzó esta parrafada exhaustiva, se zampa al lento. El sol es hoy cometa celérico, que no astro beneficioso. No se conversa y para cuando llega el momento, el hecho consumado nos entierra y desasosiega. ¿Hemos votado libremente esto, o sea, esto, en las urnas de la democracia a tutiplén? ¿Nos complacemos en nuestra más que culpable autoconmiseración tras habernos mecido en el pancismo de la delegación en los listos del pueblo, temible género, o sea, en la implosividad pasiva?
Lo quieren agotar a toda costa. Son fáusticos. Que cada cual rece lo que sepa. Los más devotos, a San Oteitza el Apóstata de los diez mil apóstoles y las once mil vírgenes en Pietà. Por favor, que nadie vuelva a mencionarnos el desarrollo sostenible. ¿Otro papel cazamoscas del pleistoceno atómico, siglo XX en calendario gregoriano? Esos caseríos del contorno de Pralenaitze se edificaron, con excepciones posteriores a tepes o 'zuixa' como la teja abarquillada, véase más arriba, merced a la Ama Lur que prodigaba material de cobijo como en el inicio fue profusa en espeluncas para trogloditas. Oteiza alias Oteitza fue troglodita en Altzuza, ya se vio y escuchó. Pronto, además, entablaría contenciosos con sus vecinos postoindoeuropeos y descubrió con gran asombro y alharacas el progreso tecnológico de la telecomunicación. No todo en esta vida transhelénica era la txalaparta o las señales de humo. No casi todo era, tampoco, la unívoca y detestada TVE. El contestador automático substituía al megáfono del manifestódromo y desde él podía responder a los tiralevitas (nunca usó levita, ni chupa de dómine) que le atosigaban: "¡Oteiza no está, se ha muerto, está cadáver y enterrado!" y otros mensajes o grabaciones de estilo goético y anatómicoforense.
Un druida con jersei
Voces populares, no por ello menos intuitivas y certeras, hablan de que los etéreos frailes, o el truchamán máximo que fueron habitando en sucesión alternativa Pralenaitz o Pralenaitze, del Auriñaciense y Epipaleolítico a la Edad Media asisiana de Francesco, dispusieron de cierta gracia, ellos y sus ninfas de caverna con manantial, o lamiac, en lo que a conocimientos curativos compete. Emplastos, hierba y diván de apareo sobre muelle superficie caliza. El diván freudiano. Lo onírico de Beorlegui, sí. Como en Pralenaitz, en Grecia, templo de Athena, ahora habrá un museo de reproducciones, abundaban dijes a modo de exvotos. Figurillas, miembros, manos en higa derivadas de la mano pentagonal impresa en calcita arcillosa y ofrendas de los que curaron por protección de la Mari-Athenea. En Itziar y en Deba hay un exvoto marino, maqueta de velero colgando del ábside. En Itziar, hasta hace poco, muletas, grilletes de cautivos, remos rotos, gobernalles sin rumbo de náugrafos. En las muchas capillas de Isis, Egipto, las curaciones insólitas atraían muchedumbres. La mancia es la misma que en Lourdes, pero de perfil y en bajorrelieve. (Lourdes es una gruta). Pero vamos a la psiquiatría, al psicoanálisis, a Freud, a Jung, a Adler, a Jaspers, a los psicosomáticos o psicobiólogos. Chamanes de lo contemporáneo. Tertuliano ya era cristiano, pero su "Liber de Anima", aguardad un momento, se muestra irrenunciable panteísta y oniromántico,
Oteiza alias Oteitza, intentando llegar a médico en San Carlos y sacando provecho anatómico de los macabeos sintecho en el anfiteatro para luego reducirlo a plasticidad simplificada en Maternidades y San Isidros, los apóstoles merecen una entrega más tarde; sí, otra más. Ese Jorge de Oteiza en la Facultad de batas blancas, grises en la morgue, en "Biosca" y en una tipografía imprentera, humus ácrata, para sacarse la peseta, era el aprendiz de druida. Tenía pinta de druida con doble jersei. Lo fue para quienes lo trataron superficialmente y su aliento los hizo ver la luz. Fue un Oteitza gurú que no podía eludir serlo (frase predilecta de Itziar Carreño a él dirigida: "Come y calla"). Para quienes lo trataron hasta abusar de él, me refiero a como quien abusa digamos del café o la farlopa, resultó sobredosis. Con él sólo funcionaba el Principio de Arquímedes. "Aequanimitas", o te hundía.
Sumergirse un rato en su soliloquio compartido sin hundirse, y desplazar el equivalente a lo inmerso, era la solución. Lo demás, neurosis. En cuanto a que el genoma de Lasturbehea proviene de esta cueva tan cóncava que se prolonga (que se sepa) unos 70 metros adelante, mucho tiene que ver con la santidad de los innúmeros santos medicinales que proceden de los templos de toda índole, de la cueva mágica a la cueva imitada, el dolmen, o la cueva extraída del troglodita nómada. Nótese que "etxe" es "itxi". Cueva cerrada, con langa abierta a las visitas. La langa, lo véis, no es prohibición, sino bienvenida, el ongietorri de los felpudos de nuestros pisos en panal. Fue escultor Oteitza, más bien de tizas, porque era druida troglodita. Y fue parlanchín, logorreico y poeta porque tuvo que ser en la América locuaz, decimonónica, donde lo descubrieran. De modo que aprendió a largar lunfardo. En Madrid, a irse muy educadamente de la muy. Ya se citó que era inpsicoanalizable, como mi amiguete porteño Medrano, "Pajarito", locutor enciclopédico. Además le habían recetado tranxilum fuerte, lo ponía con chinchetas en su puerta, su langa. Con tranxilium no se sueña.
Manantiales en Diva, Unbe, Ezkio
Quintus Septimius FlorensTertulianus fue un cartaginense de la patrística, cristianado tarde y converso a medias (+155, bautizado en +199, muerto en +222). Escribe: "Durante el sueño se revelan los honores que aguardan a los nombres, son indicados los remedios, conocidos los untos, descubiertos los tesoros". Un simoniaco. Prebíblico: el Nuevo Testamento se redacta mucho más tarde. Toda la literatura llamada evangélica, que no me canso, es del siglo +/-VI, o sea, muy posterior a la problemática existencia de Cristo o, de ser auténtica su figura, de la epopeya trascendente que se le atribuye; toda esa lírica grunge se alimenta de ensueños hechizantes y de apariciones. Que siguen en Ezkio, en Unbe, en mil lugares de vudú cristificado. Sirva la estampa de la oración de los Olivos, con los apóstoles dormidos. Dejémoslos en once, que Judas está haciendo de confite necesario de los pretorianos a cambio de monedas. Escrutemos el significado druídico y de agua lustral. Después se substituiría ésta por el bautismo, los santos óleos, los hisopazos al ataúd, las aguabenditeras de tantas leyendas de almas en pena como surgen del contexto esotérico (y exotérico) de Pralenaitz.
El vino eucarístico entra, no son bromas de taberneros 'aspergando' el morapio, en esta sacralización del líquido. Fuera de los templos hubo aguas de las que se sirvió la medicina para hacer religión y la religión para revestirse de cientifismo. Como los parapsicólogos de hoy. Como en Ezkio, se aprovechan virtudes bienhechoras de productos naturales, o sobrenaturales inducidos por fraude, para promulgar su uso y abuso.
Manantiales de aguas sulfurosas, ferruginosas, arsenicales, amoniacales, se ponían durante los paganismos de la protohistoria bajo la advocación de una divinidad, 'divi' (deua-Deva-Deba, en Asturies hay un Arrecife de Fertilidad al que viajan las mujeres para quedar embarazadas: la Peña Diva; también un río Deva limítrofe con Cantabria). La ninfa Albunea protegía y convertía en milagreras las aguas de Tívoli, Italia. Este culto aparece en el politeísmo griego, en el que las aguas lustrales servían de purificante tradicional e instintivo. Hoy nos percatamos de que sin agua no hay vida en ni Marte, ni en Ceres, ni en Neptuno, ni en Júpiter, ni en este esferoide que llamamos La Tierra y que ni nos imaginamos cómo se llama de verdad visto desde Ganimedes.
Cuando se antropomorfiza el animismo prehistórico en 'divi', en ninfas y dioses que convierten en lustrales las aguas de fontanas, riachuelos, torrentes y manantiales sumergidos, las espeluncas como Pralenaitz se imitan: dólmenes, templos, ermitas prerrománicas arrianas (Astigarribixa), románicas, mozárabes, mudéjares, góticas, renacentistas, neoclásicas, brutalistas. El brutalismo es el pragmatismo reconstructivo con que el Caudillo (por la Gracia de Dios) reedifica las parroquias que bombardeó, sin ir más lejos, en Madrid. ¿El cromlech? Es la cueva en anagrama simplificado. Un logotipo solar, como las pegatinas del Doscaballos pretendidamente ecológico. Las iglesias obreristas hoy se erigen en cutricio 'arte povera'. En el caso concreto de Pralenaitz, ya pronto llegarán a hacer de ella dolmen mediante fulminación con dinamita (para la paz) antes de pulverizarla para siempre amén.
Aguas de Diva, Unbe, Ezkio
Ahora se trata de que el vulgo espabile y no permita la reiteración y multiplicación de agravios de esta índole en zona de valor cultural-espiritual alguna. De que no se deje llevar por eslóganes, pancarterías, ensoñaciones ecológicas, profecías verdes de invernadero y demás mentiras modernas. Las antiguas, por cierto, inundan la Red o las páginas de publicidad de tarots y carta astral de los diarios más serios. Siguiendo con las aguas. En Salins, cerca de Mauriac, los galos habían divinizado una fuente (también venden druidismo en tiendas de chinchirrimáncharras new-age) que curaba nada menos que la tiña de sus melenas, barbazas y pubis poblados de ladillas. Signo de distinción, la cabellera normanda, que hizo que en Nafarroa se les designase como 'pelutac', mientras a los agotes se les obligaba a raparse plan punki. A las curaciones seguía la ofrenda de una moneda lanzada al regato. Esa fuente druídica es hoy la de Saint Martin -- otro santo polivalente -- y el culto continuaba aún hace al menos un siglo. Las monedas, empero, iban a parar desde la cristianización a la clerigalla que, presuntamente, como las ONG, distribuían la colecta entre los pobres y los indigentes sin techo. Fue decisión del Concilio de Autun (+585, ya se estaba escribiendo el Evangelio) prohibir con castigo 'a divinis' la entrega de las divisas a los espíritus y exigir su abono directo al presbítero. Fuente de la fuente: "La Source Minérale de Coten", por M. Boudet, presidente del Tribunal de Saint-Hour.
Le Braz fue un enciclopedista bretón que recopiló datos relevantes en torno a todos los santos de Bretaña. "Entre las 200 onomásticas, no hallé ni una sola que no se refiriese o presidiera la curación de una especialidad médica o curativa. Tampoco la hay sin su fuente o manantial", las más de las veces sumergido o emergente a intervalos como los de la subcordillera que pisamos al acudir a Aitzerle. Le Braz: "En realidad, es a la fuente más que a la santidad a lo que se rinde latría". Pero este fenómeno se ha venido reproduciendo por toda Europa y gran parte de América. Virgen hay, Ezkio, Unbe, que ha sustituido sin transición al icono invisible y agreste. El cual a su vez heredaba virtudes y homenajes rendidos a la mismísima agua, hoy bien codiciado y pronto restringido por Ley Verde inminente. Que hay que cazar votos incautos. Y qué es la política sino la continuación de la dinámica aludida por medios cívicos que permiten a las Confederaciones Hidrográficas mangonear a su albur con la bula, otra vez, de la tiranía de las mayorías. Desengañémonos, que las minorías no van a gobernar jamás porque nunca se convertirán en mayorías: lo impide ese miedo conservadurista, conservatorio de la especie. Otra falacia: más vale lo malo conocido etcétera. Pero no especulemos. Esa substitución de una deidad por otras, a capricho de los vencedores que han vencido a los perdedores, se produce en templos paganos que se apropiaban de los atributos y tributos del fauno o la ninfa caducos.
Visiones, sombras y psicoanálisis
La ilusión óptica de las visiones paranormales, o anómalas, se describe con rasgo común de forma gigantesca o luminiscencia cegadora. El Dios Sol se transmite a Sol Dios. Esos gigantes son los jentiles de Arno. Las visiones, la Mari-mito acuático de pie de oca (anagrama que le colocaban a los agotes como estigma en tela roja); el Ttarttalo, ogro tonto que no sabe hablar bien en euskara y, la palabra lo dice, tartamudea; la Mari se invocará como las mil y un vírgenes antes citadas. La sombra de aparecidos y ánimas es objeto de veneración en muchos credos, incluido el sintoísta. La sombra humana es objeto de narrativa oral en todo el planeta. Este fenómeno de ilusionismo onírico lo hallaremos transgeneracional en
Mesmer, Cagliostro, Gran Houdini, Freud, Jung, Adler, Jaspers, escuela psicosomática o psicobiológica.
De las sibilas al romanticismo
Procede de cuando se iba a dormir y a soñar en los templos, algunos metiéndose de todo, desde belladona con vino hasta filtros de zumo de hongos alucinógenos. El caso era ver visiones. Nada novedoso. De nuevo, el pharmakón o chivo de akelarre de Szasz. Aker. Las Sibilas no se quedaron en la adivinación vocal de los sueños: los trasladaron a libros donde consta el significado de todos los fenómenos del inconsciente en REM. Abundan en tardorromanticismos y la Belle Époque (para algunos) los viajeros de todo sexo a Europa Oriental y Oriente próximo. Fueron célebres los días de la prospección de cenotafios, sarcófagos y ese otro pelotazo tan novelesco de hallar la tumba encriptada de tantísima víctima postmortem de la rapacidad occidental, umbilical, Europa egocéntrica, y entrar a saco en Egipto, Tuthankamón, Ramsés. Días de violación de tanto secreto o metafísica exótica saqueados con el aitzaki de la Ciencia Arqueológica (¡cómo comprendo al amigo arqueólogo de Aranzadi, allá en la ganbara pulverulenta pero sincera de San Telmo en el día que me quiso aclarar que toda pieza oculta de cualquier antigüedad está mejor enterrada que profanada por los buscatesoros!); este afán peliculero de escrutar lo inescrutable por exocultural, como la Piedra Rossetta; o de la localización exacta de Troya; toda esta fiebre de exhumar para introducir en museística y en fotografías para libros de bachillerato en Oxford y Harvard las riquezas de países colonizados se transformó en delirio pequeñoburgués. En nogocio con el que se ambauca a cerebros sin horizonte.
De ahí al llamado psiquismo decimonónico en su transición al XX sólo había, como hoy en la páginas de parapsicología y los I Chings por teléfono o email, un paso. A saber, la penetración en el negocio de tanto parásito y pícaro. En los saloncillos balzacianos se devoran "El Oráculo de las Damas", "La Llave de los Sueños", "El Arte de Interpretar los Sueños", etcétera. Que se publicitan en rigurosísimas publicaciones. La publi, seno nutricio, no se discute.
En la actualidad, a su alcance, repito, miles de páginas de paraweb que leen el porvenir o tenderetes que venden ángeles para que se visione el futuro en trance; o farsantes de todo pelaje que le fabrican a medida el porvenir, polisémico, imposible fallar, si
le cuentan sus sueños reiterativos.¡Los hechiceros y pitonisas de Pralenaitz!
Leteo, región del olvido y lo oculto
En euskara decimos a la caverna 'Lezea', 'Leitza', 'Leizazulo'. Esto nos emparenta una vez más con el griego-sánscrito del que fue devoto Krütwig, genio desaparecido en el silencio de las masas e intelectual sin fondo. Lo griego de los 'Pyré Ene' como abono de un idioma vasco invadido por conceptos exógenos a su vez, resulta evidente para Krütwig. Se le conoce como un fundador de aquella ETA prehistórica y tirando a teórica. Pero Krütwig, el Sarrailh de Ihartza de "La Nueva Vasconia", fue genio desaparecido en vida mísera y amnesia culpable.
Tanto a él como a Oteiza alias Oteitza les hubiese fascinado la leyenda del centauro Kirón. (¿De 'centauro' 'Kantauriko', 'centáurico', o viceversa?) Demos un repaso a la mitología. Jorge de Oteiza sigue en la Facultad de San Carlos la huella de Asklépios (Esculapio), el gran curalotodo y patrón sanitario por antonomasia.
También, por lo de la empatía, de quienes ejercen el psicoanálisis o la terapia subconsciente. Nació Asklépios en Trikka y, para el investigador alemán-húngaro Kerényi, este Trikka "debe considerarse el Belén de la religión asclepiade". Porque dicha población se halla junto al río semisumergido Leteo. Como la erreka de Lastur, valle ciego, el Leteo desaparece en entrañas de tierra y fecunda las cavernas, 'lezeak', de este contorno. Calculad: Letáios-Leteo-Lezea. Oteitza el filólogo de imposibles hubiese vibrado, echado la lagrimilla lábil, al conocer esto. Hablemos del Leteo o Letáios de Asklépios o Esculapio, el dios de las batas blancas con 'burnout'. ¿OK?
El Leteo es la 'región del olvido y de lo oculto' y rodea el lugar (uno de ellos) que dio origen a la praxis medicinal de Occidente. Río telúrico que responde a las varas de avellano y el péndulo de radiestésicos como el del sacristán de Mendaro que, me dijo una voz anónima, "es brujo y ha ido mucho por Sasiola". La genealogía mitológica de Asklépios-Esculapio es, por otra parte, como toda esa saga grecorromana de dioses, semidioses y bellas top-models de Phidias seducidas por un Jove, Yahvé o Júpiter travestido de bicharraco, bastante laberíntica. A desentrañarla vamos. Nace Asklépios, como tantas deidades de los vedantas, en una gruta y en solsticio invernal. Es Hijo divino de una entidad lunar, femenina, Phoibé o Koronis, y de
un dios de primigenia energía viril que actúa en coito inmaculado desde las sombras. El nombre de este padre ignoto se traduce por 'el Fuerte' y en latín será 'valens'. De ahí valor, valiente, etc.
Los centauros y la Virgen Lunar
Hesiodo relata en su versión que Apolo descubre la belleza de Koronis, hija de reyes, mientras baña sus pies en el lago Boibéis. Viene a ser el tráiler de un hecho real registrado, a saber, el súbito enamoramiento de David al ver a Betsabhé. Phlegyas, padre de Koronis, dio a su hija en matrimonio a Ischys, hijo de un centauro llamado Elatos. Y aquí viene lo mejor de la película. Según tradiciones coincidentes, una flecha de Herakles (Hércules) dirigida contra Elatos alcanza a otro centauro de nombre Kirón (O Quirón, como el sanatorio) en su cueva de Malea. Le deja una herida incurable que le hace cojear. ¿No veis el perfil de ese médico que arrasa, "House", o "Haus"? Si Elatos es centauro, su hijo Ischys también lo es. Los centauros son pteriofórmicos y están emparentados con los dioses olímpicos. Esta conexión, hija de la casualidad (¿la causalidad obligatoria, exigida por el guión?) que vincula a Asklépios el médico con Kirón el sanador-- de Kirón viene Quirúrgico, y de ahí Cirugía-- se documenta con una estatua de Phyromákos reproducida en medallones de Cómodo (+180-192). La parábola encarnada en las ancas humanas de Kirón es figura contradictoria y por lo tanto lógica. Aun siendo Dios, lleva en su flanco una incurable herida. Cristo, que nace en una gruta de madre lunar en solsticio, etc, va a ser el mediador, médico, médium, taumaturgo que sane los males del mundo. El Kirón es el Cristo herido en el octavo espacio intercostal. Un centauro cojitranco. De él, del Crucificado, se habló como efigie tremebunda e icónica de habituación a lo cadavérico y lo atormentado en anteriores entregas. Líneas que ruego recordéis o repaséis, ya que aquí no se escribe nada en balde y siempre se regresa al mismo devocionario. El propio Apolo enseña a Kirón a obtener específicos beneficiosos para la salud-- clínica "Quirón" en Donostia, preguntad allí, si acudís, si saben por qué se llaman como se llaman -- de las venas de la flora, glicinas, lianas, helechos, setas, basaranak (pacharán) y líquenes diversos que embellecen aún Pralenaitz.
"El divino médico"
La odisea crística tiene aquí trazado su boceto, teogonía que hasta hoy perdura. Este médico primigenio, el médico-centauro y pteriofórmico que Oteiza alias Oteitza no pudo ser, tampoco fraile, es un "Ur-Artz" protagonista del libro del ya citado Kerényi "Der Göttliche Arzt" ("El divino médico"). Medio humano, medio corcel, tiene Kirón como fuente de su saber una lesión, una herida luminosa. Las posibilidades de curación de que el hombre comienza a disponer en el umbral de las civilizaciones modernas se instalan como subordinadas a la propia herida que el médico, chamán, taumaturgo, lleva dentro de sí. Sólo padecerla le pone en condiciones de aliviar las ajenas. ¿Cuántas batas blancas se han enfundado en personas humanas tras haber padecido éstas trastornos de salud en el entorno, o en las propias carnes? Infinitas. Por lo demás, y como hiedra abrazando y ahogando el árbol de la ciencia, tenemos de nuevo aquí a Gilgamex y a la sierpe que le arrebata la rosa de la inmortalidad eterna. En el año - 420 y en vida de la generación clínica que pudo estudiar los severísimos tratados de Hipócrates, se recibe en Atenas al Dios Asklépios como Serpiente Sagrada. De nuevo Milton, Adán, Eva y sus paraísos perdidos. Todo engrana, al menos para mí. Basta un poco de voluntarioso pesquis. En Roma se le veneraría también, a Asklépios. Se cuenta que Sófocles lo recibió en su casa como reptil divinizado.
Oteitza, Asklépios fallido
En Kirón, su complemento, se enlazan lo animal, instintivo, y la condición apolínea. Kerényi: "¡Extraña vecindad, ésta de Apolo y de Quirón! Ambos apuntan a una esfera obscura y, no obstante, no exenta de espiritualidad de la que surge la Medicina". Tiene la bata blanca que sentirse enferma a su vez para ejercer su poderío de cicatrización. La historia del asma, por poner un ejemplo, está poblada de grandes cerebros médicos asmáticos a su vez. Pero ese conocimiento consciente, o sea, elaborado por la inteligencia cognoscitiva de lo que la propia herida del médico implica para el ¿arte? de sanar, data de hace casi nada.
Gracias a la psicoterapia profunda (transferencia existencial en Martín Santos) se pone de relieve la trascendencia que para todo psicoterapeuta encierra el conocimiento de sus propios problemas inconscientes, a los que accede mediante análisis didáctico. En Oteiza alias Oteitza, Asklépios fallido y herido como Kirón el centauro Kantauriko, la enseñanza en Deba le hizo sufrir de su propia enfermedad, esto es, de su propia neurosis, de la que acusaría a más de un discípulo. Pronto supo que, como el centauro renco, si curaba a su prójimo de sus defectos creativos o vitales lo hacía en tanto que él mismo percibiera y se lamiese la herida luminosa que padece. Profunda. Nació cerca de la desembocadura de un Leteo que va a parar a la Altxerri-Lezea: Orio.
Todas las piedras son sagradas
Idéntico método que a las aguas se aplica a la litolatría. La tribu de homininos se prolonga en prótesis agresiva que llamamos comunmente 'hacha paleolítica'. También la historia griega comienza por la devoción al pedernal. Fueron geométricos antes que figurativos o antropomorfistas y esto Oteitza lo conocía a fondo. Como la Divina proporción o las seriaciones matemáticas de números de Fibonacci tendentes a una estética animada y metafísica que fue a degenerar en esa ambigüedad literaria tan propia de los mojigatos que no se mojan: la poesía. Pero ya era un Kirón anciano y muy malherido, que es peor que herido. Antes de dirigir plegarias a las estatuas de dioses y diosas o ninfas personificados, o de sátiros cabrunos a los que tanto se asemejaba Oteitza, por cierto, la población del archipiélago grecoturco veneraba piedras mágicas. Similares a las que todavía, ya en inminente riesgo de transfiguración, emiten su misterio en Pralenaitz. No sólo allí, o aquí. En La Rioja, otro tentáculo poco explorado de Euskal Herria, durante el primer domingo de julio, se marcha en romería a la Virgen de Lomos de Orios. Otra Purísima instalada en un santuario de jentiles, como bien se supone. Allí los caminantes recogen piedrecillas de color blanco que, metidas en la boca como juanolas, sanan la garganta y ¡wauw! curan la tartamudez... del Ttarttalo. Como en las rocas ocultas de Markina-Xemein, las jovenzuelas sin pareja van a "la piedra del Santo" y le dan siete vueltas, cábala, sin tocarla. Rito que les procurará compañero.
Piedras geométrica, o geodésicas, atraían el inconsciente colectivo de aquellos clanes jonios, tebanos, troyanos, tan pitagóricos y platónicos en esencia como vagamente hedonistas y epicúreos, con su asomo de cinismo descarado aunque trigonométrico. Gentes que poblaban el mapamundi de ese mundillo próximo a Atenas, república clasista, que república no significa revolución espartaquiana, recordad.
Reverenciaban, pues, aquellos prehelénicos, los cilindros, conos, pirámides tirando a las de facies isósceles o siluetas troncocónicas producidas, como en Cuenca, por la Naturaleza. Lo mismo que el aerolito de Sasiola o de Errota Zar "lanzado con la honda por un jentil", las consideraban caídas del cénit celeste y enviadas por deidades. Búsquese "Revue de L'Histoire del Religions", 1887, pag 339. También la "Revue Archéologique, 1893, pag 203.
Las tribus de Judá, o judías (hablar de hebreos por corrección sociopolítica que impide decir judío es necedad: el hebreo es sólo un idioma, lo semita una tribalidad mucho más amplia) también se postraban ante las piedras. Isaías, en la Biblia-Talmud-Kaballah, reprocha a Israel (otra minimización de lo judío) haber puesto su confianza en los cantos rodados de las torrenteras. De las erekak subterráqueas cuando brotan a luz de sol. Dice Isaías:"Habéis esparcido los licores para adorarlas; les habéis ofrecido sacrificios". Anatema.
Exorcismos para megalitos-tótem
Y pasemos a los dólmenes. En lo que hoy se llama por cuadriculación jacobina La Vienne a los dólmenes se les llama 'piedras solares' o 'piedras del sol'. Un par móvil otéicico, o sea, una peña basculante, recibía en Como, Itálica, el nombre de "Sasso della Luna". Los Concilios cristianos, a partir del imperio de Constantino, se empeñarán en reconducir todas las para ellos supersticiones (como si el cristianismo no fuese otra secta) del populacho iletrado. En balde, claro. Pero los cardenales Pitra y Del Sotto publicaron los textos de aquellos monseñores que formaron comités sacros en Arlès (+452), Tours (+567); Nantes (+658) y Toledo (+681). Consúltese el "Spicilège", Tomo iii, pag 337 y "Le Lapidaire du XIV Siècle", pag 127. Viena, 1882.
La Biblia Apócrifa, lo son todas, ya estaba muy avanzada. En esas asambleas se decide englobar la litolatría de meteoritos, megalitos, sistemas pétreos espontáneos y curiosos y estatuas representativas de entes deificados, en la nueva religión. En los días de Constantino, el catolicismo estaba en el apogeo de su new age entontecido. Y cruel. Aunque no pudo con ciertas hordas reacias, mucho menos con la perseverancia en la religiosidad arraigada en cumbres pirenaicas. En Larbust cuentan las crónicas que "los habitantes se amotinan para impedir su destrucción", la de los megalitos, "y si por casualidad se destruye una, sus restos piadosamente recogidos son objeto de la misma veneración". Incluso se ha recogido la moraleja de que un lapidario que consintió en labrar una cruz para instalarla sobre una de esas piedras de ceremonial fue herido de muerte por el Genio del valle. A todo esto, se proseguía la iconoclastia crística con plegarias para santificar los tótemes de piedra mediante fórmulas latinas litúrgicas y el añadido de cruces como la referida, o más tarde de imágenes de Vírgenes de todo pelaje.
Las gentes de cuya tradición así se abusaba prefirieron, en un momento dado, fingir doblegarse ante la religión oficial e imperial. Las cruces añadidas, monstruosidad sacrílega, las recomendó tenaz Teodosio II ("Código Teodosiano"). En Bretaña casi todos los monumentos prehistóricos fueron profanados. En Yonne instalaron una Virgen sobre otro par móvil, una peña que gira. Qué decir de la inmensa cruz que plantaron, horrenda, en una piedra natural de La Mayenne conocida como "Cátedra del Diablo". Los menhires se perforaban con hornacinas para la colocación de vírgenes diversas. A propósito, el atrio de Pralenaitz en su parte superior o tímpano, de oquedad antropomorfa como para contener una Piedad, da mucho que pensar acerca de cómo la exorcizaron. O de cómo la están de nuevo positivizando, todo sistema progresista exhibe sus indulgencias, mediante trinitrotolueno (para la paz). El Gran Dolmen de Plouaret es hoy la Capilla de los Siete Santos. Y en Mans, colmo de lo patafísico, introdujeron un menhir en la Catedral como única solución para que los catecúmenos acudieran a misa de doce. A adorarlo, pero en recinto legal.
La leche de los Templarios
La leche de la Santa Virgen constituye uno de los delirios católicos más exhilarantes por no llorar. Ya hablamos del talco y la cal de Aitzerle en su cantera primigenia. Más de ochenta iglesias catalogadas, habrá más, se jactan de poseer ese precioso líquido en relicarios. Hay leche de la Virgen en San Luis de Nápoles; en San Antonio, Pádova; en San Nicolás, Santa María del Pueblo y San Alejo, Roma; en San Marcos, Venecia; en la Sainte Chapelle parisina; en Reims, Aix, Toulon; en Génova, Berre y Chelles. Que hable el calvinista Calvino: "No hay villorrio ni un mal convento de frailes o monjas donde en unos más, otros menos, no se muestre leche de amamantar de la Virgen. Hay tanta, que si la Virgen hubiese sido una vaca lechera o una nodriza robusta, en toda su vida no habría podido derramar tanta" ("Traité des Reliques"). Un libro de devociones algo repugnantillo del siglo XV refiere el origen de esta leche en polvo: "En la gruta de Beethléem el Cristo escupió la leche y, habiéndosela enjugado la Purísima, la arrojó sobre la pared y hasta hoy los cristianos toman como una bendición ese polvo lechoso". Fue, faltaría más, el gran negocio para los Cruzados que regresaban de Tierra Santa sin pena, gloria ni botín. La adquirían a su vez a los Templarios en botellitas 'ad-hoc' y, como hoy los pícaros en concentraciones de pánfilos e ilusos, la revendían. En la biblioteca de la Tolosa de Ultrapuertos se conservan manuscritas antífonas y oraciones dedicadas a esta galactita machacada, cuyas propiedades astringentes debidas al azotato de cal de que se compone la convirtieron en piedra sagrada desde la más antigua Antigüedad. Van a salir hectólitros de la cantera de Aitzerle, si siguen con sus derribos sin clemencia.
Esa galactita, por lo demás, la conocemos todos: la utilizaban en su día los sastres y era su celebérrimo jaboncillo de marcar la sisa. En Alemania se la denomina, es elocuente el término, "Mon Milk": Leche de la Luna.
La Escuela de Arte de Deba
Sasiola sólo la puede salvar la Escuela de Artes Aplicadas de Deba, hoy situada en el camino de Antsondo, en una Central Eléctrica clausurada y frente a un lavadero a mano que ha restaurado y convertido en memorial con azulejo de cerámica propia. Se les ha quedado estrecha, la sede. En el convento, posada de peregrinos, camposanto y santuario de Sasiola yacen, bajo toldos de hacer metas, tallas de inmeso valor. A un San Francisco, los expoliadores lo han decapitado. Es nogal negro, talla del XVII, pieza de Museo y nos tememos que de colección. Ahora, pieza arrebatada por cerebros paleolíticos en cráneos del totemismo siglo XXI. Léase, de la compraventa como peristas y chorizos deambulantes de lujos del Renacimiento. Este San Francisco era una pieza, además, curiosa por su dispositivo de hacer milagros. Se le mete la mano bajo la saya, se tira de un cordel y alza la mano y la baja en bendición. No es el primero (ni el último) objeto de despojo por parte de falsos romeros teutónicos o galicanos encaminados a Santiago... de Chile a través de Aitzerle-Sasiola. Faltan en el retablo varios ángeles rockeros, musicales, con sus instrumentos de llamar a Juicio Final o de poner banda sonora a la Inmortalidad. Nada menos.
La Escuela de Artes Aplicadas de Deba la dirige (en cooperativa) el escultor Mikel Campo, discípulo de Reinaldo, Taller de Aia, perfeccionado en Carrara y regresado a Gipuzkoa en labor de enseñanza y obra propia. Le acompañan Baroja Collet, Marino Plaza y otros derivados más o menos lejanos de Oteiza alias Oteitza y reciclados en otros recintos estéticos o criptas como "Azido Taldea". Recojo de "Advenimientos", de José Jiménez Lozano (Pre-Textos, Valencia, 2006): "Todo lo que recibimos lo recibimos de alguien, y envuelto en su personalidad queda. Necesitado está de que lo agradezcamos a ese alguien muy concreto. Por su enseñanza, por su comunicación, por sus cautelas, por el pensar y el sentir que nos entrega, ese alguien queda atado a nuestras vidas y debe ser nombrado cuando a nuestra vez nosotros entregamos y comunicamos. Es la razón profunda de la cita". Pues bien, todo lo poco que queda tras la catástrofe industrial de la cantera de Aitzerle sólo pueden salvarla del vacío y de la nada inexistente, destrozada, selenítica, de satétile yermo, estas gentes de la Debako Arte Eskola que hinca sus raíces en un Oteitza sin divinizar. Se añoran, sí, sus salidas de pata de banco, tan eficaces: el Par Móvil de Tolosa, monumento a Txabi Etxebarrieta, terminó instalándose. Ya sé que lo sabíais. ¿Captáis? Supongo que sí. Que toda tenacidad astuta concluye cuanto conspira: se obedece pero no se cumple.
La vista aérea de la zona Aitzerle-Pralenaitze-Astigarribixa, a la que se nos ha ido habituando la pupila tras largo periodo de cataratas perezosas y de sentirnos inermes ante la fatalidad del pelotazo que ha reventado esa parcela de nuestra historiografía, nunca está de más la autocrítica, es de desolación. Nos sometimos a culpable hipnosis, y ahora nos chascan los dedos y ahí queda la realidad real. Dos aerolitos surcando la mañana se quedan en anécdota: eso que ahí rompe la perspectiva constituye lo que hemos permitido hacer sin abrir el pico. Pensando que hay quien hará. Carece de remedio y de resurrección.
Más interesante es, o era, por reducirnos a la espelunca, el continente que el contenido. Más lo convexo que lo cóncavo, por recuperar uno de los 'mottos' de la oteicidad derivada de un Moore del que renegaba a sabiendas de que no llegaba a mentir del todo ni a proclamar la verdad pura y desnuda. Se exasperaba como rana ante culebra al oírlo, lo de Moore. Callaba que él prosiguió hasta sus límites vitales la experimentación que en Moore sólo es episodio para regresar a la humanidad como canon. (Da Vinci, también). Allí donde Moore se detiene, Oteitza o Txillida o Mendiburu y tantos más prosiguen. Elegir, ya sabemos, es renunciar. Pero todos somos simples eslabones. No existen los autodidactas, alguien ha de indicarnos, siempre, cómo funciona la brújula. Y, sobre todo, por qué.
San Jorge no existe
Resulta como poco irónico que San Jorge no haya existido jamás. Que, como tantas otras deidades que los antiguos denominaron 'divi', el milagroso patrono de Gran Bretaña e incluso de la Iglesia Anglicana (que carece de iconostasios, pero los venera en panteones del inconsciente mágico) no vaya más allá de una leyenda hagiográfica surgida de la juglaresca y, más tarde, de novelas de caballerías. Éstas, culebrones de aquel ayer, sirvieron a Cervantes para diseñar un héroe bibliófilo. Novelas que no trastornaron el seso y buen juicio de un insurrecto Quijano. Más bien lo acentuaron -- ingenioso hidalgo -- en su guerra o revolución personal contra la prosaica realidad auténtica de su vida vegetante de baronet desgarramantas. Vivimos, fijémonos, una convulsa época de adicción a todo. A la manduca, a privarse de ella, a dormir mucho, a permanecer insomniacos, a la obesidad, a la búsqueda de la moda-Dachau en pasarelas de superlujo, exponente máximo del grado de cinismo degenerativo que la Humanidad ha alcanzado; a repanchingarnos en el diván, 'sofa potatoes' o a machacarnos el cuerpo en fitting, gimnasio, tatami, ashram o simple caminata peripatética que tantos frutos da para éste que escribe, añadida a los blocs (han aparecido más) del blog de Oteiza alias Oteitza. Investigar, penetrar furtivo en las kobazuloak o asistir a su minucioso, impune desmantelamiento para comunicar lo que está ocurriendo a espaldas del pueblo soberano, abajo se argumenta, es otra adicción: al estudio. Viene, dicen los hombres-medicina, de esa 'asphaleia' ya citada, ausencia de engaño, que desarrolla mentes sanas y que cuando se escamotea al vermes homínido le causa un trauma de frustración. Se pasará, arguyen los augures, su vida en constante indagación para compensar la carencia de verdad en su periodo de crisálida. Para mí que quien no está majara en este mundo necesita con la máxima urgencia que se lo miren. Pero queda bonito lo de la 'asphaléia'.
De ello pecaba, o sufría, un Jorge de Oteiza a quien tanto tragasantos e ingenio fagocitante llamaba de entrada y sin más "Jorge", onomástica o patronímico imaginario. Qué bien le cuadraba a Jorge Oteitza llevar el nombre de pila de nadie, o de un héroe del montón enfrentado a un inmenso saurio, especie protegida, a quien alancea en vudú de cultura clásica o proto-eouropea. Santo y milico, George vigila desde su agresiva peana al país más puritano, tradicionalista, reaccionario y dinástico del orbe. Porque Franco (el del Monohuevo) sería Caudillo de España por la Gracia de Dios: 'gratia' es el 'karisma' de los griegos en latín y de ahí deriva gratis: Franco era un tirano carismático, ergo gratuito, o sea, una tautología armada hasta los dientes y de sangre en hibernación al ejercer la crueldad y la gratificación, otro significante, para convertir a sus condicionales en incondicionales. Pero los Monarcas del Imperio Británico eufemizado como Commonwealth, que siguen conduciendo por la izquierda (excepto en Gibraltar, ¡qué dise, compadre, t'imahina er lío que z'armaría aquí en la Aduana!) y secundando cuando no comandando con sus smileys toda suerte de entramados intrusivos como catalizadores de mundos enfrentados a cuyos bandos, todos, hay que dotar de infraestructura bélica. Desde los cazabombarderos nucleares a los tejidos de sarga y tweed basto de los uniformes. Amos de los despectivamente designados Países en Desarrollo, sus Reyes y Reinas que son coroneles de su propia guardia, qué signo de desconfianza chespiriana, también ejercen de Papas y Papisas de su Rito Anglicano.
Doble poder autoatribuido.
Presunto, impostor y parvenu, San Jorge fue instalado de forma ficticia en el Santoral por los catasalsas sacerdotales del déspota Constantino, el primer tartufo o Rasputin de las monarquías crísticas. Fundador real de la Iglesia como Primer Poder en el más acá, el más allá y el más acullá, llegó al trono valiéndose del parricidio, del fraticidio político -- mató a su padre y a su cuñado -- ; del uxoricidio al asesinar a su esposa, y del sobrinicidio, que el sobrino tampoco sobrevivió a su ambición sanguinolenta.
Ficción auténtica, ficción ficticia
Ya escucho al Maniqueo del Sermón. Los santos auténticos y los apócrifos, cómo se come eso desde un punto de vista racional. Pues bien claro está. En los santorales y libros de horas de todos los ritos, alcoranes y vedantas incluidos, hay ficción auténtica y ficción ficticia. A saber, cuando superhéroes o superheroínas que el comic USN no ha descubierto dimanan del animismo circadiano, y el animismo es el escalón necesario para la metafísica, esos personajes entrañan mitología auténtica. Encarnan en vacío. Esa mitología, tan abstracta en los pueblos más sabios y por tanto más primitivos desde el punto de vista de la jactancia del acumulador de conocimientos, creará siempre el fetiche y el tabú. El yúyu. Pero como violentamente proclamó Oteitza mientras a mí se me subía el escroto a la glotis en una de las revueltas que llevaban a Altzuza, porque tenía querencia a girar a la inglesa, Jorge al cabo, o sea, por la izquierda y profiriendo bocinazos; como ya se aludió, los grecorromanos eran dañinamente figurativos con sus deidades.
La piedra natural venía siendo utilizada como imprimación para bajorrelieves rupestres en las espeluncas, cavernas y otros lugares inefables que Oteitza visitaría e incrementaría con su propia interpretación ad-libitum de esos seres tan invisibles que te mataban, apestaban, enfermaban o sanaban. Sin que se adivinara hasta mucho más tarde que se valían de las miasmas transmitidas por el anopheles claviger, las larvas cadavéricas, las aguas ferruginosas y demás entes microcósmicos para sus maldiciones, el "birao" o el "begizko", y sus sanaciones. A mí me explicó que la magna estela dedicada al Padre Donosti en Aginia era una gigantesca oreja que escuchaba la música de la brisa al rozar el bosque de chopos y álamos que la contornaba. El contorno de las cuevas, se lo intenté decir al técnico del sismógrafo, pero la montaña reventó, suele ser más importante en antropología que la cueva en sí y que las pinturas cándidas, bella icónica, que encierran. La oreja de Donosti se erguía en el gran yacimiento de cromleches, dólmenes, urnas funerarias e inmundicia de excursionistas como yogures rechupados, tetrabriks de vino peleón o leche, mokordos fósiles, páginas de periódico que habían servido de klinex, peuvecé desgarrado y multicolor, latas de tomate, de zumo, de espárragos. Idénticos, estos últimos, a los que adornan las inmediaciones de Pralenaitz, hoy.
Apóstoles y santoral
Como iremos viendo, aparte de los apóstoles, que tendrán su muy especial apartado de estudio, a medida que eso que tanto se propugna, la Civilización, hacía sacrilegio en las peñas y peñascos con algún ingenuo -- ingenuo es libre -- retoque de enfatización, se debe uno centrar en las transposiciones de creencias como la de Jorge o George matando al dragón o la Irensuge vascona de Pralenaitz, Ermittia. Y, más allá del Deva, en otras espeluncas como la de Olatz. Existen personas pioneras de la psicoanalítica o de la psicobiología aplicada a lo fantasioso que desmenuzan incluso aquellas obras de arte que sirvieron para la supervivencia de quienes las elaboraban, al igual que los viejos y auténticos sofistas proclamaron que (en paleogriego, sigamos desentrañando, 'techné' significa arte) vendían ideas a los que de ellas carecían.
Luego te pegaba, Oteitza, un tajo con espada de hielo. Su verbosidad contenía tal retahila de acontecimientos que un día le propuse estructurar sus malandanzas y buenaventuras y compilarlas en un tomo. Para rubor pálido de Itziar, la paciente, la misericordiosa, a Oteitza no le fallaron los reflejos de taekwondo oral: "Yo no soy un hombre-anécdota". Siéndolo a diario con salidas, rebotes y retruécanos. Con los años me lo negaría, no me importa insistir, aludiendo a que sus diáconos y subdiáconos indígenas, los discípulos, las sibilas del beaterio, la grey creativa que en su torno se conglomeró para adorarle, ídolo de carne frágil, padecía de un denominador común: la sosez. Y que él se había traído de Ultramar, aparte el pequeño arsenal del gaucho, el humor candongo, la réplica instantánea del coplero (no sólo en Euskal Herria hay bertsolaris: "Koblalari" es quien echa coplas de improviso, quien ejerce de bardo, y México, como la isla de Cuba o las Canarias abundan en esta especialidad).
Nos conmina, pues, a la investigación compulsiva el hecho de que cuando criaturas carecimos de esa 'asphaleia': condición imprescindible de no haber sido engañados o apartados interesadamente de la verdad. Así, nos fascina la lectura de maravillas, trapisondas, viajes, desternillantes fazañas de espionaje en la estratosfera chatarrosa de artefactos omniscientes o de amores tan imposibles que al final resultan patéticamente accesibles. Una vez le sugerí a un realizador de cine que no captó la magnífica sinopsis, este argumento: "Chico busca a chica, se enamoran y los padres no se oponen. Género: tragedia contemporánea". Dicen los curanderos y las psicotécnicas, con descomunal viga en ojo propio, que la búsqueda de datos, el veneno del reporterismo o de la palabra transmitida, el bloc, el blog, el mamotreto incunable nos retrotraen a cuando balbuceábamos nuestras más primigenias inquisiciones a ayos, progenitores y maestros y se nos respondía que eso no se pregunta. Pero ya nadie los cree. Todo lo que se prometió es deuda. De momento, he hablado. De Oteitza y del Gobierno (vasco). Al constatar que los navarros sometidos a Sanz son otra desdichada mutilación o aislacionismo porque sí, anuncio desde ya, para ponerle de los nervios, que he localizado al Rey del Reyno de Euskal Herria. Nos veremos.
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