Maverick Ink Press

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Nombre: Rafael Castellano de la Puente
Lugar: DEBA, Gipuzkoa, Spain

Nace en Madrid, estudia en el Lycée Français (BEPC por Université de France) y en la RESAD: actor durante ocho años. Entra en La Codorniz, 1961. Publica como R.Castleman unos 700 relatos para la página Tiemble después de haber reído. Cubre la Crítica de la Vida y Huevos de Codorniz. Trabajó para La Voz de España, Egin, Punto y Hora, Interviú, El País, Argia, Reader's Digest, Radio Vitoria , ETB 1, Cacumen, La Hora XXV, Berriak, Cloc, Lógicamente, Kantil, Euskadi Sioux, Ardi Beltza. Elaboró en comic la serie Gabai y la biografía de Iñigo de Loiola. Sus libros: Cosas, anecdotario de Euskal Herria; Tiemble después de haber reído, Vascos heréticos, Sutondoan, La Viuda, Anes Arrinda, Los Anafroditas, Misterio de Vizcaya, Guía de Madrid para vascos, La cocina romántica, Beorlegui pinta el tiempo, Los vascos también ríen, Euskaldun heretikoak, magia eta sorginak, "¡Tiemble después de haber reído!", El Changai (inédita). Sus guiones de cine: Mar Adentro, Bandera Negra, Eskorpion. Envía ensayos al ciberperiódico Rebelión. Weblogs: Maverick Ink Press y El Flexo. Distinciones : La Codorniz de Plata, Legión de Humor y un Segundo Premio de Pintura Plenairista _____

martes, febrero 28, 2006

Corbatas en tela de juicio

Por Rafael Castellano

La medicina inglesa las pone en entredicho

Nadie se explica su permanencia, de no ser un protocolo heredado del tatuaje. Peor aún, hemos sabido de fuentes absolutamente potables que los pliegues de las corbatas y aderezos similares constituyen un nido de incubación bacteriana. Con mayor peligro si agarrotan el pescuezo de su terapeuta, cuyo oficio expone a intensos efluvios de carraspeos, toses, lenguas sucias y alientos mefíticos.

En Inglaterra son muy suyos. A la corbata, sin ceder a etimologías exóticas, la llaman estrictamente “necktie”, o sea, amarra del cuello. Lo que es. Una encuesta de la British Medical Association, el 75% de la clase médica del Reino Unido, pone en entredicho la respetabilidad que, reflejo atávico, imbuye en pacientes (o clientes) una presencia clínica bien encorbatada y chic. Señal vestuaria de status doctoral, las pañoletas de chiffon firmadas por un Pierre Cardin (a veces ‘made in China’, cuna de la seda) no se libran del anatema. Sus entresijos son predilectos de los “seminaria contagionum” que Ieronimus Fracastor tradujo, luchando contra la tisis en el siglo XVI, como ‘gérmenes’. La ciencia actual, más específica, acusa al MRSA, estafilococo resistente a todo antibiótico. Al año se infectan y fallecen en hospitales, por contagio, alrededor de 5.000 internados, y ello repercute, 1 billón de libras anuales, en las arcas de Seguridad Social UK (National Health Service) En resumen, que corbata y fular quedan, no sin polémica, bajo sospecha de iatrogenia. Mutua. Se pasa y recibe en transmisión recíproca.

El primer lienzo enrollado al cuello se remonta a las legiones romanas. Absorbía el sudor de la soldadesca y lo habitaba un buen nomenclátor de liendres. Disfraz hoy consuetudinario, hasta hace poco obligatorio en determinados recintos y festejos, perseveran la corbata, y equivalentes, como emblema gratuito de dignidad o eficiencia. No protege del frío, ni se justifica por un pudor residual. El gremio UK citado arguye que, en contra de la más básica profilaxis, nunca se depositan la corbata o el deportivo y coqueto fular en la lavadora del domicilio o del hospital; menos aún en la lavandería de la esquina. En cuanto a la odontología, aproximación límite, de nada sirve la mascarilla si el cuello exhibe un adorno con frunces, refugio potencial de microorganismos dañinos.

Este sondeo corporativo inglés, que pone en tela de juicio a la corbata y análogos en consulta, recomienda, sin embargo, la bata blanca, impoluta, de hilo lanar muy tupido. Produce en los aquejados una connotación visual de higiene. Ello, a contracorriente de sectores que imitan la estrategia, sutil sincretismo, de un clero hace mucho tiempo remiso a sotanas y sucedáneos lúgubres para romper barreras frente a la feligresía. Ni siquiera alzacuellos, mira por dónde. Los antedichos profesionales pretenden restar prosopopeya a sus tareas y evitar que la infancia, tan intuitiva, llore al verles. Reniegan (en vano) de agregarse a las fuerzas vivas y de que se dirijan a su persona, en barrios deprimidos, como Don Fulano o Doctora Tal. Por el nombre de pila, prefieren.

Veterinarios sin fronteras

Los componentes textiles, delicado género, de la carnavalesca corbata, genuinos o sintéticos, siempre tortuosos, conforman acogedor reducto para lo que hipocráticos y galénicos de la época pre-microbiana denominaron “miasmas”. Léase imperceptible emanación de humanos o animales enfermos, cuerpos en descomposición, leños podridos o aguas estancadas. Flota, amenazadora, en el aire. “Todo fluye”, afirmaba Heráclito, alias “El Tenebroso”.

Buena parte de Navarra estuvo islamizada durante siglos, con lo que adquirió un profundo caudal salutífero y científico. De ahí que en euskara Veterinaria se diga “Albaitaritza”. Origen musulmán innegable. Se culpa aún a Servet, tudelano, de plagiar su ‘pequeña circulación pulmonar’ de un morisco, Ibn Al Nafis, hipótesis que concluiría con la herética circulación general de Cisalpino, y la casi definitiva cardiología de William Harvey, que se doctoró en Padua y Cambridge ‘circa’ 1610. Se valió Harvey, para sus hallazgos, de los latidos del corazón del caballo y de la anguila.

La noción de contagio, empero, fue durante siglos causa de un sinfín de discordias periciales (y teológicas) por parte de la salud pública, y cerrilmente negada, pese a situaciones de alarma demográfica como cuando la lepra, la peste y la sífilis de los Cruzados comenzaron a hacer estragos. Acudamos de nuevo a Fracastor, renacentista: “Son asombrosas la tenacidad y persistencia de las moléculas de estos venenos en los cuerpos sólidos (…) Se ha visto que las ropas de un tísico contagien la enfermedad al cabo de dos años…” Y es que las ingrávidas miasmas griegas seguían considerándose, durante la Edad Media, causa irrefutable de las epidemias; y sobra añadir que era Dios Padre, o Allah, quien las desparramaba como castigo sobre una Humanidad impía.

Pero como las Escrituras, racionalistas en algunos párrafos si se las lee con criterio, acertaban al atribuir la peste a la abundancia de sabandijas y ratas, en 1120 el Obispo de Lyon procedió a excomulgar a todos los insectos de su diócesis. Creó jurisprudencia. Los Tribunales Eclesiásticos europeos extendieron órdenes de arresto contra ratas, orugas, babosas y gorgojos.

Bimilenarista, la UE ha sacrificado ya, alerta roja, pavos y pavipollos, corralizas incluidas. Ay del paté de Iparralde y las Landas, donde se mantienen de la crianza libre de manadas de ocas y patos. Temen ahora a las bandadas de gansos silvestres que pronto llegarán de África y cuyos excrementos, al sobrevolar el Continente, pueden caer sobre sus volátiles e inocular lo que ya se denomina sin ambages pandemia. Cunde la psicosis del canto del cisne. Así, a la medicina sincorbatista inglesa, añádase la rama veterinaria, dada la crisis de la gripe aviar y su onda expansiva a gallineros. Sin olvidar esas palomas tiñosas de parque y plazuela que, profético, Woody Allen denominó “ratas con alas”. En Maryland, USA, no lejos de Manhattan, se recomienda ahorcar corbatas y pañuelos ‘country’ durante las labores agronómicas, por ineficaces y contaminantes. La clase veterinaria, urbanita, a domicilio o selvática, debería imitar a los marylandianos y evitar ser cepa de malignos inquilinos.

El ajo y los forenses

En 1348 la Facultad de Medicina de París atribuyó todos los morbos a una conjunción astral. No faltan, hoy, devotos del horóscopo que lo aceptarían. Menos mal que intervino a tiempo el médico italiano Gentile de Foligno. Sintiéndose desfallecer él mismo, advirtió del peligro de acercarse a los apestados y a sus despojos. Diagnóstico definitivo, Pierre de Dumouzy, de Reims, aseveró hacia finales del siglo XIV, que “cualquiera puede ser portador de gérmenes sin estar enfermo, como quien come ajo no se percata del olor con que ahuyenta a los demás”.

No es erudición gratuita, sino que olvidábamos a la especialidad forense, cuyo contacto con saprófitos, restos cadavéricos o ciertas patologías talegueras les debería eximir de colocarse al cuello dédalos donde hormigueen inquilinos poco recomendables. No hay narrativa de detectives o “thrillers”, de origen eminentemente anglosajón, ya los firme Agatha Christie, Conan Doyle, Hitchcock o Peter Cheyney, sin forense. El mismísismo Doctor Watson, auxiliar de Sherlock Holmes, era un foco séptico ambulante. Elemental.

Requerido un generalista vasco que jamás se pone corbata, se muestra de acuerdo con el escrutinio UK. A diario, durante muchas horas, como sus colegas, en consultorio o visita, asimismo en urgencias, explora, palpa, instala el fonendo o se asoma a gaznates; o a las llagas, erupciones, furúnculos y un largo catálogo de malestares febriles. Muchos de ellos, susceptibles de transmisión tras fermentar en el fruncido supuestamente estético de una corbata. El envejecimiento del censo se traduce, digamos de paso, en una mala salud de hierro que alarga la vida, no su calidad. Aquí nadie es Mefistófeles, y también asisten a personas moribundas. Pero como aludimos a la ya tópica demografía avejentada, expondremos cómo la prenda patógena en cuestión pudo dar al traste con una luna de miel, al menos en sus inicios. Hubo, y hay, individuos que jamás se han anudado una corbata, y que hablan del único traje como “el de la boda”. Perdura el ritual, por sencilla que sea la ceremonia, de que el novio (o los novios, o las novias) la exhiba como etiqueta. En la verídica anécdota que sigue, el mozo ignoraba cómo trenzarla. Solución, un pariente se le puso a la espalda y procedió a entrelazársela lo mejor que pudo. Y lo hizo a conciencia. Instalada en el hotel, la pareja halló trabas para desatar lo atado. Les daba corte pedir unas tijeras y tuvieron que aparearse con la maldita, estigmática corbata sobre el cuerpo desnudo del varón. Pudo la estrafalaria escena, imprevisto ‘gag’, frustrar, como una cencerrada, la noche de bodas. Adiós al glamour.

Dr. Corominas, psiquiatra ciego

Podrían haber pillado ambos un trauma y terminar en manos de psiquiatras que, últimamente, prescinden de bata-uniforme, puede que por icónica receptiva y signo de empatía para que las neuras enquistadas surjan y se desahoguen. Un neuropsiquiatra, preservamos su anonimato, ejerce sin sobrepelliz “para que larguen”, explica. Otro describe con cruda metáfora su gabinete: “Aquí se viene a defecar”. El presunto sapiens, cierto, se oculta para obrar, como se eufemiza. Privacidad, es el término. Tan británico. La bata, para otro especialista más de la mente, obstaculiza las imprescindibles confidencias del paranoico. ¡Ojo, pues, con la pajarita de quien le atiende junto al diván! Que hay freudianos de ambos sexos que se disfrazan de sí mismos incluso fuera de fechas. A propósito de lo cual, y regresando al asunto, el obsesivo, hipocondriaco y perfeccionista detective “Monk”, una de las pocas series de calidad de TV, aparece siempre sin corbata. La razón, dicha queda. Hay un fallo de ‘raccord’: su psiquiatra, cuando interviene en algunas secuencias, sí la lleva.

Nuestro doctor generalista lo disculpa: “Es que la psiquiatría, en principio, no explora con las manos, no se arrima, no se expone: trabaja con la palabra”. Aporta un argumento de peso: “En Segovia, el doctor Corominas, psiquiatra ciego, estudió la carrera con casetes, graba en magnetofón el diálogo, y su prestigio es enorme. Monta a caballo, fabrica vasijas de cerámica y practica sin necesidad de ver”. Las facciones, pues, no son el espejo del alma. Lombroso y demás fisiognomónicos erraron.

Contrastando, un reportero de “Maverick Press” penetró en la histórica iglesia madrileña de San Ginés, donde se dice reposan los restos de Quevedo. Pudo observar que los confesionarios ya no parecen kioscos metafísicos, sino un a modo de pupitre donde se confrontan sacerdote y penitente. Un treintañero soltaba su rollo existencial, logorreico, a un clérigo revestido de estola, corbata religiosa. Asentía el cura; replicaba o aconsejaba en susurros. Pensó el intruso: “Este pícaro del XXI se está ahorrando sesenta euros, como poco; luego echará uno al cepillo y a la calle, psicoanalizado”.

“Croate”, “cravate” y dandismo

La palabra corbata es la deformación mal pronunciada por los franceses de “croate”, que derivó en “cravate”. La incorporaban al uniforme los oficiales originarios de Croacia que lucharon en regimiento a las órdenes de Luis XIV y del mariscal de Luxemburgo. Ganaron una decisiva batalla, la de Steenkerque, en la Bélgica flamenca, a los orangistas. Sus mandos, apremiados por la proximidad del enemigo, no pudieron anudarse el chal adecuadamente y se limitaron a atarlo con desenfado sobre los hombros. Creó tradición patriótica la prenda entre las mujeres que ovacionaban a los polvorientos supervivientes. La corbata, así, ornato femenino, se denominó al principio “Steinkerque”.

Se formaliza como atavío masculino en el XVII. Bajo innúmeros estilos impuestos por los diseñadores y barbilindos legendarios, ha llegado hasta nuestros días, y lo que le queda. Hizo furor en París, antes y después de la Revolución. De lino o muselina, se extendía sobre la pechera y se resolvía en plastrón, corbatín o chalina protuberante y barroca. El Romanticismo complicó sus ataduras. Se llegó a decretar que la inspiración al enlazarla reflejaba la personalidad de los pisaverdes “tanto como los pliegues de la túnica de los grecorromanos”. La corbata de un pretendido talento debía distinguirse, de ahí distinción, de todo lazo ajeno. Se ceba la sátira periodística en los “románticos”, insulto peyorativo como hoy el de pijo y cuyas más sangrientas parodias, suicidio incluido, un Alenza sarcástico pintó con crueldad magistral.

No desalentó Alenza, ni las cotidianas caricaturas cáusticas, a los entusiastas o estudiosos de modos y modas. George Bryan, “Beau Brummell”, el superpijo del XIX, siglo en que la tuberculosis y el garrotillo hacían estragos, no desviemos el núcleo de la crónica, destaca en atadijos cuidadosamente descuidados. Este Lord manirroto fue padre del dandismo al pasar a Francia, en 1816, huyendo de sus acreedores ingleses. Balzac (fallecido, por cierto, de fiebres pútridas) redacta en 1824 “El arte de ponerse la corbata en 16 lecciones”. Se aderezaba el perifollo “A lo Byron”, “Primo Tempo”, “A la Irlandesa”, “A lo Oriental”. Era, en efecto, el turbante de Occidente, sin la utilidad de recoger la cabellera.

Decae el siglo y la luz eléctrica propicia el advenimiento de las grandes superficies. Émile Zola, con su novela “Au Bonheur des Dames”, 1882, inspirada en los Grandes Almacenes “Bon Marché”, que por entonces ocupaban toda una manzana en el París recóndito, critica y describe (incluyendo la cleptomanía) la asfixia económica que esta novedad produjo en el pequeño comercio, mercerías, costura doméstica, sastres, modistillas y creativos particulares. La corbata se adocena, clónica. Pierde su espíritu para siempre.

La autopsia de Beethoven

Alemania no se libra del corbatismo romántico. En el prontuario “Cravatiana oder neueste Halstuch-Toilette für Herren”, publicado en Ilmenau, 1826, se llega a decir que su uso insufla el espíritu poético de Lord Byron. Padeció Beethoven una ristra de alifafes crónicos y, en sus últimos días, por causas familiares, un decaimiento físico y moral, lo cual no impidió su adicción al trabajo. En sus retratos de juventud, madurez y precoz envejecimiento se le ve atildado con estrambóticas corbatas, cubil de malsanos criptógamos, al uso entre los petimetres de Viena. Tosía sin parar. Sus largas estancias en Baden, tomando las aguas (y las cervezas) no le alivian los catarros ni las averías fisiológicas, hemorragias nasales y expectoraciones. Pero su condición de músico sordo era la tara que más le exasperaba. Explicable.

En sus últimos años frecuenta los cafetines con un colega, Karl Holz, violinista virtuoso pero bohemio y parrandero. Los excesos alcohólicos de ambos compinches se detectaron en la autopsia a que fue sometido el cuerpo insepulto de Beethoven por el forense Warner, en presencia del doctor Wawruch, médico de cabecera del genio de Bonn. Éste expiró el 26 de marzo de 1827, a las seis de la tarde. Una terrible tormenta rugía sobre Viena. Señala la disección que el hígado, de dureza de cuero por cirrosis, se veía reducido a la mitad del tamaño normal; añádanse unas úlceras laríngeas y la degeneración absoluta de los nervios auditivos.

¿Las aparatosas corbatas? Puede que el bacilo de Koch no hubiese causado tamaña hecatombe decimonónica de no haber sido huésped de aquellas rugosidades elegantes. ¿Las tabernas? La biogenética tiene la palabra. Juan Van Beethoven, padre de Ludwig, era tenor de la capilla archiducal. Muerto de ‘delirium tremens’ el 13 de diciembre de 1792, explotaba al retoño como “niño prodigio” hasta el punto de falsificar la partida de bautismo, restarle dos años para exaltar su precocidad y así beberse los honorarios. Le trajeaba de adulto y prohibía caer enfermo.

“Rebelión externa”

Asimilaríamos la corbata, tras el paroxismo inicial, a los bluyines contemporáneos, desteñidos y desgarrados en almacén de origen. Atributo colectivo, encarnan la inerme ‘rebelión externa’. Se anticipó la movida decimonónica, en siglo y medio, a la regla tácita de “un uniforme distinto para cada uno” de los 1980.

Cierto, la Revolución sustituyó la corbata blanca de la aristocracia guillotinada por otra “negra como la condenación eterna”. Pero el pequeñoburgués iba a dominar, involutivo, al burgués insurrecto y al proletariado. Prevalecerían los corbatines minimalistas, de madrás o tafilete. La corbata envuelta con estudiado, fantasioso azar, poco a poco cede el puesto a la simetría estricta de los cagatintas y la clase media-media. Entraría en el siglo XX absorbida por la ‘gens’ de buena cuna. Encarnó los galones del burócrata; se hizo digna, formulista, opuesta al lumpen y al palurdo. Convertida en divisa del hortera (dependiente de comercio galdosiano) regresaría pronto a su origen, el uniforme militar. Se impuso en negociados, ventanillas y ambulatorios. Antes de perecer como insignia de la rebeldía personal, este pelendengue, no obstante, se difundió por todo el mundo, y no se salvaron de él ni los grandes jefes amerindios, ni sus rivales los ‘cowboys’ y pioneros, ni el Ejército Yanki o Confederado. Ni las Carlistadas.

A propósito, y ya que hablamos de una encuesta médica inglesa, ¿cómo va a llamarse ahora el terno de gala conocido como ‘smoking’, o sea, traje de fumar? ¿'Nosmoking'?

sábado, febrero 18, 2006

Manifestación en Bilbao para el sobreseimiento del “18/98”

Por Rafael Castellano

La Ley Orgánica de Murphy

El axioma más trágico de la Ley de Murphy es que nadie sabe quién fue Murphy. (Nosotros, sí). Tampoco, que Murphy jamás dijo que la tostada cae siempre por la parte de la mantequilla. Pesa más y a Newton correspondería el enunciado. Arthur Bloch, compilador de “La Ley de Murphy”, superventas, no identifica a su clarividente protagonista. Alude, empero, al algoritmo de Zymurgy, aplicable al sumario “18/98”: “Una vez abierta una lata de gusanos, sólo se les puede enlatar de nuevo con una lata mayor”.

Era el despacho de infórmatas del diario “EGIN”, un par de lustros antes de que la Ley Orgánica de Murphy lo precintara en cuarentena eterna, un sanctasanctorum donde confluían los terminales telemáticos y a cuya puerta, días de reconversión digital, se llamaba con angustia porque el éter engullía trabajos de semanas. O, parapsicológico, insertaba imágenes enquistadas de Sucesos en un monitor de Espectáculos (y viceversa); o la pantalla permanecía burriciega, o el texto se encriptaba de ideogramas insensatos al intentar un atajo (“el atajo es la distancia más larga entre dos puntos”) justo al sonar las siete trompetas del “marchando, que vamos a cerrar”. Otro corolario.

Edículo de ciencia inexacta con cableados en espagueti, en la pared frontal de esta Sección un folio pegado con cello transmitía la cita inexacta de Murphy : “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. El periódico ya funcionaba, cursillos por medio, con ordenatas color dentadura postiza, hoy fósiles de museo. En la mesa de Corte y Confección, del tipómetro se pasaba a otro lenguaje de códigos, módulos, máscaras y matrices. Ya no trepidaba la planta con frenética mecanografía. Luego alcanzó asimismo la vanguardia ecológica este rotativo al librarse mediante asamblea (no sin forcejeos dialécticos) de las insalubres volutas del tabaco. Apareció el panzudo Mac. El escáner.

Corría, pues, “EGIN”, a cargo de una redacción futurista de profesionales del viejo nuevoperiodismo en trance de entusiástico reciclaje. Noviciado que confería a la Sección de Subrutina Enlazada la salvaguarda de la tirada, añadida a la culpabilidad o dolo de los gazapos garrafales. Rebajaron responsabilidades sintetizando (a su favor) lo que Murphy literalmente profirió, histórico, aunque su memoria no conste ni el “Reader’s Digest”, ni en el” National Geographic” ni en los volúmenes de Vidas Ejemplares, ni en la hagiología de los profetas, ni en el folleto de curiosidades del camposanto donde yace.

Perfil de Edgard A. Murphy Jr.

“Maverick Press” ha exhumado de su sepulcro en el cementerio militar de Arlington, Virginia, al anónimo (hasta hoy) Edgard A. Murphy Jr., ingeniero aeronáutico destinado con grado de capitán en la base de Wright Field, EUA. Diseñó Murphy en 1949 un detector de 16 sensores que determinarían la aceleración-límite que el cuerpo humano puede resistir. De conejillo de Indias, sobre un cohete deslizante, el mayor John Paul Stapp, piloto de pruebas que en anterior simulacro había alcanzado los 960 kilómetros por hora. Cuenta atrás, y el artilugio de Murphy fracasa. Se le expedienta y burla. Tozudo, revisa su invento y descubre que los operarios del montaje habían descuidado la instalación de un componente nimio, pero decisivo para su eficacia. Negligencia que le había sumido en el ridículo y el anatema. Fue entonces cuando profirió la maldición que rige nuestras vidas en un mundo de especialistas de toda condición y nivel pericial y procesal. Dijo: “Si existe algún modo de que un técnico haga las cosas mal, las hará mal”.

Queda así explicado el lema, apocopado, de la sección de emergencias cibernéticas de “EGIN”. Se acogían a la Ley derivada de Putt: “El mundo de la tecnología lo dominan dos tipos de personas: los que entienden lo que no dirigen y los que dirigen lo que no entienden”. Protocolo multidisciplinar, como se constatará ‘ut infra’. Se estaba pergeñando esta crónica cuando el amonal de ETA en Dantzarinea cae como una bomba en un ambiente pletórico de rumores de tregua inmediata. Adiós a la euforia. Reflexión de Antonio Mingote: “Un pesimista es un optimista bien informado”.

El consejero de Justicia de la CAV, Azkarraga, verbigracia, se reunió con Conde Pumpido y dice que no han hablado de política. Manifiesta de puertas afuera que el final de la dispersión de presos de ETA ayudaría a una Mesa de Diálogo para la Paz; mesa que, dadas las manifestaciones de los diversos líderes, escasamente flexibles en general, cuando no polisémicos, mantiene una condición de velador espiritista. Solicita Azkarraga apoyo a una sociedad que, con tanto zurriburri, se siente inerme y ajena a los jeroglíficos de quienes la representan democráticamente, con la murphoide Ley D’Hondt por medio. Mark Twain:“Hay mentiras, jodidas mentiras y estadísticas”.

Tregua desmentida


La velocidad operativa de los medios informatizados ralentizaba su proceso. Oscar Wilde, uno de los precursores mesiánicos de Murphy, asevera: “Sólo las paradojas son ciertas”. Y es que la noticia escrita, en el “EGIN” reconvertido, adquirió otra dimensión, a saber, el tiempo real en un territorio comanche donde hechos y desmentidos se desencadenan vertiginosos y simultáneos. Se pretendía competir, en edición, con la agilidad de los boletines de radio. Cortar, insertar lo recién acontecido, desmentirlo, matizarlo. Perfeccionismo incluido en la Ley de Hardin: “Nunca se puede hacer sólo una cosa”. Costó otro trabajoso periodo de descompresión librarse de ese tic. Que crea dependencia. Ha estallado más cloratita en una empresa de Trapagaran (Bizkaia). Más madera. “Sin víctimas”, se subraya en los despieces audiovisuales. “Siempre es última hora”, Precepto de Pulitzer.

Lo notamos al intentar transmitir aquí lo que en catarata y embrollo va aconteciendo durante el denominado “Macroproceso18/98”, con 59 presuntos implicados, y que se concelebra en la Audiencia Nacional. Suspendido por quinta vez, no hay receso para la información. La Plataforma “18/98 +…” convoca a la ciudadanía a manifestarse en Bilbao el sábado, 17.30, Plaza Aita Donostia, para que el juicio se anule, al considerarlo de índole política, anacrónico, mal instruido, sin garantías jurídicas, antípoda de los derechos fundamentales. También, en comentarios ‘ad libitum’, perjudicial para ese francmasónico periodo de esperanza cautelosa, prudente, de puntillas y sin toser, que hoy se respira y conspira con vistas a la convivencia en paz y sin dinamita de ideologías discrepantes, sin excepciones. En las pancartas: “Eskubide civil eta politikoen alde. Epaiketa guztiak eten”.

Se exhorta a los medios, desde otras instancias oficiales que sugieren estar en el ajo del ‘top secret’, a ser ponderados para que no se espante la pacificación definitiva de Euskadi que, en su fuero foral interno, todo el mundo, pero todo él, anhela. PNV, Ezker Batua, Aralar y Elkarri se agregan, pase lo que pase, a la manifa en Bilbao a favor del sobreseimiento del “18/98” por considerarlo improcedente al comprometer los derechos a la información, la actividad cultural y la opción política y de reunión. Mencionan la Ley de Partidos, opuesta frontalmente a los derechos ciudadanos de defender sin violencia sus doctrinas. Ley, otrosí, consensuada por PSOE y PP, y no ajena al Apotegma de Castleman: “Las Constituciones se promulgan pero no se observan”. Gran derrama de saliva nos espera con la aprobación de la Reforma de la Carta Magna actual, que habla de Sucesión y otras minucias semánticas; pero no de su Título Octavo.

El “Foro de Ermua”, a la contra

Contexto y pretexto, el denominado “Foro de Ermua” convoca a su vez, penúltima hora, otra manifestación-contramanifestación, también en Bilbao, coincidiendo con la ya ‘ut supra’ aludida. De inmediato, “18/98 +…” insta a su concurrencia para que “no caiga en provocaciones” y pase de los oportunistas si los increpan. Entretanto, los sindicatos ELA, LAB, ESK, EILAS, EHNE, ELB e HIRU, estarán presentes en la Plaza Aita Donostia. En manifiesto conjunto, aprecian que el juicio “18/98” resume “un principio y unos fines claramente políticos”. EA también llama a su militancia y simpatizantes a acudir. El Día de la Mujer Trabajadora, las representantes femeninas del pueblo soberano (incluida Batasuna en el amplio abanico, autoexcluidas las del PP) harán pública una proclama por la paz “sin partidismos”. El PP la condena. No es noticia.

Qué decir del desabrido señor Sanz, presidente del Reyno (más Murphy en estado puro) de Navarra. Le cabrea que se hagan conciliábulos de entendimiento ninguneándole a él y a su circunscripción. Librémonos de dar cancha a Zaplana, Acebes y demás gurús de la caverna. El heterogéneo “!8/98” sigue su curso de montaña rusa a modo de continuidad de cuando mandaban los de Génova frente por frente del Tribunal para casos especiales. Ello, pese a que las clavijas de la causa han discurrido por innúmeras manos expertas que las han dejado, ay, flojas. Recuerden al capitán Edgard A. Murphy y sus sensores. Este reportaje, otrosí, es reflejo de una realidad ‘fractal’, y puede resultar tan laberíntico y pasado de fecha como los acontecimientos derivados, adheridos. Pero ya no hacemos horóscopos. Zapatero, murphiófilo, ha decretado el Axioma del Talante: “Reforma en cuanto la la naturaleza o composición del Consejo General del Poder Judicial, no; pero sí en cuanto a su funcionamiento”. La múrphica aplicada invade el INEM, los negociados de papeleo, las reuniones de ‘brainstorming’ y los procesos multitudinarios. La lentitud de la Justicia se hizo “proverbial”. Esta Equivalencia Murphínica la denuncian con tan acendrada porfía desde dentro de sus propias instancias que se ha solidificado en indeseada jurisprudencia.

El zigzagueante pleito, que arranca desde la clausura de “EGIN” y “Egin Irratia”, 15 de julio de 1998, responde al corolario de Zymurgy aludido en entradilla. Son ¡ocho! años de instrucción, para que en 2006 se interrumpa hasta cinco veces. Pruebas traspapeladas, mamotretos mal compaginados, clasificación espectral, legajos impertinentes, traductores babélicos e infolios desfoliados han sacado de sus casillas a la propia magistrada Murillo. Es palmaria la imposibilidad mnémica de situar en sus concretos parámetros antropométricos y circunstanciales, más allá de toda duda razonable (como se hace, sin ir más lejos, en Gibraltar) a tamaña pléyade de detenciones. Cada persona encausada acarrea tras de sí diligencias previas específicas, cargos de acusación y casuística heterogéneos, testigos de cargo y de descargo de diversas áreas, todo ello comprimido en enormes cartonajes y tochos desmadejados. Pero se enrocan, sus señorías. Abierta la lata de lombrices, su capacidad para catalogarlas (“todo es ETA”, Proverbio de Small) fue aumentando en progresión geométrica. Y hasta hoy.

Se ha imaginado que Murphy era un colectivo como Dadá (al cual supera con creces en un mundo que se sobreestima lógico). El mismo Murphy de carne y hueso ignoraba que su jaculatoria iba a sustituir al ‘cadáver exquisito’ de los surrealistas. En todas sus aplicaciones.

El forense no da abasto

Son cuatro empresas y medios de comunicación suprimidos; tres organizaciones proscritas y una Fundación bajo intervención judicial. Casi seis decenas (por ahora) de probaturas por probar. Item más, los incontrolables virus que por ley estacional y orgánica aquejan a una amplia concentración de letrados y presuntos implicados son excesivos para un solo forense, al parecer. Atañen al Código Penal. Pero si hay algo que no deseen los auditores, sobre todo la fiscalía, es volver a empezar ‘da capo’ este confuso y extenuante procedimiento digno de Stanislaw Lem y fruto del Principio de la Ventanilla: “La burocracia deteriora la información en sentido ascendente”. Iñigo Elkoro, encausado, de baja absoluta, permanece en una clínica donostiarra donde se le intervino de una dolencia intestinal grave. Juzguen, con la venia. Su defensora, Jone Goirizelaia, se lo comunica a la jueza y ésta replica: “Pero si ya declaró, y usted no le preguntó nada”. La letrada recuerda a su señoría que José Luis Elkoro e Iñigo Elkoro son padre e hijo. “Ah, pero ¿es que hay dos?”, concluye la presidenta del Excmo. Tribunal. Ahora, pese a que hay tuercas mal sujetas, la Justicia tiene prisa. Ha acelerado el ojo clínico del médico forense. Las defensas apelan a la catástrofe que supondría un recurso de casación; o sea, si deciden elevar la sentencia al Supremo para que anule el megajuicio por quebrantamiento de normas. Entre otras, decidir que el citado Iñigo Elkoro, recién salido del quirófano, y cuya recuperación se prevé prolongada, lo bastante como para anular la vista oral y volver a los prolegómenos acogiéndose al Artículo 746 de Enjuiciamiento Criminal, sea juzgado en solitario aparte. Lo cual, afirman los juristas, le coloca en manifiesta indefensión. Ese apartado o título 746 dictamina que el proceso se suspenda por enfermedad verificable y prolongada de jueces, letrados, fiscales o presuntos implicados.

Se obtuvo así martillazo dilatorio, otro más, al “18/98”, hasta el 20 de febrero para que se recuperen varios pacientes. El forense adjunto a la Sala había minimizado algunas afecciones. Estudian, pues, los defensores, tomar medidas al respecto, ya que sus altas han permitido que varios inculpados enfermos compareciesen ante el Tribunal. Uno de ellos, Mikel Egibar, el 14 de febrero, con 40 de fiebre y vértigo. Su infección pulmonar y riesgo de neumonía alarman, y fueron decisivas para el aplazamiento. Una semana. Máxima Enmendada de Larra: “Vuelva usted pasado mañana”.

Las costas del “18/98 +…”

Una pandemia psicosomática imparable afecta a procesados, allegados y trabajadores en excedencia (los que no han perdido el currelo ‘sine die’ o constan en listas negras desde la fecha que da nombre al Macroproceso). El agobio dinerario es uno de los factores más desencadenantes. Para hacer frente a las costas, según fuentes directamente afectadas, cada enjuiciado precisa, al mes, una suma media de 7.600 euros por gastos y/o falta de ingresos. Los 56 procesados en libertad provisional (otros tres siguen entre rejas) deben trasladarse a Madrid semanalmente, cuando el proceso funciona, de lunes a miércoles. En bloque, transporte, alojamiento, alimentación y abono de créditos les sale por 44.800 euros mensuales. Los gastos jurídicos, minutas, y dietas por desplazamiento de letrados y testigos, todo a cargo de los inculpados, ascienden también al mes a 275.000 euros. Por absentismo laboral, 96.000 euros más se añaden a la factura. Las fianzas e intereses acumulan otros 7.600. Astronómico. El fin de semana pasado en los pueblos se distribuían bonos de apoyo de 20 euros, y se ha encartelado una cuenta corriente donde ingresar aportaciones voluntarias o solidarias.

Parábolas murphidinámicas

Segunda Ley de la Sistemántica:“Un sistema complejo diseñado partiendo de cero no funciona nunca y no se puede modificar para que funcione. Hay que volver a empezar, partiendo de un sistema sencillo que funcione”. El sobreseimiento del “18/98” provocaría un suspiro de distensión en la sala. “A capella”. Naturalmente, Edgard A. Murphy Jr. no inventó el murphismo. Lo resumió. Mucho antes, la parábola merece la pena, ya se había incurrido en irreparables calamidades debidas a un detalle ínfimo que se amplificaba. En 1857 la Atlantic Telegraph Company intentó por vez primera tender un cable telegráfico intercontinental. Tras diversas pruebas fallidas, se le encendió la bombilla a un técnico. De Norteamérica zarparía el “Niágara”, USA, con la mitad del cable; de Inglaterra, el “Agamennon”, con la otra. Las empalmarían en pleno Océano. El cableado de conexión habían sido fabricados por dos compañías distintas, ya se sabe que los ingleses son muy suyos, una en cada país. Al encontrarse ambos buques, se comprobó con angustia que los cables de revestimiento ingleses estaban tejidos hacia la derecha, y los yankis hacia la izquierda. Para acoplarlos, girar una mitad en un sentido deshilachaba la otra. Se chapuceó un segmento mixto. Duró dos semanas, y las señales llegaban sucias. El que quiera comprender, que comprenda.

Esta crónica ha recurrido varias veces al Murphismo de Arthur Bloch, pero le ha alternado con otros muchos epónimos, así que se considera incluida en la Ley de Felson: “Robar ideas a una persona es plagio; a varias, investigación”. ¿Fin?

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jueves, febrero 09, 2006

Neutrones para la salud en Euskadi

Mediante espalación
Por Rafael Castellano (APGE) Es propiedad-Rights reserved

Un pacto presupuestario entre CAV y PSOE urdido en 2006 y que de nuevo emerge como noticia positiva en territorio convulso propiciará, fuera de politiqueos que enajenan el progreso, la tan necesaria investigación en el Estado español y el País Vasco, cuyo déficit en patentes y energía resulta endémico. Cerca de Bilbao, un Gran Laboratorio acogerá cerebros altamente capacitados en oncología menos agresiva y farmacología de diseño contra la osteoporosis o la artritis. Polivalente, indagará arqueología o meteorología, pasando por fuselajes aeronáuticos, turbinas, baterías, lubricantes y cerámica de automoción. También, dentífricos, cosméticos o gastronomía baja en grasas. La clave, un SNS, fuente de espalación de neutrones.

Ya saben por qué ese pijama comprado en un bazar chino, urgencia de viaje, lanza relámpagos en la obscuridad. Las fuentes de espalación de neutrones se utilizan en industria textil. Grandes Superficies de Experimentación ajenas a la CE funcionan ya en Shangai, China; en Rusia; en Japón tres, y pronto otra en Tokai; en Canadá y Australia. En EUA el plan del Departamento de Energía “Spallation Neutron Source” (SNS) coordina desde 1997 seis Plantas de Investigación: Argonne, Brookhaven, el “Jefferson”, el “Lawrence Berkeley”, Los Álamos y Oak Ridge (Tennessee).

Si le gustan los tebeos, sírvanos el “Ranxerox”, de Liberatore y Tamburini, como paradigma del amplio abanico de disciplinas miríficas que abarcará el Gran Laboratorio bilbaino. Suponga que en una de sus trapisondas el héroe, medio carnal, medio robótico, queda hecho un guiñapo y aquejado de averías mecánicas, tumores y reuma. La fuente de espalación de neutrones, más abajo descrita, serviría para sanar, o al menos aliviar, sus percances clínicos y termodinámicos y dotarle de implantes de gran capacidad locomotriz. Sometido a dieta, conservaría su musculatura un suculento régimen bajo en grasas. Incluso yogures de sabor y textura gratos. En los múltiples departamentos del Centro de Experimentación bilbaino, oncólogos, traumatólogos, químicos, ingenieros y cibernetas ejercerán su sapiencia, si se diera el caso, para someter a tratamiento al simpático y ficticio homínido del futuro, tan plagiado por Robocops y otras superhazañas fílmicas.

Tello, Albisu, Goiriena y Legarda

Yendo a lo que nos ocupa, el Centro de Experimentación sito en Bizkaia pasará al rango teórico del tercero de Europa. Los dos de mayor entidad son el ILL de Grenoble y el ISIS de Oxford. El SINQ se halla en Suiza. En Alemania, el BENSC. Ay del tradicional ‘tweed’ y de los tabardos escoceses si confeccionan moda sintética. No ha perdido el tren, ya verán, como se ha temido equivocada o maliciosamente, el gabinete Ibarretxe. Radicaba el riesgo en que otras comunidades autónomas hiciesen suyo el intento, anticipándose a la CAV. Añadido al Sincrotrón de Catalunya y al telescopio de Canarias, un Gran Centro Multiuso extinguía el canon de superficies de alta tecnología en la Piel de Toro (y aledaños).

El bosquejo, fruto del magín del físico de la UPV, Manuel Tello, allá por el milenarista 2000, entusiasmó a Francisco Albisu, de SENER, ‘holding’ que interviene, entre otras colaboraciones cósmicas, en la Estación Espacial Internacional y la sonda “Rosetta”; a Juan José Goiriena, de la Facultad de Medicina, y a Fernando Legarda, de la Escuela de Ingenieros. El informe del intrépido cuarteto , 2002, convenció a Sabin Arana, juntero y Diputado de Empleo de Bizkaia. La alternancia PP/PSOE tras los comicios de 2004 no detuvo el interés inicial del Ministerio de Educación y Ciencia por el Macrolaboratorio vasco. En febrero de 2005, durante un mítin celebrado en Portugalete, así lo reafirmó la depositaria de la cartera, María Jesús Sansegundo. Los impulsores de la iniciativa culminaron un definitivo expediente X hará pronto un año, con beca SAIOTEK, proyectos universitarios en colaboración con Empresas, del Departamento de Industria de la CAV. Aprobado ‘cum laude’.

El coste de la Gran Planta de Neutrones Espalados de Euskadi se calcula en 300 millones de euros. Se desglosan, cuando la rúbrica mutua sea irrevocable, en plazos plurianuales a partir de 2007. Serán 6 millones durante la edificación. Concluida ésta, el instrumental e infraestructuras sale por otros 16. Adecuar a la plantilla, unos 50 científicos muy cualificados y otros tantos técnicos que pondrían a trabajar en el Laboratorio, simultáneamente, cuando acudan interinos, hasta 200 investigadores, y sumando la nómina de administración, agrega 4 millones más durante 8 años.

Ibarretxe, cara de póker

En Gasteiz, periodo incierto, el Ejecutivo vasco ponía cara de póker y jugaba sin balón. Regateaba el cupo compartido del proyecto. Había que presionar las clavijas financieras del Gobierno Central en la aprobación de Presupuestos Generales y de la CAV, con el argumento de peso de las compensaciones para perjuicios del “Prestige” y aumento de efectivos de la Ertzantza, antes de sentar las bases del consorcio. En octubre pasado, el Gobierno se comprometió a sufragarlo al 50%, Estado-CAV, a través del Centro de Investigaciones Energéticas y Tecnológicas (CIEMAT), organismo apendicular que ha anticipado ya las primeras partidas. Medio millón de euros adjudican los aludidos Presupuestos Generales al iniciar la obra. El sorpresivo sí, a la primera, de Patxi López a las Cuentas de Euskadi no anda lejos del tema. Tampoco, el semáforo verde para la “Y vasca”, TAV que echa andar con la venia de Zapatero y que nos costará 4.000 millones de euros. Compárese.

Queda así prevista para inicios de este veloz 2006 la firma para inaugurar el Gran Laboratorio, 9.000 metros cuadrados de superficie (15 campos de fútbol), hacia 2012. No hay, salvo imponderables, vuelta atrás para el Secretario General de Política Científica y Tecnológica, también dependiente de Educación, Salvador Barberá. Si cumple a su vez el Ejecutivo de la CAV, sus arcas, 7.600 millones, destinarán cantidades preferentes a gasto social. Agréguese lo que finiquite el CIEMAT en otro depósito-hucha para “instalaciones singulares”. Se auguran otrosí aportaciones de la CE, ya que estas Bases de Experimentación convocan equipos de todo el orbe. Para ello, el emplazamiento exige accesibilidad desde el aeropuerto de Loiu. El Polígono Industrial de Boroa, contiguo a otros terrenos propiedad de la Diputación de Bizkaia, y otra parcela de 60.000 metros cuadrados en Amorebieta-Etxano, suenan como idóneos, entre otras alternativas en la Margen Izquierda, como el solar, también de 60.000, que ha ofertado Barakaldo, sede del BEC, para la primera piedra y el tijeretazo a la cinta.

Amortizarían el Centro, una vez activo, prestaciones a Sanidad pública y privada, másteres para Empresas particulares, exportaciones de radioisótopos, analítica para otros laboratorios y, ya puestos, algo fundamental en el Estado español, que despilfarra en patentes extranjeras por falta de ideas propias o a causa de meninges fugadas, como la trampa para osos del lote de aviones para Venezuela evidenció: ‘royalties’ por inventiva, avances clínicos y de ingeniería tecnológica. También, energía limpia.

Torio odontológico para Hitler

Los beneficios de los neutrones espalados van desde una óptima observación y diagnóstico en tejidos humanos con dolencias cancerosas, artritis u osteoporosis, hasta la elaboración de tecnología-punta industrial, ‘hardware’, accesorios, carrocerías, cálculo de tensiones (hélices eólicas) y maquinaria motriz, electrodinámica o aviónica. Su finalidad resulta en átomos para la paz, ensoñados por filósofos, físicos y sociólogos como Bertrand Russell, que glosó ilusionado la tesis cuántica en su “Análisis de la Materia”, 1927 (recomendamos su lectura) o el mismísimo Einstein. Se atribuye a éste, huido de la Alemania nazi y con cátedra en Princeton (EUA) una carta dirigida al Presidente Roosevelt, movido por su rechazo a que la reacción en cadena sirviese para fines bélicos. En ella informaba de que ingenios alemanes y austriacos estaban a punto de lograr la bomba atómica para el III Reich.

Tomó buena nota, la Casa Blanca. Truman experimenta la bomba nuclear en Álamo Gordo, New Mexico, el 16 de julio de 1945 para, acto seguido, 6 de agosto, lanzar dos sobre Japón y, más tarde, Guerra Fría –término ideado por el periodista Walter Lippmann– crear un contexto global diplomático de si me la tiras te la tiro. Ello movió al UK y a Francia, entre otros países, a dotarse de panoplia atómica para la disuasión. Las pesquisas de destacados agentes secretos, Fuchs, Nunn May, y Pontecorvo entre otros, reventó el monopolio nuclear estadounidense. Dio lugar este pueril fisgoneo mutuo de las superpotencias al fértil género de espionaje, el Smiley de Le Carré, los superagentes y la parodia : la “TIA” de Ibáñez. Se vivía, leía y visualizaba una épica catastrofista de teléfonos rojos y botones activados por presidentes paranas o aviadores con el siroco. Merece pues, la historia del átomo como arma de exterminio, o de ventajas sociológicas, un ameno flashback.

Se apuntó en entradilla que la espalación controla aditivos para dentífricos. Verán. Desde 1944, los mandos y comandos USA no sólo cazan sádicos de la Gestapo o responsables del Holocausto para juzgarles en Nüremberg. Capturan científicos que en sus búnkeres elaboraban V-2 y, entre ellos, un cohete-cigüeña que, atravesando el Atlántico, llegaría hasta Nueva York con una ojiva nuclear. Hansen, genio físico, huye del París liberado en agosto de 1944 con un alijo de torio, substancia básica en la receta de las bombas atómicas. Lo pillan en noviembre, en Bélgica. Cunde el desconcierto: el torio de Hansen se destinaba, al consumarse la victoria de Hitler, para elaborar pasta de dientes. Concuerda.

“Operación Overcast”: caza de cerebros

Al Gobierno de postguerra EUA no le interesa ahorcar genios alemanes y concibe la Operación “Overcast”, caza de cerebros cuyas armas secretas estuvieron a punto de darle un vuelco a la historia desde los Grandes Laboratorios secretos de Hechingen, Selva Negra, donde ya tenían muy avanzados los misiles del porvenir. En cuanto a la bomba atómica, el escepticismo del propio Führer impidió su concreción. Mantenía, además, a los técnicos en células aisladas. Circunstancias que frenaron el proyectil. Pero la redada repescó al sabio atómico Weiszächer, artífice de notas muy resolutivas acerca de la bomba nuclear halladas en Estrasburgo. En abril de 1945, echan el guante a Heisenberg, especialista en fisión; a Groth, estudioso de la centrifugación atómica y a Otto Hahn, superdotado que desde antes de la guerra logró aislar tres cuerpos simples, radiotorio, mesotorio y protactinio, de propiedades fundamentales para la apocalíptica bomba-hongo.

Sigue la racha, y los yankis de “Overcast” arrebatan a los franceses en Reutte, Baviera, a Wernher Von Braun, futuro director de la NASA y padre de los V-2 que se fabricaban en minas reconvertidas de Nordhausen, Sajonia. “Overcast” no para: atrapa a Zobel, creativo del avión a reacción, y a Ryschkewitch, que ya había penetrado en los secretos, todo encaja, de la cerámica superconductora: uno de los objetivos hoy (también la aviónica) del Macrolaboratorio de Bizkaia.

¿La URSS? Hizo otro tanto. Había convencido a los atomistas G. Hertz, Von Ardenne y Thiessen. La oportunidad de salir del caos, de ser amnistiados, alojados, alimentados y provistos de sus dosis de tabaco, qué tiempos, mientras el alemán común desfallecía de inanición, sedujo a ¡5.000! ingenieros como Helmut Gröttrupp, Hans Kuhl, inventor del sistema de autoguía del V2 o Schiehorn, experto en homogeneización de aluminios, otra asignatura industrial que se aplicará (con neutrones) en Bizkaia. En otoño de 1945, los soviéticos agasajan a sus 5.000 sabihondos seducidos. Es la Guerra Fría total.

Lord Russell, frustrado tras vetársele como enseñante de Filosofía en Nueva York en 1940 (o viceversa, fue Nueva York quien le perdió a él) por el contradictorio puritanismo yanqui, o por intrigas en las sombras de Washington, arriesgó ir a la cárcel al condenar y promover actos pacifistas, junto con J.P. Sartre, contra el armamentismo nuclear U.K y francés.

El ‘macguffin’ de Hitchcock

¿Qué contenía ese microfilme, cráneo de sabio loco fugitivo o texto críptico en un papel de fumar al que Alfred Hitchcock denominó ‘Mac Guffin’? Su naturaleza era superflua para el argumento suspensivo. Era preciso recuperarlo, indagarlo, camuflarlo o transmitirlo por radiotelégrafo sin que la Contrainteligencia, al loro, lo interfiriese. Se trataba, sépanlo, de la espalación de neutrones, arcano que se codiciaba con fines, a qué negarlo, militares. Entre las décadas 1940-50 se la escrutó en vano, ya que el neutrón disperso por aceleración de partículas necesita de procesos inaccesibles para aquel ayer. Mucho chota o Mata Hari se dejó la piel, y no cómodamente, en el inútil empeño. La mítica bomba de neutrones de los 1960 que, leyenda, reduce al máximo las “víctimas colaterales”, como si un cadáver fuese un dígito, también ahorraba en kilotones y bajas propias.

Reitera Hermes Trismegisto en su “Tabla Esmeralda” que “lo que está en lo bajo equivale a lo que está en lo alto”. La espalación de neutrones avanzada se efectúa por púlsares artificiales asimilables a los que, en astrofísica, difunde una estrella al estallar y convertirse en supernova. La vida del neutrón, sutil, lentificado, explica cómo un sistema estelar crea sus sosias en microcosmos: átomos. En niveles infinitesimales, sirve para elaboración de estructuras matéricas hasta ahora desconocidas, y da la razón a Hermes y sus quintaesencias.

Un proyector lineal de cobre dispara contra una diana de mercurio un haz de partículas aceleradas de intensidad que va desde 2,5 megaelectronvoltios (MeV) hasta 1 gigaelectronvoltio (GeV). Se congela a través de celosías en cavidades magnéticas del superconductivo metal niobio, impenetrable, a temperatura de helio líquido (2K). En el depósito acumulador, el haz se lija hasta disminuir su flujo/energía/velocidad 1000 veces. Un sistema-sacapuntas libera a los iones (H-) de sus electrones parásitos y los convierte en protones (H+). Ya encarrilados en ramilletes de 1.200 dosis, se eyectan a modo de pulso o púlsar microcósmico, 1 millonésima de segundo, a razón de 60 por segundo, y ametrallan el blanco de mercurio puro, del que rebotan espalados. Se impuso el mercurio al tantalio o el tungsteno por su alto número atómico y la consiguiente abundancia en neutrones. Asimismo por su condición líquida a temperatura ambiental, y porque resiste el choque de 1 GeV. El haz procesado discierne, inteligente, otros tipos de nucleón: los protones y neutrones. A más baja intensidad, la que en la Guerra Fría se espiaba en balde, se “ciega” y sólo ve el blanco en su conjunto. Con otra excesiva, se pasa seis pueblos y la rodean diminutos y mudos quarks. Bien. Al chocar de forma controlada nucleón contra nucleón, como bolas de billar americano tridimensional, valga el símil, el núcleo se excita. Se sosiega largando lastre en forma de neutrones de muy baja energía, algunos MeV. Estos nucleones dispersos contienen aún, empero, potencia para espalar a su vez, de carambola o rebote, otros núcleos circundantes.

Los secretos de la vida humana

Los neutrones se mueven espontáneamente en espaciotiempo y, así, constituyen la pista más diáfana para observar cómo actúan en relatividad las macromoléculas y sus subunidades. Tras lentificarlos, son excelente materia prima para examen e identificación de polímeros y proteínas que se visualizan mediante espectrómetros. El método de “tiempo de vuelo” del rayo neutronal (unos 18 haces) desde el cañón de cobre a la diana de mercurio, clasifica innúmeros puntos-dato en cada pulso de neutrón.

En lo que más acucia, la salud o su recuperación mediante el dominio de los secretos de la vida humana para sanarla cuando decae, enferma o envejece, la espalación faculta, con neutrones fríos y letárgicos, la observación científica de las proteínas. Éstas, como enzimas, catalizan el equilibrio de la célula. Como hormonas, regulan y controlan el crecimiento humano y la función orgánica. Las proteínas protegen de la infección. Pero en su forma mutante, como virus, ayudan al surgimiento del cáncer o el sida. Una proteína es una cadena de aminoácidos sintetizada por el gene que la conduce. En el Proyecto de Genoma Humano, el SNC, en castellano FEN, en euskara NEI, determina el DNA, ácido desoxirribonucleico, mediante heliografía de las bases químicas de los aproximadamente 100.000 genes que codifican las 100.000 enzimas, hormonas y proteínas estructurales de nuestra vida viva.

Los neutrones dispersados focalizan con alta definición clichés, incluso vídeos de átomos de hidrógeno, carbono, oxígeno, nitrógeno y fósforo. La estructura específica de las macromoléculas dañinas, visualizada, facilita la diagnosis de su morbilidad en niveles atómicos. Esas macromoléculas son fundamentales en industria farmacológica. Para elaborar un medicamento capaz de bloquear una proteína indeseada, resulta esencial conocer la estructura de ésta. El SNS/FEN/NEI será de suma utilidad a la hora de estudiar cómo un fármaco paraliza la función de la enzima peligrosa. Un substrato deuterado calcula su potencialidad al vincularse y bloquear la actividad enzimática perjudicial. Ello planificará terapias más eficaces. La radioterapia de espalación de neutrones, destinada al Gran Laboratorio vizcaino, localiza con exactitud y puntería el área damnificada del tumor y evita alcanzar los tejidos sanos próximos. Paralelamente, en una población mayormente obesa (la que come) y que rinde culto al cuerpo, la espalación revelará ingredientes nutritivos menos dañinos y sin perversión sápida en gastronomía saludable, cosméticos antivejez y demás productos-milagro. En EUA, devotos, prefieren el término de productos-maravilla.

Los algoritmos computerizados crearán a largo plazo bases de datos exhaustivos de neutrones y rayos X que predigan el inminente plegamiento y degeneración de una proteína. En cuanto a osteoporosis, el neutrón dispersado traza el espectro de cómo se mineralizan los huesos durante el desarrollo, cómo degeneran en dicha dolencia y ello encauza los remedios pertinentes; y útiles, por lo mismo, en artritis y odontología.

Guerra por la paz

Somos incorregibles. Si no se erige a tiempo la madre de todos los Macrolaboratorios de Europa, la ESS (“European Spallation Source”), nos aventajarán yanquis y nipones. ¡Alarma roja! La CE no subirá al podium neutrónico interplanetario. En EUA van en tromba. Aducen, es obsesivo, la “inminente” consunción de recursos energéticos. Los reactores convencionales producen rechazo social. Se acaba el petróleo, se agotarán los depósitos kurdos de Iraq, otra guerra estúpida. Iniciado el plan SNS en 1996 durante el mandato Bill Clinton , cuyo programa también incluía problemática social, y tras una serie de convenciones, ferias de muestras y charlas, delegaciones de ‘hombres medicina’, físicos expertos, pero limitados por las ecuaciones de la época, aconsejaron propulsar sin prisa ni pausa la ciencia de la próxima generación. El SNS (“Spallation Neutron Source”) obtuvo así del Departamento de Energía (DOE) y de los responsables del Congreso un fondo de 1,4 billones de dólares (los billones $ son millones de millones) para su gestión desde 1999 a 2006. Calculen.

Por cierto, su calculadora de bolsillo, o su visa, como otros utensilios micromagnéticos, utilizan neutrones espalados de forma rudimentaria. Al constituir conjuntos estables de átomos y moléculas combinados para reproducir una preexistente estructura, y reproducirla de modo que aumenten sus aplicaciones, esta impredecible bioquímica de neutrones esparcidos deriva, ambivalente, en la creación de moléculas gigantes, macromoléculas en las que distintos átomos se ensamblan en inéditas variaciones e inmensas cantidades, y se materializan en plásticos, fibras textiles, pinturas, planchas homogeneizadas al límite para industria tractora en las que interviene de nuevo el antioxidante niobio; AVEs monocarriles en levitación o lubricantes. En el hiper, champús y detergentes de mayor eficacia, y un amplísimo límite de caducidad de productos en despensa.

Se observará a través del SNS, o FEN, si diferentes moléculas aunadas para, ejemplo, laminación, se atraen o repelen. Así predice el ingeniero la resistencia de una nueva mixtura de materiales tras el uso prolongado o la intemperie. El sapiens sapiens más ágil se ve más que nunca, quieras que no, provisto de prótesis, desde el vehículo al ordenador o el móvil. A más de otros planteamientos preferenciales, como la oncología, el Superlaboratorio de Euskadi se centrará, industrialmente, en la aeronáutica, que últimamente vuela bajo. Abarrota el espacio y pierde su condición de vehículo seguro, puntual y chic. La espalación de neutrones se ha utilizado en EUA para detectar invisibles puntos negros de deterioro precoz o desgaste. Se hizo en un ala de avión de combate. No escarmentamos. Para financiar átomos para la salud y la paz, se siguen suministrando arsenales a países sometidos a subdesarrollo que a su vez producen púlsares de masas humanas fugitivas, esclavizadas y sujetas a hambruna, sida y sarracinas tribales. La Guerra Fría, chispazo del redactor Walter Lippmann, no ha concluido. Sólo ha cambiado el rojo por el negro y por el verde califal.


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