Alias Bécquer


Etiquetas: Oteiza alias Oteitza
kazetaritza, prensa, presse
Nace en Madrid, estudia en el Lycée Français (BEPC por Université de France) y en la RESAD. Actor durante ocho años. Se inicia literariamente en La Codorniz , 1961. Publica como R.Castleman unos 700 relatos para la página Tiemble después de haber reído. Cubre la Crítica de la Vida y Huevos de Codorniz firmando Falete. Trabajó para La Voz de España, Egin, Punto y Hora, Interviú, El País, Argia, Reader's Digest, Radio Vitoria , ETB 1, Cacumen, Liberación, Berriak, Cloc, Lógicamente, Kantil, Pamiela, Euskadi Sioux. Elaboró en comic la serie Gabai y la biografía de Iñigo de Loiola. Sus libros: Cosas, anecdotario de Euskal Herria; Tiemble después de haber reído, Vascos heréticos, Sutondoan, La Viuda, Los Anafroditas, Misterio de Vizcaya, Guía de Madrid para vascos, La cocina romántica, Beorlegui pinta el tiempo, Los vascos también ríen, Euskaldun heretikoak, magia eta sorginak. Sus guiones de cine: Mar Adentro, Bandera Negra, Eskorpion. Actualmente envía ensayos al ciberperiódico Rebelión y mantiene las weblog Maverick Ink Press y El Flexo. Distinciones : “La Codorniz de Plata” y "Legión de Humor" _____


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"Oye, Tomás, he visto en un escaparate una colección tuya de fundiciones". "Imposible, hace mucho que no hay nada mío en tiendas, aunque yo sigo trabajando, eh". Lo enfatiza porque es su cumpleaños: ochenta. "Pero el estilo, las traineras, las sokatiras, los mariñeles, la pátina semioxidada, de siderurgia"... Alguien tercia: "Serán del hermano de Oteiza, Antonio, el fraile, que se ha puesto a hacer cosas parecidas". "¿El misionero?" "Ése". A Murua, ya diablo sin redoma, se le da una higa que le salgan discípulos tardíos. Sabe que las habilidades propias residen en un ADN ganado a pulso e imposible de clonar.
Una de aquellas tardes, corría el 1981 y nos iban a fusilar a todos, Murua vino dispuesto a la crítica. A la talla y detalle de las situaciones por las que atravesaban (y atraviesan aún) el arte vasco y su escalafón. La postura de Tomás al respecto es, la conserva, tan dura como honesta. Él no le quita valor a los apóstoles, a los consagrados, firmas de todos conocidas, “por algo están allí”. Pero pide, exige sitio para todos.
“Se diría que te duele no estar en el hit-parade de los divinos”, le aguijoneo. “¡No es eso, no es eso! No se trata de que los de siempre sean malos artistas, es que no son los únicos. Mira, hace unos años vino una comisión de alemanes a visitar las Cajas de Ahorros y les hicieron a los delegados de éstas una pregunta que les dejó de hielo: '¿Dónde tienen ustedes el Museo de Arte?' Te puedes imaginar el silencio, el corte. A raíz de aquello se encargaron unas obras a esas firmas destacadas, a las
que sonaban, y se dio por zanjado el asunto. Tú me preguntarás”, le gusta la retórica contra el maniqueo, "de qué criterios se valieron para pedir obra a unos artistas y no a otros. Pues bien, hubiera bastado con una consulta a todas esas personas que en los periódicos y la radio se dedican al comentario de exposiciones”. Y yo: “Esos nombres inevitables, si te fijas, parecen ser los de quienes visitaron el extranjero, que se nutrieron allende montes y mares para aplicar lo allá asumido a lo de acá”. Él: “Tienes razón; pero depende a qué extranjero se vaya. Hace seis años, por ejemplo, fuimos a Yugoslavia. Allí, todos los escultores que fuimos, te hablo de Eslovenia, en el Norte, teníamos que realizar una obra que era para ellos, para el Estado; pero eso sí, a cambio lo tenías todo gratis, la estancia, los alojamientos, los museos. A cambio de que hicieras allí una obra. Pero no creas que aquellas piezas se destinaban al Estado así en abstracto, no: iban a las escuelas, a las plazas públicas”.
Anotemos aquí que, a caballo de los siglos XX y XXI, muchos de los llamados filantrocapitalistas han copiado las iniciativas tardosoviéticas con la particularidad de que lo creado se queda en sucedáneos de Venecia (hay varios) y paradores de lujo por todo el mapamundi dispersos. Allá van a parar, a cambio de ver mundo bien mantenidos y hospedados, estetas veteranos y emergentes a la par. “Y ¿cuánto tiempo pasasteis?” Murua: “Estuvimos dieciséis días. Suficientes para ejecutar una pieza de buen tamaño”. “Y ¿os dio tiempo para ver algo?”. “No, pero en otra ocasión si que pudimos recorrer sitios. De todas formas no había que precisar mucho porque se trataba, ya dije, de piezas grandes, la mía de dos metros y medio y de tipo mural en mesorrelieve . Sin demasiados pormenores, pero bastante más elaborada que las de los otros. Así que fue a parar al Museo, y me llamaron por tercera vez y entonces sí pudimos curiosear más cosas.
Relata: "Entre nosotros se encontraba un escultor negro, cubano, genial: Luis Frometa. Una vez se nos hizo de noche, andábamos un poco perdidos. A Frometa le entró el miedo porque estábamos cerca de la frontera de Hungría y él, por lo visto, estaba controlado, no podía salirse de unos límites y un horario: condiciones de su Gobierno”. “Cuéntanos la impresión de aquel vistazo”. Tomás, vehemente: “¡Luego hablan de los países socialistas! Como aquí”, ironiza. "Al oír a algunos parece como si aquí tuviésemos gangas de ayuda. Todos estos años atrás, en que el artista ha estado desvalido, cómo quieres que hubiera ganas de esforzarse, de trabajar, de investigar, de demostrar lo que uno sabe… Y claro, los importantes son los que suenan en Europa, la del Oeste”. Indago: “¿No será que hay demasiada competencia?”. Murua: “No, tampoco es eso. Lo que pasa es que los buenos, digámoslo así, empezando por el gran maestro Oteiza, que yo sigo siendo discípulo de él en el sentido de que sigo aprendiendo de sus escritos, del recuerdo de todas las conversaciones que he tenido con él, quede esto claro; que los buenos, decía, eran el único tema cerrado de todos los que tenían algún cargo allegado al Arte. La lista eterna, que me parece muy bien. Lo malo es esa cerrazón, ese vicio adquirido de mirar a la firma antes que al objeto”. “¿La solución?” Pausa reflexiva. “Es importante en este sentido, y me da cierta rabia decirlo, que hubiese menos dedicación política y mayor empuje a la cultura. Me sale del alma decírtelo: la autenticidad y personalidad de un país está en su cultura. ¿Es que en política vemos algo sano? No. La política no es sana. No tienes más que hojear los periódicos, sólo hablan de personalidades de partidos que se echan los trastos a la cabeza. ¿Qué me dices, que la política nunca ha sido sana? Todo lo que tú quieras; pero es que ahora estamos en un momento en el que cada vez se la ve más nefasta”. “Pues a veces coinciden arte y política: el ‘Guernica’, por ejemplo”. Y Murua se ríe: “Ahí tienes el artepolítica o el politicarte metido en un cajón. Lo que se necesita es fomentar aquí en Euskal Herria un interés para que los hijos del pueblo hicieran arte como el del ‘Guernica’, si quieres. Pero tratando de que no incida en la política, lo cual en el caso del cuadro de Picasso ha llegado a un límite en el cual el interés por él se reparte a un cincuenta por ciento entre estética y asuntos exteriores”. “¿Qué resulta más importante en este asunto? ¿Qué una Consejería ayude con subvenciones a los talleres existentes, o que funde academias?”. Tomás, sin dudarlo: “Escuelas de Arte. Si han proliferado tanto los talleres autocreados ¿por qué ha sido? Por falta de Escuelas. Hablado de eso, tú fíjate en la lección que ha dado nuestro compañero Reinaldo. Qué demostración ha dado en el Museo de San Telmo, en Donostia. ¿Qué ayuda ha tenido? Nada. Nunca. Y ahora es cosa de preguntarse de qué ayudas va a disponer después de este éxito. Está por ver. Muchas promesas. Ahora bien, lo que debería hacerse sería crear lugares de alternativa al chiquiteo y donde la gente pueda ir a instruirse y a cambiar impresiones. Un centro cultural donde el personal pueda formarse, aprender. Civilizarse”.
Ha sido ligón y guaperas, pero ante todo artesano diplomado cuya formación minuciosa, ciencia exacta, tuvo lugar en la Escuela Profesional de los Antonianos. "Después de la Guerra hubo gran necesidad de producir madera y hierro y eso hizo cambiar de trayectoria en Artes y Oficios. Trajeron maquinaria y nuevos profesores. El Arte era menos importante que los Oficios, mandaba la mecánica y los jóvenes pasaban ya directamente a una fábrica o a varias, rotando por años". El fenómeno no sólo afecta a Zarautz, también a Azpeitia, de tradición mueblista pasada al diseño. Saca su título de tallista y decorador de interiores en Santiago de Compostela. En torno a las Escuelas de Artes y Oficios y su derivación a la industria destaca a Iriarte y José Alberdi; a Arzalluz, Urrestarazu, Odriozola, Hilario Epelde. Así, Murua se hizo experto en decoración antes que artista.
Te van a copiar la fórmula, le prevengo. "Pues que lo copien. Ya sé de alguien que lo ha intentado, pero hasta ahora nadie..." Deja colgada la frase, como quien toca madera. El acabado: "Una vez hecha la figura,
al carecer de veta no es elegante; pero yo la termino como si fuese un mueble: patino, lijo, le doy el claroscuro; eso es lo que, generalmente, no se sabe hacer". Son mañas y pócimas propias de la vieja Escuela de Artes y Oficios que en Murua se perpetúan. Es como el saber nadar, que quien aprende ya no puede hundirse salvo si bucea adrede. "Puedes hacer caoba, nogal, cerezo..." El mejunje, pura alquimia, se llama fibradem.
Pasamos al aposento de los cíclopes y terpsícores; titanes y gorgonas. "Ésta es madera-fibra, y ésta, y ésta también". Nadie lo diría. Tactan los dedos los alabeos y sutilezas de la materia viva. Advierte Tomás: "Es un trabajo enorme el acabado, eh, siempre que se quiera hacer así. Y no, no corto árboles, menos mal. Y además en este soporte hay una garantía de lo que es la obra, en la madera de árbol, no. Ahora bien", modula, "si buscas un resultado tirando a rústico mmmm ... o antigüedad, no importa. Se trae una madera grande y, aunque se te vaya partiendo, no pasa nada". El tiempo también pinta, puede: pero no esculpe. Tactan los dedos los alabeos y sutilezas de la materia, y es materia viva. Como la que intentó elaborar Prometeo. Significa el remo, para Murua, etnología heroica. Motor prehistórico nacido con el anzuelo, el hacha, la flecha, la rueda, tal vez el fuego. De madera fue y es el remo. ¿Lo seguirá siendo? Contemplé una de sus series en bronce de remeros. Los inconfundibles regatistas de Tomás ciando, bogando, ciabogando o acarreando el remo al muelle, al hombro, los estrobos en el bíceps. "Ya sólo quedan, fuera de la competición, remeros de chinchorro, los que conducen a la embarcación grande. En Hondarribia los botes éstos son aún de madera". En Mutriku, Ondarroa también. Admite que ya han empezado a hacer incluso traineras de materiales sintéticos: plástico. "La madera DM", explica, "se hace con toda clase de desperdicios de serrería, serrines, virutas".

Otro secreto: "Estuve hace poco con el proveedor de remos para las tripulaciones de trainera de Orio, el que los fabrica, y se me ocurrió decir, vaya maderas más estupendas utilizáis ahora, qué flexibles. Él me dijo, del centro del remo hacia las manos el remo ha de ser durísimo, y del centro hacia el agua tiene que ser como un arco que se domine; y yo a él: ¿qué es mejor, ahora que van apareciendo los plásticos, éstos o los de madera? Y me contestó: todavía, todavía, ¿eh?, los de madera".
De todas sus figurillas populares, el remero es su fetiche. Infancia, la de Murua, frente a la mar: atalayeros, algas, calafates, naufragios, mareas vivas. Cómo no va a ganar Castro, si ahora la juventud no le da al tolete ni a la txanpla, si prefiere el surf de las antípodas. Esa infancia la narra y plasma Tomás en formas no exentas de investigación y de sensualidad, cuando las desnuda tanto que las ahueca en relieves insospechados. "La idea siempre te viene a dar en lo que tú sientes", define. "Incluso cuando estás dedicado a la obra más moderna", abarca unas baldas de abstracción, de expresionismo crudo. Como para sí: "Me gustaría hacer un libro con todo lo que he ido creando, de todos los estilos. ¡Un libro sin final, eh! El problema es que las fotos que conservo son de difícil reproducción y, para hacer nuevas diapos o digitalizarlas no tengo las esculturas que se han ido vendiendo por ahí; no, no guardo una lista de compradores. Vete a saber dónde pararán". Reconoce haber vendido mucho. "He tenido suerte con esto de la escultura, formatos grandes, de serie, bronces..." Una clientela muy suya, muy particular: indianos, vascoamericanos. USA, Colombia, Argentina. "Siempre que quepan en el avión, que ponen muchas pegas". Alemania, Venezuela, Francia, esconden asimismo muruas de anteayer. No se concebiría un Murua jubilado. Es persona dinámica y forzuda, bajo lo que queda de su tupé de 'hillibilly' maduro. Tenía, aquella mañana de 1996, las ágiles manos a la obra en su mariñel de novela o, al menos, de copla. No cupo en el espigón, para el que se solicitaban cinco esculturas. Los certámenes son lo que son. Los jurados, inescrutables. Curioso, que el joven Tomás comenzara de mooriano en el 'encuentring', para Oteiza 'encontring'. Recogía raíces y troncos muertos que el oleaje deposita en la playa tras un temporal. Les aplicaba "dos o tres golpes de gubia bien dados y una mano de barniz escogido" y los resucitaba. Su primera exposición tuvo lugar "en los bajos del Ayuntamiento de San Sebastián y la intituló: "Raíces y piedras". Y expuso eso, piedras y raíces algo maquilladas. "Cogí algunas también en el monte, donde hay más diversidad de formas". El crítico oficial del vespertino donostiarra "Unidad", que firmaba "Arramele", escribió por entonces: "Este joven escultor, Murua, ve formas donde no las hay". Que es, en suma, de lo que se trata. Algo tenía que decir ante una muestra que, en un Donostia austriaco, borbónico, chocolatero, rococó y finolis, constituía una actitud 'beat'. Pasó luego el performancista novel a hacer folklore primígeno y motivos populares -- no populistas -- de antropológica rudeza. Ello, una vez cumplido el bachiller de informal. Quien por esos mundos vagabundee hallará, téngalo por seguro, obra de Murua. Un Murua que ostenta el título francmasónico de Maestro Tallista del Arte de la Madera, Diplomado en Dibujo Artístico y Diplomado de Honor por Santiago de Compostela. Guardan piezas de su firma en el Museo de Lujbljana (Eslovenia), en el Diocesano de Donostia, en el ábside de la iglesia zarautzarra de San Pelayo (es imaginero tremendista): en la Diputación guipuzcoana, en el Banco de Navarra. En Ultramar, ya se dijo, permanece disperso. "Ahora trabajo por amor al arte. Y me dicen los hijos, sigue esculpiendo, sigue; ya adivinarás por dónde van..." Y guiña el ojo.

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Pintar sobre el propio aliento 

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Potxo Onandia's Bilbao Before Guggenheim cityscapes (1992)
Potxo Onandia's Bilbao Before Guggenheim Cityscape 2 (1993)
Plenairist Potxo Onandia was exhibiting in 1996 his recent landscapes at Kreisler Gallery, Madrid. Most of them painted in his home's surroundings of Basque wilderness when he didn't travel around the world -- and the clock -- doing his frenetic painting against light. He felt bored that evening waiting for visitors when he suddenly thrilled. Being a tall guy himself, he saw entering the hall a gang of actual giants.<<<<<Among them, not so collosal left wing Biriúkov, a soviet-glasnost adquisition -- 1,98 -- for Real Madrid Basket Club. Soccer crack Butragueño, a.k.a "El Buitre", a conspicuous collectionist, had transmitted his adiction to nearest locker rooms. Biriúkov Aguirregabiria, also a Basque by motherline said: "I like this one, it's Ukraine". Onandia: "No, no, it's Itziar". "Ukraine". "Itziar". "Ukraine, how much?". "Well...OK. Yo win, pal">>>>>>>
He sold all the batch in Madrid, Onandia. Like some years before, 1992-1993, he had sold like hotcakes at Arteta Gallery, Bilbao, all the canvas serial with nowadays ghostly mirages, some of them showed in this entry, of this Biscay city as it used to be before controlated explosions and precocious retirements for the blue dungarees tribes took place. Stablishment had decided the destiny of a Basque Southampton bound to metamorphosize. From bodyworks in heavy metal and shipyards, Bilbao looked up -- a huge majority thinks that down, and still tells the press the contrary -- to gastronomics, art museums, conventions, stem cell and neutron spallation laboratories. Also, Queen Elizabeth's cyclic anchorages and, in a word, tourism. It's the epidemic mall-syndrom of economics and environmentalismania.
Nostalgy has always implemented another industry, between camp, kitsch and the blues. Young Bilbao needs retrospection perhaps just for an indigenous identity lost 15 years ago.Therefore, the trend of jurassic skylines as a window in the wall or a kind of time-machine became cool. Icy. I wrote an essay about that time of him, Potxo Onandia, and now I need to recall it and also tell his fans that I recently met him in the street and that told me that he's still got some of these paintings, forgotten -- by him-- in the garret. Also, pencil drafts about Bilbao-Before-Guggenheim. So let's hurry once again. I said I wrote it, but an old journalist told me once that an interview is a reporting kind where one writes and other takes up the dough. One of those nice and cynical reporters of typesetter's and Leica era, you know.
Back in the dockyards
When I attempt to get Onandia to recount to me his lifetime, as one would tell it when suspended between two floors in a skycrape elevator or in the hall of a strike-bound airport, or as if we were back in Bilbao's smoggy dockyards, this fierce expressionist painter says that he doesn't know how to express himself, when all his canvasses are pure expression, or expressionist impressionism, or whatnot, let's spare him the tags. So Onandia sums up with an "I remember that I coloured my brothers' paintbooks with 'Alpino' pencils". That's a quite nice start.
They still sell them, alpinos, you can see it in shop windows and it's quite true, you can visually breath them as Marshall Mac Luhan himself should accept as an olfative remembrance. It is a very concrete stroke upon which to base his self-fullfilment. All plastic art, no matter how personal can it be, emerges from the simplest root: 'Alpino' pencils, 'Milan' rubbers and 'Guarro' paper are data of a memory laden with trademarks. Just like bread and chocolate, in Basque Country they're not already used to teatime, nor -- it's a question of time -- to junk food or snacks.
Mathematical idiom
Bread and quince jelly skies, that's it. In before-Guggenheim-Bilbao era, a nice, cheap and nutritional humpback. Everybody, I mean, has lived a fairy teenstory and therefore now feels like an adultescent. Melodramatic (Dickens), Sadomasochist (Tom Thumb, Cinderella). The battle in the aftermath of the war. The Civil War, Corea, Vietnam, Afghanistan, Malvines, Irak, Afghanistan, Somalia and so on. Young Onandia coloured untiringly everything he saw in black and white, or gray scale, that fell into his hands.
He would say later, at last: "Painting is light, colour is light. In ancient times perspective and geometry remitted to the absolute, Galileo said that the great world of Nature was written by the mathematical idiom". So did Fibonacci, and don't forget the Golden Number's worshippers. Onandia would occupy a period of his posterior life, in between two escapes to the horizon, painting meticulous geometries. In that still juvenile that is to say embryo painter, art continued to be a process, and if the results are beautiful it doesn't matter at all; that comes given as an addition. Moreover, the work once finished loses interest to the voracious creator; he throws it to the wolf pack of fetichists and inmediately seeks for other paths.
"On thursday afternoons", he says, "there was drawing class and that subject really interested me; I was mesmerized by the older students of the National School of Berango who performed marvels. They were actually merely copies, but it still dazed me". A vocation, as one can see is not a rocket, not a lightning in the way which strikes you down. It is rather the inavoidable need to emulate some overgrown children who to top it all do their opera badly and fraudulently.
Living photocopies
"It is terrible to say, but almost one hundred per cent of what is nowadays painted and sold is made by copying photos rather than from real life", he sights. We live in such a cybernetical life that it's no more that time is gold -- which it indeed is -- but to hurry itself as gold. Blatant copy as done by the fellow students of Potxo, today Onandia, has become legal tender. Exalted artists paint landscapes directly relying on the kodachrom or the photoshop.
However Potxo continues to board his jeep with its box, palette and easel. A road-story and maybe a beatnik attitude, never a pose. The value of his art, consequently, is that its works are artisan and energetic. He knew, he knows how to roam alone and recognise that it's a parody. He will paint this and that always on site but never makes pastiche nor instant, digital photography like portraits, and that's why a friend in common and also a painter, Juan Garro, portraited by him, said to us that "Potxo's portrait's are landscapes". We easily could say the viceversa, also.
Non-decorative art
The gaze of the artist from beneath the skin, the base of all the expressionism and to say expressionism is to say non-decorative art, can only arise from the face to face in two or ten days. Photography, and it's a photograher (also) who now writes, usually stops there in the hide and in the shirt, and for that almost all photoportraits seem to be after a few years like obituary photos you can find in tombstones under the scent of cypresses and sempervivums.
The introverted and telepathical Onandia portraits, otherwise, spring from the very focus that gives light to the eyes. It's the definitive brushstroke of the optical brilliance that so few know how to execute; a brushstroke which in the workshops of the Quattrocento was reserved for the master. The folds could be done by any. Yet, even the Greeks and Romane did them.
Watercolour time
"Then came watercolours", Potxo recollects. "I did many watercolours until I discovered oils". First, so, the box with its wells for indigo, ochre, vermillion, emerald green. Then the ultramarine blue and straight yellow. The combinations. The heady effluves of turpentine and the world as an everghanging casement; so kaleidoscopic that the attempts to ensnare it end up as a mythological race not against the clockworks of time, but rather against the sun, the cosmos, which is less controllable.
In the stimulating, suburban surroundings of Atxuri the neophyte Potxo Onandia attended Arts and Crafts. "I also studied mechanical drawing and descriptve geometry in the School of Quantity Surveyors. They wanted me, at home, to become a Quantity Surveyor because of family tradition in the matter of construction; but I wished to paint, to study Fine Arts. When I announced it to my parents there was a terrible row, it was a catastrophe!" Hereditary predestination uses to fail out, it upsprings a black sheep determined to discover its own pastures-- that is to say the eternal meadows of Euskal Herria, Asturias, Avignon, Segovia; wherever he should decide to halt using his big hunting boot as a brake.
"It's not learned"
Fine Arts was a form of initial selfaffirmation because "there I didn't learn to oilpaint; it's not learned, the truth is that you learn from what you go along observing". Potxo's father, he is not the only one, thought that Art was a profession for bohemians and he was not far out of the concept, only of the word. What really happens is that nobody stops to analyse exactly what is the significance of bohemian , nor of that other stern expression, "to be a man of gain", which to many of us seem so logical and sensible although it emanates from the most primitive social anthropofagy.
Chalk graffittist
That doesn't mean that to study in Quantity Surveyors did nor serve him for anything (although he was not there told that projective geometry is a prophane and arabic form of the sacred). But to enter into Fine Arts in Bilbao, where he finally enroled as the familiar storm abated, already constituted a desired trajectory ad a badge of identity.
It did'nt lead to anywhere, because universitarism and its following titulations, diploms and masters fulfills are no more than an admitted mixtification. Or alleatory beatification. Or a social standing. But as we have yet stated Onandia doesn't give a damn about the definite results of things. He is only keen on the creative art. The finished work nearly always has the sore pleasure of postcoitum. "When I enrolled in Fine Arts I felt the restlessness inside me but I didn't know where to direct it. In Quantity Surveyors some fellows told me... I also carried a copy book to class, full of drawings, and while we waited for the arrival of the teacher I used to fill the blackboard with drawings". Those coloured chalks were also a temptation for an Art hiperactivist.
Grafitti, also, we could say. The teachers inmediately took up note of that future Buonarotti who illustrated the common Sistine Chapel of a school for future building contractors and real state brokers. And as they ha plenty of common sense they openly said to him: "Why don't you enrole in Fine Arts?" Those were the days when the academies treated 18 years old youngsters formally. Onandia, the blackboard painter, soon changed rooms and his destiny.
Chakrasaramvaramandalas
"Except when I paint geometric figures those geometric drawings weren't of great use to me, I make my settings in a systematic manner". They don't suit. Those petty details remain for cave paintings like Leonardo's. "When I pass by a place and its images cause an impact on me, then I know what I'm going to paint. Sometimes I restraint myself, but it is something instintive and I'm more and more unattached to conventions. What I try to achieve is a unified balance of colours". He means an instantaneous perfectionism. An oil-done snapshot. Utopia.
The formula, also, rather than the image. Formulas to be drawn up. "Although, of course", he precises emphatically, "you can't digress from the pattern if you are going to introduce anything representational; still, and above all, comes the colour". His great geometric canvases are not an atonement. Nor a premise.
Although he doesn't try to analyse or stop to meditate about what could originate his drift or favoritism toward those entangled chakrasamvaramandalas in an euclidian version of fleeting symmetries, it seems to be, instead, a somewhat perverse revenge on the school of Quantity Surveyors. "At times when I had spent some days painting them", he explodes, "I had to paint a portrait of the first person who entered my vision land, just to act as a counterwight: I used to get very tense". No art without tension, let's remember.
Cyclope eye
Onandia's landscaping is the contrary. Freedom and aesthetic ease when his daily teaching hours, now he's a High School drawing teacher himself, finish. Teaching can be educative, he believes, and although highly stressed and anxious for a retirement that's not near he continues to believe so. "To leave class and start painting a landscape, that should be fine", he muses.
It is not that the live nature drawings of Onandia are placid or relaxing. Quite the contrary. In them even the rocks move and you find in them a disquieting, planetary absence of human beings on the settings. He places portraits out of the socalled ecologic milieu of the individual (anthropocentrism) and removes him, or her, from the Nature. Lost paradises.
Spectator imagines a cyclope eye, that of the author, covering all nuances for him alone. To communicate -- without devaluing it -- this enormous loneliness of nature as a momentary possession (ownership would exterminate magics: ownership is akin to marriage in the Garden of Eden) acquires betraying dimensions.
Great open spaces
"Of course, I idealize", he confesses without false outrage. "I idealize the landscape, and the cityscape, although in recent times I have a fixed idea: to paint parking lots. This will be done", it's his obsession, his mythological war against clepsydra until he gets 48 hours days, "when I have more free time". Onandia says that the teaching of high level technical drawing has given him liberty. He explains that it permits him to remain as a painter and relieves him of being the misunderstood bohemian to which his father was reffering.
He yearns, whatsoever, for the other out-of-cliché bohemian, the one that has no need for a lectureship to live on air soaked with turpentine. He symbolically states: "What most appeals for my imagination is the vegetation and great open spaces. I went to Castille searching for yellow colours".
Colour jamsession
As it was to be expected from the hyperactive, vigorous artist emerging like a firework display from the egg, conventional colours fell short for him. There is a base yellowish, and another chrome, and another lemon and so on up to the hundred. With green we suffer, in Basque Country, a similar illusion. So it is in Ireland, and "How Greeen Was My Valley" is just a synthetic retrospection of blue, gray, black and amaranth. He defines: "Thy don't sell in paint shops the yellows of Castille in september at six in the evening or thereabouts". Onandia is no realist, but for him reality is interpreted by the painter's eye for colour and it could be said that we all are somewhat daltonic when placed close to those doors of perception.
The artist's retina, then, improvises in-a-jiffy mixes. It's the jamsession of expressionism, the ragtime of postimpressionism, a mechanism born of an incessant search, brushstroke by brushstroke. Then another glance identifies itself where it has never been. But when it revealed where it has really beeen -- like when Moscu born and biscayan by origins basket crack Biriúkov identifies Basque Country, his mother's country, whith Ukraine -- then realism is produced that is not the real aim of Onandia. Although he has nothing against it.
A progressive enthusiasm
Returning to socalled yellow, Onandia admires "those tremendous wheatfields of the road from Valladolid to Segovia". Inborns, by the way, call them when the summer wind gets strong "The Sea of Castille", and you can see actually and down the mountains vegetal wawes. In our painter Potxo, it's an unequivocal feeling, everything constitutes progressive enthusiasm. He was intoxicated with the one-horse towns of France. He penetrated the mystic light of Asturias. He brought back home the Mexican exoticism and gulliverian mural paintings. Each day he receives a new revelation through the very window that awakes him.
He's able to hadle all the routines; he breaks, discovers and dynamizes them. He is sometimes a postbeatnik globetrotter -- "On the Road" -- and also sometimes donjuanish in his temporary settling downs. He eternizes each time and place that present themselves against his windscreen knowing that something is bound to crop up that will place previous pleasures that will put previous pleasures in the shade. And when he is forced to observe a sedentary existence he exercises the hereinbefore referred techniques of imagining that what is daily in permanent revolution.
The painter of landscapes or skylines just because of his function must be as the theatre actor, even radically shakespearian, who never recreates the same character even if he or she has been interpreting it for years and without adding or cutting a word of the original script. I'm not talking about Stanislawski or Bertolt Brecht or Actor's Studio, it's just because he or she who actually varies is the spectator. And if the spectator is always the same -- say the paintbrush-- he or she notices that the same is not identical to itself.
Says Potxo: "In painting, when an element or detail upsets the harmony of the layout, you ignore it, you eliminate it, you don't paint it and you sketch without it. I never go for a very figurative result, tying myself to what is seen; I try to sublimate it a little". Over the ensuing months of the long interwiew -- silence also talks -- he has at times used a key word: "self-restraint". And it was surely a restraint against his own audacity which bit by bit took charge of his creative, perceptive reins. The inhibition dissolved and with it all temptation of moralising and, of course, setting codes.
At present houses are the nearest to human things that this lover of wild nature reproduces in them. Bilbao Before Guggenheim canvases containings, moreover, seem paradoxically human --perhaps because we do perceive robotics behind them, and robots never walk alone --than desertic but inhabitated towns in the mountains or beaches. He couldn't, when he did his plenairism of a feery Bilbao bound to evanesce, obey to his predilect mania: "I don't avoid houses, but I do avoid people. Neither do I paint animals, I made an exception in the Square of Segovia: there are a kiosk and some persons there. But the remainder were walks. The Cathedral from all angles. I went above all looking for the light of Segovia from my base in a village called Zamarramala".
'Isms' and 'ismings'
Those are Onandia's objectives. The light of Segovia in Zamarramala, the changing lights of Bilbao in a process of destruction/constructivism and nothing else. He has never extracted from painting any other type of concession or compensation. When anyone, such as the writer of this essay, has heard so much nonsense about cosmic echoes, social rupturism, methapsychic vibrations, structures of the I-Myself-Project, earthly predestinations and other psychodramatics about ism and isming to which artists and now litterary people are inclined as if asking for permission to walk on earth (which is as much theirs as it it is of a nomad salesman or a pilot of boeings); when one has made an involuntary path into this mixtificated and mystificated cicle of pretexts, texts and contexts, meeting Onandia is like discoveing a kindred spirit.
Art doesn't need to explain itself in further terms than what it transferes, an let's insist in objective vision of spectator: any artist must walk the world with the spectator or the reader in the kit. When we talked, Potxo was not abducted by the trend, the trend came by itself, he hasn't fully noticed it and he hasn't changed.
"Be posthumous, Macbeth"
Precisely for this reason they began looking for him, they put him on show, they transported and transport him from Deba to Madrid, Bilbao, the Americas. "I have never proposed selling my first painting: up till last 1990s I have given the majority as gifts. But now I sarted to sell because obviously the paints, canvases and journeys by car from place to place..." He says it very seriously and nterwewer whishes to stress there is not the least hint of cynicism in these statements.
One has heard to believe. As it is never superfluous to add on a certain emphasis to increment the credibility, and let's listen to the following paradox, another, from the mouth of he that was originally destined to occupy a workpost in construction sector: "When I had to pay for this house I was left penniles. Teaching helped and gave me possibilities up to a point because I had to save from then on every dime and I passed throuh moments of not havingh dough even to buy paints". He points his finger to the garret: "I still have an abstract pinture which I painted with two little brushes and very little paint, one of that brushes having only two or three cadaveric hairs is still in my possession".
The baldness of necessity. A relic, we both hope. The bad examples are those failed eminences that the History of Art -- and Sotheby's -- puts on a pedestal with the impuding purpose of manipulating our sensitiviness. Be posthumous, Macbeth, they say, and thou wilt be rich!" They want us to imitate their penury, vices, crazyness and disastrous lives and deaths. In oblivion that the lives of saints are moreover good for other manners of seeking the absolute. Onandia is, as he himself autodefines, introverted. He likes to reside in the mountains; he is nevertheless no hermit.
Bad examples
An Art Gallery advised him so as "in Art one must make concessions..." It is a mercantilist point of wiew that even we bloggers suffer. And journalists, fiction writers, talk show stars and radio-TV commentariat: "We're short of time, ladies and gentlemen, be laconic!" It happens to Hollywood scripters. So it's up to us to imitate, again, the vangoghs and virginiawolves, the bad examples who died in misery because people who bought culture and puritans didn't understand them, and now are worth a fortune. Their skeletons are tycoons.
Our great challenge, having now a Guggenheim, an Artium, a Kursaal, a Reina Sofia and a joyous number of Intellectual Rewards, consists in that self-restraint to which Onandia stretches. Since Potxo said that he'd make concessions, but lied, and reaffirmated his way of doing what he wanted to do without interferences, he sold, as we already said, all the batch. It's the same that those editors who ask for easy writing "because folks don't read": it's better for the world to insist in your own style than to publish readings for illiterates.
Onandia draw his pictures of a Bilbao bound to radical restructuration because mind, dendrites, instinct or sensibility demanded it. Now, Bilbao Before Guggenheim skylines are trendy the same way as they were when he showed and sold them all at now forever closed "Arteta" Gallery. The boom, 1993, surprised him. Not me. You'd always be surprised when confronted with the afterwards of things you do by your bodymind satisfied exigency.
Baroja, Regoyos, Beorlegui, Oteitza...
The eye of an art broker is never orientative. Some dealers will resent this evidence. To them I can reply that they could never orientate the hirsute Ricardo Baroja, the vitriolic Beorlegui, the indomitable Regoyos, the iracund Van Gogh nor the rebel Oteiza -- a.k.a Oteitza -- because, among other reasons, the fact that all of them are, as living entities, prior to nowadays techniques of marketing and merchandising with intangible assets. They are -- they were -- of high value in their own right and that's precisely because they did no concessions. Nobody can give advice to the images of creativeness, nor to the greek poiésis.
Being authentically eccentric, Onandia still continues awaking to the reality that the matter of paintings, drawings, oil pictures -- his own -- enmeshes with an industry that once upon a time constituted the artisan's, the guild's and the freemason's expression of the Absolute. Then savvy Templar Knights came from the Crusades carrying with them all the architectural knowledge of Palestine muslims and instructed the Masters so to build Cathedrals. In Bilbao San Mamés soccer stadium is still known as "The Cathedral" of football.
If you read today's papers, you'll find in them the protest demostrations of peripherial inhabitants, because Guggenheim, the BEC, the River and all the core of the nowadays city is no more than a stage machinery with its Deus Ex Machina of Art and Intellectual divinities downstairs, while so much suburban infrastructures remain untouched and visibly underdeveloped. "We live in ghettos", those Bilbao's citizens denounce to the not so liked Major, Azkuna (PNV). So you've got now the touroperator's Bilbao, Abandoibarra, and the real Bilbao in margination. Sure, it happens anywhere, and perhaps it's the plug of nostalgies of an Old Bilbao rich in internal idiosincrasies, but without a so strict gap between neighborhoods.
Covetable goods
Time went by and expression in sculpture, paintings, carving, stained glass and all that candid expressionism of the primitive artists on board and panels gradually began to achieve the testimony of its universal moment and by the same way converting itself into covetable goods and legal tender. Onadia muses again: "I didn't realize then, but now I know it, now I'm aware". Anyway, today he' s more flexible, he evolves, but in his home made Daedalus. More proteal in his own tendency of making of his work his own inviolable world.
In a certain manner he is being invited ad incited to denude himself before lascive chimeras such as critics, art brokers, experts, collectors, exhibition (exhibitionism?)commissionaires, investors, museum jetset and sacred alchimists of truth. Not to mention specialised press, what's-cool-and-in tarotists and professional catalogue compilers. He realizes that things cannot be different because in the upshot painting is essentially communication in a world where conversation, communication and oral wisdom is no more vis a vis, but filtered through the media, that is, the mediums of glamour, and where oil-sheiks begin to crave for Art as they did long time ago for yatches and jewels.
In a figurative sense Onandia resides calmly in his own private Francocantabric cavern and now sees and hears people enter the mouth of the grot. One has to be strong for that kind of task. In spite of all the remains untouched, he may become the success-story of the new art which is alien to brands. Perhaps he doesn't know, but his now Bilbao Before Guggenheim paintings are high on middle citizens desire's underground stock changes. Only cattle are branded and Onandia continues still unbrandedand untamed. His pictures are the proof.
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Yacía Mateo Morral, suicida, en la cripta del Buen Suceso. Hay redactor que refiere que "parecía dormido". Al parecer, no se había disparado a la cabeza el arma de pequeño calibre. Como todos los muertos, exhibe un ojo más alto que otro y los labios encogidos. Así lo describe la autopsia del experto Antonio Lecha-Marzo: "el progeneismo, la prominencia de los senos frontales y la desviación de la nariz hacen de él un tipo criminal de Lombroso". Un temible friki, vamos. Interesa el degenerado, fruto de alcoholismo atávico o de la sífilis del Raval. De eso, nada. Procedía de distinguida y acaudalada familia de Sabadell. Eso, quizás, lo explica todo mejor que el dictamen forense.
Ley de Jurisdicciones
Mateo Morral, el día 30 de mayo de 1906, se había subido a los áticos de una casa señorial de la Calle Mayor, número 88, frontera con lo que hoy es "Casa Ciriaco" y a espaldas del San Nicolás mudéjar. El 31 había lanzado una bomba camuflada en un ramo de flores a la carroza que traía de Los Jerónimos a Ena de Battemberg y a Alfonso XIII dispuestos a consumar sus nupcias en Palacio pese a la hemofilia, peligro para la descendencia, ya que se transmite vía materna, latente en la novia.
Después de la carnicería que provocó, Morral halla asilo en la sede de un periódico conflictivo: "El Motín" . Su director, Nakens, le traslada a la periferia: Cuatro Caminos. Sólo dos días después se tropezaría Mateo con el guardia. A éste le infunde sospechas "un joven bien vestido" que deambula por Torrejón. De corbata y chaqueta de buen corte, algo escuchimizado, fino bigote, qué diablos hace en plena estepa manchega. Encuentro fortuito y epílogo a la tragedia. Preguntémonos de nuevo por qué el "guarda jurado" de los primeros cables, después "guardia civil", patrullaba en solitario.
Los novios quedaron ilesos, no así un general, otros jinetes de la guardia y demás participantes en la comitiva. Fueron 28, los muertos, más un centenar de heridos. Las redacciones de periódicos, todas muy próximas, se ponen alerta nada más sentir la onda expansiva. La de "El Globo" entre ellas. Pío Baroja explicaría años después: "... el autor del atentado solía ir a un café de la calle de Alcalá donde nos reuníamos varios escritores. Le solían acompañar un periodista, un empleado del tranvía llamado Ibarra, que luego estuvo preso después del crimen, y un polaco, Dutrem-Semóvitch, viajante o corredor de un producto farmacéutico: la Lecitina Billon". Informado al máximo, e in situ. Aparentemente. El caso Morral acarreaba, y aún acarrea, muchas incógnitas.
Se le escurre a Baroja por ejemplo, que Morral se refugiase en "El Motín". Se le escapa, otrosí, un contexto que atañía de lleno tanto al activista como al periodista. O sea, la Ley de Jurisdicciones impuesta dos meses antes, 23 de marzo de 1906, por la Juntas Generales. Militares, por supuesto. Alfonso XIII anduvo enviando emisarios a los cuarteles asegurando a coroneles y espadines que iba a cortar de raíz las críticas a la milicia y las desastrosas guerras de Ultramar. Acto seguido, reunía a los ministros en pantomima real para asegurar la disciplina en el Ejército, negar el ruido de sables y de báculos y de esta suerte hacer el paripé de monarca parlamentarista. Hay republicano que lo trata de más fullero que Isabel II y Fernando VII. No sin fuentes más que dignas: Romanones.
Delitos de Imprenta
Dicho repúblico describe el germen de esa Ley de Jurisdicciones: "La oficialidad exigía que pasasen al Fuero Militar los delitos cometidos por medio de la imprenta contra la Patria y el Ejército". A lo cual accede el Rey, cómo no. Se prohibe hasta pensar. Hubo protestas recias en el consejo ministerial, las de Montero su presidente entre ellas. Y el chusco Romanones nos hace la secuencia. Requerido Montero a presentarse en Palacio, a las diez de la noche y tras tenso debate con Alfonso XIII, "al salir no vio peldaño del dintel, tropezó en él y cayó al suelo... y del suelo no volvió a levantarse políticamente". Al día siguiente, se encarga desde Palacio a Moret que forme gobierno. En mayo, Morral, partidario acérrimo del libre pensamiento y de su difusión en sistemas gutemberguianos (la Escuela de Ferrer Guardia además de clases imprimía libros) lanza un floripondio con dinamita a la carroza de la pareja borbónica, que eran primos, y ya estaba liada. Falló.
Grafismo del Novecento
La fotografía ya estaba en marcha en aquellos principios de siglo. Pero se conservaba como apoyo gráfico mixto el diseño de páginas con grabado, y fotograbado pasado a clichés. Los grandes modelos aún vigentes en este tipo de maquetación eran "La Ilustración de Madrid" y "La Ilustración Española y Americana", cuyas últimas corresponsalías se dedicaron preferentemente a los otros terroristas que en Cuba y Filipinas pretendían la secesión del Imperio. Para portadas, cómo no, en planchas al cobre trazadas con perfección asombrosa y a contrarreloj, generalotes con copiosa quincallería de medallas y barbas de dos cuernos. Y barcos, y globos, y la Expo de París, y la electricidad, tecnología punta de su tiempo.
Debían cuidar los directores que las planchas fuesen exclusivamente exclusivas. Es decir, que pagaban por originales, no por tiradas enviadas simultáneamente a varios periódicos. Muchas veces obligaban a los acuafortistas de redacción a copiar clichés ingleses en madera, "reduciendo al grabador que había de seguir servilmentelas huellas de otro buril a poco más que un carpintero de fino". Tipos exóticos, escenas luctuosas, sucesos espeluznantes y batallas llegaban a tiempo a imprenta. Toda una proeza del reporterismo gráfico que atravesaba océanos y pormenorizaba sin perder actualidad, dados los biorritmos de vida de aquella sociedad, con días de 100 horas o más. Y sigamos con el testimonio relativamente documentado de Pío. "Este polaco e Ibarra recuerdo que tuvieron una noche un serio altercado con un pintor que dijo que los anarquistas dejaban de serlo cuando tenían cinco duros". Uno se imagina la sonrisa sarcástica, íntima, de un Mateo Morral cuya familia catalana nada en la abundancia.
Un forense militar
Sigamos con ellos, con Pío y Ricardo en acción de levantar noticia: "Después de cometido e
l atentado y encontrado a Morral muerto cerca de Torrejón de Ardoz, quise ir al Hospital del Buen Suceso a ver su cadáver, pero no me dejaron pasar. En cambio, mi hermano Ricardo pasó e hizo un dibujo y luego un aguafuerte del anarquista en la cripta del Buen Suceso. Mi hermano se había acercado al médico militar que estaba de guardia a solicitar el paso y le vio leyendo una novela mía, también de anarquistas, 'Aurora Roja'. Hablaron los dos con este motivo, y el médico le llevó a ver a Mateo Morral, muerto". Revela Pío que en "La Dama Errante, "la angustia del doctor Aracil, paseando por las calles de Madrid, está inspirada en la de los conocidos del terrorista, que anduvieron escondiéndose aquella noche. Lo demás del libro, casi todo está hecho a base de realidad. La mayoría de los personajes son tambien reales. El doctor Aracil, aunque desfigurado por mí, vive; el que me sirvió de modelo para pintar a Iturrioz, murió; María Aracil pasea por las mañanas por la calle de Alcalá. Algunos supusieron, no sé por qué, que en María Aracil había querido yo pintar a Soledad Villafranca, la amiga de Ferrer, cosa absurda..."
Psiquiatría del XIX
Uno más de los entretenimientos extravagantes de la grey literaria, plástica y sin horarios de aquellos cafés con tertulia, predilecto de Pío Baroja, era estar al tanto desde la mesa de mármol de quién atravesaba la puerta giratoria, la espesa cortina de velludillo rojo y, nada más despojarse el desconocido de sombrero, chambergo, boina o barretina de artista, adivinar por sus rasgos craneales su oficio, beneficio y profesión. Fisiognomonía, se apuntó. Sintonizaban estos aprendices de detective con toda la escuela médica referida al criminal nato. La que había dedicado exhaustivos estudios a Garayo, "El Sacamantecas" alavés. No obstante, al reportero Pío Baroja se le escurre un dato fundamental. O llega demasiado pronto, o demasiado tarde. El caso es que un policía francés de alto rango llamado Durand, que había investigado en París el previo atentado contra Alfonso XIII, el de la calle Rohan, cerca de la Opera de donde regresaban el Borbón y el Presidente de la República, acude al depósito de cadáveres del Buen Suceso y embrolla más el asunto con su reacción. En París, dos bombas habían estallado en el estribo del vehículo. Ilesos, ambos dignatarios. Cronistas de aquel otro atentado se hace también muchas preguntas al respecto. En seguida.
¿Quién era Farrás?
Fue otro 31 de mayo, el de 1905, extraño azar, y las víctimas fueron numerosas. ¿Saben quién envió la corresponsalía del frustrado magnicidio? Un Azorín muy melífluo. Las incógnitas que se plantean son múltiples. Por lo pronto, no hubo dos bombas, sino tres. La tercera quedó en la parte de atrás del coche. Se descarta por cerebros lúcidos que se pudiesen arrojar los tres artefactos desde la muchedumbre sin que nadie reparase en quién los lanzaba. Las aceras estaban abarrotadas de curiosos y de policía. ¿Tres bombas, una, dos, tres, por encima del público trufado de secretas, y nadie lo ve? Sólo pudieron ser disparadas desde lo alto, desde el Hotel del Louvre. La policía lo niega, a aber por qué, y el enigma se acrecienta. Disponían de alguna sospecha o pista, ya que de inmediato unos cuantos inpectores apostados en los jardinillos del Sacré Coeur y en la escalinata que desciende a los Almacenes Duffayel, aguardan durante un lapso de tiempo ¿calculado? e irrumpen en el número 4 de la callejuela denominada "Escalier Sainte Marie". Apresan a tres individuos, pero el que buscaban, el tal Farrás, no cae en la redada. Y precisamente era el sospechoso de ser el autor material del bombardeo. ¿Farrás era Farrás?
El comisario Durand lo identificaría sin dudar al penetrar en la morgue marileña, un año después, y ver el cuerpo "como dormido" de Mateo Morral. "¡¡Este hombre es Farrás!!"Cuando la pasma decide entrar en la cheka de París, tras el atentado de 1905, en ella se hallaban Almereyda, Malato y Vallina. Farrás, la del humo. ¿Se le dio tiempo para escabullirse? Derivaría este golpe policial en el celebérrimo "Proceso de los Cuatro". Como los Mosqueteros, sólo que falta el cuarto, el esencial. Vallina confesó que en el Bois de Boulogne se habían escondido otras bombas que el Juez halló en el lugar indicado. La lista de testigos no deja de ser, asimismo, sorprendente.
Anatole France, Lerroux...
Depusieron el el sumario Charles Albert, Anatole France, Lerroux. Al final hubo que absolver poque del enigmático Farrás, ¿Morral?, ni rastro. Ciges Aparicio: "Se le buscaba el París, y no se inquirió si la noche anterior al atentado hubo obscuras reuniones en España; si dieciocho capitanes de una guarnición no se juramentaron para ejecutar algún fusilamiento..." Entretanto, la situación es muy tensa en Catalunya. Uno de sus semanarios más sarcásticos, el histórico "Cu-Cut" incurre en licencias de sátira insoportables para los cuarteles. No lo secuestraron, ni procesaron a sus directivos, ni al autor o autores de los presuntos ultrajes. Prefirió la Guarnición pasar la acción directa y en noviembre de 1905 un comando de oficiales asalta la redacción y destruye enseres, muebles y máquinas.
Apoya el Capitán General
El Capitán General, en lugar de proceder a castigar a los tumultuarios, se pone de su parte y pronto cuenta con las adhesiones inquebrantables de otras plazas: Madrid y Sevilla. Esto dio lugar al juego con dos barajas ya descrito de Alfonso XIII y a que se creasen las Juntas Generales y la jurispridente "Ley de Jurisdicciones" contra las imprentas que no adulasen a un Régimen caracterizado por su provisionalidad. Con un partido conservador, vaya sólo un ejemplo, que atravesó cinco crisis totales con cuatro Presidentes del Consejo de Ministros y sesenta y siete ministros nuevos, no faltan testimonios de que el Borbón "parecía solazarse con el frecuente relevo de personas en quienes depositaba, más o menos completamente, su confianza".
Aunque todo esto no es sino guirigay propio de la época tardomonárquica. Queda sellada para siempre la incógnita de el si el cadáver de la cripta del Buen Suceso a quien Ricardo Baroja retrató -- un buen modelo, inmóvil -- y después pasó a aguafuerte era el de Morral, el de Farrás, o el de ambos. También, y sobre todo, el porqué de que el "guarda jurado" de las primeras informaciones terminó siendo guardia civil, por qué patrullaba a solas, sin la pareja que es habitual en la Benemérita, y que al parecer a tiro fijo cuando detuvo a un Farrás-Morral cuya cabeza no estaba desfigurada en la cripta, "parece dormido". y que se había suicidado, todo lo indica, disparándose en otro punto de su anatomía.
Fusilan a Ferrer Guardia
Queda el funesto 'continuará' que va a conducir a Ferrer Guardia al paredón. Nada más exclamar el superagente Durand "¡Este hombre es Farrás!" ante el cuerpo inerte de Morral, se detiene de inmediato, relacionándolos, no se sabe por qué, a José Nakens y a Ferrer Guardia. Lo de José Nakens es lógico y hace pensar en un chivatazo. Pero sería Ferrer, innovador de la pedagogía, anticlerical recalcitrante quien se tragarse el mortífero marrón. Se le procesó como chivo expiatorio de una "Semana Trágica" en la que no intervino por expresa prohibición -- y animadversión -- de los huelguistas.
El Gobierno conservador, sólo por sospechas, imputaba a Ferrer Guardia como cerebro de los atentados de París y Madrid. Sólo indicios infundados lo condujeron al foso de Montjuich el 13 de octubre de 1909, donde muere con dignidad senequista. El 6 de mayo de 1910 fallece Eduardo VII de Inglaterra y en conciliábulo privado hasta siete monarcas, entre ellos el Emperador de Alemania, le dicen a Alfonso XIII que fusilar a Ferrer ha sido "un acto antipolítico". Al regreso, el Borbón despotrica: "¡Maura, no!" Agrega que pasar por las armas a Ferrer Guardia no sólo ha sido, como le indicaron "antipolítico", sino que es "peor que un crimen" porque "ha comprometido mi situación y el prestigio de España". De inhumanidad, ni palabra. Y hasta aquí nos ha traído la anécdota de los dos Baroja, uno de ellos dibujante, acuafortista, pintor, cuando acudieron a la morgue para describir el uno, realizar apoyo gráfico el otro, cómo era y estaba el cadáver de Mateo Morral. ¿O era Farrás?
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Frikis, Baroja, Beorlegui
Se preguntará quien esto lea qué tiene que ver esto con Oteiza, o con Beorlegui. Con Oteiza alias Oteitza, conspirador en pizarra, mucho. Oteitza era un freaky en sí mismo. Tanto, que en la primera Altzuza -- no la reinventada -- los frailes del Hogar del Misionero que se ubicaba en un cerro próximo dispusieron centinelas o imaginarias para defenderse de sus alocuciones destempladas. De sus visitas. El vigía de turno daba la alerta de que un hombre barbudo, pequeño pero fornido, de jersei existencialista con sietes e insólita energía estaba subiendo el repecho a zancadas. De inmediato, los frailes se encerraban en sus celdas y se entregaban a la oración, vigilante incluido. Algunas de las salidas que le surgían en instantes solemnes, rodeado de catecúmenos tirando a sinsorgos, eran las de un 'freaky' en estado puro e influido por el 'freakism' de las Américas. Sobre todo, en alguna de sus teoréticas en Escuela de Deba, por Mario Moreno "Cantinflas", 'freaky' de honor.
Las iconografías al aguafuerte de Fernando Beorlegui, así como los adláteres de quienes se rodeaba, eran de esta repetida tendencia. Y en lo que toca a motivos y personajes, basta con repasar su vasta obra. Ricardobarojiana en la intención, no en la ejecución. Para realzar la prosapia de los 'freakies' remitía Fernando a Carreño de Miranda, "el Goya del XVII" apuntaba con énfasis. Carreño, sí, con su monstrua desnuda. Remitía también a la colección de bufones velazqueños. Ricardo Baroja es un impresionista incluso grabando al boj su autorretrato y algunos tipos pop (el impresionismo no sólo tiene que ver con el color). Beorlegui gusta de afinar y refinar incluso lo más barriobajero. En contra de los pintores áulicos, prefería la plebe. Y si ésta estaba algo encanallada, mejor. Y tratándose de charangas que desafinan incluso con el bombo y el bombardino -- el 'rap' vasco -- perfecto.
Ahora que el término 'freaky' invade esos sembraderos de incertidumbre que son las columnas del columnismo-Zelig, o sea, el de quienes quieren quedar bien con quien les lea, sea quien sea, y no ofender a los dioses y las diosas de la Igualdad, del Cambio Climático, del Ahorro de Agua y el Domund de ahorrar luz para que en Biafra no falte de nada, amén de observar a rajatabla el principio de no ser hortera y populachero; ahora que la tarea de columnista es idéntica a sí misma, firme quien firme, se percibe el desasosiego ante el antiquísimo fenómeno de los 'freakies', cuyo primer impulsor fue Phineas Taylor Barnum (Connecticut, 1810-1891). Personaje éste que le solucionó la vida, con su circo de dos pistas, a más de un fenómeno que en su poblacho era burlado por enano, por mujer barbuda, por hermafrodita, por tener dos cabezas siamesas o por barajar con los pies (siendo manco). En Euskadi, lástima que Barnum hubiese fallecido, hubo un flatulento que le habría hecho de oro: ejecutaba la Marcha Real a base de borborigmos anales.
Todos estos marginados hallaban su razón de ser, tras el debido examen, en los espectáculos de Mr. Phineas. No sólo las monarquías precisan de 'freakies' (menos grotescos, a veces, que el Rey o Reina que les condesciende): el republicano Tío Sam -- otro 'freaky' -- también. La revista "Interviú", otrora prestigiosa, exhibe tetas-'freaky' cada semana en portada. Anafrodíticas. El 'freakism' empieza a ser negocio exitoso y plebeyo porque los politicos han fallado en el intento de incluirse en él, e incluso Berlusconi no da la talla.
Don Quijote, espejo de 'freakies'
¿Que cabe la superchería? Desde la novela picaresca, oigan. Por cierto, Don Alonso Quijano, alias "Don Quijote", es el espejo global del 'freaky' por excelencia. Una de las ironías de Barnum fue exhibir como 'freaky' a una anciana mujer negra afirmando que se trataba de la nodriza de Lincoln. Pues le solucionó el retiro a la señora con el perrea-perrea, ya que las masas estaban empeñadas en creérselo y se agolpaban para admirarla. En cuanto a ella, explicaba de maravilla la biografía del malogrado presidente durante su infancia.
Para cerrar el bucle -- sin red -- váyase al principio, a las observaciones de Ortega sobre Pío Baroja, a las confesiones de éste último cuando era panadero y quiso escribir con trabajo de campo "La Busca". Otro recuerdo escrito: "Vivía yo en Madrid, en la calle de la Misericordia, en una casa unida al Convento de las Descalzas. Esta casa había sido la casa de los Capellanes del Convento" -- de ahí la firma Viena-Capellanes de sus reposterías -- "y en ella murió la Reina Doña Juana de Austria (...) Teníamos allí un guardillón abandonado. En este sitio, mi hermano Ricardo, un amigo nuestro, Pedro Riudavets y yo solíamos dedicarnos a proyectar artefactos mecánicos..." Qué más quieren.
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