Maverick Ink Press

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Nombre: Rafael Castellano de la Puente
Lugar: DEBA, Gipuzkoa, Spain

Nace en Madrid, estudia en el Lycée Français (BEPC por Université de France) y en la RESAD. Actor durante ocho años. Se inicia literariamente en La Codorniz , 1961. Publica como R.Castleman unos 700 relatos para la página Tiemble después de haber reído. Cubre la Crítica de la Vida y Huevos de Codorniz firmando Falete. Trabajó para La Voz de España, Egin, Punto y Hora, Interviú, El País, Argia, Reader's Digest, Radio Vitoria , ETB 1, Cacumen, Liberación, Berriak, Cloc, Lógicamente, Kantil, Pamiela, Euskadi Sioux. Elaboró en comic la serie Gabai y la biografía de Iñigo de Loiola. Sus libros: Cosas, anecdotario de Euskal Herria; Tiemble después de haber reído, Vascos heréticos, Sutondoan, La Viuda, Los Anafroditas, Misterio de Vizcaya, Guía de Madrid para vascos, La cocina romántica, Beorlegui pinta el tiempo, Los vascos también ríen, Euskaldun heretikoak, magia eta sorginak. Sus guiones de cine: Mar Adentro, Bandera Negra, Eskorpion. Actualmente envía ensayos al ciberperiódico Rebelión y mantiene las weblog Maverick Ink Press y El Flexo. Distinciones : “La Codorniz de Plata” y "Legión de Humor" _____

viernes, mayo 22, 2009

Alias Bécquer

El conspirador carlista
Texto y fotos: Rafael Castellano (APGE)
Es Propiedad/Rights reserved

En la Biblioteca Nacional de Madrid se conservan las acuarelas del
libro de agitación pornográfica y anti-Isabelina "Los Borbones en Pelota", obra de Valeriano Becquer con comentarios bufos de Gustavo Adolfo. Becquer, así, sin tilde, ya que se trata de un apellido para ellos muy lejano y adoptado por un abuelo también pintor. Éste, quizás para darle empaque a su firma, agregó a su apellido, Domínguez, el de una antepasada flamenca. En el Museo Romántico de Madrid, Saleta de Militares, se puede admirar "El Conspirador Carlista", supuesto retrato de dicho abuelo y realizado por Valeriano en 1866. Obra maestra que encabeza estas líneas.

A partir de la genealogía de los hermanos Domínguez Bastida, alias Bécquer, uno se explica -- no sin interrogantes que luego planteamos -- su larga estancia en la villa de Deba, Gipuzkoa, y su relación con el Palacio de Agirre, antes Itsas Bista, antes de Valmar. Esto último, debido al marqués del mismo nombre, Leopoldo Augusto de Cueto (1815-1901). Cueto había estudiado Derecho en Sevilla. Después fue diplomático en las legaciones españolas de Países Bajos, Brasil y Lisboa. Años más tarde le concedieron los cargos de Negocios en Atenas y Dinamarca. Político destacado que se retira cuando la Revolución de 1868 triunfa, el título se lo concede Alfonso XII al llegar la Restauración. Individuo (socio) de la Academia de San Fernando, encarga a Valeriano seis alegorías de obras dramáticas que nos gustaría ver allí colgadas cuando terminen, a punto están, de restaurar dicho edificio.
La de Ofelia fue indudablemente sugerida por Gustavo Adolfo. Ganándose malamente la vida de chupatintas en alguna oficina siniestra de Madrid, cosa de garantizarse una cesantía, a Gustavo, que era también pintor, le pillaron mientras dibujaba a dicha Ofelia, la de Hamlet, en papel de oficio. El sacrilegio le valió el despido. Luego lo contrataron como censor de novelas... que no censuraba. De nuevo a la calle. Pero vayamos a los apellidos auténticos de los Becquer por vía matrilineal. Su padre fue Domínguez Insausti. Su madre, Bastida Vargas. En este lienzo de gran valía, "El conspirador carlista", se ve al presunto abuelo de ambos hermanos con un ejemplar del periódico "La Esperanza". Algo así como "El Pensamiento Navarro" de la primera carlistada. Debajo de la capa furtiva asoma el cuello del uniforme. No se distingue el sombrero de copa con la cocarda roja. Empuña un bastón-estoque. Es un Aviraneta del otro bando, dada la actitud huidiza y clandestina. Nunca han sido extraños los apellidos de origen vasco en Sevilla, desde que existiese la Casa de Contratación de Indias. Eran buenos marinos, pero sobre todo grandes calígrafos, escribanos y cartógrafos. Que la relación con los revoltosos del Norte, aun que fuese sentimental, cundiese entre los sevillanos con raíces en el país Vasconavarro, no es de extrañar. Pero hay más.
Cuando se quedan Gustavo Adolfo y Valeriano huérfanos (eran ocho hermanos) al primero lo matriculan en la Escuela de Mareantes de San Telmo, en la ciudad del Guadalquivir. Su destino es de piloto de altura. Carrera que truncará -- tiene diez años -- la demolición por Real Orden de dicha Escuela de Náutica, fundada en el siglo XVII por el gremio de Comerciantes. Real Orden que firma Isabel II. Se instruirá el crío de modo autodidacta en casa de su madrina, Manuela Monchay, que le acoge y le proporciona cariño y libros, muchos libros. No navegará. Le cambia el rumbo la realenga voluntad y volcará sus entusiasmos en Zorrilla y Horacio. Deseará emularlos. Pero, dado el libelo, acuarelas y comentarios en verso libérrimo que dedicaron a Isabel II, se vislumbra que aquel derribo del Colegio de Mareantes de San Telmo no se les había borrado de la memoria.
Investigado lo cual, se pregunta el habitante de siglos venideros qué diablos hacían los Domínguez-Bastida-Insausti en el Palacio de Cueto, de Deba, que por entonces se conocía como Palacio de Valmar, marquesado que al dueño otorgó Alfonso XII, hijo de Isabel II. Sabiendo perfectamente el anfitrión que los dos mozalbetes trotamundos allí alojados tiraban por otros catecismos políticos
y que no se detenían ante la sátira más cruda y de lesa majestad. Eran días de supervivencia, que no tenían nada que ver con las ideologías, si es que éstas existían. Se vendía el alma al diablo. Gratis.
Entre dos lienzos, mientras se secaba la imprimación, Valeriano tuvo tiempo
para trazar grabados como el de abajo, "Aldeanos de Loyola", parte de una serie costumbrista que le hizo recorrer territorios diversos, Marruecos incluido, y que le sirvió de sustento. Brevemente, como buen romántico, se buscó la vida hasta perderla, muy joven. Dejó solo, por pocos años, a Gustavo Adolfo, su inseparable cómplice.



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lunes, diciembre 15, 2008

Oteiza alias Oteitza XXXX

Murua, sin 'ismos'
Texto y fotos: Rafael Castellano (APGE)
Es propiedad. Rights reserved

"Oye, Tomás, he visto en un escaparate una colección tuya de fundiciones". "Imposible, hace mucho que no hay nada mío en tiendas, aunque yo sigo trabajando, eh". Lo enfatiza porque es su cumpleaños: ochenta. "Pero el estilo, las traineras, las sokatiras, los mariñeles, la pátina semioxidada, de siderurgia"... Alguien tercia: "Serán del hermano de Oteiza, Antonio, el fraile, que se ha puesto a hacer cosas parecidas". "¿El misionero?" "Ése". A Murua, ya diablo sin redoma, se le da una higa que le salgan discípulos tardíos. Sabe que las habilidades propias residen en un ADN ganado a pulso e imposible de clonar.

Murua va, siempre ha ido, de lobo solitario. Es el artista en su rincón concibiendo figuras matriarcales de ingravidez inesperada. Samotracias minimal y Venus del color mulato de la caoba. Es el esteta con memoria genética de pastores de Izarraitz, de aquellos que engañaban a las horas con una navaja y una vara de fresno, de boj, de haya, de espino para makilas de notables. De las auténticas, no made- in-Taiwan como en tiempos presentes. Iban naciendo de aquellas virutas signos, evocaciones, fetiches. Escultor ebanista, no se contenta con las carnes agradecidas y hasta maleables de la madera, cuyos arcanos domina; sino que busca la sólida nobleza del bronce, y en él funde sus maquetas, algunas inmensas, y también sus entes digitados, sus antropoformas y sus conjuntos. Los hay deportivos, costumbristas, eróticos. Abstrae sin deformar: conforma. También modela estatuillas y tótemes fertilizantes. Y al final, el eclecticismo de la técnica mixta. Bronce y madera; carne y hueso; esqueleto y pelleja. Todo ello dinamizado, cinético. Las esculturas de Tomás nunca están quietas. Como decía más arriba, el expresionismo púbico de sus matronas, de sus diosas de nogal negro, no les impide una una elasticidad danzante, ritual. Si me lo preguntaran, respondería que el creativo libre tiene que imitar del artesano la virguería, la exactitud, la numeración – o ojo – de Fibonacci. Improvisación controlada. La actitud, en suma de la propia naturaleza. No en vano empezó este artista plurívoco y, a la par, sin 'ismos' que lo atrapen, enmendando la plana a lo espontáneo, recogiendo y corrigiendo los tocones desarraigados que tras el temporal arriban a nuestras playas. Movido por otros impulsos ha estilizado – fitting -- y desnudado a sus criaturas. Ni una gota de grasa: fibras metalizadas, torsos tensos como maromas. Su colección de flexibles iconos olímpicos, confrontados con esqueléticas tragedias, meditación clepsidra en mano, in pulvis reverteris, bate las marcas del movimiento quieto. Era preciso despeinar al clasicismo helénico de su componente gomoso y privarle de esteroides: lo grecorromano encubre la fuerza con la belleza quietista. Murua – lo notas cuando habla – pide nervio y vigor a su obra, la despoja de peso superfluo y logra, en conjunto, una contenida libido, un platonismo desenfrenado, un vitalismo primitivo y talismánico. Allí, cada estructura, cada actitud se yergue sobre el pedestal dispuesta a saltar sobre la propia sombra.



Una de aquellas tardes, corría el 1981 y nos iban a fusilar a todos, Murua vino dispuesto a la crítica. A la talla y detalle de las situaciones por las que atravesaban (y atraviesan aún) el arte vasco y su escalafón. La postura de Tomás al respecto es, la conserva, tan dura como honesta. Él no le quita valor a los apóstoles, a los consagrados, firmas de todos conocidas, “por algo están allí”. Pero pide, exige sitio para todos.
“Se diría que te duele no estar en el hit-parade de los divinos”, le aguijoneo. “¡No es eso, no es eso! No se trata de que los de siempre sean malos artistas, es que no son los únicos. Mira, hace unos años vino una comisión de alemanes a visitar las Cajas de Ahorros y les hicieron a los delegados de éstas una pregunta que les dejó de hielo: '¿Dónde tienen ustedes el Museo de Arte?' Te puedes imaginar el silencio, el corte. A raíz de aquello se encargaron unas obras a esas firmas destacadas, a las
que sonaban, y se dio por zanjado el asunto. Tú me preguntarás”, le gusta la retórica contra el maniqueo, "de qué criterios se valieron para pedir obra a unos artistas y no a otros. Pues bien, hubiera bastado con una consulta a todas esas personas que en los periódicos y la radio se dedican al comentario de exposiciones”. Y yo: “Esos nombres inevitables, si te fijas, parecen ser los de quienes visitaron el extranjero, que se nutrieron allende montes y mares para aplicar lo allá asumido a lo de acá”. Él: “Tienes razón; pero depende a qué extranjero se vaya. Hace seis años, por ejemplo, fuimos a Yugoslavia. Allí, todos los escultores que fuimos, te hablo de Eslovenia, en el Norte, teníamos que realizar una obra que era para ellos, para el Estado; pero eso sí, a cambio lo tenías todo gratis, la estancia, los alojamientos, los museos. A cambio de que hicieras allí una obra. Pero no creas que aquellas piezas se destinaban al Estado así en abstracto, no: iban a las escuelas, a las plazas públicas”.
Anotemos aquí que, a caballo de los siglos XX y XXI, muchos de los llamados filantrocapitalistas han copiado las iniciativas tardosoviéticas con la particularidad de que lo creado se queda en sucedáneos de Venecia (hay varios) y paradores de lujo por todo el mapamundi dispersos. Allá van a parar, a cambio de ver mundo bien mantenidos y hospedados, estetas veteranos y emergentes a la par. “Y ¿cuánto tiempo pasasteis?” Murua: “Estuvimos dieciséis días. Suficientes para ejecutar una pieza de buen tamaño”. “Y ¿os dio tiempo para ver algo?”. “No, pero en otra ocasión si que pudimos recorrer sitios. De todas formas no había que precisar mucho porque se trataba, ya dije, de piezas grandes, la mía de dos metros y medio y de tipo mural en mesorrelieve . Sin demasiados pormenores, pero bastante más elaborada que las de los otros. Así que fue a parar al Museo, y me llamaron por tercera vez y entonces sí pudimos curiosear más cosas
.

Relata: "Entre nosotros se encontraba un escultor negro, cubano, genial: Luis Frometa. Una vez se nos hizo de noche, andábamos un poco perdidos. A Frometa le entró el miedo porque estábamos cerca de la frontera de Hungría y él, por lo visto, estaba controlado, no podía salirse de unos límites y un horario: condiciones de su Gobierno”. “Cuéntanos la impresión de aquel vistazo”. Tomás, vehemente: “¡Luego hablan de los países socialistas! Como aquí”, ironiza. "Al oír a algunos parece como si aquí tuviésemos gangas de ayuda. Todos estos años atrás, en que el artista ha estado desvalido, cómo quieres que hubiera ganas de esforzarse, de trabajar, de investigar, de demostrar lo que uno sabe… Y claro, los importantes son los que suenan en Europa, la del Oeste”. Indago: “¿No será que hay demasiada competencia?”. Murua: “No, tampoco es eso. Lo que pasa es que los buenos, digámoslo así, empezando por el gran maestro Oteiza, que yo sigo siendo discípulo de él en el sentido de que sigo aprendiendo de sus escritos, del recuerdo de todas las conversaciones que he tenido con él, quede esto claro; que los buenos, decía, eran el único tema cerrado de todos los que tenían algún cargo allegado al Arte. La lista eterna, que me parece muy bien. Lo malo es esa cerrazón, ese vicio adquirido de mirar a la firma antes que al objeto”. “¿La solución?” Pausa reflexiva. “Es importante en este sentido, y me da cierta rabia decirlo, que hubiese menos dedicación política y mayor empuje a la cultura. Me sale del alma decírtelo: la autenticidad y personalidad de un país está en su cultura. ¿Es que en política vemos algo sano? No. La política no es sana. No tienes más que hojear los periódicos, sólo hablan de personalidades de partidos que se echan los trastos a la cabeza. ¿Qué me dices, que la política nunca ha sido sana? Todo lo que tú quieras; pero es que ahora estamos en un momento en el que cada vez se la ve más nefasta”. “Pues a veces coinciden arte y política: el ‘Guernica’, por ejemplo”. Y Murua se ríe: “Ahí tienes el artepolítica o el politicarte metido en un cajón. Lo que se necesita es fomentar aquí en Euskal Herria un interés para que los hijos del pueblo hicieran arte como el del ‘Guernica’, si quieres. Pero tratando de que no incida en la política, lo cual en el caso del cuadro de Picasso ha llegado a un límite en el cual el interés por él se reparte a un cincuenta por ciento entre estética y asuntos exteriores”. “¿Qué resulta más importante en este asunto? ¿Qué una Consejería ayude con subvenciones a los talleres existentes, o que funde academias?”. Tomás, sin dudarlo: “Escuelas de Arte. Si han proliferado tanto los talleres autocreados ¿por qué ha sido? Por falta de Escuelas. Hablado de eso, tú fíjate en la lección que ha dado nuestro compañero Reinaldo. Qué demostración ha dado en el Museo de San Telmo, en Donostia. ¿Qué ayuda ha tenido? Nada. Nunca. Y ahora es cosa de preguntarse de qué ayudas va a disponer después de este éxito. Está por ver. Muchas promesas. Ahora bien, lo que debería hacerse sería crear lugares de alternativa al chiquiteo y donde la gente pueda ir a instruirse y a cambiar impresiones. Un centro cultural donde el personal pueda formarse, aprender. Civilizarse”.

“Ya. Y ¿qué tal si se industrializara el Arte? “. A botepronto, y recordándonos los mecenazgos vaticanos, de los Duces: “Tienes un montón de artistas de prestigio mundial que, al quedar demostrado que valían, los gobiernos respectivos les han pagado un tanto al mes, les han resuelto lo básico, como quien dice, como a un funcionario, y todo cuanto producían era, es para el Estado, para jardines, monumentos, paseos. En Estocolmo hay más de un caso de ésos. A esos países ¿qué les ha costado la manutención de sus artistas? Pues darle seguramente lo que seguramente hubiera ganado con ello en otro sitio”. Uy, ha dicho funcionario. “Esa palabra despierta muchas denteras en el medio. Conoces el cliché: estetas de cualquier orden, bellas artes, música o literatura inmersos en su vida libertaria, bohemia, caótica”. Tomás se exaspera: “¡Tampoco se trata de trabajar para un Gobierno, no! El artista así mantenido está pagado por el pueblo, y al pueblo revierte su creatividad”. “¿Y tú crees factible esa experiencia aquí y ahora?” “Hombre, por algo se empieza. Y ahora dicen, dicen, ¿eh?, que va a existir una promoción. La andadura podría iniciarse con una mayor presencia del artista en radio, prensa, televisión. Y ayudas para que pueda exponer: infraestructuras, catálogos, carteles, la luz y demás”. “Lo segundo, excelente; lo primero, no sé hasta qué punto es cinismo decirlo, pero estoy convencido de que no sirve para nada, de que todos los rollos del Arte sólo los leen y visualizan los allegados al esteta o círculos muy limitados: amigos y enemigos, vamos”. Murua discrepa. “Para mí que no, que bastaría con intensificar la promoción del artista de modo que de ahí surgiera lo demás: suscitar el interés de la gente, de las masas. Volviendo a lo de las experiencias en los países socialistas, ahí tienes ese libro que te he enseñado antes, ese libro de arte. Ese tomo te costaría aquí unas cinco o seis mil pesetas, se considera un lujo. Allí me ha costado menos de novecientas. ¿Por qué? En Yugoslavia, en Eslovenia, todos los libros de cultura están libres de impuestos. Tú imagínate que aquí todo libro de pintura, escultura, o del arte que prefieras estuviese exento de impuestos. Fíjate cómo se comprarían. Si eso se hace, y se vende, y se aprende, se está culturizando al pueblo. Es lo que ocurre en otras facetas de la vida, en otros presupuestos. No se cargan gravámenes a las joyas, a las casas suntuosas, no. La carga siempre va a parar a la leche y al pan. A los artículos de primera necesidad”. Parece que fue ayer. Fue Tomás Murua el único de todo el serial de artistas en taller entrevistados para Jaiegin e Igandegin que no se reclamó autodidacta. Que yo recuerde, sólo el Tarzán de la novela de Burroughs aprende por sí mismo a hablar valiéndose de libros que sin ayuda alguna logra descifrar al tiempo que se inicia en el lenguaje de los monos. Los libros de Arte y de filosofías varias se acumulan en una pared, en la casa de Ulia. Una escultura pequeña me llama la atención. La utiliza de sujetalibros. "¿De quién es esto?" "¿Eso? De Oteiza". El único que no lo pronuncia con veneración. Ha sido ligón y guaperas, pero ante todo artesano diplomado cuya formación minuciosa, ciencia exacta, tuvo lugar en la Escuela Profesional de los Antonianos.

Ha sido ligón y guaperas, pero ante todo artesano diplomado cuya formación minuciosa, ciencia exacta, tuvo lugar en la Escuela Profesional de los Antonianos. "Después de la Guerra hubo gran necesidad de producir madera y hierro y eso hizo cambiar de trayectoria en Artes y Oficios. Trajeron maquinaria y nuevos profesores. El Arte era menos importante que los Oficios, mandaba la mecánica y los jóvenes pasaban ya directamente a una fábrica o a varias, rotando por años". El fenómeno no sólo afecta a Zarautz, también a Azpeitia, de tradición mueblista pasada al diseño. Saca su título de tallista y decorador de interiores en Santiago de Compostela. En torno a las Escuelas de Artes y Oficios y su derivación a la industria destaca a Iriarte y José Alberdi; a Arzalluz, Urrestarazu, Odriozola, Hilario Epelde. Así, Murua se hizo experto en decoración antes que artista.
Esto último lo ratificó, a modo de rebeldía, con una exposición de encuentring, raíces y piedras de aluvión. Duchamp pasado por Moore. Al contrario que el concitado Oteiza, que lo denominaba encontrismo, él nunca negó las influencias de Moore cuya idea, seguramente, tampoco era idea original. Nace de aquellas cajas y plumieres que de chavales decorábamos adhiriendo con pegamento conchas, magurios y otras pichías pelágicas. Aún las venden en establecimientos de suvenirs de la Parte Vieja donostiarra. Lo de Murua era más fuerte, más provo, más tosco.
Como tenor solista de orfeón, partícipe del Donostiarra un tiempo, fue compañero de cantatas del célebre Amilibia --consigan algún 45 rpm suyo sin que se entere Teddy Bautista -- en escenarios y tabernas. Estamos en la inenarrable década, 1948, y Tomás se peina con tupé de rockabilly. Como a Elvis, se lo iba a rapar la mili.
Conserva orgulloso -- de su buena planta -- una foto de estudio en uniforme de infante de marina (raso). Fue a parar a la Armada porque sabía ya tallar incluso mascarones de proa, de esos que ostentan las tetas operadas. Exhibe la foto de estudio, fardón. Las Ordenanzas de Carlos III, vigentes hasta finales del XX, especifican que irían a servir a la Marina los mozos nacidos en localidades donde se sintieran las mareas en el río. Es decir, que Alzola, Zestoa o Hernani no son tierra adentro. Fue a parar, pues, al destino más desatinado: el Ministerio de Marina de Madrid, sito frente a La Cibeles y muy próximo al Estanque del Retiro. Concretamente, a Murua lo instalan en el Museo Naval. Lo mismo que al mutrikuarra Zumalabe, otro maestro carpintero que realizaba maquetas de buques, allá se estuvo un montón de meses. Alardea de que embelesó a Josune gracias a su prestancia y su voz. Es para preguntarse quién cazó con liga a quién, porque ahí siguen ambos. Inseparables.
Flashback a los orígenes. Viene a este mundo en Zarautz, 1928, y se pasa seis años, desde los 14, como se apuntó, en Artes y Oficios: dibujo, talla y modelado. Quisieron convertirlo en delineante, pero se empeña en transmutar de artesano a artífice, artista y esteta. En 1964 se diploma como Maestro Tallista del Arte de la Madera por la Organización Sindical de Artesanía. Pero su primera expo consistió en el encuentring aludido: "Arte Moderno Decorativo: Raíces y Piedras". Tardaría lo suyo, empero, en renunciar a los negocios, a la tienda de muebles de la Calle Prim y dedicarse de lleno a su obra. Pluriempleado desde la niñez, sigue alargando el tempospacio diurno y le da tiempo a cuidar la huerta, las macetas, las flores, las plantas, leer la prensa, crearse una opinión propia, meter horas de taller y cuidar de su museo doméstico, cuyas piezas aumentan en silencio.
Diversificó pronto llevando sus molduras a fundición. A la de González Piris, de Irun, cómo no. Cuida más él de los dos perros, cave canem, que ellos de él, allá arriba, en el caserón de Ulia. Buenos genes
.
Tuvo la fortuna de pertenecer a una saga de ebanistas sin ébano. Tallaban ajuares de comedor o dormitorio, vasares de roble, inmensos armarios donde guardar los muchos fantasmas a la naftalina que por Zarautz pululan. En cuanto a la ballena de la discordia entre esta localidad y Getaria, cantada en bertsos épicos por Benito Lertxundi, opriotarra, se
encuentra hoy en el Museo Marítimo -- el "Aquarium" -- de Donostia. La mole de quien la cazó se encontraba aún en fase de escayola, hace diez o doce años, en el estudio de Tomás Murua, a quien no le sonroja hacer (también) folk. Un raro. Pero esta efigie en concreto viene determinada por razones de linaje e historia próxima: "Da la casualidad de que el arponero es el bisabuelo de mi mujer, Etxaberroke, que era Roke Etxabe pero le llamaban así. En él se mezclan la tradición familiar y el homenaje a bañeros, chipironeros, rederas y prácticos de astilleros que construyeron los galeones. ¡Cuatro astilleros había en Zarautz! El homenaje es pues, al bisabuelo y a toda la gente que trabajó para la mar". Pregunta delicada: "¿A quién correspondía la ballena disputada?" "¡¡A Zarautz!!" Apareció una ballena, salieron de Zarautz, luego de Getaria y de Orio. Los de Zarautz, este Etxaberroke, le metió el primero el arpón y, según las leyes del mar, suya era la ballena. Aunque los demás le ayudaran a remolcarla hasta Mollarri y allí, a rematarla". Concede: "Los de Getaria se dedicaban más, eran más balleneros, y vino el conflicto y por mala uva se quisieron llevar la ballena. Fue tal el lío que se llevó a juicio y costó 2.000 reales. Se llevó el pleito a Pamplona y pasó tanto tiempo que, claro, la ballena se pudrió". Toda una alegoría procesal.
Conserva y usa una valiosa colección de gubias de cuando fuera aprendiz en el aludido conservatorio de Artes y Oficios de los Antonianos.
Quería Tomás ser esteta, artista, imaginero. Desde crío. Pero el clan familiar le puso firme: mueblista, como medio Zarautz y todo Azpeitia. Murua, cual pícaro de las leyendas suletinas, se aplicó en los oficios (aperos, dibujo artístico y delineante, clases de maderas y árboles) para especializarse en las Artes. "Como mueblista me jubilé, pero sigo siendo escultor: seguiré esculpiendo hasta que me muera", afirma. Lo está cumpliendo y lo cumplirá.
Se jubiló, la verdad sea dicha, a los veintipocos años, ya licenciado como marino mesetario en Madrid , cuando ya su padre le diera por perdido para la causa local de camas de matrimonio, secreteres de palosanto y fabricación de antigüedades. Es cuando vuelca su pericia adquirida, "te enseñaban en la Escuela a manejar las gubias y, sobre todo, a mantenerlas afiladas, es fundamental", en la talla de toda la sociología que de la mar malvive. Transcurren en el taller sus lentas y disciplinadas horas solitarias. "A veces cuando me viene una idea y me estoy aquí concentrándola, a veces cuando me enfado con la mujer y me encierro".

En el taller, ahora también en su museo particular que sigilosamente se ha instalado en Ulia, hay remeros, buques, lamias provocativas, a veces kamasútricas; el arponero Roke ya vaciado en bronce verdusco de pátinas y con el arpón presto. "Sigo yendo donde el gran Piris, el fundidor, claro que sigue funcionando, anda que no voy veces allá a Irun a trabajar con él". El Primer Premio para el malecón lo ganó Elena Asins con su 'Canons 22' concebido con ayuda de computadora, lo cual produjo unos lamentables episodios de destrozo y expolio que trascendían la polémica. Con Asins también estaremos un día de estos. Tomás nunca se pronunciaría, ni en privado, acerca del asunto. No había ganado (que no es lo mismo que perder) y punto en boca. Sí destacaré que en otras entrevistas ha negado haber tallado abstracto, declaración incierta, ya que aparte de "Nortasuna", en nogal, se ha entregado ocasionalmente a la experimentación. Que ello no le satisfaga es circunstancial.
En 1996 me mostró en maqueta el proyecto para concurso. La figura, tensa, invadía casi todo el recinto, titánica, en molde de escayola que transubstanciaría en metal según técnica milenaria de cera perdida. Realizada, exhibe perfiles cortantes del sello Murua, oquedades fisiognomónicas que en maqueta trazó con tacto para lograr el solisombra más sorollesco que penumbral. Manos, torso apolíneo y torsión -- hay tanta firma rimbombante descuidada en lo que a este principio básico de escultura se refiere -- que permite detenida lectura circular del conjunto. Con gestos diferenciados según la óptica de quien lo merodea en silenciosa interlocución. El espinazo de la ballena se encuentra hoy en el Museo Marítimo -- el "Aquarium" -- de Donostia. La mole de quien la cazó se encontraba aún en fase de escayola, hace diez o doce años, en el estudio de Tomás Murua, a quien no le sonroja hacer (también) folk. Un raro. Conserva y usa una valiosa colección de gubias de cuando fuera aprendiz en el aludido conservatorio de Artes y Oficios de los Antonianos.
Se agregan al inventario, en el estudio, baldas y cajas de figurillas de la cosmogonía naviera y algo corsaria. Altura, bajura, bacalao, añorada pysbe, balleneros de Achab, sirenas de Ulysses más procaces que sublimes contrastan con otros formatos suaves, rítmicos, de desnudos tirando a minimal: siluetas femeninas y masculinas, tan macizas como volátiles, que se cimbrean como adheridas al oleaje. Ofrece al tacto Murua una estatuilla como de tres palmos. Madera peluda, suave como carne.
Aquí llega la confesión en exclusiva. Ofrece al tacto una estatuilla como de tres palmos. Madera aterciopelada, como carne, como cutis. "Esto es", la acaricia, "la maqueta de la grande que has visto ahí, que está en la sala
de esculturas de ahí al lado. Mis obras, mis muchas obras, sobre todo las de mayor tamaño, no las realizo en madera-madera. ¿Por qué? Pues porque como me gusta sacarles muchos calados, muchas formas, se corre el peligro de que al dilatarse no sirvan. No existen maderas como nosotros las quisiéramos. Vamos a las serrerías y allí hay troncos enormes que en el corazón de la madera pueden ocultar vetas podridas; puede también que al no estar secas no permitan las volutas, porque cuanto más grande sea el tronco o el tablón, más tarda en secar. Empiezan a torcerse, a enviciarse". No arrasa bosques, Murua. Pero no se trata de medioambientalismo beato. Donde reside, Ulia, no existen bosques comunales que permitan echar mano de ejemplares difuntos
e irrecuperables. "Hice una vez un descubrimiento, y para tallar una escultura de éstas", palpa la más cercana, textura tersa y sólida, "utilizo el DM especial". A ver, a ver. "Ahí tienes un tablero de DM bien prensado. Es un aglomerado, sí; pero de calidad. De tres, cuatro centímetros máximos de grueso cada tablón". Para una escultura cíclica, la que permite su lectura desde todos los ángulos, "se necesita un bloque más ancho". ¿El proceso? "Dibujas, recortas todo el trazado resultante, encolas varios tablones en una prensa hidráulica y queda como la piedra: el bloque resultante es como el de un árbol". Sin sorpresas ocultas de pudrición, ni otras posteriores de deformidad. La selva, intacta. Las raíces, profundas.

Te van a copiar la fórmula, le prevengo. "Pues que lo copien. Ya sé de alguien que lo ha intentado, pero hasta ahora nadie..." Deja colgada la frase, como quien toca madera. El acabado: "Una vez hecha la figura,
al carecer de veta no es elegante; pero yo la termino como si fuese un mueble: patino, lijo, le doy el claroscuro; eso es lo que, generalmente, no se sabe hacer". Son mañas y pócimas propias de la vieja Escuela de Artes y Oficios que en Murua se perpetúan. Es como el saber nadar, que quien aprende ya no puede hundirse salvo si bucea adrede. "Puedes hacer caoba, nogal, cerezo..." El mejunje, pura alquimia, se llama fibradem.
Pasamos al aposento de los cíclopes y terpsícores; titanes y gorgonas. "Ésta es madera-fibra, y ésta, y ésta también". Nadie lo diría. Tactan los dedos los alabeos y sutilezas de la materia viva.
Advierte Tomás: "Es un trabajo enorme el acabado, eh, siempre que se quiera hacer así. Y no, no corto árboles, menos mal. Y además en este soporte hay una garantía de lo que es la obra, en la madera de árbol, no. Ahora bien", modula, "si buscas un resultado tirando a rústico mmmm ... o antigüedad, no importa. Se trae una madera grande y, aunque se te vaya partiendo, no pasa nada". El tiempo también pinta, puede: pero no esculpe. Tactan los dedos los alabeos y sutilezas de la materia, y es materia viva. Como la que intentó elaborar Prometeo. Significa el remo, para Murua, etnología heroica. Motor prehistórico nacido con el anzuelo, el hacha, la flecha, la rueda, tal vez el fuego. De madera fue y es el remo. ¿Lo seguirá siendo? Contemplé una de sus series en bronce de remeros. Los inconfundibles regatistas de Tomás ciando, bogando, ciabogando o acarreando el remo al muelle, al hombro, los estrobos en el bíceps. "Ya sólo quedan, fuera de la competición, remeros de chinchorro, los que conducen a la embarcación grande. En Hondarribia los botes éstos son aún de madera". En Mutriku, Ondarroa también. Admite que ya han empezado a hacer incluso traineras de materiales sintéticos: plástico. "La madera DM", explica, "se hace con toda clase de desperdicios de serrería, serrines, virutas".

Otro secreto: "Estuve hace poco con el proveedor de remos para las tripulaciones de trainera de Orio, el que los fabrica, y se me ocurrió decir, vaya maderas más estupendas utilizáis ahora, qué flexibles. Él me dijo, del centro del remo hacia las manos el remo ha de ser durísimo, y del centro hacia el agua tiene que ser como un arco que se domine; y yo a él: ¿qué es mejor, ahora que van apareciendo los plásticos, éstos o los de madera? Y me contestó: todavía, todavía, ¿eh?, los de madera".
De todas sus figurillas populares, el remero es su fetiche. Infancia, la de Murua, frente a la mar: atalayeros, algas, calafates, naufragios, mareas vivas. Cómo no va a ganar Castro, si ahora la juventud no le da al tolete ni a la txanpla, si prefiere el surf de las antípodas. Esa infancia la narra y plasma Tomás en formas no exentas de investigación y de sensualidad, cuando las desnuda tanto que las ahueca en relieves insospechados. "La idea siempre te viene a dar en lo que tú sientes", define. "Incluso cuando estás dedicado a la obra más moderna", abarca unas baldas de abstracción, de expresionismo crudo. Como para sí: "Me gustaría hacer un libro con todo lo que he ido creando, de todos los estilos. ¡Un libro sin final, eh! El problema es que las fotos que conservo son de difícil reproducción y, para hacer nuevas diapos o digitalizarlas no tengo las esculturas que se han ido vendiendo por ahí; no, no guardo una lista de compradores. Vete a saber dónde pararán". Reconoce haber vendido mucho. "He tenido suerte con esto de la escultura, formatos grandes, de serie, bronces..." Una clientela muy suya, muy particular: indianos, vascoamericanos. USA, Colombia, Argentina. "Siempre que quepan en el avión, que ponen muchas pegas". Alemania, Venezuela, Francia, esconden asimismo muruas de anteayer. No se concebiría un Murua jubilado. Es persona dinámica y forzuda, bajo lo que queda de su tupé de 'hillibilly' maduro. Tenía, aquella mañana de 1996, las ágiles manos a la obra en su mariñel de novela o, al menos, de copla. No cupo en el espigón, para el que se solicitaban cinco esculturas. Los certámenes son lo que son. Los jurados, inescrutables. Curioso, que el joven Tomás comenzara de mooriano en el 'encuentring', para Oteiza 'encontring'. Recogía raíces y troncos muertos que el oleaje deposita en la playa tras un temporal. Les aplicaba "dos o tres golpes de gubia bien dados y una mano de barniz escogido" y los resucitaba. Su primera exposición tuvo lugar "en los bajos del Ayuntamiento de San Sebastián y la intituló: "Raíces y piedras". Y expuso eso, piedras y raíces algo maquilladas. "Cogí algunas también en el monte, donde hay más diversidad de formas". El crítico oficial del vespertino donostiarra "Unidad", que firmaba "Arramele", escribió por entonces: "Este joven escultor, Murua, ve formas donde no las hay". Que es, en suma, de lo que se trata. Algo tenía que decir ante una muestra que, en un Donostia austriaco, borbónico, chocolatero, rococó y finolis, constituía una actitud 'beat'. Pasó luego el performancista novel a hacer folklore primígeno y motivos populares -- no populistas -- de antropológica rudeza. Ello, una vez cumplido el bachiller de informal. Quien por esos mundos vagabundee hallará, téngalo por seguro, obra de Murua. Un Murua que ostenta el título francmasónico de Maestro Tallista del Arte de la Madera, Diplomado en Dibujo Artístico y Diplomado de Honor por Santiago de Compostela. Guardan piezas de su firma en el Museo de Lujbljana (Eslovenia), en el Diocesano de Donostia, en el ábside de la iglesia zarautzarra de San Pelayo (es imaginero tremendista): en la Diputación guipuzcoana, en el Banco de Navarra. En Ultramar, ya se dijo, permanece disperso. "Ahora trabajo por amor al arte. Y me dicen los hijos, sigue esculpiendo, sigue; ya adivinarás por dónde van..." Y guiña el ojo.


































































































































































































































































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martes, diciembre 02, 2008

Zumeta en Atallu

Pintar sobre el propio aliento
Comenta José Luis Zumeta en voz tenue que pronto cumplirá 70 abriles. Nadie lo diría y además eso no es nada en plena era filosofal. Del cofre donde guardo mis papeles del entorno otéicico, blocs, imágenes, catálogos, galeradas sin corregir, surge un escrito que data de su transición decisiva, 1985. Se le ve, en la foto de aquel ayer, entre rollos de papiros de embalaje como soporte alternativo. Luce más joven que en estas otras; pero no tan juvenil.
Rafael Castellano (texto y fotos-APGE)
Es propiedad-Rights reserved
Había roto Zumeta en aquella etapa con un pasado durante el cual se encarnizó contra una sociedad cursi, teleadicta, paellera, benidormiana, dentífrica y modrega que alquila limusinas blancas como ambulancias para hacerse la foto del casorio antes de la luna de miel en Venecia. Estampas aquellas, exhibidas en San Telmo, Donostia, que me entusiasmaron; pero de las que él desistió sin renegarlas. Sólo las relegó y ahora son joyas. Siguió a su catarsis la serie de los papiros, los llamaba, aunque se trataba de cartones de empaquetar. Se había puesto a abstraer como en duemevela, a reducir sus vehemencias en manchas donde bailan como volutas unas siluetas posiblemente más rigurosas en su trasfondo costumbrista, pero esta vez distanciadas del color. Ajenas, quiero decir, a un colorido explosivo que terminaría, en la vida interior de Zumeta, dominando la coreografía. Asomaba ya el fovismo, que es la pintura tiflológica: la de las personas ciegas. El personal invidente también se dedica al arte con pasión. En los tubos que estas gentes utilizan los colores basales vienen descritos en braille en la etiqueta. Pero el artista de las tinieblas, por razones obvias, rara vez se arriesga a la mezcla. Zumeta aplaca esas tonalidades, las transforma en fuegos fatuos. Permanecían, en esta época zumética surgida de mi viejo cofre, 1985, ya dije, ciertos perfiles humanoides a modo de flashes en sordina que emergieran de la danza flamígera, inasibles. Yo -- ejerciendo mi derecho a la percepción que algunos me niegan por no haber pasado por Bellas Artes -- las asimilo al ejercicio de la caricatura decimonónica, ácida, que fortaleció las artes gráficas del siglo XIX. Pintor en París tras pasar por Estocolmo y Londres, Zumeta tuvo que saber de Vernet, Pigal, Daumier -- sobre todo Daumier --Gavarni, Trimolet, Traviès. Sospecho que me repito, pero ni nadie ha leído todo lo mío ni está obligada a ello, y se hace imprescindible insistir en que el jovenzuelo (no juvenil) Zumeta fue dentro del Ez Dok Amairu pictórico uno de quienes obedecieron al axioma de Mendiburu: "Como el salmón del Bidasoa, nos llegamos a mares lejanos para concebir y desovamos aquí, río arriba". Tenían Zumeta y Joxean Artze una Vespa. Artze, en desalmado anonimato, es el letrista de Mikel Laboa, entre otros. Con aquel vehículo neorreal llegaron sin mecánico hasta territorios hiperbóreos. Museos, galerías, expos: más vividuras que vivencias. En Francia, más allá de la Gioconda, conviene observar a pintores callejeros y retratistas al minuto del Sena e inmediaciones de Saint-Julien-Le-Pauvre. O sumergirse en hemerotecas a partir de 1830, de La Otra Revolución que en esa fecha hizo el agosto de todos los caricaturistas y editores de estampas hasta entonces bajo censura. Se abría, ese año, la veda del prohombre. La colección de "La Caricature" resulta imprescindible para cualquier perspectiva histórica sobre el evento. Me dijo Zumeta cuando le interrogué sobre fuentes de inspiración que se había pasado horas y horas delante de la tele y de entrada no le comprendí bien. Ahora constato que estaba en su 1830 francés, ni mayo del 1968 ni vainas. Era "La Caricature" un caos bufo, sanguinario y desternillante. Qué son, si no, hasta la fecha, los acontecimientos políticos cotidianos, las ruedas de prensa precocinadas, los horóscopos de los economistas, la interviú al jerifalte con las impertinencias en dosis de escrúpulo, las moñoñas de ETB que usan el nos mayestático para incluirse en la turba chusmacera con eso de "la crisis que a todos nos afecta" sin perder el aplomo y sabiéndose blindadas para siempre; o las secciones obligatorias de cultura oficial traducida del cool neoyorquino y del Rolling Stone, o los editoriales del si-no-tampoco, el ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio, los pasteleos en los presupuestos. Etcétera. Además de los depósitos del arte que en vorágine napoleónica París y Estocolmo habían concentrado tras intensa rapiña de talentos (y de obeliscos), y no se olvide que los reyes suecos descienden de un mariscal gascón, Charles Bernadotte, en los tenderetes de los muelles parisinos abundan las estampaciones, grabados, serigrafías, hemerotecas de la decadencia. Como Pigal, por ejemplo, Zumeta supo recrear en algunas de sus muestras esa gente que frecuentó nuestras cocinas o salas de recibir. Eran, o son, o fueron, (in)certidumbres vulgares, pero (in)certidumbres al fin y al cabo. El fundamento del artista plástico, en todas sus épocas, hay épocas que duran un día, es que mirar es comprender. Y, si se es lo suficientemente hábil para explicar en tabla, lienzo o cartonaje lo que se ha comprendido, esa tarea entra de lleno en la riqueza sociológica de los pueblos. La Comédie Humaine, el balzacismo, el folletín de
Sue y Montepin siguen vigentes. Cuando uno mira en derredor muchas gentes se parecen a las pinturas y no al revés. No digo de Zumeta, cuidado, que aquel arranque paródico suyo fuese fruto de sus captaciones parisinas, sino que éstas se le asemejan. Muchos nos hemos vestido y peinado, rememoren, según lo dictaban, más allá del Vogue,
los posters de la pelu y similares, El Víbora, Makoki y TMEO. Hay gestos, actitudes o fisonomías que muchas veces nos hacen pensar, en una exposición, que lo que allí se exhibe en estriptís conductual es el respetable y no lo que cuelga de las paredes



En los días de la dubitación, los tardosetentas con un Franco grotesco y tan parkinsoniano que los nodos tenían mucho de cine de los Lumière, José Luis instala un inmenso mural de cerámica en su tierra natal, Usurbil. Es un impacto, un estallido de pelotazos que rompen en centelleos el frontón. Le llevó un tiempo manual, otro conceptual, además de los trámites para convencer a ciertas mentes monocarriles: fue de 1973 a 1974.
A partir de entonces la pintura sin acequias de Zumeta se aproxima (sin intención de seguir maestrazgo alguno) a la idea de la jamsession de un Oteiza -- alias Oteitza -- que transformado en estratega observa la línea de fuego con el catalejo al revés. Habré escrito muchas veces acerca de Zumeta y sus mudanzas de estilo, que no de esencia. Las he atribuido a sus estados de ánimo, lo cual no significa descubrir la pólvora. No quiero decir con esto -- por favor, huyan de la obsesión clínica a que nos obligan ciertos masmedia -- que la expo de éste nuestro esteta en San Telmo, tan sulfúrica, brotara de la aversión al spot y a los telediarios risueños como lavado de cráneo por dentro. Ni que el arte plástico sea una terapia. Zumeta es algo garduño, muy rural y jamás se ha dedicado a buscarse a sí mismo porque intuye que el sí-mismo es lo único que jamás podemos perder: lo llevamos puesto. Eso sí, vamos mutando las células y sus lienzos y estructuras no son ajenos al fenómeno. Todo trabajo, aunque lo insinúen como recibir un salario por hacer lo que a uno le gusta, obliga a un esfuerzo y un tejemaneje muchas veces inaguantable. En ocasiones resulta que es lo único que un sujeto determinado sabe hacer para sacarse los garbanzos. La travesía laboral de las bellas o feas artes conlleva un mareo, una angustia. Más aún, lo trascendental aquí es regresar a lo que se produjo hace años. Tampoco es que el tiempo también pinte, otra sinsorgada: quien pinta es, desde la distanciación, el ojo de quien creó los cuadros. Sólo con ese transcurso de las témporas se satisface. Bueno, se alivia. Parcialmente. Zumeta ha preferido dar paso a escritores para que expliquen, es un decir, sus inefables labores. Es incapaz de discursar en vacío, de toda cultilatiniparla, no se distrae en descripciones cartesianas de sus procesos creativos. Vlaminck, por ejemplo, el fauve radical, lanzó la frase cabreada de que "la peinture c'est comme la cuisine, ça ne s'explique pas, ça se goûte" ante la eterna y fastidiosa pregunta de qué-has-querido-decir-con-esto. Pero aunque su dicterio es un feliz hallazgo retórico, y dado que el espectador se negaba a catar su obra, tuvo que obligarse a escribir acerca de ella cuaderno tras cuaderno. Teoría después de la práctica. Muchos, como Vlaminck, han sacrificado tiempo de creación a esas labores de apologética. Zumeta, no. En ese catálogo para el Museo Municipal de San Telmo, 31 de julio de 1985, que se me ha deslizado entre los dedos al hurgar otras reliquias del baúl, el 'lehen feredikia' o proemio corre a cargo de Bernardo Atxaga. El epílogo me correspondió a mí.
Escribí entonces: "La nueva etapa de Zumeta es un viaje al plano, a los planos, con otra índole de armamentos; un safari con bala letárgica; un alegato contra la placidez, siempre: un cuadro debe desasosegar; Zumeta se ha colgado de la muralla y se entretiene en el vértigo porque la cumbre en sí no es un fin, lo es el trayecto; lo cual no significa que no nos anticipe un trailer polifónico de lo que va a ser el grito sin oxígeno una vez franqueado el repecho y mientras se consulta el mapa en busca de paisajes y eminencias más dilatados. Estoy seguro de que Zumeta me llamó para que escribiera estas líneas acerca de su sustancia exteriorizada -- sus cuadros no terminan en el cuadro -- porque sabe que lo suyo me gusta, me mola y sabe que yo sé que él lo sabe. El misterio está, fuera de todo apasionamiento, en que Zumeta me mostró anteriormente -- y de forma involuntaria, como siempre suceden estas cosas -- en qué se distingue un cuadro vivo de un cuadro muerto; hay trazos, signos evanescentes -- el dedo que se pasea sobre el cristal después de haber echado uno allí su propio aliento -- de mayor entidad y consolidación que otros trabajos minuciosos, virgueros y virgúlicos; porque en muchos casos el arte puede rayarse, rasgarse, quemarse, falsificarse: lo que no puede someterse jamás a estos procesos es el instante; Zumeta tiene algo de animista laico, sabe sugerirnos que está en posesión de arcanos y pócimas para lograr colores no convencionales situados más allá del otro cromatismo. Queda la vibración invisible, llámenlo neurona, ectoplasma o tesis. No se caiga en la tentación de imaginar que nos hallamos ante un Zumeta converso, antagonizado con sus calendarios y sojuzgado por la esperanza. Bajo la pata de terciopelo las uñas del artista felino, hermético, arrancan chispazos y volutas; lo suyo es demoler la cantera con barrenos mixtos de trilita y pirotecnia -- previamente se les extirpó la impertinente geometría a los sistemas --; y
de esta forma nos muestra paisajes ocultos, sublimados en la rutina de una memoria hacia delante; se suplanta la perezosa memoria genética por la memoria genital, la creativa; se recusan los pálidos entornos de la vida misma; Zumeta renuncia -- momentáneamente-- a la explosión en favor de la eclosión. No puede hablarse, pues, de un Zumeta recapacitador o reflexivo, a que este tipo de actitudes o circunstancias requieren de un quietismo que aquí no asoma por ningún lado, ni dentro ni fuera de los forzosos rectángulos u opérculos; un cuadro suyo sigue siendo algo, por lo menos, sobresaltante; un ejercicio de astronomía inmediata; una agregación enharmónica de signos que brillan y mutan sin coagularse jamás; un ejercicio caligráfico que hace la rúbrica inútil. Un Zumeta es ese grito en la noche -- dirigido a ti solo -- que nos arrebata al duermevela y nos impregna de tinieblas de colores. Eso fue lo que dije en 1985. No me desdigo. Agregué, sorprendentemente, un poema telegramático en euskara:
hats eta irrintzi/ zumeta zume/ izan zurrunbiloan/ amets bortitz/ intziri lehertu/ argilunen paradisoan/ margoen altzoan/harramaska/ geometriaren kaleetan/ kromatismoaren zorabioan/ taup/ zirriborro dardarti/ piroteknia salati/muturreko bat/ bide ertzean/ hodei miazka/ zutaz galdezka























































































































































































































































































































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jueves, octubre 09, 2008

Oteiza alias Oteitza XIV

Segundo Ruiz Roca
Deja memoria para largo.
Ha trascendido no sólo por su
prodigioso museo particular, sino en las habilidades de rastreo
intuitivo que supo inculcar en algunos discípulos a quienes ayudó en sus tesinas gracias a sus tesones. Con Segundo Ruiz Roca, albañil, trampero, alimañero y guía beduino de Nabarra la arqueología por libre pierde a un tozudo Livingstone --sin doctorado, supongo -- en Tierraestella y aledaños>>>>>>
Texto y fotos: Rafael Castellano (APGE)
(Es propiedad-Rights Reserved)
Fue Segundo Ruiz un pozo de ciencia intuitiva, un fisiócrata de los que no quedan, una inteligencia en simbiosis con los siglos. Dispuso de los reflejos mentales de un Sherlock Holmes – otro autodidacta -- y los recursos predatorios de un Robinson Crusoe o un Ciro Smith, el de “La Isla Misteriosa” de Verne. Segundo Ruiz Roca discurrió por toda una existencia, que se me antoja tan breve como intensa, recuperando las arqueologías y quimeras de ese gran filón del pasado que es la Merindad de Lizarra, Biana, Ioar y zonas adyacentes. No escaparon de su oxiopía de sherpa ni una punta de flecha, ni un blasón de fachada hidalga, ni una fíbula romana, ni un arpón fluvial, ni una estela discoidea, ni el lugar exacto donde se libró, con esqueletos que lo atestiguaban, una escaramuza de guerrillas. Coleccionaba calaveras de fraile. Quizás, de santo>>>>>>>>>>
Sabía, de paso, dónde levantar una liebre, cómo capturar a pulso grandes culebras, bicharracos que ni Linneo catalogó y lagartos del tamaño de un dragón de romancero que algún cómplice de lesa zoología se esmeraba en taxidermizar. Con idéntico instinto venteaba el paradero de una falcata ibérica, un azulejo de termas romanas, ajuares de los días del Bronce, un cachorrillo de bandidaje, osamentas de apestados o una tercerola de la Segunda Guerra carlista. Conoció toda grieta susceptible de revelar un hueso, una bala, una llave de barbacana, una momia eremítica o cualquier otra esquirla de la Historia. Y botánica: "¿Qué ramo lleva esa señora?" "La flor del espárrago, coñe, la flor del espárrago". En Biana me señaló la losa de Cesare Borja, "Aut Caesar Aut Nihil". A cien varas del interior de la catedral donde fue de primeras enterrado. Tras la excomunión sacaron sus despojos del recinto sacro, la iglesia de Santa María, templo y fortaleza que se edificó entre 1250 y 1329 y cuya portada, añadida en el XVI, dio sombra renacentista a su sepulcro. Éste quedó en mitad de la calle para que chusma, bestias, rebaños y carruajes lo pisaran. Cosa que hicieron durante siglos.
Borgia -- Borja, oscense, de Osca, de donde procede óskaro-eúskaro, algunos quieren que 'etrusco' sea la raíz -- había fallecido en combate, mejor dicho en asechanza, en Mendabia, 1507. Luchaba como agramuntés a favor de la independencia del Reino de Navarra contra ese puzzle imposible que se iba preconstruyendo, o se preconstituyó siglos después gracias al Florido Pensil, llamado España. Existe un monumento muy regio de Cesare Borja en bronce, obra de Fructuoso Orduna, posterior a los anatemas que sobre su persona se volcaron. Se erigió en 1965 y más vale tarde que nunca. La losa maldita, empero, seguía allá donde estuvimos y muy cerca se situaba una Fábrica de Antigüedades. Como se lo cuento. No era Segundo de ese cariz.Cuando el viudo y ya vejestorio Fernando alias El Católico pretende seguir reinando en una Castilla donde no rige la Ley Sálica (en Aragón, sí) se le insinúa que allí como consorte ya no pinta nada, que la Reina de la sangre es Juana, a saber si loca o enloquecida por los cronistas. El nuevo consorte es un joven austriaco apuesto y buen pelotari: Felipe el Hermoso. De regreso a su trono de origen, casaría el decrépito Fernando con Germana de Foix para intentar en vano que la descendencia propia impidiese para siempre jamás que Aragón y Castilla, de nuevo desunidos, y con cuyos cortesanos estaba cabreadísimo, volvieran a juntarse. Curioso que el Papa Borja llevara entre sus apellidos el de Santxonea, propio de más de un agote baztanés. Por eso las postreras fazañas de Cesare Borja, nombrado Condestable de Navarra por el bando de Agramont -- contrario éste a que Nafarroa y Castiella se integrasen en uno -- lo fueron contra el Conde de Lerín, Luis de Beaumont. Ordenó Lerín que se le hiciese emboscada a Cesare, contra la historia procastellana de que falleció en una refriega ocasional. Lo que sigue lo cantaban los beaumonteses cuando los Labrit hubieron de pactar con Beaumont:
"Labrit eta Errege/ aita semea dirade/ Kondestable Jauna/anaitzat artu".
Traducido: Que los Labrit acogieron como hermano a Borja. Allí, insisto, estaba la losa, y no creo que siga en su lugar porque Viana se estaba derruyendo de esa forma que tanto detestaba el albañil sostenible Segundo Ruiz Roca, rey del adreilu y las losas caravista. Sabía algo de euskara. Cuando le convenía. En una de las iglesias, a todas tenía acceso, me condujo hasta el sarcófago de vete a saber qué otra eminencia o príncipe renacentista. Solían acudir a él para alzar la tapa en caso de exhumación o traslado. “Se ve la figura en un segundo, como una estatua de polvo, y luego se desvanece y todo queda en ceniza, aquí había un infante, moví la losa y pudimos verlo”. En voz baja, reflejo adquirido que no logramos trasladar al patio de butacas del cine. Luego, señalando un convento de monjas a través de la ventana saetera: “Eso lo quieren derruir, también, es edificio de valor, ya se hará algo”. Contratista por oficio y para el sustento, conocía el límite sensato entre la necesidad de hormigón para edificar y su derroche en especulación territorial. Sólo hace unas semanas supe de su fallecimiento. Otro que se va muy joven. Malogrado ingenio. Nos puso en contacto Fernando Beorlegui, el eminente navarro de Eibar que además de pintor, o precisamente por ello, sabía rodearse de geniecillos de aldea, de pícaros sin biógrafo y de maritornes vasconas, modelos ulteriores para el lienzo y temple desde la memoria onírica. Se empeñó, digo, en que Segundo y yo nos conociésemos. Frikis declarados ambos -- Segundo y yo -- la sintonía fue inmediata y ya nunca me negaría información, ni una cita en exclusiva, ni una próspera caminata por sus dominios. Que la senda es de quien la transita. Tuve asimismo a través de Beorlegui noticia de Zurbano, otro filósofo de Lizarra.También, de la pareja de taberneros del puente viejo que lleva a la Rúa, la Judería, la barriada de Segundo. El ventero era un numismático que adhería sus billetes republicanos entre los vasares de botellas. Tratante en tagarninas, cuando quise saber de dónde importaba aquellos puros tagalos, helicoides, me respondió que crecían en Los Llanos, parque contiguo a su chiringuito, y que, como con las setas -- o los espárragos, o los pimientos morros de Lodosa -- había que ser experto en las épocas propicias. Ni guiñó el ojo. Supe de inmediato que aquellos vegueros asimétricos, hoy pecaminoso veneno, eran de contrabando. O sea, ajenos al monopolio. Acompañé a Segundo Ruiz en sus rastreos durante jornadas añoradas de mediados de los 1980. Aprendí de él a senderear siempre en busca de algo inconcreto que siempre aparece. Herraduras, piedras de honda, caracoles fósiles de tierra adentro, manzanas (este año, buena cosecha). Llegado el caso, sencillas pero exquisitas moras, 'masustak'. También, faltaría más, 'basaranac', palabra de la que procede 'pacharán' y que significa ciruela selvática. Pesquisábamos a brincos y pestañeos. Sin cronometraje ni esa fiebre lineal del fitting ciego, sucedáneo de la mili que algunas damas se imponen para ahuyentar el begizko que hoy es el estrés y ese birau que conceden los michelines y pistoleras. Undós, undós, mirada al frente. Eso no es pasear. Concedamos que cuanto más flaco y elástico, en más estrechuras de espelunca -- lezea -- cabes. Se corren riesgos yendo solo, aunque tampoco ayuda en nada una compañía gafe, timorata y sin fe en los hallazgos inesperados. La estepa pertenecía al estepario Segundo, las cárcavas rocosas eran su atmósfera de liquen y sílex, las marismas fluviales su espejo. “Eso es un jilguero, eso una chotacabras, eso un pardal, eso un azulón, eso un somormujo, y si vienes de noche se oye al buho que es gran duque; y eso un verderón, eso tordos en celo, me iba describiendo, señalando arbustos o copas de árbol, como quien enumera instrumentos de una orquesta intepretando a Strawinski. Un Von Karajan selvático, Segundo. Nervudo, córvido, infatigable, me invitó el primer día a recoger fragmentos de vasija en cerámica de la Edad del Hierro. Él marcaba la senda, ágil como un simio. Bueno es recordar que todos somos primates, que pasarán millones de años y seguiremos siéndolo. La ventaja, que nunca habrá dos idénticos. También buscábamos, me indicó, añicos medievales caídos al camino por un terraplén a raíz de unas excavaciones clandestinas practicadas en territorio de Los Arcos y que duraron, agárrense, dos años hasta resultar detectadas y paralizadas por los federales, qué digo: los forales. La ilusión del inexperto me movió a recoger un sugestivo cacho rojizo de cerámica o algo similar. “Eso no, cagüen el Diablo colorau, eso es un trozo de botijo”. No es tan fácil. Le enseño otra, al rato: “Eso es un cacho de teja, hombre: siglo XX”. Unas horas antes, Segundo, nada más recibirme en su casa-museo de la la vetusta Judería, con cuyo entorno encajaban sus rasgos, me condujo sin preámbulos hasta el último desaguisado por él descubierto. Se trataba de un escudo nobiliario desprendido al restaurar una casa antigua y que manos sin escrúpulos habían arrojado al Urederra. Nuestro trampero lo rescató con su cabrestante, poniendo a continuación el grito en el cielo y averno. Fue su debut en prensa, todo un scoop local. Dijo, sin fingir modestias, todo lo contrario: “Como yo, hay delegados en cinco zonas y en contacto con la Universidad de Navarra. Son las zonas de Zudaire, Mendavia, Sangüesa, Pamplona y Javier”. No tenía Segundo – por fortuna, quizás -- lo que suele entenderse por estudios. “Ninguno de los prospectores de la zona los tiene, excepto Ángel Elvira, que es maestro nacional, pintor y arqueólogo. Pero realmente se necesitan unos conocimientos grandísimos; porque te voy a decir la verdad, por aquí pasan licenciados y universitarios para hacer la tesina y nosotros les vamos enseñando las atalayas, los montes, los desfiladeros, las vaguadas, que no se los saben; ni si es una vía romana, que siempre se sitúa junto a ríos, riachuelos o mares, o de la Edad del Hierro o del Bronce, que suele ir por arriba; o del Neolítico, también cerca de los ríos y las montañas. Aquí en Montejurra, que es sitio extraordinario, se han encontrado puntas de flecha, hachas pulimentadas, la vasija con las cenizas...”
He aquí la trampa o truco de Oteiza alias Oteitza y su obsesión con el cromlech vacío que se hermana con la idea de Anaximandro de que el mundo es un infinito hueco con objetos que flotan en él. Nunca quedó absolutamente vacío ese microlito celta instaurado en zona de bascones y que se empecinan en atribuir a íncolas.
Es de necios, pienso, empeñarse en convertir a los vascos en alienígenas caídos de un aerolito e incapaces de migrar de zona circumpirenaica. Las escarpaduras de Biana, de Ioar (1.414 m) se presienten habitadas en principio por tribus subvasconas de berones y aquitanos. Es decir, preindoeuropea. Cierto, pues, que primero hubo castas indígenas a las que se mezclaron celtas, los de Stonehenge y otros santuarios hábiles para el cómputo de solsticios, o de imitación firmamental para calendarios de sombra. Los iberos son los últimos en arribar por mar a la Península. Cuando en Nabarra se asientan las razas híbridas, todas montaraces, ello tras varios desplazamientos y vaivenes del clima, quedarán sometidos a toda suerte de influencias exoculturales. Y no las desaprovechan. Cualquier inventiva ajena engancha en una civilización ávida, como hoy, de tecnologías punteras, de I+D+i que equivale a espiritualidad avanzada. De ahí la sucesión de herejías aceptadas en Vasconia porque desterraban creencias ya caducas. En el centro del cromlech se vertían los restos incinerados del difunto distinguido. Desde el inmenso instante neanderthal, especie que controló el fuego, o sea, la energía nuclear de uso doméstico e idolátrico, y más tarde, durante los milenios de coexistencia con el cro-magnon, se sepultaba al cadáver con ataduras. Para que no regresara a atormentar a los vivos. Así pues, no se comprende esa insistencia debida a Barandiaran -- cuyo aspecto era de homo calpensis -- de que un clan de vascones-berones descienden del Cro-Magnon, al fin y al cabo apreciación creacionista: Cro-Magnon es belleza, Neanderthal fealdada. Encima, apolíneo. Sólo que no hay generación espontánea de cromañones en zona cántabroaquitana. De otras castas precedente surgidas de otras más primitivas emergerían de forma, siempre, paulatina hasta lo imperceptible.
A saber cuándo, y debido a qué supersticiones o religiosidades, se pasa a hacer trascender el cuerpo difunto con el fuego, después con la tierra. Por consiguiente, nada de cromlech vacío. Nunca lo estuvo. Favorecía ese ilusionismo otéicico el que sólo aparatos tecnológicos avanzados, de los que pillan el desoxirribonucleico, las hubiesen discernido de la greda. Bajo el dolmen, en cambio, los restos incinerados se protegen con urnas toscas y pueden localizarse. Ilusionismo, pues, el 'erre ke erre' del de Orio. (Vean la etimología pasada a lo coloquia en castellano. Erre-ke-erre: quemar-humo-quemar). Todos los fines de semana – es oficio de solteros solitarios, el de ojeador de arqueologías – practicaba Segundo su huroneo como agotador reposo tras los cinco días de andamio y palustre. Vistiendo, desafío a quienes se disfrazan de boyscout, el pantalón de cristianar con raya bien planchada y un niki de cocodrilo. De mercadillo, que como los duros sevillanos llevan más ley que los auténticos. Repeinado y dandi. Era su casa un batiburrillo de vestigios, una almoneda paleográfica donde un caos euclideo -- hoy fractal -- se organizaba metódicamente. Poco a poco fui constatando que Segundo Ruiz peleaba contra la entropía cultural, el urbanismo bursátil y las visitas guiadas que prohíben que se deambule libremente, como antes, en los recintos con precinto. “Esto que ves aquí son los molinos, los tornos, todos encontrados en superficie” – que quede claro – “en Espronceda, en Los Arcos, en Estella, en Muniain, en Oteiza. Y luego, aquí tienes estelas funerarias y escudos del siglo XVI”. Sólo hacía de cicerone si se le pedía. Lo demás, dejaba al curioso subir y bajar las escaleras de su casón, examinar el botín, ¡tocarlo!
Me extrañó un cipo o idolillo que disonaba allí incluido, y pregunté a ver de qué época y procedencia era aquello. “Ése le he hecho yo”, sonrisa de raposo, de oreja a oreja. Según dijo, lo colocaba allí por si le venía un enteradillo de tres al cuarto y lo designaba como iconística cartaginesa, o totemismo del magdaleniense o musteriense. Para pillarlo en un renuncio. Qué hombre. Su predilección, el Neolítico y las Edades del Hierro y el Bronce.
“Y luego, lo medieval, que de eso en Estella hay cantidad, por ejemplo la Judería, aquí en la Rúa; y los castillos, lo que queda, que el Cardenal Cisneros se empeñó en demolerlos todos. Y aquí tienes los sílex de Cascante, y monedas también hay cantidad. La última que me encontré en Montejurra hace siete meses es de 1575, de Castilla y León”. Saltos de época en época, de era en era, en piruetas de milenios, mientras mostraba el surtido de bifaces, arsenales, osarios, culebrones en vasijas, cornucopias con fantasma dentro y bestiones -- gárgolas -- carcomidas por la desidia. Muy valioso todo cuanto rescató, si se ha conservado.
Había en la escalera espadones en panoplias, mosquetes, dagas, joyeles visigóticos, calaveras que acariciaba algo sardónico, como Hamlet con la del bufón Yock. Y grifos gigantes de embalse, y
una Santa Teresa con su pluma. Junto a ella, el famoso cartel
para lugares públicos de “Se Ruega Hablen Bien”. (Como el actual “Por Favor, Apaguen El Móvil”).
Tenaz hormiga humana, todo lo linceaba y recuperaba para después arrastrarlo a brazo hasta su vieja casa y almacén. “Yo empecé de chaval con la cosa de la paleontología, fósiles y eso. Los tengo a montones. Fíjate en éste, que bonito, un caracol que para mí es del Terciario: tiene ciento ochenta millones de años”. Se me puso cara de vértigo y Segundo lo malinterpretó: “Sí, hombre, palabra de honor”. Y exhibía otro, y otro, y muchos más. Nunca puso límites a sus rastreos. Desde el Terciario en adelante. Trilobites y trabucos. Conchas marinas de tierra adentro y tahalíes carcomidos. Bombas de bombarda y granadas de anarquista de tebeo, de las metálicas de mecha. Lo que hubiese. “Aquí, a dos kilómetros de profundidad, sacas cosas del Primario. Los alemanes, con unas cámaras para sacar petróleo, sacan las estrellas y los fósiles de esa época”. En Nabarra, efectivamente, se hicieron prospecciones de hidrocarburos en capas de bituminosos de la zona de Agoitz, y lo aproveché para la trama del guión de la película “Eskorpion” que dirigió Ernesto Telleria y protagonizaron François Beaukelaers y Jean Claude Bouillaud con Klara Badiola, AgnèsChateau, Antonio Resines. "Eskorpion" fue filme vapuleado con saña virulenta por el crítico Santiago Aizarna, cinéfilo detenido en Truffaut y Françoise Sagan. Tuvo éxito "Eskorpion" en Francia, donde por fortuna no se lee "El Diario Vasco". Vean de nuevo que lo que se crea con gran esfuerzo, tiempo e inversión fiduciaria e intelectual, lo tumba en media hora un comentarista borde. Quise cerciorarme, durante la investigación previa a la sinopsis, de lo que se me comentó una noche en Agoitz. Segundo me respondió en su jerga particular. “Yo creo que aquí hay cantidad de tapones” -- yacimientos petrolíferos -- “en Santa Bárbara, en Cirauqui, en la parte de Eguskitza; o sea, cuando yo salgo al campo veo los tubos ésos. Para el día de mañana, si pasa alguna guerra mundial, España ya sabe qué hay”. Me concedió así, a su manera, la solución al núcleo de la peli, la localización de exteriores y un plan energético de emergencia por entonces enfrentado a otras alternativas que todos temíamos y tememos. Hoy, lo que pasa, es que el crudo resulta más caro extraerlo que venderlo, porque va muy barato el barril. Es decir, exactamente lo mismo que en Senegal, donde los trapicheros globales prefieren los diamantes y el coltan.
Segundo estaba dispuesto a facilitarme datos al respecto, pero en ducha fría. “Los alemanes dicen que no hay”. ¿Intereses, mar de fondo? “Aquí en Estella se han hecho pruebas, por medio de unos cables iba un camión y según los movimientos lo iban dibujando”. De nuevo, la esperanza: “Entonces, sí que hay petróleo”. “Sí, sí, sí, yo creo que sí que hay. Gas, al menos, sale cantidad. Y otra cosa. Hace poco se anunció en Estella que había minas de oro y lo han denunciado a Madrid. Debe haber un filón desde la parte de Santa Bárbara hasta Berástegui”. Si antes lo pienso... Era lo que le faltaba a esta comarca bronca y fronteriza, a este Far West de la Nafarroa honda, para asemejarse a las descripciones noveladas de Pablo Antoñana: botín y fuego. Y uno veía ya a los lugareños con los calzoncillos totales, de batidor de auríferos, que siempre usó Jorge de Oteiza. ”Aparte de todo cuanto veo aquí, ¿tú has descubierto algún tesoro?” “Bueno, por ahora el tesoro que me he encontrado en Espronceda era un colgante muy bonito, un diamante que me robaron de la Casa de Cultura entre los días 1 y 10 de mayo de 1982. Levantaron la vitrina y se lo llevaron: lo estábamos exponiendo allí”. Yo: “Se supone que cuando pillas una cosa de ésas hay que dar parte a la autoridad”. Él: “Hombre, si es de superficie, realmente no. Tú te encuentras eso por el campo, por ejemplo en el yacimiento éste, y lo puedes coger perfectamente. Ahora bien, si excavas tienes que depender de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas de Madrid... Bueno, ahora no, ahora tenemos una Autonomía y dependemos de la Institución Príncipe de Viana”. Luego me revela una de sus añagazas para cumplir relativamente la ley: “En época de arar, voy detrás del arado y recojo lo que va dejando al aire, que suele ser mucho”. Raro sería dar con otro personaje más en simbiosis con su tierra, con toda la tierra, incluyendo los edificios, las catedrales y basílicas, los cánticos del alimoche, los héroes en neblina medieval, las viejas bordas de adobe con sus cicatrices de metralla de arcabuz. De repente localizaba un erizo huyendo hacia la quebradura más insospechada, o te identificaba los gorjeos, además de los ya citados, de la abebuta – abubilla – y el pálpala de la codorniz. O te señalaba una por una todas las plantas medicinales de la tundra navarra, engañosamente uniforme en
la zona de Lizarra y aledaños. Era la suya una ecología espontánea sin una brizna de retórica ni apocalipsis. Sin el evangelio mercantil, pisaverde y algo beato que ahora contiene el término.“Oye, volvamos a lo del robo del diamante”. “Pues estábamos exponiéndolo cuando hicimos la monográfica", rememora, "y en un descuido que hubo levantaron la vitrina y se lo llevaron. Había tres colgantes, que eran el de Espronceda, el de Ordoiz y el de Dicastillo. Y fueron a por el mejor, a por el azul, muy bonito, ya lo verás luego en fotografía. Me pidieron fotografías varios, e incluso una persona que no quiero nombrarla... En fin, que no sé más”. Claro que sabía. Pero otro de los atractivos de las jornadas con Segundo era su carácter que oscilaba entre la pedagogía caiga quien caiga y el enigma. Esta vez se desahogó: “Yo, para mí que es una norteamericana”. No facilitaría más detalles indiciarios. Me dejó más acá de la duda razonable y además la súbdita USA ya se había reintegrado a su país. Échale un galgo. Seguimos recorriendo la casona de Segundo Ruiz Roca, dos o tres veces, incluso en fiestas de Lizarra y yendo él con el pañuelico de los encierros sobre niki blanco de cocodrilo. Manía o talismán. El desorden, en el museo, era sólo aparente. Todo lo tenía fichado y etiquetado en archivos alfabéticos de cartón. Me enseñó, en efecto, la foto del diamante azul, un caso para Hércules Poirot. Era la joya, sin duda, tentadora. Olvidémosla. “¿Con qué medios cuentas? Me refiero a instrumental, porque traerse acá todo esto a brazo ya es tarea”. “Pues para lo único que he necesitado grúa ha sido para ese escudo que ya has visto, que lo han tirado al río. Este otro era de mi casa, y ese otro lo compré. Y éste me lo encontré, fígúrate, al hacer obra debajo de los desagües, enfrente de la iglesia de San Juan, aquí en Estella. Estaba todo cubierto de yeso, ya ves cómo lo ha atacado, lo tuve que cepillar”. Toda la comarca se asienta sobre reliquias. “En Estella he descubierto, por ejemplo, Merkatandoa, que significa en vasco 'mercado viejo'. Y Noveleta, la primera villa romana que hay en Estella, que se decía que había un gran núcleo, pero que nadie sabe dónde estaba hasta que un día en que fui a cazar pollas de agua vi que allí había sigilata. Sigilata y tesala, que es para vasijas finas, mira, aquí tienes una tesala. Y así encontramos aquello”. “¿Tú no crees, Segundo, que esto podría acomodarse mejor en un museo que aquí?”. “Sí, realmente se hará el Museo de Estella,
que se instalará en el Palacio de Navarra, donde la cárcel, y que contendrá el Museo Maeztu, el de Etnografía y el de Arqueología.
Y si no, pues mira, yo lo tendré en mi casa para siempre”.
Pensativo: “Aquí viene gente de mucha categoría, sí, incluso franceses, alemanes gente que muchas veces tiene más
cultura que nosotros”. Como es lógico, más de un visitante le ha propuesto a Segundo Ruiz Roca comprarle sus colecciones. “Pero yo esto no lo vendo por nada, aunque me den millones, porque esto es un orgullo mío. Ya te dije que no tengo estudios, y sin embargo me llaman a veces de la Universidad y hay cantidad de textos sobre los hallazgos”. Se exasperaba, como frente al convento en trance de demolición, ante tantos edificios derribados de cuyo interior desaparecían cuadros, armas, enseres y objetos valiosos que la Diputación no terminaba de recuperar. “Uno por el otro y la casa sin barrer. Se llevaron a San Andrés, se llevaron las antorchas, que las busca la Interpol, robaron en Lizarra, en San Miguel se llevaron el San Sebastián, en el Puy robaron las verjas y me parece que se las llevaron a Tolosa”. En cuanto al famoso escudo de blasón tirado al río, el anatema es total: “Ese señor no tiene cultura ni tiene nada. Ni un chaval de cinco años hace eso. Yo le metía cien mil pesetas de multa y le obligaba a la restauración. Y luego, con su grúa, a su sitio”. Así era Segundo Ruiz Roca, insólito jacobino capaz, que lo valiente no quita lo culto, de defender la heráldica. Pasamos juntos un día de junio de 1983, al que siguieron otras correrías entre cabañas de adobe como las antedichas, aún en pie. Ahora queda averiguar qué fue del fruto de sus días de ocio productivo. Queda conocer quiénes se beneficiaron de sus empeños.
Importante inciso : Qué útil resultaría en estas circunstancias en que Lizarra-Tierraestella busca con desespero rastros que conduzcan al paradero de Maripuy Pérez y por consiguiente a la inculpación de quien la hizo desaparecer, el instinto innato de Segundo Ruiz Roca.
En cuanto a los contenidos de su Museo de la Rúa y la herencia o donaciones del mismo, nos informaremos y un día de éstos se lo contamos todo. Dudo muchísimo que descanse Segundo en paz. Más bien me lo imagino haciendo pesquisas en el Averno y lanzando su “me cagüen el Diablo colorau”. ¿Que si sabía dónde, cómo, cuándo y a quiénes habían fusilado los cuneteros, y dónde yacían? La duda ofende.

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viernes, mayo 30, 2008

Old Bilbao's Trend




Potxo Onandia's Bilbao Before Guggenheim cityscapes (1992)
Bilbao Before Guggenheim
Somebody who widely knows Bilbao and his trends in collectionism told this correspodent that a spleen activism is goin' on Downtown. The hip vindicates what it's called 'Bilbao Before Guggenheim'. It includes paintings, drawings, watercolours of its Iron Fever, so engraved in collective memory as phantoms of meccano cranes, smelting furnaces, foggy skies. It's like saying Paris Universal Expo and its everlasting miracles, clattering industries, tugboats and shipyards. A Bilbao that versatile artist Potxo Onandia, with its expressionist brush, hurried to describe directly as the news of restructuring into tertiary way of life became henceforth an irreparable reality. Bilbao indigenes claim now for a specific exhibit at Guggenheim's with the slogan "Bilbao Before Guggenheim". Why not.


Potxo Onandia's Bilbao Before Guggenheim Cityscape 2 (1993)

Plenairist Potxo Onandia was exhibiting in 1996 his recent landscapes at Kreisler Gallery, Madrid. Most of them painted in his home's surroundings of Basque wilderness when he didn't travel around the world -- and the clock -- doing his frenetic painting against light. He felt bored that evening waiting for visitors when he suddenly thrilled. Being a tall guy himself, he saw entering the hall a gang of actual giants.<<<<<Among them, not so collosal left wing Biriúkov, a soviet-glasnost adquisition -- 1,98 -- for Real Madrid Basket Club. Soccer crack Butragueño, a.k.a "El Buitre", a conspicuous collectionist, had transmitted his adiction to nearest locker rooms. Biriúkov Aguirregabiria, also a Basque by motherline said: "I like this one, it's Ukraine". Onandia: "No, no, it's Itziar". "Ukraine". "Itziar". "Ukraine, how much?". "Well...OK. Yo win, pal">>>>>>>

He sold all the batch in Madrid, Onandia. Like some years before, 1992-1993, he had sold like hotcakes at Arteta Gallery, Bilbao, all the canvas serial with nowadays ghostly mirages, some of them showed in this entry, of this Biscay city as it used to be before controlated explosions and precocious retirements for the blue dungarees tribes took place. Stablishment had decided the destiny of a Basque Southampton bound to metamorphosize. From bodyworks in heavy metal and shipyards, Bilbao looked up -- a huge majority thinks that down, and still tells the press the contrary -- to gastronomics, art museums, conventions, stem cell and neutron spallation laboratories. Also, Queen Elizabeth's cyclic anchorages and, in a word, tourism. It's the epidemic mall-syndrom of economics and environmentalismania.

Nostalgy has always implemented another industry, between camp, kitsch and the blues. Young Bilbao needs retrospection perhaps just for an indigenous identity lost 15 years ago.Therefore, the trend of jurassic skylines as a window in the wall or a kind of time-machine became cool. Icy. I wrote an essay about that time of him, Potxo Onandia, and now I need to recall it and also tell his fans that I recently met him in the street and that told me that he's still got some of these paintings, forgotten -- by him-- in the garret. Also, pencil drafts about Bilbao-Before-Guggenheim. So let's hurry once again. I said I wrote it, but an old journalist told me once that an interview is a reporting kind where one writes and other takes up the dough. One of those nice and cynical reporters of typesetter's and Leica era, you know.

Back in the dockyards

When I attempt to get Onandia to recount to me his lifetime, as one would tell it when suspended between two floors in a skycrape elevator or in the hall of a strike-bound airport, or as if we were back in Bilbao's smoggy dockyards, this fierce expressionist painter says that he doesn't know how to express himself, when all his canvasses are pure expression, or expressionist impressionism, or whatnot, let's spare him the tags. So Onandia sums up with an "I remember that I coloured my brothers' paintbooks with 'Alpino' pencils". That's a quite nice start.

They still sell them, alpinos, you can see it in shop windows and it's quite true, you can visually breath them as Marshall Mac Luhan himself should accept as an olfative remembrance. It is a very concrete stroke upon which to base his self-fullfilment. All plastic art, no matter how personal can it be, emerges from the simplest root: 'Alpino' pencils, 'Milan' rubbers and 'Guarro' paper are data of a memory laden with trademarks. Just like bread and chocolate, in Basque Country they're not already used to teatime, nor -- it's a question of time -- to junk food or snacks.

Mathematical idiom

Bread and quince jelly skies, that's it. In before-Guggenheim-Bilbao era, a nice, cheap and nutritional humpback. Everybody, I mean, has lived a fairy teenstory and therefore now feels like an adultescent. Melodramatic (Dickens), Sadomasochist (Tom Thumb, Cinderella). The battle in the aftermath of the war. The Civil War, Corea, Vietnam, Afghanistan, Malvines, Irak, Afghanistan, Somalia and so on. Young Onandia coloured untiringly everything he saw in black and white, or gray scale, that fell into his hands.

He would say later, at last: "Painting is light, colour is light. In ancient times perspective and geometry remitted to the absolute, Galileo said that the great world of Nature was written by the mathematical idiom". So did Fibonacci, and don't forget the Golden Number's worshippers. Onandia would occupy a period of his posterior life, in between two escapes to the horizon, painting meticulous geometries. In that still juvenile that is to say embryo painter, art continued to be a process, and if the results are beautiful it doesn't matter at all; that comes given as an addition. Moreover, the work once finished loses interest to the voracious creator; he throws it to the wolf pack of fetichists and inmediately seeks for other paths.

"On thursday afternoons", he says, "there was drawing class and that subject really interested me; I was mesmerized by the older students of the National School of Berango who performed marvels. They were actually merely copies, but it still dazed me". A vocation, as one can see is not a rocket, not a lightning in the way which strikes you down. It is rather the inavoidable need to emulate some overgrown children who to top it all do their opera badly and fraudulently.

Living photocopies

"It is terrible to say, but almost one hundred per cent of what is nowadays painted and sold is made by copying photos rather than from real life", he sights. We live in such a cybernetical life that it's no more that time is gold -- which it indeed is -- but to hurry itself as gold. Blatant copy as done by the fellow students of Potxo, today Onandia, has become legal tender. Exalted artists paint landscapes directly relying on the kodachrom or the photoshop.

However Potxo continues to board his jeep with its box, palette and easel. A road-story and maybe a beatnik attitude, never a pose. The value of his art, consequently, is that its works are artisan and energetic. He knew, he knows how to roam alone and recognise that it's a parody. He will paint this and that always on site but never makes pastiche nor instant, digital photography like portraits, and that's why a friend in common and also a painter, Juan Garro, portraited by him, said to us that "Potxo's portrait's are landscapes". We easily could say the viceversa, also.

Non-decorative art

The gaze of the artist from beneath the skin, the base of all the expressionism and to say expressionism is to say non-decorative art, can only arise from the face to face in two or ten days. Photography, and it's a photograher (also) who now writes, usually stops there in the hide and in the shirt, and for that almost all photoportraits seem to be after a few years like obituary photos you can find in tombstones under the scent of cypresses and sempervivums.

The introverted and telepathical Onandia portraits, otherwise, spring from the very focus that gives light to the eyes. It's the definitive brushstroke of the optical brilliance that so few know how to execute; a brushstroke which in the workshops of the Quattrocento was reserved for the master. The folds could be done by any. Yet, even the Greeks and Romane did them.

Watercolour time

"Then came watercolours", Potxo recollects. "I did many watercolours until I discovered oils". First, so, the box with its wells for indigo, ochre, vermillion, emerald green. Then the ultramarine blue and straight yellow. The combinations. The heady effluves of turpentine and the world as an everghanging casement; so kaleidoscopic that the attempts to ensnare it end up as a mythological race not against the clockworks of time, but rather against the sun, the cosmos, which is less controllable.

In the stimulating, suburban surroundings of Atxuri the neophyte Potxo Onandia attended Arts and Crafts. "I also studied mechanical drawing and descriptve geometry in the School of Quantity Surveyors. They wanted me, at home, to become a Quantity Surveyor because of family tradition in the matter of construction; but I wished to paint, to study Fine Arts. When I announced it to my parents there was a terrible row, it was a catastrophe!" Hereditary predestination uses to fail out, it upsprings a black sheep determined to discover its own pastures-- that is to say the eternal meadows of Euskal Herria, Asturias, Avignon, Segovia; wherever he should decide to halt using his big hunting boot as a brake.

"It's not learned"

Fine Arts was a form of initial selfaffirmation because "there I didn't learn to oilpaint; it's not learned, the truth is that you learn from what you go along observing". Potxo's father, he is not the only one, thought that Art was a profession for bohemians and he was not far out of the concept, only of the word. What really happens is that nobody stops to analyse exactly what is the significance of bohemian , nor of that other stern expression, "to be a man of gain", which to many of us seem so logical and sensible although it emanates from the most primitive social anthropofagy.

Chalk graffittist

That doesn't mean that to study in Quantity Surveyors did nor serve him for anything (although he was not there told that projective geometry is a prophane and arabic form of the sacred). But to enter into Fine Arts in Bilbao, where he finally enroled as the familiar storm abated, already constituted a desired trajectory ad a badge of identity.

It did'nt lead to anywhere, because universitarism and its following titulations, diploms and masters fulfills are no more than an admitted mixtification. Or alleatory beatification. Or a social standing. But as we have yet stated Onandia doesn't give a damn about the definite results of things. He is only keen on the creative art. The finished work nearly always has the sore pleasure of postcoitum. "When I enrolled in Fine Arts I felt the restlessness inside me but I didn't know where to direct it. In Quantity Surveyors some fellows told me... I also carried a copy book to class, full of drawings, and while we waited for the arrival of the teacher I used to fill the blackboard with drawings". Those coloured chalks were also a temptation for an Art hiperactivist.

Grafitti, also, we could say. The teachers inmediately took up note of that future Buonarotti who illustrated the common Sistine Chapel of a school for future building contractors and real state brokers. And as they ha plenty of common sense they openly said to him: "Why don't you enrole in Fine Arts?" Those were the days when the academies treated 18 years old youngsters formally. Onandia, the blackboard painter, soon changed rooms and his destiny.

Chakrasaramvaramandalas

"Except when I paint geometric figures those geometric drawings weren't of great use to me, I make my settings in a systematic manner". They don't suit. Those petty details remain for cave paintings like Leonardo's. "When I pass by a place and its images cause an impact on me, then I know what I'm going to paint. Sometimes I restraint myself, but it is something instintive and I'm more and more unattached to conventions. What I try to achieve is a unified balance of colours". He means an instantaneous perfectionism. An oil-done snapshot. Utopia.

The formula, also, rather than the image. Formulas to be drawn up. "Although, of course", he precises emphatically, "you can't digress from the pattern if you are going to introduce anything representational; still, and above all, comes the colour". His great geometric canvases are not an atonement. Nor a premise.

Although he doesn't try to analyse or stop to meditate about what could originate his drift or favoritism toward those entangled chakrasamvaramandalas in an euclidian version of fleeting symmetries, it seems to be, instead, a somewhat perverse revenge on the school of Quantity Surveyors. "At times when I had spent some days painting them", he explodes, "I had to paint a portrait of the first person who entered my vision land, just to act as a counterwight: I used to get very tense". No art without tension, let's remember.

Cyclope eye

Onandia's landscaping is the contrary. Freedom and aesthetic ease when his daily teaching hours, now he's a High School drawing teacher himself, finish. Teaching can be educative, he believes, and although highly stressed and anxious for a retirement that's not near he continues to believe so. "To leave class and start painting a landscape, that should be fine", he muses.

It is not that the live nature drawings of Onandia are placid or relaxing. Quite the contrary. In them even the rocks move and you find in them a disquieting, planetary absence of human beings on the settings. He places portraits out of the socalled ecologic milieu of the individual (anthropocentrism) and removes him, or her, from the Nature. Lost paradises.

Spectator imagines a cyclope eye, that of the author, covering all nuances for him alone. To communicate -- without devaluing it -- this enormous loneliness of nature as a momentary possession (ownership would exterminate magics: ownership is akin to marriage in the Garden of Eden) acquires betraying dimensions.

Great open spaces

"Of course, I idealize", he confesses without false outrage. "I idealize the landscape, and the cityscape, although in recent times I have a fixed idea: to paint parking lots. This will be done", it's his obsession, his mythological war against clepsydra until he gets 48 hours days, "when I have more free time". Onandia says that the teaching of high level technical drawing has given him liberty. He explains that it permits him to remain as a painter and relieves him of being the misunderstood bohemian to which his father was reffering.

He yearns, whatsoever, for the other out-of-cliché bohemian, the one that has no need for a lectureship to live on air soaked with turpentine. He symbolically states: "What most appeals for my imagination is the vegetation and great open spaces. I went to Castille searching for yellow colours".

Colour jamsession

As it was to be expected from the hyperactive, vigorous artist emerging like a firework display from the egg, conventional colours fell short for him. There is a base yellowish, and another chrome, and another lemon and so on up to the hundred. With green we suffer, in Basque Country, a similar illusion. So it is in Ireland, and "How Greeen Was My Valley" is just a synthetic retrospection of blue, gray, black and amaranth. He defines: "Thy don't sell in paint shops the yellows of Castille in september at six in the evening or thereabouts". Onandia is no realist, but for him reality is interpreted by the painter's eye for colour and it could be said that we all are somewhat daltonic when placed close to those doors of perception.

The artist's retina, then, improvises in-a-jiffy mixes. It's the jamsession of expressionism, the ragtime of postimpressionism, a mechanism born of an incessant search, brushstroke by brushstroke. Then another glance identifies itself where it has never been. But when it revealed where it has really beeen -- like when Moscu born and biscayan by origins basket crack Biriúkov identifies Basque Country, his mother's country, whith Ukraine -- then realism is produced that is not the real aim of Onandia. Although he has nothing against it.

A progressive enthusiasm
Returning to socalled yellow, Onandia admires "those tremendous wheatfields of the road from Valladolid to Segovia". Inborns, by the way, call them when the summer wind gets strong "The Sea of Castille", and you can see actually and down the mountains vegetal wawes. In our painter Potxo, it's an unequivocal feeling, everything constitutes progressive enthusiasm. He was intoxicated with the one-horse towns of France. He penetrated the mystic light of Asturias. He brought back home the Mexican exoticism and gulliverian mural paintings. Each day he receives a new revelation through the very window that awakes him.

He's able to hadle all the routines; he breaks, discovers and dynamizes them. He is sometimes a postbeatnik globetrotter -- "On the Road" -- and also sometimes donjuanish in his temporary settling downs. He eternizes each time and place that present themselves against his windscreen knowing that something is bound to crop up that will place previous pleasures that will put previous pleasures in the shade. And when he is forced to observe a sedentary existence he exercises the hereinbefore referred techniques of imagining that what is daily in permanent revolution.

The painter of landscapes or skylines just because of his function must be as the theatre actor, even radically shakespearian, who never recreates the same character even if he or she has been interpreting it for years and without adding or cutting a word of the original script. I'm not talking about Stanislawski or Bertolt Brecht or Actor's Studio, it's just because he or she who actually varies is the spectator. And if the spectator is always the same -- say the paintbrush-- he or she notices that the same is not identical to itself.

Says Potxo: "In painting, when an element or detail upsets the harmony of the layout, you ignore it, you eliminate it, you don't paint it and you sketch without it. I never go for a very figurative result, tying myself to what is seen; I try to sublimate it a little". Over the ensuing months of the long interwiew -- silence also talks -- he has at times used a key word: "self-restraint". And it was surely a restraint against his own audacity which bit by bit took charge of his creative, perceptive reins. The inhibition dissolved and with it all temptation of moralising and, of course, setting codes.

At present houses are the nearest to human things that this lover of wild nature reproduces in them. Bilbao Before Guggenheim canvases containings, moreover, seem paradoxically human --perhaps because we do perceive robotics behind them, and robots never walk alone --than desertic but inhabitated towns in the mountains or beaches. He couldn't, when he did his plenairism of a feery Bilbao bound to evanesce, obey to his predilect mania: "I don't avoid houses, but I do avoid people. Neither do I paint animals, I made an exception in the Square of Segovia: there are a kiosk and some persons there. But the remainder were walks. The Cathedral from all angles. I went above all looking for the light of Segovia from my base in a village called Zamarramala".

'Isms' and 'ismings'

Those are Onandia's objectives. The light of Segovia in Zamarramala, the changing lights of Bilbao in a process of destruction/constructivism and nothing else. He has never extracted from painting any other type of concession or compensation. When anyone, such as the writer of this essay, has heard so much nonsense about cosmic echoes, social rupturism, methapsychic vibrations, structures of the I-Myself-Project, earthly predestinations and other psychodramatics about ism and isming to which artists and now litterary people are inclined as if asking for permission to walk on earth (which is as much theirs as it it is of a nomad salesman or a pilot of boeings); when one has made an involuntary path into this mixtificated and mystificated cicle of pretexts, texts and contexts, meeting Onandia is like discoveing a kindred spirit.

Art doesn't need to explain itself in further terms than what it transferes, an let's insist in objective vision of spectator: any artist must walk the world with the spectator or the reader in the kit. When we talked, Potxo was not abducted by the trend, the trend came by itself, he hasn't fully noticed it and he hasn't changed.

"Be posthumous, Macbeth"

Precisely for this reason they began looking for him, they put him on show, they transported and transport him from Deba to Madrid, Bilbao, the Americas. "I have never proposed selling my first painting: up till last 1990s I have given the majority as gifts. But now I sarted to sell because obviously the paints, canvases and journeys by car from place to place..." He says it very seriously and nterwewer whishes to stress there is not the least hint of cynicism in these statements.

One has heard to believe. As it is never superfluous to add on a certain emphasis to increment the credibility, and let's listen to the following paradox, another, from the mouth of he that was originally destined to occupy a workpost in construction sector: "When I had to pay for this house I was left penniles. Teaching helped and gave me possibilities up to a point because I had to save from then on every dime and I passed throuh moments of not havingh dough even to buy paints". He points his finger to the garret: "I still have an abstract pinture which I painted with two little brushes and very little paint, one of that brushes having only two or three cadaveric hairs is still in my possession".

The baldness of necessity. A relic, we both hope. The bad examples are those failed eminences that the History of Art -- and Sotheby's -- puts on a pedestal with the impuding purpose of manipulating our sensitiviness. Be posthumous, Macbeth, they say, and thou wilt be rich!" They want us to imitate their penury, vices, crazyness and disastrous lives and deaths. In oblivion that the lives of saints are moreover good for other manners of seeking the absolute. Onandia is, as he himself autodefines, introverted. He likes to reside in the mountains; he is nevertheless no hermit.

Bad examples

An Art Gallery advised him so as "in Art one must make concessions..." It is a mercantilist point of wiew that even we bloggers suffer. And journalists, fiction writers, talk show stars and radio-TV commentariat: "We're short of time, ladies and gentlemen, be laconic!" It happens to Hollywood scripters. So it's up to us to imitate, again, the vangoghs and virginiawolves, the bad examples who died in misery because people who bought culture and puritans didn't understand them, and now are worth a fortune. Their skeletons are tycoons.

Our great challenge, having now a Guggenheim, an Artium, a Kursaal, a Reina Sofia and a joyous number of Intellectual Rewards, consists in that self-restraint to which Onandia stretches. Since Potxo said that he'd make concessions, but lied, and reaffirmated his way of doing what he wanted to do without interferences, he sold, as we already said, all the batch. It's the same that those editors who ask for easy writing "because folks don't read": it's better for the world to insist in your own style than to publish readings for illiterates.

Onandia draw his pictures of a Bilbao bound to radical restructuration because mind, dendrites, instinct or sensibility demanded it. Now, Bilbao Before Guggenheim skylines are trendy the same way as they were when he showed and sold them all at now forever closed "Arteta" Gallery. The boom, 1993, surprised him. Not me. You'd always be surprised when confronted with the afterwards of things you do by your bodymind satisfied exigency.

Baroja, Regoyos, Beorlegui, Oteitza...

The eye of an art broker is never orientative. Some dealers will resent this evidence. To them I can reply that they could never orientate the hirsute Ricardo Baroja, the vitriolic Beorlegui, the indomitable Regoyos, the iracund Van Gogh nor the rebel Oteiza -- a.k.a Oteitza -- because, among other reasons, the fact that all of them are, as living entities, prior to nowadays techniques of marketing and merchandising with intangible assets. They are -- they were -- of high value in their own right and that's precisely because they did no concessions. Nobody can give advice to the images of creativeness, nor to the greek poiésis.

Being authentically eccentric, Onandia still continues awaking to the reality that the matter of paintings, drawings, oil pictures -- his own -- enmeshes with an industry that once upon a time constituted the artisan's, the guild's and the freemason's expression of the Absolute. Then savvy Templar Knights came from the Crusades carrying with them all the architectural knowledge of Palestine muslims and instructed the Masters so to build Cathedrals. In Bilbao San Mamés soccer stadium is still known as "The Cathedral" of football.

If you read today's papers, you'll find in them the protest demostrations of peripherial inhabitants, because Guggenheim, the BEC, the River and all the core of the nowadays city is no more than a stage machinery with its Deus Ex Machina of Art and Intellectual divinities downstairs, while so much suburban infrastructures remain untouched and visibly underdeveloped. "We live in ghettos", those Bilbao's citizens denounce to the not so liked Major, Azkuna (PNV). So you've got now the touroperator's Bilbao, Abandoibarra, and the real Bilbao in margination. Sure, it happens anywhere, and perhaps it's the plug of nostalgies of an Old Bilbao rich in internal idiosincrasies, but without a so strict gap between neighborhoods.

Covetable goods

Time went by and expression in sculpture, paintings, carving, stained glass and all that candid expressionism of the primitive artists on board and panels gradually began to achieve the testimony of its universal moment and by the same way converting itself into covetable goods and legal tender. Onadia muses again: "I didn't realize then, but now I know it, now I'm aware". Anyway, today he' s more flexible, he evolves, but in his home made Daedalus. More proteal in his own tendency of making of his work his own inviolable world.

In a certain manner he is being invited ad incited to denude himself before lascive chimeras such as critics, art brokers, experts, collectors, exhibition (exhibitionism?)commissionaires, investors, museum jetset and sacred alchimists of truth. Not to mention specialised press, what's-cool-and-in tarotists and professional catalogue compilers. He realizes that things cannot be different because in the upshot painting is essentially communication in a world where conversation, communication and oral wisdom is no more vis a vis, but filtered through the media, that is, the mediums of glamour, and where oil-sheiks begin to crave for Art as they did long time ago for yatches and jewels.

In a figurative sense Onandia resides calmly in his own private Francocantabric cavern and now sees and hears people enter the mouth of the grot. One has to be strong for that kind of task. In spite of all the remains untouched, he may become the success-story of the new art which is alien to brands. Perhaps he doesn't know, but his now Bilbao Before Guggenheim paintings are high on middle citizens desire's underground stock changes. Only cattle are branded and Onandia continues still unbrandedand untamed. His pictures are the proof.

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jueves, abril 17, 2008

Oteiza alias Oteitza XIII

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Ricardo Baroja,
reportero gráfico
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El cadáver de Mateo Morral

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Rafael Castellano (APGE) - Es propiedad. Rights reserved

Qué menos, habiendo trazado el apunte de los grabadores del Ego, que acercarme al Bidasoa liminal, a Itzea, donde fuera a fallecer ochentón, ciego de ambos ojos, el impresionista en óleo y tórculo Ricardo Baroja. Qué menos que ahondar en el asunto del cadáver de Mateo Morral. En cómo Pío y él salieron a toda vela de la redacción de "El Globo" hacia la morgue, a pillar el 'scoop' de aquel 31 de mayo de 1906, día de boda regia en Los Jerónimos. Ejercía Pío de redactor-jefe en dicho diario madrileño. En pantuflas y boina color ala de mosca. Al salir trocó la txapela por descomunal sombrero hongo y allá se fueron ambos 'reporters' a cubrir el asunto<<<<<< El dinamitero fue hallado "muerto tras darle el alto un guarda jurado" cerca de Torrejón de Ardoz. Incompleta información, la de los despachos de urgencia. No era guarda, sino guardia civil. Morral, descubierto, le mató de un tiro para acto seguido suicidarse. Pero, ¿qué hacía un picoleto en plena estepa y sin su obligatoria pareja? ¿Cómo sabía dónde rastrear? >>>>>>>>
Escribe Ortega y Gasset, futuro director de "El Sol" al desaparecer "El Globo" y su competencia, "El País", que Pío, tan reportero como novelista en la época madrileña de los Baroja " ...lo que busca es el dinamismo, y buscando, buscando en torno suyo seres reales donde algo dinámico se manifestara ha tenido que ir al margen de la sociedad actual y precisamente en eso que suele considerarse como el escombro social, los golfos, los tahúres, los extravagantes, los vividores, los suicidas, creyó encontrar su asunto". Agrega: "¿Pues qué? ¿Iba a hablarnos de los senadores, los comandantes, los gobernadores de provincia, las damas de las Cuarenta horas y los financieros? En el transcurso de diez años escribe Baroja veinte tomos de vagabundaje".
También elabora artículos, crónicas y lo que hiciese falta. Ricardo, además, dibuja y luego pasa al aguafuerte. El peor de los embarques tuvo lugar cuando a Ricardo, un año mayor que Pío, y a éste los nombran enviados especiales para cubrir la guerra de África. El transcriptor de las hazañas de Shanti Andia, el Capitán Chimista y otros lobos de mar se marea en el ferry para después decidir, por escrito, que aquellas escaramuzas contra las cáfilas, contempladas desde una loma con lentes de teatro por los periodistas, venían a ser como espectáculos circenses a los que el reportero es ajeno. Mucho, no se arrimaron. Aunque cumplir, se cumplió.
"Periodismo amarillo", 1897
Lo único, puso en su sitio otra leyenda, la de los muy bien pagados y excesivamente mitificados corresponsales de guerra que la describían desde el hotel y tras charlar con el barman. Cuando hubo taxímetros, con el taxista indígena. Con ocasión de la voladura del Maine y el vértigo que provocaron en los lectores las páginas del "World", de Pulitzer, y el "Journal", de Hearst, ambos con sede en Nueva York, nace en 1897 el término impreso de periodismo amarillo en el sentido de ofertar más polémica que información. Sigue sin esclarecer, por ejemplo, quiénes sabotearon en carambola el acorazado y la opinión pública USA.
Las guerras coloniales, Marruecos, Cuba, carecían del más mínimo apoyo popular en España. No sólo los subversos, sino miembros de la burguesía catalana y aragonesa con intereses marcantiles en Ultramar, exhortaban ya en 1895 a las quintas a resistirse a embarcar. Ciges Aparicio: "Tan poco sentida era la guerra que a los banderines de enganche sólo acudían sujetos maleantes sin calificación social, y hubo que autorizarse a jefes, oficiales, clases y tropa la busca de sustitutos". Uno de quienes se buscó un buscavidas para la campaña de Melilla fue el comandante Baselga, republicano y diputado. Tantas sustituciones de soldados regulares por "voluntarios a metálico" se reflejaron, en contra, en dos periódicos de Madrid: "El Resumen" y "El Globo". "El Globo" se libró de las iras de los espadones; pero "El Resumen" fue atacado por jóvenes militares y su imprenta y menaje destruidos. El cabecilla, un oficial llamado Primo de Rivera.
José Nakens y "El Motín"
Volviendo a los desharrapados, el propio Pío autocritica: "El convivir durante algunos años con obreros panaderos, repartidores y gente pobre, el tener que acudir, a veces, a las tabernas para llamar a un trabajador, con frecuencia intoxicado, me impulsó a curiosear en los barrios bajos de Madrid, a pasear por las afueras y a escribir sobre la gente que está al margen de la sociedad (...) "La Busca" ha influido algo en la idea de la gente acerca de los barrios pobres, y lo que más me ha chocado es que ha sido leída por gente del Rastro y Las Américas..." Pero en el caso que nos ocupa, el de la bomba contra la realeza, la rotativa manda y la exclusiva caza publicidad, teta nutricia del sector. El periodismo muda de trebejos, no de praxis y "¡en pleno siglo XX!", como clamaba la biempensancia de 1906, la violencia, el navajeo, las "reyertas de gitanos" y la estafa de guante blanco ocupan las primeras de los periódicos.
Tertulias de bohemios
Cosa de entretejer bien nuestra crónica, bueno es apuntar que "El Globo", antes de que Azorín, los Baroja y otros literatos jóvenes lo reflotaran, había sido propiedad de un republicano de izquierdas que padeció lo suyo en las tareas informativas. Atiende por José Nakens. Pío, en sus cuadernos de memorias, y a saber por qué, incluye entre los bohemios a Nakens, Regoyos, Barrantes, Ciro Bayo, Estébanez, Rubén Darío, Cervigón, Valle Inclán, Silverio Lanza y Alejandro Sawa. A él y a Ricardo los distancia de la tertulia. Hay quien destaca el aspecto "de clown extranjero elegante y alegre del ilustre acuafortista", que fuma en enorme pipa: Ricardo. De Pío Baroja atestigua Gozález Rigabert que "apenas fuma, y fuma unos finos cigarrillos que no harían toser a la damisela más delicada".
Nakens, tras escribir en "El Globo", se convirtió en 1881 en promotor de "El Motín". Se trataba de dos pliegos de sátira antidinástica y anticlerical que sufrieron censura, multa y persecución por parte de la carcundia eclesial y castrense hasta casi 90 veces. En España el periodismo rojo, más que el amarillo, carece de Primera Enmienda que teóricamente lo proteja. Cuando la presunta pléyade de talentos noveles, Pío entre ellos, empieza a publicar, Nakens los acoge en "Vida Nueva", 1898, como veterano luchador por la libertad de prensa. Un utópico.
Miedo a salir de día
A las masas, comprueben que nada ha cambiado, hay que mantenerlas sujetas por el morbo y el miedo pánico a salir de día. Ya sea por los terroristas, la PGM, el agujero de ozono, la tisis, la Internacional de Jaurès, el biofuel de maíz, la "Dame Dynamite", el electromagnetismo del wifi, las sopas de sobre, el Expreso de Andalucía, la defenestración de Ibarretxe, la recesión económica si Cuba se independiza, la extinción del aguilucho culebrero, los asesinos en serie, los destripadores de la Alameda, los 35 km/h del Fiat-1889, los adolescentes de los campus USA artillados con tres "Sphinx Master"y dos Berettas de recambio adquiridas en el puesto de chuches, el desastre de Annual, los islamistas infiltrados, la hemofilia de los Battemberg o los peligros del Hiper, sea por lo que sea, que la burguesía implosiva se horrorice, rece lo que sepa y confíe en el gobierno, superhéroe que terminará con todas las lacras si sale electo, incluidos los borrachos al volante, Abd-El-Krim, las vacas y pollos locos, los moteros suicidas, el cambio microclimático, los piratas de Somalia o los de Filipinas.
Ignoraba
Baudrillard que iba a servir de guía para las pautas de los media actuales. La sociedad implosiva, es evidente, delega su estado de ánimo en la prensa o la estrella de la meteorología. Vean que nada sucede si no lo han dicho los telediarios de ayer. Y si llueve en lugar de lucir un espléndido sol, o viceversa, la culpa es de la lluvia. Ahorcados todos los mensajeros incómodos, se mima a quienes mantienen a la sociedad tranquilamente acojonada.
Noticias truculentas
Para Kedward, la mesocracia de finales del XIX, en trance de prosperar, hallaba a los anarquistas especialmente terroríficos y siniestros. No sólo su violencia arbitraria -- bombas en teatros, restaurantes, cortejos presidenciales -- les parecían actos sin sentido. Pongamos aquí por caso el paradigmático Ravachol, 'Unabomber' de 1892. La filosofía de estos personajes, además, incluso en el caso de ácratas apostólicos como Tólstoi -- uno de los predilectos, como novelista, de los Baroja -- se les antojaba un asalto a las normas, mentalidad e instituciones garantes del orden establecido. Tólstoi había escrito: "Considero que todos los gobiernos son instituciones cuyo objeto es cometer los crímenes más repugnantes". Proudhon sólo analizó una sociedad alienada y desquiciada; pero fue "autor intelectual" involuntario de los artefactos lanzados contra las chisteras y los boás. Tolstoi, un iluminado a quien tras su novela "Resurrección" excomulgaría el Sínodo, 1899, arremete contra zarismo, estado e iglesia Biblia en mano (en la otra, Rousseau). La ciudadanía comilfó requería, empero, de noticias truculentas y con amplio despliegue gráfico en plan casquería que les convenciese de lo que ya estaban persuadidos.
Ricardo, maestro de Picasso
Por tanto, revistas y diarios, con gran énfasis en el apoyo de puntaseca, fototipia, grabado en cliché y platinotipia que Ricardo dominaba (llegó a Director de Artes y Oficios y enseñó grabado a Picasso) rivalizan sin cortarse en publicar crónicas espeluznantes, con aguafuertes creepy, acerca de la arbitrariedad del anarquista. Así, el estereotipo del barbudo facineroso bomba en mano, o fabricando su artefacto al ácido pícrico en luz de cheka, se convirtiera en una mitología muy concreta y asimilada a los pliegos de cordel y cantares de ciego.
Especialidad ésta que un Baroja bufo y ajeno a su estereotipo parodiará en "El Horroroso Crimen de Peñaranda del Campo", un agregado de 'gags' sainetescos, con sutil dedicatoria a un ligue, una señorita parisiense a quien llama "chère madame"(Caro Raggio, 1928) y portada de Ricardo. No sólo en el "World", el "Journal", "El Globo" o "El País", sino en el "Ilustrated London News" y demás prensa europea, incluido el "Punch", se vislumbran a principios del XX las pautas de "Crónica", "El Caso", "Interviú", "The Sun", la telecarnaza, la Dulce Neus, Rafi el de los Urquijo, el Comando Puerto Hurraco, etc.
Acerca de sus novelas recuerda Pío que "algunos capítulos los escribí en el café, entre la baraúnda de gritos y discusiones". El café, la tertulia, la sala de revistas del Ateneo, eran frecuentemente alternativa a la redacción, aunque ya hemos citado el lugar para el buen ciudadano infernal donde los anarquistas, terroristas o ideólogos, mezclaban subversión y vinazo en explosiva mezcolanza: la tasca. Al menos eso aseveraban las damas catequistas y el equivalente carpetovetónico del Ejército de Salvación.
"La Blasa"
"La Taberna de la Blasa", contigua a la panadería de Las Descalzas, mereció un tomo en reciprocidad de un repostero ilustrado, Domingo Benaudalla. Fui a verificar si la obra era genuina a la casa de Julio Caro, en Ruiz de Alarcón, e inmediatamente la calificó de apócrifa. Lo sigo dudando. En fin, cuando ambos Baroja-Nessi se convencieron de que no servían para industriales, se inmiscuyeron en literatura y periodismo. Ricardo, además, en artes y artesanías. Llegó a componer música. Paisajeaba, dibujaba en directo escenas como "Asfaltando la Puerta del Sol" y retrataba por encargo. Nunca fue sorollista, sino regoyista, y luchó contra la luminosidad de su escuela de aquél con temas de sirimiri en veladura.
Recompuesto "El Globo", en su redacción Pío cumplía sus horarios de acogida de original, discusiones con colaboradores, recepción de jóvenes genios con sus cuartillas y su discurso, relaciones públicas con personajes agradecidos. Entre ellos el verdugo de Madrid, encantado de la interviú que le hizo un redactor. Las corresponsalías de Azorín llegaban por telégrafo.
Añádase diseño de páginas, selección de fotograbados y fotoclichés al por mayor, en metal, a veces al peso, procurando no coincidieran con la competencia. Los tribunales y los muertos del Depósito, donde no se admitían cámaras, para Ricardo. Hay quien biografía erróneamente que Ricardo Baroja dejó de pintar al quedarse tuerto, no por una bala perdida en Al Aaiun, sino en accidente de automóvil sufrido en Navalcarnero. Sí tuvo su periodo depresivo, pero siguió grabando y pintando con el ojo sano hasta muy mayor.
Hamlet en camiseta
A Pío le relevaron en la página de Epectáculos porque sus críticas no eran en absoluto elogiosas. Puso a Echegaray (entre otros) a caer de un burro. Avanzado a su tiempo, le irritaban las tramoyas e indumentarias meticulosas en funciones de época y fue un adelantado a Brecht:
"... si el drama en sí es bueno, yo creo que no necesita de nada, ni siquiera de decoraciones. Una compañía de actores excelentes representando 'Hamlet' en camiseta, creo que haría estremecer al público". Claro, le entusiasmaba Ibsen. Y se lo pasaba mejor en las zarzuelas, porque para pachanguero, él.
Mateo Morral
Tanto Ricardo como Pío conocían de vista a Mateo Morral. Pío lo describe asistiendo a las tertulias de terrazas de los cafés de la calle Alcalá como "un hombre obscuro y silencioso". Que, por lo que se fue sabiendo, y ocultando, gozaba de una formación excepcional y de un intelecto privilegiado como profesor de la Escuela Libre de Ferrer Guardia. Ejercía además de bibliotecario de dicha institución. Escuchaba Morral, pues, a la gente de letras con viva curiosidad. Algunos, en la tertulia, se debatían en intercambio de monólogos, cuando no de mutuas injurias y descalificaciones. Morral, como en aula universitaria. La descripción de Pío es tendenciosa, despectiva o carente de instinto deductivo, pese a su admiración por Edgar Allan Poe. Un mirón más, punto.
El suceso posterior, tan tardorromántico, se agregaba a la frenología fisiognomónonica acerca de locura y criminalidad, también definida como somatización de la tendencia al homicidio. Asunto que a Pío le fascinaba. No faltaban Lombrosos nacionales como Tomás Maestre y Antonio Lecha-Marzo. Un informe forense de Lecha: "Ved a este joven barbilampiño. (..) Ved la excesiva largaria de sus brazos: penden pesada y lateralmente a lo largo del cuerpo en semiflexión, ¿verdad que recuerdan algo de los ademanes del simio? Fijáos bien: Es bizco, tuerce la vista con estrabismo interno. ¡Qué órbitas más grandes! Los dedos, cuadrangulares, son signos de atavismo y degeneración..." Estas motivaciones anatómico-forenses, agregadas al periodismo urgente, los lanzaron en busca del cadáver del anarquista.


Yacía Mateo Morral, suicida, en la cripta del Buen Suceso. Hay redactor que refiere que "parecía dormido". Al parecer, no se había disparado a la cabeza el arma de pequeño calibre. Como todos los muertos, exhibe un ojo más alto que otro y los labios encogidos. Así lo describe la autopsia del experto Antonio Lecha-Marzo: "el progeneismo, la prominencia de los senos frontales y la desviación de la nariz hacen de él un tipo criminal de Lombroso". Un temible friki, vamos. Interesa el degenerado, fruto de alcoholismo atávico o de la sífilis del Raval. De eso, nada. Procedía de distinguida y acaudalada familia de Sabadell. Eso, quizás, lo explica todo mejor que el dictamen forense.

Ley de Jurisdicciones

Mateo Morral, el día 30 de mayo de 1906, se había subido a los áticos de una casa señorial de la Calle Mayor, número 88, frontera con lo que hoy es "Casa Ciriaco" y a espaldas del San Nicolás mudéjar. El 31 había lanzado una bomba camuflada en un ramo de flores a la carroza que traía de Los Jerónimos a Ena de Battemberg y a Alfonso XIII dispuestos a consumar sus nupcias en Palacio pese a la hemofilia, peligro para la descendencia, ya que se transmite vía materna, latente en la novia.

Después de la carnicería que provocó, Morral halla asilo en la sede de un periódico conflictivo: "El Motín" . Su director, Nakens, le traslada a la periferia: Cuatro Caminos. Sólo dos días después se tropezaría Mateo con el guardia. A éste le infunde sospechas "un joven bien vestido" que deambula por Torrejón. De corbata y chaqueta de buen corte, algo escuchimizado, fino bigote, qué diablos hace en plena estepa manchega. Encuentro fortuito y epílogo a la tragedia. Preguntémonos de nuevo por qué el "guarda jurado" de los primeros cables, después "guardia civil", patrullaba en solitario.

Los novios quedaron ilesos, no así un general, otros jinetes de la guardia y demás participantes en la comitiva. Fueron 28, los muertos, más un centenar de heridos. Las redacciones de periódicos, todas muy próximas, se ponen alerta nada más sentir la onda expansiva. La de "El Globo" entre ellas. Pío Baroja explicaría años después: "... el autor del atentado solía ir a un café de la calle de Alcalá donde nos reuníamos varios escritores. Le solían acompañar un periodista, un empleado del tranvía llamado Ibarra, que luego estuvo preso después del crimen, y un polaco, Dutrem-Semóvitch, viajante o corredor de un producto farmacéutico: la Lecitina Billon". Informado al máximo, e in situ. Aparentemente. El caso Morral acarreaba, y aún acarrea, muchas incógnitas.

Se le escurre a Baroja por ejemplo, que Morral se refugiase en "El Motín". Se le escapa, otrosí, un contexto que atañía de lleno tanto al activista como al periodista. O sea, la Ley de Jurisdicciones impuesta dos meses antes, 23 de marzo de 1906, por la Juntas Generales. Militares, por supuesto. Alfonso XIII anduvo enviando emisarios a los cuarteles asegurando a coroneles y espadines que iba a cortar de raíz las críticas a la milicia y las desastrosas guerras de Ultramar. Acto seguido, reunía a los ministros en pantomima real para asegurar la disciplina en el Ejército, negar el ruido de sables y de báculos y de esta suerte hacer el paripé de monarca parlamentarista. Hay republicano que lo trata de más fullero que Isabel II y Fernando VII. No sin fuentes más que dignas: Romanones.

Delitos de Imprenta
Dicho repúblico describe el germen de esa Ley de Jurisdicciones: "La oficialidad exigía que pasasen al Fuero Militar los delitos cometidos por medio de la imprenta contra la Patria y el Ejército". A lo cual accede el Rey, cómo no. Se prohibe hasta pensar. Hubo protestas recias en el consejo ministerial, las de Montero su presidente entre ellas. Y el chusco Romanones nos hace la secuencia. Requerido Montero a presentarse en Palacio, a las diez de la noche y tras tenso debate con Alfonso XIII, "al salir no vio peldaño del dintel, tropezó en él y cayó al suelo... y del suelo no volvió a levantarse políticamente". Al día siguiente, se encarga desde Palacio a Moret que forme gobierno. En mayo, Morral, partidario acérrimo del libre pensamiento y de su difusión en sistemas gutemberguianos (la Escuela de Ferrer Guardia además de clases imprimía libros) lanza un floripondio con dinamita a la carroza de la pareja borbónica, que eran primos, y ya estaba liada. Falló.

Grafismo del Novecento

La fotografía ya estaba en marcha en aquellos principios de siglo. Pero se conservaba como apoyo gráfico mixto el diseño de páginas con grabado, y fotograbado pasado a clichés. Los grandes modelos aún vigentes en este tipo de maquetación eran "La Ilustración de Madrid" y "La Ilustración Española y Americana", cuyas últimas corresponsalías se dedicaron preferentemente a los otros terroristas que en Cuba y Filipinas pretendían la secesión del Imperio. Para portadas, cómo no, en planchas al cobre trazadas con perfección asombrosa y a contrarreloj, generalotes con copiosa quincallería de medallas y barbas de dos cuernos. Y barcos, y globos, y la Expo de París, y la electricidad, tecnología punta de su tiempo.

Debían cuidar los directores que las planchas fuesen exclusivamente exclusivas. Es decir, que pagaban por originales, no por tiradas enviadas simultáneamente a varios periódicos. Muchas veces obligaban a los acuafortistas de redacción a copiar clichés ingleses en madera, "reduciendo al grabador que había de seguir servilmentelas huellas de otro buril a poco más que un carpintero de fino". Tipos exóticos, escenas luctuosas, sucesos espeluznantes y batallas llegaban a tiempo a imprenta. Toda una proeza del reporterismo gráfico que atravesaba océanos y pormenorizaba sin perder actualidad, dados los biorritmos de vida de aquella sociedad, con días de 100 horas o más. Y sigamos con el testimonio relativamente documentado de Pío. "Este polaco e Ibarra recuerdo que tuvieron una noche un serio altercado con un pintor que dijo que los anarquistas dejaban de serlo cuando tenían cinco duros". Uno se imagina la sonrisa sarcástica, íntima, de un Mateo Morral cuya familia catalana nada en la abundancia.

Un forense militar

Sigamos con ellos, con Pío y Ricardo en acción de levantar noticia: "Después de cometido el atentado y encontrado a Morral muerto cerca de Torrejón de Ardoz, quise ir al Hospital del Buen Suceso a ver su cadáver, pero no me dejaron pasar. En cambio, mi hermano Ricardo pasó e hizo un dibujo y luego un aguafuerte del anarquista en la cripta del Buen Suceso. Mi hermano se había acercado al médico militar que estaba de guardia a solicitar el paso y le vio leyendo una novela mía, también de anarquistas, 'Aurora Roja'. Hablaron los dos con este motivo, y el médico le llevó a ver a Mateo Morral, muerto". Revela Pío que en "La Dama Errante, "la angustia del doctor Aracil, paseando por las calles de Madrid, está inspirada en la de los conocidos del terrorista, que anduvieron escondiéndose aquella noche. Lo demás del libro, casi todo está hecho a base de realidad. La mayoría de los personajes son tambien reales. El doctor Aracil, aunque desfigurado por mí, vive; el que me sirvió de modelo para pintar a Iturrioz, murió; María Aracil pasea por las mañanas por la calle de Alcalá. Algunos supusieron, no sé por qué, que en María Aracil había querido yo pintar a Soledad Villafranca, la amiga de Ferrer, cosa absurda..."

Psiquiatría del XIX

Uno más de los entretenimientos extravagantes de la grey literaria, plástica y sin horarios de aquellos cafés con tertulia, predilecto de Pío Baroja, era estar al tanto desde la mesa de mármol de quién atravesaba la puerta giratoria, la espesa cortina de velludillo rojo y, nada más despojarse el desconocido de sombrero, chambergo, boina o barretina de artista, adivinar por sus rasgos craneales su oficio, beneficio y profesión. Fisiognomonía, se apuntó. Sintonizaban estos aprendices de detective con toda la escuela médica referida al criminal nato. La que había dedicado exhaustivos estudios a Garayo, "El Sacamantecas" alavés. No obstante, al reportero Pío Baroja se le escurre un dato fundamental. O llega demasiado pronto, o demasiado tarde. El caso es que un policía francés de alto rango llamado Durand, que había investigado en París el previo atentado contra Alfonso XIII, el de la calle Rohan, cerca de la Opera de donde regresaban el Borbón y el Presidente de la República, acude al depósito de cadáveres del Buen Suceso y embrolla más el asunto con su reacción. En París, dos bombas habían estallado en el estribo del vehículo. Ilesos, ambos dignatarios. Cronistas de aquel otro atentado se hace también muchas preguntas al respecto. En seguida.

¿Quién era Farrás?
Fue otro 31 de mayo, el de 1905, extraño azar, y las víctimas fueron numerosas. ¿Saben quién envió la corresponsalía del frustrado magnicidio? Un Azorín muy melífluo. Las incógnitas que se plantean son múltiples. Por lo pronto, no hubo dos bombas, sino tres. La tercera quedó en la parte de atrás del coche. Se descarta por cerebros lúcidos que se pudiesen arrojar los tres artefactos desde la muchedumbre sin que nadie reparase en quién los lanzaba. Las aceras estaban abarrotadas de curiosos y de policía. ¿Tres bombas, una, dos, tres, por encima del público trufado de secretas, y nadie lo ve? Sólo pudieron ser disparadas desde lo alto, desde el Hotel del Louvre. La policía lo niega, a aber por qué, y el enigma se acrecienta. Disponían de alguna sospecha o pista, ya que de inmediato unos cuantos inpectores apostados en los jardinillos del Sacré Coeur y en la escalinata que desciende a los Almacenes Duffayel, aguardan durante un lapso de tiempo ¿calculado? e irrumpen en el número 4 de la callejuela denominada "Escalier Sainte Marie". Apresan a tres individuos, pero el que buscaban, el tal Farrás, no cae en la redada. Y precisamente era el sospechoso de ser el autor material del bombardeo. ¿Farrás era Farrás?

El comisario Durand lo identificaría sin dudar al penetrar en la morgue marileña, un año después, y ver el cuerpo "como dormido" de Mateo Morral. "¡¡Este hombre es Farrás!!"Cuando la pasma decide entrar en la cheka de París, tras el atentado de 1905, en ella se hallaban Almereyda, Malato y Vallina. Farrás, la del humo. ¿Se le dio tiempo para escabullirse? Derivaría este golpe policial en el celebérrimo "Proceso de los Cuatro". Como los Mosqueteros, sólo que falta el cuarto, el esencial. Vallina confesó que en el Bois de Boulogne se habían escondido otras bombas que el Juez halló en el lugar indicado. La lista de testigos no deja de ser, asimismo, sorprendente.

Anatole France, Lerroux...

Depusieron el el sumario Charles Albert, Anatole France, Lerroux. Al final hubo que absolver poque del enigmático Farrás, ¿Morral?, ni rastro. Ciges Aparicio: "Se le buscaba el París, y no se inquirió si la noche anterior al atentado hubo obscuras reuniones en España; si dieciocho capitanes de una guarnición no se juramentaron para ejecutar algún fusilamiento..." Entretanto, la situación es muy tensa en Catalunya. Uno de sus semanarios más sarcásticos, el histórico "Cu-Cut" incurre en licencias de sátira insoportables para los cuarteles. No lo secuestraron, ni procesaron a sus directivos, ni al autor o autores de los presuntos ultrajes. Prefirió la Guarnición pasar la acción directa y en noviembre de 1905 un comando de oficiales asalta la redacción y destruye enseres, muebles y máquinas.

Apoya el Capitán General

El Capitán General, en lugar de proceder a castigar a los tumultuarios, se pone de su parte y pronto cuenta con las adhesiones inquebrantables de otras plazas: Madrid y Sevilla. Esto dio lugar al juego con dos barajas ya descrito de Alfonso XIII y a que se creasen las Juntas Generales y la jurispridente "Ley de Jurisdicciones" contra las imprentas que no adulasen a un Régimen caracterizado por su provisionalidad. Con un partido conservador, vaya sólo un ejemplo, que atravesó cinco crisis totales con cuatro Presidentes del Consejo de Ministros y sesenta y siete ministros nuevos, no faltan testimonios de que el Borbón "parecía solazarse con el frecuente relevo de personas en quienes depositaba, más o menos completamente, su confianza".

Aunque todo esto no es sino guirigay propio de la época tardomonárquica. Queda sellada para siempre la incógnita de el si el cadáver de la cripta del Buen Suceso a quien Ricardo Baroja retrató -- un buen modelo, inmóvil -- y después pasó a aguafuerte era el de Morral, el de Farrás, o el de ambos. También, y sobre todo, el porqué de que el "guarda jurado" de las primeras informaciones terminó siendo guardia civil, por qué patrullaba a solas, sin la pareja que es habitual en la Benemérita, y que al parecer a tiro fijo cuando detuvo a un Farrás-Morral cuya cabeza no estaba desfigurada en la cripta, "parece dormido". y que se había suicidado, todo lo indica, disparándose en otro punto de su anatomía.

Fusilan a Ferrer Guardia

Queda el funesto 'continuará' que va a conducir a Ferrer Guardia al paredón. Nada más exclamar el superagente Durand "¡Este hombre es Farrás!" ante el cuerpo inerte de Morral, se detiene de inmediato, relacionándolos, no se sabe por qué, a José Nakens y a Ferrer Guardia. Lo de José Nakens es lógico y hace pensar en un chivatazo. Pero sería Ferrer, innovador de la pedagogía, anticlerical recalcitrante quien se tragarse el mortífero marrón. Se le procesó como chivo expiatorio de una "Semana Trágica" en la que no intervino por expresa prohibición -- y animadversión -- de los huelguistas.

El Gobierno conservador, sólo por sospechas, imputaba a Ferrer Guardia como cerebro de los atentados de París y Madrid. Sólo indicios infundados lo condujeron al foso de Montjuich el 13 de octubre de 1909, donde muere con dignidad senequista. El 6 de mayo de 1910 fallece Eduardo VII de Inglaterra y en conciliábulo privado hasta siete monarcas, entre ellos el Emperador de Alemania, le dicen a Alfonso XIII que fusilar a Ferrer ha sido "un acto antipolítico". Al regreso, el Borbón despotrica: "¡Maura, no!" Agrega que pasar por las armas a Ferrer Guardia no sólo ha sido, como le indicaron "antipolítico", sino que es "peor que un crimen" porque "ha comprometido mi situación y el prestigio de España". De inhumanidad, ni palabra. Y hasta aquí nos ha traído la anécdota de los dos Baroja, uno de ellos dibujante, acuafortista, pintor, cuando acudieron a la morgue para describir el uno, realizar apoyo gráfico el otro, cómo era y estaba el cadáver de Mateo Morral. ¿O era Farrás?

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Frikis, Baroja, Beorlegui

Se preguntará quien esto lea qué tiene que ver esto con Oteiza, o con Beorlegui. Con Oteiza alias Oteitza, conspirador en pizarra, mucho. Oteitza era un freaky en sí mismo. Tanto, que en la primera Altzuza -- no la reinventada -- los frailes del Hogar del Misionero que se ubicaba en un cerro próximo dispusieron centinelas o imaginarias para defenderse de sus alocuciones destempladas. De sus visitas. El vigía de turno daba la alerta de que un hombre barbudo, pequeño pero fornido, de jersei existencialista con sietes e insólita energía estaba subiendo el repecho a zancadas. De inmediato, los frailes se encerraban en sus celdas y se entregaban a la oración, vigilante incluido. Algunas de las salidas que le surgían en instantes solemnes, rodeado de catecúmenos tirando a sinsorgos, eran las de un 'freaky' en estado puro e influido por el 'freakism' de las Américas. Sobre todo, en alguna de sus teoréticas en Escuela de Deba, por Mario Moreno "Cantinflas", 'freaky' de honor.

Las iconografías al aguafuerte de Fernando Beorlegui, así como los adláteres de quienes se rodeaba, eran de esta repetida tendencia. Y en lo que toca a motivos y personajes, basta con repasar su vasta obra. Ricardobarojiana en la intención, no en la ejecución. Para realzar la prosapia de los 'freakies' remitía Fernando a Carreño de Miranda, "el Goya del XVII" apuntaba con énfasis. Carreño, sí, con su monstrua desnuda. Remitía también a la colección de bufones velazqueños. Ricardo Baroja es un impresionista incluso grabando al boj su autorretrato y algunos tipos pop (el impresionismo no sólo tiene que ver con el color). Beorlegui gusta de afinar y refinar incluso lo más barriobajero. En contra de los pintores áulicos, prefería la plebe. Y si ésta estaba algo encanallada, mejor. Y tratándose de charangas que desafinan incluso con el bombo y el bombardino -- el 'rap' vasco -- perfecto.

Ahora que el término 'freaky' invade esos sembraderos de incertidumbre que son las columnas del columnismo-Zelig, o sea, el de quienes quieren quedar bien con quien les lea, sea quien sea, y no ofender a los dioses y las diosas de la Igualdad, del Cambio Climático, del Ahorro de Agua y el Domund de ahorrar luz para que en Biafra no falte de nada, amén de observar a rajatabla el principio de no ser hortera y populachero; ahora que la tarea de columnista es idéntica a sí misma, firme quien firme, se percibe el desasosiego ante el antiquísimo fenómeno de los 'freakies', cuyo primer impulsor fue Phineas Taylor Barnum (Connecticut, 1810-1891). Personaje éste que le solucionó la vida, con su circo de dos pistas, a más de un fenómeno que en su poblacho era burlado por enano, por mujer barbuda, por hermafrodita, por tener dos cabezas siamesas o por barajar con los pies (siendo manco). En Euskadi, lástima que Barnum hubiese fallecido, hubo un flatulento que le habría hecho de oro: ejecutaba la Marcha Real a base de borborigmos anales.

Todos estos marginados hallaban su razón de ser, tras el debido examen, en los espectáculos de Mr. Phineas. No sólo las monarquías precisan de 'freakies' (menos grotescos, a veces, que el Rey o Reina que les condesciende): el republicano Tío Sam -- otro 'freaky' -- también. La revista "Interviú", otrora prestigiosa, exhibe tetas-'freaky' cada semana en portada. Anafrodíticas. El 'freakism' empieza a ser negocio exitoso y plebeyo porque los politicos han fallado en el intento de incluirse en él, e incluso Berlusconi no da la talla.

Don Quijote, espejo de 'freakies'

¿Que cabe la superchería? Desde la novela picaresca, oigan. Por cierto, Don Alonso Quijano, alias "Don Quijote", es el espejo global del 'freaky' por excelencia. Una de las ironías de Barnum fue exhibir como 'freaky' a una anciana mujer negra afirmando que se trataba de la nodriza de Lincoln. Pues le solucionó el retiro a la señora con el perrea-perrea, ya que las masas estaban empeñadas en creérselo y se agolpaban para admirarla. En cuanto a ella, explicaba de maravilla la biografía del malogrado presidente durante su infancia.

Para cerrar el bucle -- sin red -- váyase al principio, a las observaciones de Ortega sobre Pío Baroja, a las confesiones de éste último cuando era panadero y quiso escribir con trabajo de campo "La Busca". Otro recuerdo escrito: "Vivía yo en Madrid, en la calle de la Misericordia, en una casa unida al Convento de las Descalzas. Esta casa había sido la casa de los Capellanes del Convento" -- de ahí la firma Viena-Capellanes de sus reposterías -- "y en ella murió la Reina Doña Juana de Austria (...) Teníamos allí un guardillón abandonado. En este sitio, mi hermano Ricardo, un amigo nuestro, Pedro Riudavets y yo solíamos dedicarnos a proyectar artefactos mecánicos..." Qué más quieren.

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jueves, marzo 13, 2008

Oteiza alias Oteitza XII

Menchu Gal por Menchu Gal, 1951

LA GENERACIÓN "BIOSCA"
por Rafael Castellano (APGE). Es propiedad. Rights reserved
"L'homme doit faire, et faisant ce faire n'être que ce qu'il fait" (Juliette Gréco)
Menchu Gal, arriba en autorretrato para la galería "Biosca", clave del despliegue artístico en Postismo madrileño, vivió su edad prohibida errante, que no errática. Quien en aquellos días del foxtrot, los pierrots y el éter esnifado optaba por la la pintura no académica era carne de batas blancas. Montañas de patografías estetoclínicas proliferan desde las audacias del impresionismo, del puntillismo, del cézanismo y su reducción al cono-cilindro de la que nace el cubismo. O del suprematismo racional de Oteiza. Qué decir del superrealismo, tan insomniaco. Pretenden clarificar el trazo plástico y la raíz radical de
la alucinación representada en lienzo o tridimensión. Más aún, lobotomizan el deseo de elaborar fetiches del ser humano<<< Y yerran, ya que no se trata de un fenómeno médico, sino antropológico; pero forman 'malgré soi' escuela obsesiva según la cual el desequilibrio interior crea en lo manual, perceptivo y comunicativo otra suerte de manifestación óntica (Heidegger) y óptica. Plasmada ésta en dibujos, lienzos, acuarelas, planchas grabadas y manifiestos como el de la "Academia Breve"<<< Hasta que alguien sensato diagnostica, algo tarde, que la neurosis no crea, libera. Teresa de Cepeda no es una 'histérica' freudiana, sino una escritora fecunda en agonía de definir sus éxtasis orgasmáticos en texto llano. Así, al igual que los pioneros de la aviación, la medicina intenta averiguar cómo vuelan las aves cuando la dinámica es otra; a saber, por qué vuelan <<<< Estalla esa libertad en formas consideradas deformes y se llega al corolario de que la sociedad está en crisis pasando por alto que siempre lo estuvo. Desde las tribus de homínidos en la Sima de Atapuerca hasta hoy. Los caballos, osos y peces de Ekain no son, digamos, fotográficos. En Praileaitz ni siquiera las runas rojas son figurativas<<<<<De ahí que las muchas manifestaciones de lo que perdura como arte contemporáneo hayan desarrollado el tópico de que una inspiración morbosa provoca, que no produce, la distorsión del cuadro. Ojo, que haya esnobs y desaprensivos que se apunten al manicomio pictórico sin estar locos, nadie puede ignorarlo. No hacen arte, sino cosmetología. Parasitan la rebeldía genuina del pintar para lucrarse más allá de un salario cómodo. Por eso, como en Menchu Gal y toda la Generación"Biosca", la lucidez ilumina; mientras que el pastiche decora interiores<<<<<< Perdura el autorretrato de Van Gogh en todos los manicomios, en los presidios, en muchas consultas frenopatéticas y en las clínicas de 'rehab'. Olvidan las sabias palabras de Maurice Blanchot en su prólogo al libro de Karl Jaspers "Strindberg et Van Gogh". Avisa Blanchot: "Van Gogh es loco; pero no basta estar loco para llamarse Van Gogh>>>>
Se prestó Menchu Gal Orendain, hace una década, a la interviu que le propuse para un periódico maldito. "Egin", concretamente para el suplemento "Igandegin". Ni se le pasó por el magín, como a un par primerizos subsumidos en Bellas Artes, darle el vistobueno a la charla antes de enviarla a imprenta. Hay clases. Eso sí, , al ver los bártulos de fotografiar se sobresaltó, se introdujo como un torbellino en el tocador para saciar su coquetería. Allí se estuvo hasta reaparecer con una composición de colores faciales a lo Nefertiti. Maquillaje fauve. Un mapamundi, su rostro. Una fisonomía como vista por Modigliani el présbita. Y sus pulseras, pendentifes, collares, sortijones y demás ajuar. Se quitaba años, hacía constar que nació en 1922 cuando era hija de la PGM, del 1919. Quizás, de 1918. Qué más da, esto no es un padrón. La sitúa, desde luego, en un escenario turbulento.
Regresaba Menchu de La Rioja, aquella tarde en que nos vimos en Irún. Habían estado ella y Bixente Ameztoy haciendo paisajismo mano a mano. Poussin y Toulouse Lautrec de picnic productivo, pongamos. Era Bixente Ameztoy otro difunto experimental de raro talento. Me atrevería a decir genio. Superviviente, llevó su curiosidad planetaria hasta el experimentalismo somático sin autodestrucción. Láudano, o así, como Byron. Otro maestro a quien los Lombrosos del genio artístico hubiesen utilizado para sus patografías mediante esa permanén del electroencefalograma. Nadie, por suerte, puede captar la onda de la idea, por algo llamada chispa.
Por lo cual, cada vez que me llega un flash de ese simulacro para ETB-2 de "Euskadi Sioux", la gran obra gráfica de Bixente en combinación con Montxo Goikoetxea, cuyas cenizas reposan al socaire de las Malloas en los dominios de Juan Gorriti, otro auténtico, me sale adrenalina por las orejas. La irreverencia plagiaria de quienes vampirizan fórmulas que hicieron época carece de imaginación, reinventa lo friki como el postmodernismo madrileño reiventó el Postismo-Biosca y Almodóvar la pauta Cifesa-sin-Franco y se instala como tenia en los intestinos de los días auténticos. O no sabe saber, que eso no se enseña.
Se llevaba bien Ameztoy con Menchu. La acogía mientras realizaba su Ermita Sixtina en Erremelluri, ferragosto tras ferragosto. "Más majo, siempre lleva de todo en la mochila y me presta lápices". Un regreso al pupitre, a las tardes de tiza.
Lo infantil no es lo pueril
Habían estado, digo, plasmando trabajo de campo. En bloc de papel Guarro. Con fervor infantil. Lo infantil no es lo pueril, ojo, me avisó un día Zumeta, que se lo había escuchado a su vez a Rafa Ruiz Balerdi. Y me estuvo mostrando Menchu Gal hasta el anochecer todos aquellos bocetos recientes, uno a uno, en la cheslón de las visitas. Pormenorizando sus procesos bajo luz vertical de pantalla. Era toda ella euforia creativa. Mentalidad clave, ya se dijo en algún lugar de esta weblog de blocs, para montarse la adolescencia a partir de los 70 y vivir más y mejor. La obra de arte es siempre el inicio, no el fin. No hay longevidad sin entusiasmo y por eso Oteitza, como su tía y su madre, llegó a cumplir 10.000 años en el centro de un cromlech elíptico y preguntándose, era un inquiridor nato, dónde podía hallar el espectro de un preindoeuropeo: del 'bigfoot' protovasco.
Estímulo fotosintético
Con Ameztoy, pues, adicto como Menchu a la vegetación como estímulo fotosintético y tan cambiante como comunicativo (¿olfativo?) y utilizado en sahumerios jipis; con un Bixente cronológicamente mas jovenzuelo aunque más quemado, anduvo pues la irundarra varios veranos pintando al alimón y en colores verdiazul vivo con púrpura morada en crepúsculo del verano. Por riscos, vaguadas, peñascales y viñedos. "Aprovechando la sazón, el otoño, la tonalidad de los sarmientos y los pámpanos justo antes de la vendimia". Eso deriva del plenairismo de los maestros en Postguerra Civil, cuando con sus bártulos sendereaban las sierras de Madrid, Sietepicos, Guadarrama, el Jarama, Pozuelo, y abstraían en color eludiendo los cadáveres de aldeas famélicas, el aire bajo sospecha y las fosas comunes en las que se iba a cimentar el Valle de los Caídos. Ese bodrio insultante que todo cuanto nos dicen lo desdice.
Enérgicos, los 78 abriles de Menchu Gal. Le gustaban sus apuntes, le enorgullecían. Pero nada de introversión, lo suyo era arrebatar lo percibido, sintonizar con el ojo vidente sus sensibilidades cromáticas. Apunte tras apunte, me mostró la inacabable serie. Toda. Unas refulgencias primarias, muy suyas, sugerentes, la mancha en su coordenada exacta, el matiz complementario. Pintar, me iba a decir Potxo Onandia, plenairista contumaz, es luz, el color es luz. Para los antiguos, perspectiva, geometría y luz remitían a lo absoluto y Galileo dejó dicho que el Gran Libro de la Naturaleza se había escrito en idioma matemático. Menchu enfocaba y encuadraba con imprecisión pitagórica: el 'pi' sólo es aproximativo.
Ley de Sucesión, 1947
Situémonos. "Biosca", donde Menchu Gal se revalidaría como casi toda su generación inquieta, lleva siete años de resistencia estética, sustentada en sus principios por la venta de muebles. Negocio nodriza en un Madrid de casas decapitadas por las fuerzas llamadas nacionales, cuando la aritmética ladina de Franco convoca a Referéndum para la llamada Ley de Sucesión. Ésta, mientras de una parte declara, artículo 1, que España, "conforme a su Tradición constituye un Reino", en artículo 2 borra el anterior con este principio inmarcesible: "La más alta dirección del Estado corresponde al Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, Francisco Branco y Bahamonde". Sí, pero no
Monárquicos y carlistas comienzan a presentir, como una Falange por principio republicana("No queremos reyes tontos. F.E." en las paredes), que se les ha tomado el pelo de forma gravísima. A veces letal en la bronca cainita. Eso explica el entorno de las peripecias a que la galería de Aurelio Biosca se vio sometida. Sus alianzas con personajes procedentes en teoría y en parte y con reservas del Régimen y las asechanzas de los secretas, al unísono, se enmarcan en un clima de arrepentidos y personas que salen del "paso alegre de la paz" con esa sensación de baja autoestima que concede el haber hecho el panoli y despertarse con resaca.
A Eugeni D'Ors, su cómplice desde los primeros días -- los catalanes hablan catalán, y Biosca y él lo eran -- lo tenía marcado la carcundia, pese a sus puestos destacados en la Cultura de la zona nacional, como "separatista infiltrado". Lo apartarían de su empleo en Bellas Artes, o dimitiría por decencia. Queda por estudiar. De todos modos, la pandemia está servida: tras el combate fratricida, Abel el vencedor se enfrenta a su lucha interna. A la mala conciencia.
El referéndum, detallado
No sólo medra el desaliento entre los que participaron en la hecatombe con los vencedores y que no desean represalias, ni tiranías. Lo más angustioso, para ellos, tras vivir la estafa política del 'refrendo' popular del Generalísimo, es que ya no hay vuelta de hoja, ni marcha atrás, ni porvenir. Se ha repetido interesadamente la desilusión republicana de Ortega con su "¡No es eso, no es eso!" Silenciándose la del millón de supervivientes ¿victoriosos? : "No es esto, no es esto..." El franquismo se ha transformado en franquismo, en callejón sin salida.
De ahí la postguerra de los pinceles. Malraux, que escribió "L' éspoir", debió pensar en escribir, tras el 6 de julio de 1947, "Le Désespoir". En el tintero se le quedó.
Pero veamos con cifras y certezas históricas qué hizo que la náusea sartriana se apoderase de las clases pensantes del País. (Recuérdese que Jean Paul Sartre había señalado a las mentes monocarriles que las derechas también podían escribir muy bien, poniendo de ejemplo quizás gratuito a Céline). El régimen de Franco necesita un alarde de demagogia ante la ONU, que le la excluido de la Organización Internacional de Aviación Civil (14 de mayo de 1947) y de la de Telecomunicaciones (22 de junio del mismo año). Un plebiscito le viene de perilla. Lo va a ganar. Coaccionando y sobornando, por supuesto. Cómo, si no.
El Caudillo se autodesigna en esa Ley, sin sonrojo, como dictador hasta su muerte. Y así fue. Porque se reserva la facultad de elegir a su Sucesor "como Rey o Regente" y proponérselo, todo es un guiñol de cachiporra, a Las Cortes. También puede revocarlo, si así le place. Lo cual persigue que los pretendientes y discrepantes se le dobleguen. Crea en la misma Ley el Consejo de Regencia. Lo componen el Presidente de las Cortes, el Capitán General del Ejército, miembro de dichas Cortes, y el Prelado de más alta jerarquía. Este trío de ases le substituiría en interinidad en caso de invalidez o baja. Este timo de la papeleta, trampa para osos, pretende paralizar a los monárquicos de don Juan o del Borbón carlista de turno. Para la Falange más rancia, es una mofa descarnada.
Un Borbón sin corona
Efectivamente , los que han seguido al General porque éste se declaraba monárquico de los de Alfonso XIII, se huelen el timo. Reacciona Juan de Borbón, rey sin corona en Estoril, con un 'Manifiesto' exasperado donde profiere: "La sucesión a la Corona está regulada por un sistema en contradicción formal con la Historia. Que no se me demande consentir en actos absolutamente contrarios a mi deber sagrado, el de salvaguardar derechos que no sólo atañen a la Corona, sino que forman parte del patrimonio espiritual de la Patria". Un estilo muy propio de las logomaquias del momento.
Sus poderes, evidentemente, son nulos. Entrevistado por "The Observer" el 13 de abril de 1947 se muestra don Juan "como siempre dispuesto a un acuerdo con el general Franco, pero con la única condición de llegar a una transmisión pacífica e incondicional de poderes". Papel mojado. Se convoca, pues, el refrendo-1947 con inmenso despliegue mediático. Las Cortes, foro de sumisos, aprueban el sablazo por unanimidad.
De Eva Perón a Celia Gámez
Y el Comandantín se busca un escenario, pionero del 'star system', y se trae a Eva Perón a España, y la exhibe en la Plaza de Oriente en fragor de multitudes. (Su hermano Ramón, el furibundo anarcorrepublicano de uniforme de aviador, se trajo a su vez a Celia Gámez, con distintos propósitos, y le salió rana). El pretexto de la señora de Perón, darle las gracias por los abastecimientos de trigo al país bloqueado y sin cosechas que más de un paisajista sabrá reflejar. Los fines, más bien de promo. No obstante, la democracia del Caudillo, contemplada honestamente, es un atentado más a los derechos humanos, incluidos los de quienes han estado en sus trincheras o prensa. Hojeemos las condiciones del "voto del pueblo soberano".
Las urnas caudinas
Corre el 22 de junio del repetido año, 1947 cuando se dicta una Ley Orgánica u Ordenanza que condiciona el voto libre en las urnas caudinas. Basada en una jurisprudencia española de 1907, indica las medidas que han de tomarse contra los abstencionistas. Así, se 'podrá' solicitar en las mesas "el certificado de haber ejercido las obligaciones electorales". Se comprende así que quien no lo exija será de inmediato sujeto a represalias. No es potestad, sino amenaza. Dicha Ordenanza aclara todo tipo de duda. Para los católicos antifranquistas, mayormente monárquicos, la Iglesia amenaza con la excomunión 'ipsus incurrenda' a quien no vote, o vote No.
Mono de nicotina
Se hace saber, para mayor detalle, que hay que acompañar la papeleta de la cartilla de racionamiento para ser sellada. Jamás se le renovará al titular sin previo estampillado en los colegios electorales. La perspectiva del mono de nicotina propiciará, pues, el Sí. Peor aún,
los capataces pueden exigir ese salvoconducto para echar del tajo a los disidentes, o negarse a emplear a quienes no lo muestren. Los desafectos, al arroyo.
Ítem más, los funcionarios que no voten no cobrarán la paga sin no muestran el certificado de la mesa. Las papeletas, cumplimentadas a domicilio, se llevan en el bolsillo. Arriesgarse a acarrear un No o un Nulo conlleva que las fuerzas de Orden registren a capricho a la persona y la desenmascaren: en la calle, en la cola, en la propia mesa al hacer papeleos de tahúr.
Más difícil lo ponen los patosos que airean su Sí en las filas. Quien traiga un No, se corta de hacer lo mismo. Todo es, de nuevo, sensación de impotencia, malestar hispánico, vergüenza propia y ajena. Subrayada la desazón por el cinismo de un Franco que vocea por Radio Nacional que "él no puede llevar las riendas más allá de la muerte, así que las deja para entonces en manos del pueblo". Sic. La cifras, a continuación.
Llamada a la Abstención
Anarquistas quedan que en galeradas de catacumba difunden esta octavilla: "Si votas Sí, votas por Franco. Si votas NO, votas por Franco. Si no votas, votarán por ti, pero no será tu voto. ¡No votes!" Curiosamente, la vieja guardia falangista o "no institucionalizada" instiga asimismo a la abstención o al No. Su influencia es mínima. Con todas estas coacciones, la participación es masiva, aunque hay héroes que han paseado su No o su Nulo por las calles donde pululan los chotas con licencia para cachear. Calcúlense también los parados, desempleados sin porvenir y víctimas de la revancha que se quedan en casa, ya que ni de cartilla disponen para alimentarse. O los que en las celdas aguardan las sacas, no precisamente para ir a votar.
Cifras y escrutinio
Vayan las cifras. De 17.178.812 personas convocadas, 15.219.565 acudieron a las urnas. El espectáculo lo fotografían, documentan y filman todos los corresponsales extranjeros. Más promo. Del escrutinio surgen 14.145.163 Síes; 722.656 Nóes -- valiosísimos para la farsa democrática de Franco, "ya ven, aquí se tolera la discrepancia" -- y 336.592 boletos nulos. Casi 2 millones han optado por la Abstención. Que este pucherazo oficial, regreso a la cacicada, hiciese reflexionar a las potencias mundiales acerca de las excelencias del franquismo no hay cándido que se lo crea. Pero le darán, pronto, el 'nihil obstat' para la ONU a un reducto mediterráneo muy úitil como avanzadilla en el mapamundi del Anticomunismo-Mc Carthy.
Casi todos a "Bioca"
Viene a cuento esta preparación del ciclorama, a modo de fondo y clima en que los cerebros, pinceles, escoplos y espátulas sirven de arma antisistema para frustrados con el don de la creatividad o el mecenazgo. Porque el 6 de julio de 1947 se han quemado todas las naves. Los ácratas tenían razón en ese silogismo ya transcrito. Todos a "Biosca" y a su apéndice literario la "Academia Breve de Crítica de Arte". O casi todos, ojo, que artistas de inmensa valía, republicanos de izquierdas pasados por talego, expresidiarios o ex-miembros de la Institución Libre de Enseñanza no cuelan por la ineludible criba. Aunque la "Academia Breve", en su utopía limitada de imparcialidad, traerá disgustos a Don Aurelio. Y a Eugeni D'Ors.
Coincide el circo del refrendo-1947 con el cierre veraniego de "Biosca". En anteriores muestras, I y II de Maquetas de Barcos; las 11 mejores obras de arte de la "Academia Breve de Crítica de Arte" con Solana, Hugué, Llorens Artigas, Francisco Marsa, J. A. Morales, Benjamín Palencia, Sunyer, Vázquez Díaz, Eduardo Vicente y, cómo no, Zuloaga. Mientras se gesta el plebiscito, Julio Antonio, Modesto Ciruelos, Eduardo Vicente, Molina Sánchez, Francisco Arias, Gómez Cano. Hay silencio en "Biosca" hasta diciembre de 1948: Maquetas de Barcos de José Caicoya Masaveu. Ni una mujer, compruébese.
Redención de penas por el Arte
Corre 1951 cuando Menchu Gal, regresamos a los apuntes de viñedos riojanos en Erremelluri, presenta una "Vendimia" en la I Bienal Hispanoamericana. Para muchos críticos, histórico evento lo de esta muestra. Las naciones venían boicoteando, con razón, a Franco. Y sin razón, a quienes eludieron ser fusilados en masa, a diario, en el Campo de la Bota. O a los eximidos de formar en los batallones de trabajos forzados, muchos de éstos destinados ya a Cuelgamuros. Incluidos, para darle al pico y al mazo, muchos ingenieros, arquitectos y topógrafos presos por rojos, rojoseparatistas o francmasones. En la cárcel de Valencia se ha formado una Escuela de Arte en la que redimen pena muchos plásticos de la zona roja. Algunos, pese a esculpir o fundir escudos imperiales o bustos del Caudillo, o imaginería para conventos y capillas, serán pasados por las armas.
Beorlegui, en el huevo del postismo
En ese mismo año tenemos a Beorlegui, que ha dejado el taller de Ciga, buscando en Madrid árbol donde ahorcarse. Le aburren el surrealismo y la verborrea daliniana hasta el punto de intentar vender -- "sin lograrlo, por suerte" -- sus libros acerca de esa corriente en la Calle de los Libreros, que emerge de San Bernardo y cuya pitonisa es La Felipa. Es presentado en los talleres de Vázquez Díaz, José Caballero, José Planes, la escultora Pilar de Marquerie. Busca escuela vasca con Zubiaurre y algún otro. En vano.
Recala, último recurso en el estudio de Chicharro, ya descrito en tags de"Blocs de Beorlegui" como situado en la mismísima imprenta de Pablo Iglesias, Pasaje de la Alhambra, calle de la Montera. El joven Fernando pinta La Telefónica desde la azotea del edificio. Al salir, va a dibujar modelo desnudo. Aquí debe definirse otro lugar de cita para determinadas crisálidas de las Artes en Madrid: el Círculo de Bellas Artes, en cuyo ático los secretas juegan al póker, implacablemente perseguido por ellos mismos, y en cuyas aulas se puede dibujar a modelos profesionales de postura cambiante. Muy diferente de la estatua o reproducción en yeso, porque obliga a acelerar los dedos sin deformar la anatomía y atendiendo a tensiones musculares.
Chicharro versus Chicharro
Elena Asins: "Muchos nos juntábamos en el Círculo de Bellas Artes y teníamos allí tertulias en voz baja; los niños pijos iban al Café de Gijón". Pero Beorlegui, a cuyo maestro Chicharro le hemos seguido el rastro y quedará retratado en otra entrada, ha caído en el huevo del Postismo. Esta tendencia póieto-estética la habían fundado Chicharro, su amiguete Carlos Edmundo de Ory y Silvano Serneti. En gestación tenían, ya para 1953, el Introrrealismo.
[No confundir a Eduardo Chicharro Briones, hijo -- agitador imago-poético, redactor profuso de manifiestos, guionista radiofónico y de cine, periodista literario y en su día, cómo no, perseguido intelectualmente por un Arias Salgado más franquista que Franco -- con su padre Eduardo Chicharro Agüero. Colega éste, el viejo, codo a codo en pintura áulica de la Corte de Alfonso XIII con Sotomayor el ferrolano, también preboste de la Academia de San Fernando, fue Chicharro Agüero usurpador del puesto de Valle Inclán en la casa de Cultura española de Roma, lo cual permitiría al hijo un cosmopolitismo que supo aprovechar, mientras el padre permanecía inerte como pintor comilfó que siempre fue.
Entre Chicharro Agüero, clasicista y mitólogo, autor de "Las tentaciones de Buda", para cuyo premio académico anduvo buscando enchufes, y Chicharro Briones, contemporáneos y pese a todo ideológicamente enfrentados en Arte y en otras sociologías, media un abismo. El hijo se interesó en periodismo de Agencia, revistas volanderas y tertulias hasta el amanecer con chupópteros, bohemios, tardorrománticos y marquesonas borrachas dignas de Serafín Rojo "Serafín". Un agitador, en el Pasaje de la Alhambra.
Para el patriarca, como para su compadre Sotomayor, toda alteración del arte pictórico en tendencias era una patraña para disimular la ausencia de maestría: reaccionarios a fondo; burgueses de la paleta, burócratas del claroscuro y el retrato mayestático. Para el vástago, en cambio, no había arte sin innovación y como he cometido un error garrafal al hallar dos Chicharros opuestos y coetáneos, por fortuna a tiempo advertida, queda anulado este ladillo y el tema se ampliará en siguiente entrega] Por eso pone 'bis'.
Los domingos de Fernando
Para que se hagan una idea. Nadie se salva, en Madrid, de un alguismo o contraalguismo. Hay que -ismizar o perecer. De boquilla, casi siempre. Lo que sí es cierto es que allí, dice Fernando Beorlegui, se prorrogaban las sesiones de dibujo de desnudo movedizo con conciliábulos dominicales de artistas, "bla, bla, bla, hasta bien entrada la noche, nos invitaba la anfitriona a zumo de naranja con coñac: toda la tarde del domingo sin gastar una sola peseta (...) Madrid me decepciona, no hay nada. El más avanzado es José Caballero, exponen Benjamín Palencia, Mateos, y los jóvenes se recrean con la época azul de Picasso, pero Pancho Cossío
también es un precursor que tiene sus admiradores por entonces".
Y una observación fundamental: "El Museo de Bilbao (ex)pone breve resumen de su contenido en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Y me quedo asombrado. Ni en Madrid ni en Cataluña había Museos de Arte Contemporáneo de aquella magnitud]
Fin del boicot global
Influye asimismo, vayamos al ámbito sociológico, el ninguneo al Movimiento en quienes, desprovistos de empleo, salario, alimentos y futuro, padecían la inacabable postguerra y se nutrían de tortilla sin huevo y de contrabandeos puntuales o "del tren de Archanda, que marcha más que anda", me confió una tarde Alfonso, el cerillas del Gijón. La RENFE resollaba a veinte por hora, cierto. Pero ese convoy rodaba a diez. Para lanzar el matute al desmonte, donde los conchabados se camuflaban, antes de llegar a la estación término.
En ésta se efectuaban registros, subfusil amartillado. Sacos de garbazos, alubias, patatas llegaban así del campo al perímetro de la ciudad. Mirando luego al sesgo, las mujeres con barriga de seis meses rellena de tabaco o lentejas, por si les seguía un madero con sombrero marrón ladrillo: inconfundible. Rinconetes y Cortadillos acechan en ese núcleo de pillastres, Delicias, Atocha, al 'isidro', al paleto, para timarle. Siglo de Oro imperial deseaban las JONS, y ahí lo tienen: picaresca de cuando los Austrias.
Naturalmente, los líderes del Frente Popular en el exilio caen en el desespero cuando en 1950 concluye el bloqueo al franquismo por votación en la ONU de 3 de noviembre de 1950. Las tropas chinas -- nótese bien -- han penetrado en Corea. España es geoestratégica, dijimos, para EEUU y otras naciones más hipócritas. Lequerica marcha a Washington e instala embajada. En Madrid lo hace Stanton Griffis a instancias de Truman y el senador Taft. Los resultados de la votación que absuelve al Movimiento fascista del aislamiento de 11 años: 38 a favor (entre ellas USA) contra 10 (bloque comunista) y 10 abstenciones, entre ellas Francia.
Escolarización nula
Se precisa otro parámetro. En 1950, la escolarización Primaria se limita a un 58, 60% en España; la Secundaria, a 8,2%. Francia dispensa generosas becas para su Lycée Français, tan próximo a "Biosca", donde se adquieren conocimientos de niveles universitarios y se soporta una disciplina castrense, rigidísima, firmes al entrar el enseñante, sea del sexo que sea, a formar por estaturas y cubriéndose en el hombro -- los "Lycées" los fundó Napoleón Bonaparte -- que provocarán en sus aulas más de una conspiración ¡escolar! antifranquista e incluso comunista. Instituido como sede diplomática intangible, educará a muchos hijos de rojos en presidio o ejecutados. También, a vástagos de la derecha cabreada y a mucho retoño del Carlismo, por tradición afrancesado. Pese a todo, un estudiante confía en 1950 a un corresponsal: "Me encuentro, como la mayor parte de los españoles, en una situación insoportable y que ni siquiera espero algún día poder modificar. Resulta humillante".
Manaut Viglietti
De profesor de dibujo, ataviado siempre de artista con chambergo, chalina y barbita salpimentada, José Manuel Manaut Viglietti, valenciano de Líria, colega directo de Sorolla, compañero de Azaña en los mítines del Ateneo, pintor eximio pero vigilado e intocable tras haber pasado 1943 y 1944 por Carabanchel y Porlier, enseña Impresionismo (y otros -ismos, desde la Primaria) en el Lycée. Es Monsieur Manaut Viglietti. Masón, republicano de izquierdas convicto, sus actividades en la Institución Libre de Enseñanza incluyeron la dignificación y acceso a cátedra de los docentes de Dibujo y Arte. Chicharro también proceía del sorollismo, pero pertenecía, por así decirlo, a la clase vencedora del Barrio de Salamanca.
Ha soportado Manaut la guerra en Valencia apoyando, clecsografía de Eugeni D'Ors, la cultura en zona tricolor y faísta. Preso, dibuja en periodo de encarcelamiento estampas escalofriantes de penal que sólo se expondrán, falleció en 1971, cuando el legado del cenetista Martínez Guerricabeitia salga a la luz con sus tesoros.
Pero no nos engañemos en cuanto a la libertad de cátedra ni sublimemos esa Institución Libre. No había timbre para penetrar en el estudio y pillar caballete. Llegábamos a nuestro aire (excepto los suizos, austriacos y alemanes, todos prusianos). Para Manaut contaba la producción, no la puntualidad. Podías traer, a ritmo de entrega exigido, obra de la calle, o realizada y retocada en casa. Pero aunque este magnífico profe tenía mano delicada para el matiz y la caricia al óleo, si alguien se ponía borde en el aula sacudía unas hostias de mucho preocupar. Fuérase lo uno por lo otro. Teníamos enseñante de lujo y vaya si nos aprovechó. Pero ni en "Biosca", ni en "Macarrón" ni en "Estilo" ni en tantas otras salas pudimos jamás comprobar cómo se lo hacía, el maestro.
Miseria medieval
Una miseria medieval, cruda, sifilítica, tísica, desnutrida, luctuosa, se ceba en masas obreras de salarios de hambre. El pintor quisiera por impulso hondo dibujar la realidad de las ciudades, de una Barcelona en cuyo Raval circulan patrullas de tricornios, metralleta al hombro, entre ciegos, mutilados, niños en harapos, mendigos, tullidos de guerra, hetairas alcoholizadas y encintas (como la "Sien" de Van Gogh) o matronas del estraperlo que venden carísimo pan blanco. La primera pegatina en urinarios: "Piel, venéreo..." Busca, pues, la obra de arte, cómo denunciar aquello sin ir a parar a los calabozos de la DGS.
Contemporáneo y colega en "Biosca" de Menchu Gal es Miquel Villà, barcelonés. Pinta interiores elocuentes: "La Cocina". Con su escasez. Unas cebollas, un puchero sin fumata. El hambre insinuada. Sin radio, donde retumba lo de "La Patria, el Pan y la Justicia". El mismo don Aurelio, nada desdeñable pintor, exhibirá otro menú estoico: unas sardinas, unos tomates y una jarra de agua pura sobre mantel modesto. Manolo Humbert mezcla crisantemos y flores secas con unas reinetas de relleno. Las manzanas adornan, las plantas incitan a devorarlas. Cualquier mensaje se desencripta.
Han enmudecido los buriles y estampadoras de los cartelistas de la FAI o el Frente Popular. Presos en Valencia, redimiendo en vano en la Escuela de Arte del presidio, realizarán imágenes sacras, restaurarán otras. La redención auténtica aguarda: el pelotón. Permanece invicto Sáenz de Tejada. Quien, aparte los legionarios musculosos y los Schwartzennegers de cómic con requetés de cuatro edades, en 1931 había dibujado con genio no exento de malquerencia a las turbas facinerosas o chusma en el Poder.
Sin sombrero, corbata ni sostén, celebran en la Puerta del Sol el triunfo del Frente Popular y, claro, aterrorizan. Muy grunge. Por lo demás se centran los artistas descontentos de postguerra en horizontes desolados donde el color tirita. Donde gimen las ausencias. O, invadidos de temor, se dedican a algo utópico y falaz: opíparos bodegones.
En Escuela Madrileña
Como los de José Mompou, que expondrá en "Biosca" uno de ellos, hortifrutícola, con puerro, melón y dos botellas inverosímiles: una de Licor 43 y otra de ginebra de Menorca. En cuanto a Solana, venderá a dicha galería una enorme "Procesión en Zaragoza", 1943-45 que, como dijera Beorlegui, pero en opuesta dinámica, al describir santos, Vírgenes y un Cristo sometido a tortura al que llevan en andas aldeanos silentes -- ni una mantilla de blonda -- simboliza la superstición como sucedáneo de espiritualidad. Terrorífico cuadro.
Solana se aposentaría en otra galería de postín: "Estilo", del arquitecto Emilio Peña. Benjamín Palencia compartirá la odisea "Biosca" con otro centro artístico de peso, la galería "Macarrón". En cuanto a los desnudos en lienzo, en los 1940 se admiten cortados por el ombligo. Sin pubis. Las esculturas de Clarà, sin problema. Ni vello ni excesivo "hueso innominado" (coxal) que sí se percibe venusino en "Juventud" de Enric Casanova, muy sexy. Mujeres en exclusiva, sus modelos. Van Gogh nunca pudo pagarlas, sólo a Christine, la borracha embarazada a quien acogió para salvarla del lenocinio callejero. De ahí la abundancia de autorretratos de este icono, Vincent, para subversos en estética en escuela madrileña.
Regreso a la alegoría
Se da en España, la de Franco, un regreso al patio de Monipodio y la estampa cervantina que tantos estetas inquietos sólo podrán representar regresando a un estilo demodé y para muchos cursilindo: la alegoría. Se toma como eje de veleta la alusión hermética, pero significativa. De este frenesí de transmitir evidencias de rebote nacerá el primer grupo de vanguardia -- más bien retaguardia -- en las artes plásticas tras la Guerra Civil: el ya aludido Postismo, gestado en los 20-30, corroborado en los 40 y recuperado como Filopostismo en los años 1970. Por Arrabal, entre otros.
Postismo, Posibilismo, Existencialismo tibio, indirectas al régimen, pintura entre líneas -- no obviemos la censura -- y ahorcamiento de camisas viejas, curioso, por parte de quienes regresan de guerrear en Rusia, componen la escurridiza realidad que las artes plásticas siempre han indagado. En 1948, Pablo Antoñana debuta en literatura al publicarle la revista "Domingo" un relato, "El Aguilucho Herido". Ganaría su primer trofeo narrativo con la novela "El capitán Cassou", en 1959. Se lleva la palma, pero la obra no se publica. Habrá de aguardar a 1961 para que gane el Premio "Sésamo" su "No estamos solos".
Aún perduran las Cuevas de Sésamo con su halo sartriano y sus grafitis en la calle Príncipe de Madrid, ateneo libre donde la Régimen permite las extravagancias a modo de impagable -- e impagada --garantía de oposición intelectual, tan necesaria de cara al mundo. Aunque veremos que para la Medicina de la época toda manifestación creativa ajena a las normas y la plantilla academicista, o modernista, no son sino desajustes psicóticos de una cuadrilla de extravagantes que merecen vestir camisa de fuerza. Jamás volarán sobre el nido del Buitre.
El fantoche falangista
Desengañados, regresan casi todos los divisionarios. Han visto iconostasios con Santos en las chozas de la URSS-Sin-Dios. Hospitalidad, religiosidad, les han arrebatado toda la retórica acerca de las hordas bestiales de la hoz y el martillo. Piensan: "Ahora somos dos, los pueblos equivocados". Ni rastro, en el frente, de la Rusia culpable de Serrano Suñer el pronazi. Camaradas de las SS, se han sentido ironizados por éstas. Les han instalado como fuerzas de choque, posición avanzada, para salvaguardar a los arios.
Han sido testigos de las brutalidades de los suyos. Los han metido de cebo en las fauces de Stalingrado. Se han enterado de que la Guerra incluye ejecutar en frío a enemigos que no lo son tanto. Que han dejado de serlo al rendirse. O que sólo lo son en teoría: dianas de paja. Franco el faraón y sus entornos, al regreso, acumulan en nepotismo riquezas y terratenencias, canonjías y direcciones de consejos de la Banca a costa del populacho. Les abrasa el alma, a los divisionarios. No a los desalmados, por supuesto.
Constatan los fascistas puros que quien se arrima el poder no sólo se beneficia, sino que se convierte a su vez en el Poder. Del que no se sale si no es por las malas. Uniformes por las calles, mientras el paisanaje se cala el sombrero Brave. O la boina. Va a ser éste, a vuelapluma, el escenario madrileño en el que penetra Menchu Gal tras la guerra. Y un puntillismo final. En Génova, cerca de "Biosca", se leen pintadas en betún de Judea: "¡Falange Hedilla!" Años más tarde, lástima que revocaran la fachada de Alonso Martínez, otro grafito no poco chusco: "Carrillo, libertad".
"España como problema", de Laín
Con estos datos se comprende que los intelectuales, estetas incluidos, sólo puedan intercomunicarse en su 'idioma' en reducidísimos círculos. (No nos engañemos, muy poco atenuado, este conflicto de endogamia tribal de lo culto como esoterismo en cripta, incluidos los pintorescos canaperos que terminan 'entendiendo de arte', perdura hasta hoy, 2008, y jamás cambiará). Así, casi nadie comprende las demagogias de una Falange que sigue buscando el equilibrio con su fantoche del señorito vestido de azul-bergara. FET publica su desasosiego a través de uno de los suyos, Laín Entralgo, con su libro "España como problema" (1948).
En cuanto a la camisa azul impuesta por José Antonio, tuvo su réplica surrealista-demencial y no poco cáustica en Giménez Caballero, que votó por "la blusa castellana". Sufriría también patografías minuciosas este ideólogo estrambótico. Dalí y él en conversación íntima, eso sí sería un puntazo. Los encomios de Salvador al Caudillo son un alarde de cómo insultar adulando. O viceversa.
Ridruejo, por su parte, futuro confabulado y redactor de catálogos de "Biosca", lamenta ya sin disimulos el pánico que provocan sus estrofas en el "Cara al Sol". Regresa de la División Azul y, como arriba se dijo de mucha soldadesca de voluntarios -- e involuntarios -- para la URSS, percibe una España de andrajos, desnutrida, en barbecho y cutre. Franco ha dicursado en 1941: "La pobreza es nuestro título de nobleza..." Peor alimentada, la población del Movimiento, que los soviéticos rurales, eslavos y acogedores.
Ya se esbozaron los miedos al charol, a las cunetas, a las listas de reos de muerte, al garrote vil. Se le añaden el estraperlo, la corrupción del vencedor y el enriquecimiento hipercapitalista y carroñero a costa del millón de cadáveres y la España que ellos mismos, junto a las Legiones Cóndor, devastaron. La estirpe Franco se está lucrando con una Victoria que para muchos que a ella contribuyeron empieza a entreverse como derrota de ideales. Algo chasca los dedos y extrae de la hipnosis bélica a Ridruejo. Y a muchos más.
Espadones contra falangistas
En esa lucidez regresada constatan falangistas, requetés y monárquicos que cunde un miedo endémico al piesplanos, a las delaciones, al vecino facha o más facha que uno mismo. A caer en desgracia del capataz que distribuye las peonás. Se hace patente una confrontación entre espadones y falangistas. Cuando el Caudillo substituye a Serrano Suñer por el general Galarza como ministro de Interior, "Arriba" publica en titular, con bula: "El Hombre y el Currinche". Cuidado, que Ridruejo tiene inmunidad como predilecto de Serrano Suñer. Franco hace carambola: revoca en castigo a Ridruejo y Tovar y ello incide en el poderío del cuñadísimo.
No se colocará bajo la cúpula de milicos, tampoco. Girón pasa a Trabajo, y Miguel Primo de Rivera a Agricultura. Realidad antípoda de los ideales, los luceros y el destino en lo universal. Se empieza con puños y pistolas y así se acaba: con chanchullos.
La primavera no ríe, tiembla. Se rebota, pues, Dionisio el de Burgo de Osma, y escribe a Franco con amargura y desapego. "No me tenga usted por un incondicional". Y peor será cuando, enviado por Pyresa de corresponsal a Roma, testimonie en 1947 la caída tremebunda del Fascio, con Mussolini colgado de los tobillos. Adicto a Hedilla, vuelve a escribir a El Pardo solicitando elecciones generales inmediatas. Nada menos. Arguye que los Aliados están a punto de invadir la Patria. No se sabe si le profetiza al Caudillo un desenlace como el del Duce.
Caza del intelectual
Es Ridruejo, pues, un desorientado más que, como Jefe de Prensa y Propaganda, aglutinará a Rosales, al investigador del euskara Tovar, a Torrente Ballester. Disidentes y futuros juramentados en la movida de la que pronto tratamos y en la que Menchu Gal participará al regresar de Francia tras la Derrota de 1939. Abundan las apostasías de talentos en cautelosa oposición. Aisladas y en pugna con el imán y captador de mentes egregias del Régimen: el Opus Dei.
La Obra se empeñará en fagocitar también, postista a su manera, cultura, estética, intelectualidad, cientifismo, arquitectura, doctorados, y mantenerlos en sus filas y logias de la Tradición integrista. (Lo llaman ahora fundamentalista). Cualquiera, empero, no penetra en sus redes. Buscan superdotados célibes, en teoría. Otros, casados, ya con prole, cortan en seco con la esposa y el tálamo. Conviven, no coyundan.
En fase posterior el celibato será sustituido por la procreación obligatoria, rosario en mano, en familias numerosas y "los que Dios nos quiera dar". En el Opus florecerán, cómo no, los críticos con su propio vaticanillo. Ay de ellos. Con el tiempo se transformarán, al igual que los infórmatas mormones de Utah, en tecnócratas y economistas para planes de Desarrollo. Eso sí, siempre con la finalidad suprema servir a Franco, que en las monedas lo es 'por la gracia de Dios'. Al menos, en apariencia. Recrean intereses creados.
San Isidro, excomulgado
Bulle en Madrid un arquitecto, Sáinz de Oiza, eterno conspirador con Oteiza desde mucho antes del Santuario de Arantzazu. Desde muchísimo antes del Cubo de la Alhóndiga, con Fullaondo de Tercer Hombre. Oteiza, que aún no es Oteitza, también se revalidará en "Biosca" en colectivas que crean revuelo: no está aparentemente fichado. Cuando D'Ors escriba que sus esculturillas son muy de Moore, el de Orio reaccionará en agrio debate con don Eugeni. Junto a otros, resuelve que el porvenir sólo está "en lo regional". A ver, centralizar artes de unas llamadas 'provincias' con mayor riqueza, talentos, internacionalidad y visión terráquea, es dotar de progreso a un Madrid anclado en Chicharro padre y Sotomayor.
Así que en Ciudad Jardín, Jorge de Oteiza se dedica a proyectar su fecundo fracaso: un San Isidro que la Diócesis excomulgará como 'mamarracho' entre risitas de presbíteros. Lo instalaría, clandestino, en Arantzazu -- no sin otra guerra contra la beatería vasca encabezada por Cobreros Uranga en "Unidad" -- y por eso son catorce los apóstoles. La revancha.
Oiza y el suburbio
Será Oiza, antes de las Torres Blancas y otros expresionismos, mucho antes del Banco de Bilbao erguido en Azca, el encargado de reducir, en parte, el chabolismo en barriadas-aldea de periferia y cáncer urbanístico. Viviendas populares. Encarnará, sin por ello abandonar planos heréticos en estudios-checa, un paradigma-suburbanismo de quienes, como Eduardo Vicente, cazan estampas de etnotipología del desmonte y paisajes flacos de hambruna. Sin gran alarde contestatario. Lo que él traslada a papel, lienzo o magistrales ilustraciones de edición, se reconoce demasiado bien.
Edificará Oiza la universidad popular de Erillas, 1953; poblado de Calero y Entrevías. A los inmigrantes del agro yermo y quincalleros que en el cinturón del Manzanares y en arrabales de Barcelona improvisan sus chabolas de noche, la autoridad en uniforme gris se las derriba de día. El recurso es la vivienda oficial y no hay para todos, menos para los rojillos que salen del penal. La gitanería, muy fotogénica, siempre es problemática y asocial para un Régimen como el franquista. (Y para éste). Los madrileños de siempre ya tienen mote para los invasores del desmonte: 'coreanos'. Artistas y literatos tratan de describir, de forma
indiciaria, la odisea del suburbio. Veremos algún intento, siempre en "Biosca".
De "Arbor" a "Ruedo Ibérico"
El proyecto, volviendo al Opus Dei, es concreto: acaparar las cátedras universitarias, incluidas las de Bellas Artes, usurpando las de más de un profesor exiliado o cesado por sus enseñanzas. "Muertos morales", se les llamará a éstos. Desde allí, la Obra evangeliza sensibilidades y pilla poder a toda costa. ¿Mujeres? No cuentan. Habrá en su día Opusinas, pero no es el momento.
Calvo Serer, grande oriente de este remedo de la diabólica Masonería -- ¿Mazda contra Arihman? -- contesta, pues, a Laín con su "España sin Problema" de 1949. En ella asevera que el país ha hallado su auténtica senda en 1936 y merecerá por ello el Premio Nacional de Literatura. Ha sido quintacolumnista, suboficial ultracatólico en filas rojas a las órdenes de Sánchez Bella, otro que estuvo en lugar erróneo en el momento equivocado. Como tantos cadáveres. Desertarána tiempo.
Sonámbulo Calvo Serer entre las faldas de Escrivá de Balaguer, los encuentros con un Juan de Borbón que recibe a quien sea si se trata de jugar a conspirar imposibles y el integrismo integral de un Opus que es la extrema derecha española, el giro en línea de opinión de su diario, "Madrid", que Fraga le cerrará en 1971, le margina y exilia. Tarde, se retractará en parte. Y como una Dictadura no tolera matices, de dirigir "Arbor" y participar de algo similar a la "Acción Española" de Ramiro de Maeztu saltará a codirigir "Ruedo Ibérico" junto con el anarquista Martínez Guerricabeitia, ya aludido, y de la mano de un brigante de calado: García Trevijano, asesor en Guinea de Macías. Es un totum revolutum con el síndrome del Alzamiento y su masacre como quiste de conciencias.
La España de Carpanta
España es, como se ve, como el arte plástico lo ve, terriblemente neorrealista, con millones de descontentos pringados de sangre y traumatizados por una contienda que los pilló en la mili o que se convocó mediante consignas de espejismo. Se odia a Franco en la intimidad, lo reverencian en El Pardo y jamás lo han de derrocar pese a ponerlo a caer de un burro, incluso revestidos de guerrera. Telarañas de intereses atan a unos con otros. Se manifiesta un nuevo miedo paranoico: caer en desgracia, que llegue el motero con el cese.
Enfermo el país de surrealismo real (lo cual no significa que el surrealismo sea patológico) la dolencia social y el intelecto no corren paralelos, se cruzan en cortocircuito. Para bien, para mal, para peor. Este desaliento postbélico desembocará en liberación vía estampidas colóricas y formas fantasmáticas o socarronas, o descriptivas de ensueños, de un sentimiento de impotencia en sensibilidades en la paleta impregnada, quieras que no, de pesadillas
postraumáticas. Si alguien atenta contra el Caudillo se desembarazarán de él, cierto; pero la catedral se les vendrá abajo. O se les abrirá el abismo.
Cierto que todo ser viviente ha defendido ideas que con los años se le revelan como mentiras indefendibles. Pero en este caso es un caída del caballo a lo San Pablo. Y ahora toda la propaganda fascista son recortes de periódicos que practican como orapronobis el enaltecimiento del franquismo, insertan notas obligatorias del Movimiento y redactan, al dictado del Dictador, que España va bien. Se salva el TBO barcelonés, con sus cartoons. Destaquemos, por sus directos al estómago, al "Carpanta" de Escobar, de 1947. El cómic da que pensar. Pero claro, son cosas de niños. (Como se sigue creyendo, 2008, y así pasa lo que pasa con "los Simpson", con "Gabai"...) Sale, Carpanta, símbolo vivo de la gazuza de un sintecho de Postguerra, en el "Pulgarcito". Como otro de Vázquez: "Ángel Siseñor". Que vota sí.
Mesmerismo de postguerra
Adviértase bien, de nuevo, que dada la elevadísima tasa de analfabetismo pocos pueden gozar de los debates impresos de la high-high. Ya que hablamos de Calvo Serer, recordemos que cuando se dinamitó el diario "Madrid" él era su último presidente del Consejo de Administración. Al "Madrid" lo acusaban nada menos que de 'liberal'. Hubo mucha lágrima de cocodrilo por el viejo edificio y por su jefe converso y de vuelta del "Camino". Todo por un editorial referido a De Gaulle y muy bien titulado: "Retirarse a Tiempo". Franco no dudó. Dinamita, por alusiones.
En 1951, Calvo Serer milita en la ultracatolicidad cuando se inaugura defiitivamente, cerca
de ruinas con viruela de metralla, Ciudad Universitaria, el Museo Nacional de Arte Contemporáneo. Su primer subdirector ejecutivo es Sánchez Camargo, cronista de la "Academia Breve" , en seguida descrita. Su promotor, el ubicuo D'Ors. Hay en la actualidad obra de Menchu Gal en ese Museo. Por entonces no pensaba en pintar para panteones.
Pronto progresará en todos los órdenes, despacio, el repetido "Biosca". Es galería-vínculo, teta nutricia, más que de tendencias, de pensamientos prohibidos traducidos a plástica. Se convierte la logia de Génova 11, pues, en un fenómeno infrecuente: Quienes desean exponer en"Biosca" son deseados por la galería y viceversa. Mesmerismo de postguerra. Rojos-rojos, no. La clausurarían. Se intentó, ya verán.
D'Ors, "separatista infiltrado"
Resultó decisivo un encuentro entre los Biosca y Eugeni D' Ors en el Hotel Capitol, donde éste se alojaba en Madrid. Se definieron los propósitos firmes de la futura galería en 1940. Ambos empatizan. D'Ors era un desencantado más -- y van... -- tras sus actividades y cargos culturales en zona franquista. Ya dijimos que es el clon, en el otro bando, de Manaut. Conferenciante, ensayista, conocedor de talentos inmortales tras su etapa de modernismo allá en la cervecería "Els Quatre Gats", se esforzó y logró en Ginebra, 1939, reunir y recuperar para Franco los tesoros del Museo del Prado que la República allí trasladara, temerosa de los bombardeos. Colaboró con él en el empeño Sotomayor, otro académico de San Fernado que sospechaba del arte contemporáneo como desequilibrio clínico y llegó a consultar a talentos de lo psicosomático y del exorcismo en manicomio. En su momento lo trataremos.
Arte moderno olvidado
Volvamos al encuentro entre don Aurelio y Eugeni D'Ors. En sus memorias, Biosca el de "Biosca" refiere: "Comenzamos una relación que no se extinguiría hasta su muerte". Lo que se dijo: "Desde el principio vi un gran interés (de D'Ors) en el movimiento artístico de Madrid, sobre todo por el arte moderno de aquella época, que estaba totalmente olvidado. Un día almorzamos juntos y coincidimos en que la galería tenía que abrir sus puertas a todos los artistas jóvenes aprisionados por una serie de nombres que nadie quería o podía discutir". Los otros aprisionados, los de la política, era pedir peras al cactus.
En las mismas seguimos, adviértase, en Euskal Herria de la industria de las Artes. Sota, Caballo, Rey y los llamados emergentes por no hablar de los sumergidos. Cuando falleces, las tarifas de la obra se duplican porque la momia es tótem. No sólo el Oteitza que cumple 100.001 años, sino que desde el mismísimo diagnóstico del Alzheimer de un Chillida joven, a éste se le consideró por los marchantes de "Arco", fuimos testigos, mano extinguida. Precios por las nubes que extrañaban a quienes no estaban al tanto. Se llevó muy en secreto, su triste situación.
Márketing fenicio
A partir de entonces, decíamos, el paso de una juventud con inquietudes de estilo y formas por "Biosca" constituye rito de iniciación. Se venda o no se venda. Un sistema de márketing muy fenicio consistió, ante la ausencia de compradores para la exposición de Clará, grandes bronces, mármoles y terracotas, en que el hermano de Aurelio, Pepe, comprase toda la colección por 200.000 pesetas de 1941. "Así pudimos poner el cartel de 'vendido' por todas partes".
Dio resultado, y hubo una reacción por parte de un público circunspecto. Eduardo Vicente, otro fruto de la galería, pudo vender obras a quinientas pesetas. No estaba mal. Recálquese, empero, que la presencia en "Biosca" buscaba más que vender, resurgir de la tiniebla interior. Para los jóvenes, poder reinvertir en pintura, estudio, alojamiento, clases. Caso de Menchu Gal, a quien nos negamos a hacer una necrológica sin sus contornos y vínculos sociológicos. Insistiremos en este efecto-llamada de lo chic. De momento, digamos que quienes se abstuvieron de llevarse un Clarà desecharon una oportunidad única.
El telegrama de Dalí
Un sentir huidizo pasado por pincel y cincel arriesga menos que la letra gramatical, aunque se pronuncien en "Biosca" conferencias muy sesudas. La más agresiva, téngase en cuenta, estuvo a punto de echarle la persiana al lugar. La generación que discurre por esa sala se lo debe a don Aurelio Biosca, a D'Ors el polígrafo y coordinador, a Clarà el escultor y al descentrado y sísmico Ridruejo, que pasaría por el talego y, en el exilio de París, pediría solemne perdón al PSOE y organizaría varios partidos clandestinos inviables hasta participar en la Platajunta.
El Generalísimo, en cuanto a los excesos artísticos, mira a otro lado. No sus sabuesos, que ya ven a "Biosca" sospechosa.
Tras la Bienal Hispanoamericana se conforman grupos de plásticos del post-Postismo, Parpalló, Equipo 57. Se admite en las paredes, con reservas, a Picasso. A petición de Dalí con su célebre frase apócrifa: "Picasso es comunista, yo tampoco". Son pura tragicomedia las iras de la Falange institucionalizada y de los integristas ante otro aserto daliniano más oficial: "Picasso, además, es español como Gibraltar". Y 'avida dollars', alias Dalí, sabe muy bien que Pablo el malagueño significa divisas. Y se le da una higa el general o quien mande, mientras él pueda seguir pintando, espetando exabruptos bretonianos y luciendo guardarropa y bigotes circenses, de domador de leones desdentados.
Su telegrama al amigo Pablo es de antología: "La espiritualidad de España es hoy lo que haya demás opuesto al materialismo ruso... Creemos en la libertad absoluta y católica del alma humana. Debes saber, pues, que pese a tu comunismo consideramos tu genio anárquico como el patrimonio inseparable de nuestro imperio espiritual, y tu obra como una gloria de la pintura española. Dios te guarde. Madrid, 11 de noviembre de 1951. Salvador Dalí".
Pío Baroja, arte y política
Se invita a las masas a firmar junto con Dalí el cablegrama, al que no le falta picante, audacia ni, en fin, desparpajo. Se le agregarán cientos de firmas de plásticos que "han combatido con Franco". Apoyan a Dalí y a las "tendencias modernas del arte", al tiempo que atacan a los ultraconservadores de toda laya. Franco, taimado, deja hacer. Sabe que esta guerra de los pinceles le favorece en imagen internacional. Pío Baroja, al referirse a sus tertulias de principios del siglo XX, se refiere a las de pintores y escultores -- era un forofo impresionista, como Ricardo, sobre todo de Toulouse Lautrec -- y escribe que "no pueden buscársele connotaciones políticas a pintar manzanas y plátanos de éste u otro color". Nunca enmendará la plana, pese a la evidencia de que, en postguerra civil, su aseveración ya no rige. Porque la pasma acecha. No son, la gran mayoría de estetas, la anti-España; sólo anti-Franco. Peor.
Clases con Marisa Roësset
No obtuvo premio la bidasotarra Menchu en la Bienal. Ni con su "Vendimia" ni con su "Estación de Irún". Aunque lo importante, ay, fuese ganarlo. Le iban a llover más tarde medallones de Oro presunto; y premios beneméritos; y cumlaudes al mejor cuadro navideño en el Certamen de San Sebastián, donde primaba lo idílico. Acude a Bellas Artes de San Fernando y sigue formándose como retratista en el taller de Marisa Roësset.
Roësset Velasco (1904) imparte retrato y es a su vez magistral imaginera en policromías de talla sacra. Artista integral de los años 1920, hace que una Menchu siempre ecléctica profundice en la especialidad retratista aunque planteándose cuál es la realidad humana del personaje más allá de las anatomías, las figuras, las fisonomías e incluso de eso tan incógnito que es el alma. No se trata de representar, sino de sintetizar. Y eso es escuela "Biosca".
Todos esos intentos, aprendizajes, aportaciones con pie fijo en Donostia, concluirán en el arraigo de la propia personalidad de Menchu.
Alternativa donostiarra al Belenismo
Gal Orendain fue en adolescencia y juventud vibrante, ya se ha descrito, un todoterreno en las artes hasta que llega la República y -- flashback -- le facilita nuevos horizontes. O se los señala, o se los impone. Así, se marcha, jovencita y distingida, a París -- no hay plástico vasco contemporáneo que no haya tenido que emigrar en busca de las viejas vanguardias -- y casi de rebote a Madrid.
Ya es mayor de edad, saber y gobierno. Queda así relativamente a salvo de que las patografías la encarrilen en los Certámenes Navideños con christmas en gran formato, y huye en busca de una alternativa a la postal y al Belenismo. Iba a participar en su día, en la gran villa manchega, en un ramal decisivo y riguroso: la Escuela de Vallecas. El Bidasoa queda lejos. El Manzanares inspira y lo que todo artistas intenta es, desde lo hondo, referir la circunstancia social. Incluso lo que la pupila vulgar ignora. Eso es el arte, hacer ver al que no ve. O no quiere ver. O no quiere saber ver. Lo mejor de aquellos sus días de aprendizaje multiespecular fueron los retratos, a rasgos escuetos y sin concesiones.
Retratar a Pio Baroja
Inmortaliza a Pío Baroja, y ese retrato es núcleo de su carácter, el de la pintora. Baroja tiene mucho que ver con su "Itzea" del Bidasoa. Paisanos casi. porque detesta su Donostia natal. No cree don Pio en la inmortalidad, ni siquiera en la neurótica de haber dejado un rastro en el mundo con sus páginas. Habituado por pintoresco, y por parentesco con pintores, a que le pinten, reconoce el mecanismo mental del modelo. Ya ha dicho que se falsifica el ademán ante la foto "para salir favorecido". Escribiría en Zestoa, de médico, en las hojas de las igualas: "Es muy difícil, imposible, mirarse a sí mismo friamente y aun en el caso de encontrarse defectos no buscar una legitimación para ellos" (1936).
Se presta también a ser interpretado por Menchu Gal el pintor del Cazorla, Rafael Zabaleta, jienense oriundo de Elgoibar. Villa en la que perdura su casatorre con blasón. Zabaleta será otro de los puntales de "Biosca". Su pintura, cómo no, la tacharán los carcas de 'judeomasónica'. Este último retrato suyo estaba en el Museo de Arte Contemporáneo de allí, de los madriles. No maquilla, Menchu, al sujeto. Nunca. Incluso sabe eludir la pose instintiva por Pío Baroja abiertamente desvelada. Pero rebobinemos. Menchu en la República.
Ucelay en la Residencia
En la Residencia de Estudiantes, adonde fue a parar, coincidiría con José María Ucelay, el costumbrista de protoneguríticos, dandis y gente guapa de Bilbao. Con su aroma a novias nabokovianas y, cómo no, bilbainas. A Ucelay, trazo de cómic muy cristalizado, Oteitza solía aplicar calificativos muy poco edificantes, culpándole de impedir por sus malos consejos ante José Antonio de Aguirre y Lekube la repatriación a Euzkadi -- entonces era semánticamente Euzkadi -- del "Guernica".
Conservo sus palabras grabadas: "Le dijo al lendakari que los dedos de las figuras de Picasso eran pitilines". Vete a corroborarlo. No hay que fiarse de las fobias de Oteitza, a quien más que posiblemente cabreaba que no se le hubiese nombrado asesor cultural vasco a él para traerse el "Guernica" a Gernika. O el "Gernika" a "Guernica". En otro momento se le oye aporrear la mesa: "¡¡Estoy de Picasso hasta los hueeevos!! Y de Mozart, coño". Ahora dice lo mismo Antonio López. También habrá quien esté hasta las tetas de Oteiza, y de él.
Pero Gernika es Troya en la Iliada vasca, cerca de cuyas cenizas había caído como camillero su mejor amigo y quizás el más imaginativo y avanzado de su quinta: el malogrado Lekuona. Cuando se le mencionaba Lekuona a Oteitza, el llanto lábil siempre le asomaba a la nariz. De todos modos hubo intereses bastardos que jamás se esclarecerán en torno a ese póster pro-Ejército Rojo encargado por José Bergamín. Cuando Bergamín estaba en Euskadi, escribió algo en "Egin" que no plugo a la autoridad. Citado a declarar ante el juez, vio que en la covachuela del funcionario de Tribunales había una reproducción del mural picassiano en la pared. Y le dijo al oficinista, que se ruborizó, señalándolo con dedo huesudo: "Eso lo vi pintar yo".
Talento sospechoso
En los años en que el Norte era provincias -- más flashback -- había que pasar por la aceptación social y ritual de los Artistas Noveles. Lo hizo Menchu, posiblemente bajo el imperativo del control social, cosa de elucidar ante el comadreo que aquella chavala-prodigio no sufría de problemas psíquicos más allá del talento. Ni que decir tiene que el talento en la mujer, años 1920-30, resultaba intrigante. Pueden ser candidatas en los primeros años de República; pero no votan. En cuanto la fijación con la plástica enfermiza como epidemia que acecharía a los informalistas de los 1950 y que permanece como estigma de todo trabajo intelectual ajeno al de la banca, el del broker o el de los fabricantes de sondeos, se ha discutido en entradillas y se ampliará largo y tendido más abajo.
Bibliografía del Arte Enfermo
De momento anoto en Bibliografía las obras dedicadas a este arcano que tanto atrajo y atrae a la Ciencia Médica desde que los impresionistas abominaron del tenebrismo romántico y Seurat, Gauguin, Cézanne, Van Gogh, renuncian a la paleta de ocres y mejunjes con jugo de regaliz y tinta china. Era común en los conservadores museísticos aplicar este jarabe tétrico para preservar cuadros tal y como los hallaron: cubiertos por un dedo de mierda y polvo y con los pigmentos y lapislázulis deteriorados por los siglos. Pero la luz son los colores, y del prisma que descompone aquélla no surgen el Siena, el Tierra, el Negro. Luz, más luz, como Fra Angelico, como los miniadores, como los quatroccentistas, quintocentistas y flamencos. La bibliografía:
J. Delay: "Névrose et création", tras el 52 Congreso, 1954, de Psiquiatría de Lieja; R.
Volmat: "L'art psychopathologique", Presses Univ. de France; K. Clark: "Landscape into Art", Pelican Book. London 1956; W.Riese: "Über den 'Stilwandel' bei Vincent Van Gogh". Zeit. Neurl. 1925; H. Gastaut: "La maladie de Van Gogh envisagée à la lumière des conceptions nouvelles sur l' épilepsie psycomotrice". Ann. Med. Psych, 1956; H.Ey: "La psychiatrie devant le surrealisme. Esthétique et Psychiatrie". Evol. Psychol. 1948. (y largo etc).
Este último ensayo, por fecha, título y contenido, sitúa en qué contexto los médicos se interesaban en el arte de vanguardia como si lo practicasen en arrebato alienígenas alienados o entes humanos de seis cabezas. O sociópatas. El paradigma máximo es "La Metamorfosis", de Kafka. Cuando en el Estado español los cerebros freudianos o jaspersianos deberían preocuparse por los síndromes de megalomanía de su Jefe Supremo, que hizo paridad del duro de 5 pesetas con el dólar-USA , y de su esposa la cleptómana, se ceban en inteligir qué bulle en las mentes de esa minoría inexplicable, ergo etiológicamente maligna, que paisajea, retrata, distorsiona, invierte, juega con los colores, racionalmente por cierto, y se entrega a orgías de colores puros: fauvistas. Para entendernos.
Hablar en egoidad
Cuando habla el Arte, lo hace en egoidad, esto es, en primera persona. Llevad a dos o tres paisajistas a un mismo horizonte o cumbre y aunque escojan idéntico encuadre, sus resultados pictóricos jamás se asemejarán. Ni en lo más mínimo. Lo mismo cabe para la escultura, el dibujo, la caricatura, la cerámica escultórica, el 'dripping', el arte pòvera o cualquier tendencia. Como en aquellos años del mambo, el romance y el pasodoble la función básica del médico psiquiatra er etiquetar, con su vademécum a mano, los porqués de un comportamiento creativo a través de clichés o fichas morbosas, se enganchan a la diagnosis y a la prognosis.
Esta persona -- conjeturan las batas blancas -- si es así es que pacede esta variedad patológica. Luego la obra de arte de dicha persona deriva en relación autoinmune de la patología. Se trata de un cómodo sofisma para recetar calmantes o aspirinas y recomendar reposo mental, hoy lo llaman 'desconectar'. Las artes, empero, jamás desconectan. Si envían al artista a la Sierra, la pintará desde todos sus ángulos. Si lo ingresan, dibujará. Si lo encarcelan, pillará un lápiz y un cartón. Se conlleva ello en la antedicha egoidad.
Falla, pues, el silogismo en el "esta persona es así, luego..." Ignorando cómo es la persona, que es la única capaz de comprender su sanísimo síndrome con claridad sin que un grueso tomo de Terapéutica de Urgencia le diga qué es lo que podría ser. Como un evangelio. Trabaja la Medicina en hipótesis. Oportunísimas para quienes estén convencidos, contrarios a todo -ismo o perspectiva de volúmenes trastocada, de que el Arte Contemporáneo de los años 1950 es espejo fiel de la monomanía más insana.
El bocio del profeta Daniel
De ahí, de esa mixtificación y complicidad entre críticos indignados por las vanguardias y la Psiquiatría siempre atenta al descontrol, se llega a anécdotas grotescas. Esta vez es la Endocrinología, ya en los años 1960, la que se lanza a patografías, éstas sí, demenciales. Se analizan clínicamente las figuras del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela y se llega a la conclusión de que el profeta Daniel fue un hipertiroideo con bocio, un basedowiano. La sonrisa del Daniel en ese tímpano se infiere como provocada por la secreciones de las glándulas internas.
No es coña, hasta a eso se llegó con los maestros anónimos del románico, las gárgolas góticas, los bajorrelieves porno -- puro Freud -- de los hitos jacobeos. Aunque no paran ahí los experimentos con personajes extraordinarios. Un experto en fisiognomonía utiliza, en los 1950, una fotografía e Rosalía de Castro, la divide en dos partes y concluye que del resultado se deduce un carácter masculino. Duro y viril.
En cuanto a Nietzsche, se le han deseado analizar los escritos fundándose en su parálisis progresiva, su fracaso renal y su voluntario ingreso en un Psiquiátrico. Van Gogh fue el más sometido a biopsias calenturientas. Sin percatarse de que sus obras lo fueron a-pesar-de los episodios esquizofrénicos, la epilepsia o véte a saber cuántos demontres más. Ocurre que los pronósticos, la investigación concluida a ritmo de clepsidra en una ciencia médica renovada día a día, caducan; mientras que la obra manual o intelectual permanece. Como en la ley de Planck de las partículas que giran de modo inmóvil. Incluyo en la Ciencia las publicaciones y divulgaciones médicas infalibles, lo cual convierte este juego idiota en Oróboros.
Más allá de la escolástica
Sucede, más o menos, que el artista queda exangüe en sus perspectivas exactas y volúmenes adecuados a ella, en el kodachrom al óleo. Termina, pues, agotándose el arte rutinario en sí mismo y en quien lo produce. Han pasado por academias, cursillos, maestros; han pintado desnudo, se dijo, en Bellas Artes y han copiado reproducciones en yeso. Bueno, y ahora ¿qué? Aquí tiene lugar el elocuente"Stilwandel" alemán. Cambio de rumbo, de estilo, de concepción y de dudosa exactitud. Fuera limitaciones. Al diablo el"Trattatto della Pinttura" de Leonardo. Volúmenes en desorden aparente, blasfemias de perspectiva, colorido vistoso, flamígero, deformación alógica de la realidad circundante. Y a gozar en desenfreno.
Deducen los sabios que el artista es un neurótico agobiado por su pequeñez, y que compensa ésta en la exageración de formas, colores y moldes en su obra. Todo encaja para aseverar que no es que la neurosis cree la arbitrariedad y deformidad en el resultado plástico, sino que éste es indicio seguro del morbo mental.
Otro grave sofisma. El artista en cualquier disciplina no es inmune a la neurosis, pero no es ésta la que crea su creatividad ni su "Stilwandel". Insisitimos: en todo caso, libera. Y al liberarse de la monotonía escolástica, recupera el matiz y lo derrocha. Perfiles desorbitados, exaltación colórica cálida y primaria. La pintura abstracta, por su parte, ha quedado estatuida por dos obras imprescindibles que nadie, salvo los artistas inquietos, lee: "Das bildnerische Denken", de Paul Klee, o "Über das Geistige in der Kunst", de Kandinski. Añádanse los catorce libros de exégesis pictórica que Vlaminck redactó. ¿Locos? Los doctores y psicólogos a tiro fijo sí que lo son. O lo parecen.
Ozenfant, Le Corbusier
En 1932 viaja Menchu a París. Recibió allí lecciones u orientación en la Academia parisina de Amédée Ozenfant, colega del suizo Charles Édouard Jeanneret, alias Le Corbusier. Era Le Corbusier uno de los iconos de Oteitza en su faceta arquitectónica, sin obviar a Sáinz de Oiza. Todo patriarca ha venerado a otro patriarca y se le parece porque le admira. Ozenfant había organizado una movida transicional: el Purismo.
Pugna el Purismo para que, concluido con la PGM el predominio de cubistas de tiralíneas y bigotera que llevaban al extremismo los conceptos sobre cilindro, cono, pirámide, etc. de Cézanne, y considerando dicho estilo repetitivo, caduco y ya estéril, no se retrocediese por ley geométrica-áurea a la academia neoclásica. Es decir, a las alegorías de Belepoc, faunos y ninfas con guirnaldas vegetales y cariátides vestidas de algas. En Madrid el paradigma se sitúa en la Gran Vía y, fundamental en ruptura, la Telefónica.
Moya, Cárdenas
Verán. Gracias a que Ignacio de Cárdenas, arquitecto joven y de mente lógica, viajó a Nueva York, la Telefónica de Madrid no es hoy un adefesio tardoplateresco. Adjudicado de entrada el minirrascacielos a Juan Moya, entra Cárdenas en el proyecto, ve los planos y se le paran los pulsos. Como Moya era Director de la Escuela de Arquitectura de Madrid, a la que se debe la Gran Vía con sus voladizos en plan pamela (de Ucelay) y sus miriñaques de hormigón con columnatas de templo de Delfos, o cirios de mármol autodecorados de esperma de velorio; como Moya era un contemporáneo de las Guerras Púnicas, facción jónica, dice Ignacio Cárdenas que "... cada ventana estaba encuadrada por pilastres y frontones, hojarasca retorcida, conchas y ángeles que sostenían cada jamba". Dictamina: "Iba a ser la fachada como la del Hospicio, pero más epiléptica y en peor". Tras la Primera Catástrofe aparece Cárdenas a tiempo, remozadas las ideas por las trazas de Manhattan. Lograría enmendar la absurda traza de Moya. Ahorro vertical de tiempo, materiales y mal gusto. Esto viene a ser la escenografía para que Menchu Gal aterrice en la Villa y Corte.
Cárdenas se autodenomina cubista arquitectónico contra el modernismo antiguo, repostero, de Moya. Ozenfant y Le Corbusier quieren terminar, a su vez, con las artes paralelepipédicas en geometría proyectiva y con el racionalismo frío, insistamos, en artes muebles, no inmuebles. Lo que en arquitectura es un ahorro, sobre soporte gráfico o pedestal ya aburre y exige diversificación. El cubismo, vamos, ya se describió, se parece excesivamente a sí mismo.
Montes Iturrioz
Acepta Ozenfant, esteta renovador, a gente joven en sus aulas. Dicen que Gaspar Montes Iturrioz, dómine plástico del Jaizkibel, nunca recondujo la personalidad del alumnado. Menos aún la de Menchu Gal, que apuntaba maneras rebeldes desde la Escuela de monjas. Aunque una no se puede vanguardizar si no conoce las técnicas fundamentales antes de romperlas. Así, la irundarra aprovecha los consejos del archimandrita, junto con Ascensio Martiarena, del dibujo y óleo francocantábrico de principios del XX. Que te controlen la vida (que no la existencia) suele tener más pros que contras.
Volviendo a aquellos militantes del Purismo de cuyas esencias también se empapa durante su breve estancia en París, Ozenfant más o menos predica el diseño como arte, enaltece el objeto consuetudinario y manufacturado en fábrica. (Tesis exacerbada por Duchamp en su todo-es-una-escultura). El Purismo, valga la metáfora, incluye el sacacorchos en el bodegón. Temática más cálida y próxima que las llamadas 'naturalezas muertas', escaparates de restaurantes como Botín, Lhardy o Los Arcos. En los calendarios de Explosivos Riotinto, la cartuchera se agrega al ganso de plumas espelunadas. Purismo.
No olvidemos aquí que "Biosca", a la fuerza ahorcan, tenía que mantener el equilibrio con el régimen y sus directrices. Que se le insinuaban y acercaban intelectuales y artistas del desengaño y algunos de la culpa. De ahí que tras la exposición de Eduardo de la Sota, con texto de Jorge de Oteiza, convoque en su recinto el I Concurso Arte y Hogar (pinturas y bodegones) y pronto el II (figuras). La Sección Femenina, tan afanosa en estos temas, es fuerza también a tener muy en cuenta.
Bodegones con faisandage
Y Menchu, quien vagamente presionada, insistamos, para ser artista-dentro-de-un-orden y aún muy joven exhibiría bodegones con faisandage y mosquitos melanogaster en Donostia, ama la naturaleza absolutamente viva. Las uvas en el viñedo; el viñedo en las uvas. Sin desdeñar, todo lo contrario, el animal que entre ellas se mueve, vivo espantapájaros en trance de extinción: el sapiens-sapiens. Sus retratos sinceros rompen con la lisonja al uso, la hierática belleza, el portrait-photomaton.
Además de Ozenfant-Le Corbusier, se nutre de técnica en el Louvre. Y en Madrid, en El Prado. Se proporciona la aprendiz un buen bagaje. El simple y exacto trazo de su imagen autoasumida, arriba en el dibujo, lo denuncia. Jamás pasó, por lo demás, de nada.
Bajo sospecha médica
De nuevo nómada, abandona París, luego la ciudad de los carabineros, el matute a tutiplén y el Alarde machorro, y en 1931 se aloja en la Residencia de Estudiantes de Madrid, como se dijo. No se veía de Cantinera. Aunque los precedentes sean más dickensianos y trágicocómicos. Flashback al flashback. Convencidos sus ayos y maestros de sus días escolares de que las fantasías pictóricas de Menchu eran algo más o menos patológico (cuando la descripción es más simple, o sea, superdotada) cae bajo sospecha de desequilibrio, relean a Szasz, y pasa por algún gabinete médico como fenómeno inadaptado a la rígida norma española.
Recordemos que uno de los métodos de la Inquisición para detectar brujería era que el sujeto hablase varios idiomas sin que -- presuntamente -- los hubiese estudiado. Si el genio asusta a las familias, en una adolescente de los ¿alegres? años 1920-30, más. Si además ha coqueteado con el impresionismo -- esas estampas de Van Gogh en las consultas alienistas -- para qué les voy a contar. Las audacias de Menchu pasan de la raya cuando, en las clases de Pintura del colegio, en lugar de reproducir el habitual cúmulo de chismes entre pliegues de tela como motivo único que no motiva, retrata a las monjas. Con singular maestría. La Madre Superiora le sale pastada. La pillan. La expulsan, claro, en lugar de estimular sus dotes. Imperdonable travesura. Son monjas como del Corán, monjas islamistas que no toleran la representación de su sobrehumanidad beata.
España se ha enriquecido tras la PGM vendiendo armas, munición, textiles para uniformes y conservas alimenticias a todos los bandos de la P.G.M. Pero permanece en un letargo intelectivo próximo a los días de Carlos II El Hechizado. (Digno de lástima, este soberano a la fuerza, indignamente sometido a exorcismo cuando tanto presunto brujo había visto achicharrarse vivo en la Plaza Mayor). Ni Bauhaus, ni Rayonismo, ni Malévitch, ni búsqueda informalista en los baúles del Cuarto Prohibido. Hay que ir venciendo a los Moya, a los Chicharro-padre, los Sotomayor, los carcundas adheridos a las cátedras que sólo admitirán nuevas tendencias 'post festum' y a regañadientes.
Residencia de Estudiantes
Durante su primera estancia en Madrid, Menchu Gal Orendain reside en la célebre Residencia de Estudiantes, nido de intelectuales y pensadores de ideas suavemente revolucionarias para los años 1920-30. Regenerativas, más bien. Dependía este Centro de la Junta de Ampliación de Estudios y, fundado en 1910 por Alberto Jiménez Fraud, sus directrices eran las de la Institución Libre de Enseñanza. No es difícil imaginar que tras la guerra 1936-39, algo similar intente el Opus Dei -- sólo varones -- en un colegio de Burjasot del que salen, ya citamos los dos polos, Laín y Calvo Serer, verbigratia. Calvo Serer, en 1931, cuando ondea la tricolor, pasa en Burjasot al Colegio Mayor "Corpus Christi", hoy "San Juan de Ribera" y adherido a la Universidad de Valencia. Las antípodas de los sistemas Fraud.
Para el nacionalcatolicismo neotomista que prohíbe robar la imagen de Madres Superioras, olía el lugar, la Residencia de Estudiantes, a azufre. En ella se apiña el rojerío bien vestido (los anarquistas de Barcelona eran modelo de corrección indumentaria y, al contrario que nuestros sindicalistas y socialdemócratas del XXI, usaban corbata).
El asturiano Casona reflejaría el ambiente en su obra "Nuestra Natacha". García Lorca prefirió montar "La Barraca" para cómicos deambulantes. Lo pagó caro, vestirse el mono azul Bergara del Frente Popular, el auténtico, y adecuarse a la causa de aquéllos de quienes había absorbido la espontaneidad creativa, la copla desgarrada o cachonda, la alergia a los picoletos, la tradición oral, el cante jondo. Y la espontaneidad humoral del Cristo de los Gitanos, abajo, y el eco de la saeta genuina en las cuevas del Darro.
En excepcional compañía
Menchu convive allí con Ortega y Gasset, Severo Ochoa, Menéndez Pidal, Alberti, Dalí, José Caballero, Federico, Juan Ramón Jiménez, Buñuel, Unamuno, Onís. Toda una tentación para un carboncillo y un magín inquieto. Ah, y María de Maeztu. Aparecen por el centro, además, invitados ocasionales como Einstein, Bergson, Valéry, los Curie. Biblioteca, laboratorios y, en fin, un modelo formativo y de investigación desaparecido con Franco. Que puso freno una vez más al devenir español. A tiro limpio. La Guerra Civil española, 1936-39, cainizó, disgregó, hizo enmudecer y en algunos casos asesinó, ya se vio, a algunos residentes y contertulios de este núcleo de libertad, la Residencia, que el Opus usurparía con su Centro Nacional de Investigaciones Científicas.
Vamos a sacudirnos el moscardón de la demagogia que sobre el teclado se cierne. Cualquiera no podía, cierto, durante los años 1930 españoles, estudiar en la Universidad vieja de San Bernardo y menos lograr un máster por libre en aquel centro ubicado cerca de donde las Obras Públicas de Indalecio Prieto erigían los Nuevos Ministerios y a un paso del paupérrimo hipódromo, secarral legañoso y quieroinopuedo que en nada se distinguía del Canódromo.
Con lo cual nos surge de nuevo la dialéctica de si lo primordial es la participación de las masas en la riqueza productiva que producen, o en la cultura como privilegio de la clase alta. De modo que así accedan a un intelecto o dormida sensibilidad que les facilitará, con superavit, la opción anterior de bienestar económico sensato. La opción por la educación (= 'ex ducere', extraer del ente la inteligencia latente y manifestarla y encarrilarla) nos parece la idónea. O la instrucción en oficios, ya desbancada porque hay aprendices que se largan con los secretos del taller y se lo montan a solas. Como Picasso hizo con Nonell.
Ostolaza, filántropo
Acude en nuestra ayuda, y estamos de acuerdo, el indiano vasco José Manuel Ostolaza, republicano belepoc, rey del "Harvest Hat" en Texas y Missouri, persona altruista que dejó un amplio legado para la cultura de su pueblo, Deba. Declaró para la prensa en 1930, mal mirado por la 'reacción': "Todo español que tenga diez de renta y pase admirablemente con seis está obligado en vida a poner los otros cuatro a disposición de sus semejantes, y como para éstos es más necesaria la escuela que el comer yo, que estoy en este caso, les dejo los cuatro que me sobran para una Escuela". Su Fundación facilitó fondos para que Oteiza, ya alias Oteitza, escogiese Deba para su Escuela Experimental de Arte. Nos desviamos.
En estas calendas de pelotazo y de adquisición de multirriquezas como preferencia al acceso a la literación y la sensibilidad curiosa, incluida ésta de la web, o del Kindle, se perciben claramente los prejuicios. Se compra no ya para gozar, sino para invertir o fardar de mecenas, o ambas cosas. O para poseer. No se contemplan en paseos por el domicilio esas ventanas al bullicio interior del artista. De tanto estar allí, son invisibles para pupilas anestesiadas. Por no hablar de cómo la "Camorra" napolitana blanquea a base de moda y obra de arte. (Y zapato made in Italia). Entre otras organizaciones mas o menos bien vistas, que hacen lo propio pongamos que en California, EUN. Que las taxes no perdonan, y adquirir arte te exime de ellas.
Huyendo del Movimiento
De nuevo nos vemos en plena dictadura tardofalangista del machaca aburguesado en detrimento del intelectual revolucionario y frugal. O del señorito disfrazado de machaca y presumiendo de estrés. No se trata ya de la ambición de conocer, sino del orgullo de desconocer. El enriquecimiento (instantáneo) prima sobre la enculturación (lenta). ¿Para qué sirve un escritor si yo no leo? Arriba vive un chiflado que pinta, o hace escultura en tapiz, o esmaltes, o ceras. De qué vive, si eso yo no lo compro. La España honda no ha cambiado y la momia del General ríe en esa aberración truculenta que es Cuelgamuros. Con el Cristo expoliado de Beobide.
De la participación de escribas y creativos en la Revolución española contra el Alzamiento de Franco y las hordas de poetas pistoleros (muchos de éstos despues desconcertados, más tarde renegados de sí mismos, a capricho del Dueño del tabladillo) puede escribirse un largo ensayo aún pendiente. Éste se dirige en exclusiva a una casta que soñó en lo que fuese, cualquier cosa, menos Franco, Franco, Franco. Y que se catartizó en intelectualidad esquiva, en ilusión de volver a empezar aun sabiéndose encerrada en hermético serrallo.
Tras la guerra, fue captada por "Biosca" y "Academia Breve". Entre ellos está Menchu Gal, y esa juventud traumatizada es rasgo de su retrato que debe tenerse en cuenta. Huye del Movimiento y, como Pío Baroja, regresa al terminar arriesgándose a represalias que por hache o por bé no tuvieron lugar. Aquí comienzo a explicarme, lo que hace la perspectiva transtemporal, por qué concedió a "Egin", concretamente a su suplemento "Igandegin", una larga entrevista a la que se habían negado otras como Marta Cárdenas -- pariente del arquitecto -- o Mari Puri Herrero. No había muerto en ella el compromiso. No me sorprendió su aceptación, pero no me di cuenta.
Nuevo arte sin clientela
Más tarde, sin tregua, sin respiro, en los días en que Menchu Gal fue a agregarse al enjambre que "Biosca" aglomeraba en Madrid, pasó a pertenecer a las movidas de una postguerra en carne viva donde el Gran Gurú de chalina, algo búdico, era Eugenio D'Ors. Adicto al Régimen hasta que dijo en voz baja basta, fue Académico de la Legua y de San Fernando. Don Aurelio Biosca, por su parte, significó la iniciativa en negocio altruista que terminaría viento en popa y con obra adquirida de inmenso valor.
Fue un entusiástico en clima hostil que soportaba estoico, buen ojeador catalán, que "hubiese nacido, cierto, un nuevo arte, aunque sin clientela para él". Diversifica vendiendo muebles, en los años crudos, ya apuntamos. No se vendía Arte, en "Biosca", de entrada. Se cubrían gastos y para de contar. Se invertía en un negocio utópico dada la crisis de los 1950. Daba igual. Los fines, al contrario que ahora, no eran dinero gratis tras frotar el ánfora. No se buscaba el supermillón plástico. (De momento, y dependiendo del nivel de intromisión en El Pardo).
Se nutría aquella catacumba de esperanzas y quimeras. Más que nunca, se necesitaban los partidos estéticos que reconciliaran a la reciente infamia con la persona humana aunque sólo fuese en lo más profundo del hipotálamo, al que no podía acceder la Policía fascista. Ni la Psiquiatría empecinada en la enfermedad del Arte y las patografías de genios.
En Escuela Madrileña
Entra así Menchu Gal, comprometida, en colectivos como la Escuela de Chamberí, El Paso, la Escuela de Vallecas. La encabeza Benjamín Palencia, otro falangista. No hay opción. Incluso se topa con José Caballero, colega en "La Barraca" de García Lorca y pasado, a saber tras qué crisis, a los nacionales que habían asesinado a éste. En Gipuzkoa había medrado el grupo "GU", declaradamente profascista y con apoyo literario de Sánchez Mazas y Mourlane Michelena. Pintan: Cabanas, Erauskin y José Tejería. Han conectado con los Futuristas italianos de Mussolini. Junto con Vázquez Díaz, que tras ser contertulio en París de Max Jacob, Picasso, Modigliani, y paisajista fecundo de Hondarribia (Fuenterrabía) pintaría asuntos como "El Alto de los Leones" y otras épicas pro-Alzamiento, Falange se los atribuye como afectos. Lo que bajo la boina de muchos de ellos se coció, queda en enigma.
Oteiza, Chillida, Viola
Se encontraría, en "Biosca", con Oteiza, alias Oteitza, supuesto comunista facción Bullejos (trotskistas) no anduvo nunca lejos de la plaza Alonso Martínez. Se abre camino redactando, se citó más arriba, un catálogo para Eduardo de la Sota en su expo de 1950. Pronto escandalizaría a los estupefactos, más allá de los inicios de maternidades moorianas, con geometrismos aerodinámicos calcados de la Bauhaus y los suprematistas rusos con un añadido de la Proporción Áurea y la triangulación de Fibonacci. Y unas gotas de Malévitch. Eduardo Chillida, más joven, se estrena asimismo en "Biosca". En 1956, Dalí se sale con la suya y Picasso (ausente) expone su obra en Barcelona. Casi nadie se entera, salvo los habituales de la logia de Génova. Algo tenía don Pablo contra Madrid, que sus biógrafos conocerán.
Oteiza se cruza con el grupo El Paso, donde entra y sale (Brecht) un tal Lucio Muñoz, compañero de fatigas en el Arantzazu de los 14 apóstoles sin Judas. "Biosca" abre sus puertas a un huracán de formas que aumentarán el número de ensayos esteto-psicológicos: Saura, Viola, Feito, Millares, Quirís, Rivera y el gruñón Viola que lanza manchas al soporte, 'dripping' a lo bruto.
La última vez que vi a Viola fue en la muestra "tendencias en Nueva York", en Madrid., octubre de 1983. Pentró un par de pasos en el Palacio Velázquez del Retiro, lanzó un vistazo y esgrimiendo su bastón de chambelán gritó a viva voz: "¡¡Esto es una mieeeerda!!". En dicha colectiva, Julian Schnabel, Susan Rothenberg, David Salle, Bryan Hunt (muy otéicico) y Keith Haring. Se decía que Viola, ya muy anciano y gagá, disponía de 'negros' que lanzaban la pintura al lienzo del suelo, y el 'dripping' colaba. Puede. Pero hay lenguas viperinas, también.
Chinches y pulgas
Los textos que acompañaban al folleto, en "Biosca", se encargan a intelectuales de prestigio. Fueron un complemento directo y necesario. A Oteiza, anterior a Oteitza, la Bienal Hispanoamericana le hace reflexionar. Ha vivido la guerra en exilio, libado en fuentes de muralistas de allá. En cuanto a de epatar burgueses le aventajarían Tàpies, Miró, Dalí o las esculturas móviles de Ferrant, una de las cuales fue el tótem del Café Gijón. Qué gozada biopsíquica, que la burguesía se boquiabriera.
Sólo faltaba, fundamental, venderle el objeto de su desasosiego. Con sombreros rococós y avícolas, ellas; con mostachillo a lo Errol Flynn, gabardina y brazalete de luto en la manga ellos, bullía la mesocracia en las galas, inauguraciones, recitales y conciertos que se concelebran en Génova, 11. Empiezan a acudir Ministros muy correctos, como Ibáñez Martín, Obras Públicas, sin influencia en la autónoma pestañé, que espía la logia como zorra al gallinero. Ya verán. Lean.
Sin canaperos
Aún no existían los antedichos canaperos, pese al racionamiento reinante y la insidiosa bohemia que Menchu me describió muy ajena al estilo beatnik o Juliette Gréco. "Me metí a vivir en una pensión de mala muerte de Génova, a luchar con las pulgas, unas pulgas que me martirizaban las carnes, me chupaban la sangre, vacunadas contra el flit, ellas y las chinches". Aquello no era el estilo 'rive gauche'. Tampoco, y sólo había transcurrido una década y pico, la Residencia de Estudiantes. Cuando en 1936 tuvo que pasarse al "Otrolao", dicen los bidasotarras, Irún lo defendía la CNT-FAI lanzando contra los requetés, a modo de brulotes, tranvías sin freno cargados de dinamita. Funcionó hasta que se acabaron los tranvías y Likiniano pudo evadirse al referido "Otrolao".
"El Pardo no admite facturas"
Ha pasado a la certeza, desde la leyenda, que las visitas de Carmen Polo de Franco a establecimientos comerciales de lujo, incluidas las Porcelanas del Bidasoa (20 vajillas), las joyerías donostiarras, los anticuarios de todo el mapa y las bodegas de la Rioja y Jerez con ocasión de las bodas de hija y nietas, constituían una calamidad en el balance de gastos y fondos perdidos. Si se le insinuaba a alguien de la escolta que se enviaría la factura de cajas y cajas de gran reserva, de porcelanas o de los collares, pendientes o pulseras de altísimo lujo, o de los bargueños auténticos y arañas de cristal de Bohemia, la respuesta era seca y amenazadora, de bulldog: "El Pardo no admite facturas".
Aunque si don Aurelio Biosca, que se sabía vulnerable en sus libertades, pretendía salvaguardar ese equilibrio inestable entre la audacia en interfaz ( o antifaz) de su sala y su escudería de artistas de vanguardia en años críticos, no pudo pasar por alto que allí el salvoconducto lo suscribía la Caudilla. También hasta cierto punto. Aguarden.
Efecto de llamada chic
Hemos dicho que "Biosca" en sus inicios trabajaba en laborioso déficit. Aun así, existe un poderoso efecto-llamada-chic, hemos aludido a ella en el ardid de Pepe Biosca comprando una expo completa de Clarà en el local de su hermano para suscitar esa envidia burguesilla que no cesa. El "No sé qué es eso pero lo deseo", rula. Y se prolonga desde quizás los inicios de lós collares mesolíticos, como el excepcional colgante de la caverna de Praileaitz.
Sin ir más lejos, este reflejo paleosociológico se repitió cuando Mario Conde comenzó a adquirir obra de arte a ciertos plásticos que de inmediato se vieron involuntariamente promocionados como preferidos de las más altas esferas del tejemaneje. Se lo dijeron a sus vecinas, a sus cuñadas, colgar en casa obra de X o Y era cool ; y no hacerlo, square.
El parvenu es mimético. Así, les llovían, tras el ejemplar comprado por Conde, los encargos. Con ellos, las expos en las más cotizadas salas y de ahí el habitual círculo vicioso. Conde será lo que sea, pero pagaba. ¡Que viene la Caudilla! sería el toque de alarma para joyeros, anticuarios, maestros de lo vitivinícola y demás gremios de productos nobles. Los joyeros, tenemos probado que llegaron a hacer un trust para paliar entre sí los abusos de doña Carmen cuando veraneaba en Donostia y le tocaba la china de la visita a uno de ellos. Maverick Ink dispone de testimonios veraces e indignados. Se los reserva.
La Academia Breve
¿Se lanzó alarma de bombardeo cuando con uno de sus sombreros ultraístas con velo, plumas y nido de golondrinas, dientes en ristre, fue invitada o autoinvitada a "Biosca"? No, por cierto. Por lo pronto, la señora de Biosca, más sobria y con 'seny', le dio una lección presencial de elegancia. El objetivo, que Carmen Polo acudiese a las "Galerías Biosca" -- en plural en sus inicios -- en labor de intriga y diplomacia, era doble.
Por una parte, dicha "Academia Breve" cuyos dos primeros miembros bien apuntalados fueron don Aurelio y Eugenio D'Ors, no vendía, lo repetimos. Escribe Biosca: "La exposición de Clarà era magnífica; pero, confirmando mis temores, sólo vendimos un barro cocido a un conocido doctor a quien le había tocado el gordo de Navidad".
Luego vino Pepe y se llevó el lote, quedó dicho. No obstante, se insiste en la aventura de la creatividad en clima de prohibiciones. La "Academia Breve", filial teórica de "Biosca", reune a unos 200 personajes de la crema de la intelectualidad y de ideologías divergentes (sin rojerío), la mayoría comentaristas de arte. Tirando todos ellos a la tan repetida frustración causada por un Jefe del Estado déspota y genocida y el imposibilismo, esta vez, de reinstaurar la monarquía del apátrida Don Juan. Por otra parte, el vistobueno de Carmen Polo a las actividades y veladas de "Biosca" podrían garantizarle quebradiza, muy quebradiza inmunidad. No sirvió.
Nómina
Veamos la nómina de esta magna tertulia: doctor Blanco Soler, Luis Felipe Vivanco, infante J.E. de Baviera, José Camón Aznar; Suma, embajador del Japón y ávido coleccionista; Luis Moya, Enrique Azcoaga, Mourlane Michelena, Gregorio Marañón, José María Pemán, Edgar Neville, Camilo José Cela, Enrique Llovet, José Caballero, Gaya Nuño, Gustavo Gili. Éstos, entre la 'intelligentsia' con un pie en el franquismo y otro a ver qué pasa con el Borbón, con alguna oveja negra falangista-republicana y republicana sin falange. Como en las boticas, hay que equilibrar la balanza con escrúpulos.
En cuanto a los artistas, están Ferrant, Benjamín Palencia, Francisco Lozano y, retratado por Menchu, repetimos, Rafael Zabaleta, a quien se desea sucesor del eibarrés Zuloaga, pese a su 'pintura judeomasónica'. El maridaje con don Aurelio se concreta a través del sacerdocio de D'Ors, de modo que en los estatutos de la "Academia Breve" aparece como sede social "Biosca", Génova, 11.
Problemática elocuencia
Como primer acto, trabajoso, Eugeni D'Ors se propuso una expo-homenaje a Nonell, maestro en la reestructuracion visual y "Stilwandel" de Pablo Picasso allá en Barcelona. Nonell participó en "La Colla del Safrá", grupo cuyo nombre deriva de su querencia por los paisajes suburbanos con vibrantes y furiosos amarillos. Expresionista europeo, cedió en París su estudio al joven Pablo Ruiz, no sin haberlo compartido, más que como local, en ideas que aprovecharon al Picasso en gestación.
Costó Dios y ayuda que les facilitaran a los de "Biosca" y la "Academia Beve" los cuadros de Gitanas de Nonell en los museos de Barcelona, a quienes la idea de cederlos una semana a una galería aún anónima causaba recelos. Resultaron más difíciles de recabar, los Nonell, que todos los cuadros de El Prado depositados en Suiza. Al final falló la entrega y sólo se expuso un Nonell, pequeño formato, una "Gitana" propiedad del doctor Blanco Soler. Un tótem.
Pero el plato fuerte, y peligrosísimo, estuvo en la disertación de Azcoaga, encargado de leer el manifiesto de Eugeni D'Ors. El párrafo que a todos espeluznó reza así: "... es urgente poner término a la vergüenza a cuyo tenor el público de Madrid, el de casi toda España y aun de sus críticos militantes se encuentran ayunos de conocer una sola página de arte contemporáneo universal. Imaginamos lo que sería nuestra literatura si nunca hubiesen llegado noticias, a autores y lectores, de Goethe, Walter Scott, Chateaubriand, Flaubert, Baudelaire, Mistral, Tólstoi, Nietzsche, D'Annunzzio..."
Metaforiza: "Imaginemos, por otro lado, un médico que no hubiera visto un enfermo jamás y que debiese fiarse de lo que dicen los libros de su Ciencia. Pues así se vive en España, desde los tiempos de Goya, respecto al conocimiento de las Artes. Si esto es vivir..."
Azcoaga recuerda como reacción a las palabras de D'Ors "gestos amistosos por un lado, otros de suspicacia y la cara de satisfacción de Aurelio Biosca al sentirse respaldado en su empresa por teóricos desinteresados". Sin cuadros de Nonell, sin excesiva concurrencia, aquello quedaba dicho. Un invitado furtivo, sin embargo, les iba a amargar la velada. Un secreta. De marrón ladrillo. Quede en suspense.
Consejos de Guerra en 1943
Había precedentes del negocio desastroso del Arte en las observaciones pesimistas, 1940, de Josep Pla, ampurdanés, en la tertulia de José María de Cossío: "Lo que sé es que volvemos a la Edad Media, esto es una sensación física, ya se ha acabado la prisa, ya las carreteras están desiertas, pronto iremos a pie a todos lados". De ahí se dedujo con ironía que los hermanos Biosca pensasen en el porvenir de una sala de Arte como mayor que el de una tienda de automóviles. Bueno es sonreirle a los números rojos.
Otra planificación más que heroica, en los 1940: "Me propuse que mi galería fuese apolítica". Y después de Clarà, retratista de Francesc Macià, se trae a Génova 11 a Francisco Domingo, un prestigioso pintor, también catalán, que se veía "imposibilitado para realizar allí sus exposiciones por razones de índole política".
¿Por qué Manaut no?
Y Manaut, el de Líria, ¿por qué Manaut no? Ni siquiera en la antológica de impresionistas, desde Ricardo Baroja a Regoyos y, faltaría más, Sorolla. Pues mejor que Manaut Viglietti no colgara sus obras maestras. Estaba en busca y captura y pronto lo llevarían a Porlier, preso, justo en 1943.
Apuntemos que según va perdiendo terreno el Eje, Franco comienza a abandonar el barco nazifascista. Se lo dice al Embajador alemán. Ve su trono en desequilibrio por su inverosímil 'no beligerancia'. Así, pese a haber tenido una División en Stalingrado, de aquella postura
se pasa a la 'neutralidad'. Cuidado, por si la resistencia interna y maquis se hacen ilusiones, dicta que sufra Consejo de Guerra todo aquél que se le enfrente, sea su actividad "de la índole que sea". Incluidos paisajes vascos con vaca. A don Aurelio le estaban haciendo la cama y la Caudilla, pese a sus incursiones en "Biosca", no podría intervenir en aquella asechanza de Gobernación, Interior e Información.
Unir pasado y presente
Sigue don Aurelio Biosca en sus memorias: "No presentó [Francisco Domingo] problema alguno, pero no se vendió un cuadro..." Enrique Azcoaga (1912), poeta muy unido a Miguel Hernández, también despertaba sospechas en la pasma. La guerra de 1936-39 -- como a Menchu Gal -- le había expulsado del país. Era Premio de Literatura 1933, y en él halla el galerista otra piedra angular: El retorno a la libertad artística y la experimentalidad de antes del Alzamiento. Azcoaga rememora: "Lo que más ilusionaba a los partidarios de arte moderno ante la inauguración de 'Biosca' era su deseo de constituirse en galería, en un local con voluntad informativa y, por qué no decirlo, dentro de los condicionamientos generales, creadora y comercial". Pronto se abandonaría la venta de muebles.
Prosigue: "Se trataba de conectar dos realidades anteriores a la contienda: con el mundo artístico que evidentemente vivió Barcelona a finales de los 20 y a lo largo de los 30, y con el espíritu -- más que con la realidad social -- creado en Madrid desde la "Exposición de Artistas Ibéricos" de 1925, en la que había participado Benjamín Palencia, futuro líder en Escuela Madrileña, hasta que el centro de construcción ADLAN celebrase del 10 al 23 de febrero en sus locales de la Carrera de San Jerónimo la única de las exposiciones celebrada por Pablo Picasso en Madrid".
Un energúmeno en la sala
La idea es arriscada. En los 1940-50 el apoliticismo no cabe, se considera disidencia al Régimen. Son décadas de adhesión inquebrantable y principios fundamentales. Azcoaga se halla en lista negra y pronto la sala recibirá su primera amenaza de clausura. D' Ors está ya considerado separatista en quinta columna, y sus textos se escrutan en el departamento de Información, encargada de la censura y sus coerciones, castigos y ostracismos. A esa muestra clave, "Salón de los 11", diciembre de 1943, acude un espía -- censor, como Cela -- dispuesto a atemorizar. Era Gabriel Arias-Salgado, quien desde 1951 ejercería Ministro de Información y Turismo. Denunciando se trepa. Y se lo ponen fácil.
Artistas: María Blanchard, Pablo Bueno, Foujira; Emilio Grau, Pedro Mozos, Jesús Olasagasti, Pedro Pruna, Olga Sacharoff, Eduardo Vicente, Rafael Zabaleta, Manuel Hugué. Autores del espeso catálogo: Condesa Campoalange, Enrique Azcoaga, Zarega, Fombona, D'Ors, Blanco Soler, José María Alfaro. José de Baviera, José Camón Aznar, Yakishiro Summa (el nipón coleccionista); Luis Felipe Vivanco, Eduardo Llosent.
Transcurre el lunch con cordialidad y bullicio cuando uno de los presentes , tras leer el texto de D' Ors del catálogo, se excita energuménico. Tanto que rasga ostentosamente el folleto en pedazos. No contento, lo pisotea como San Miguel al Diablo y sale del local emitiendo bufidos. Este confite iba a llegar, en las circonvoluciones del franquismo, a Ministro. Por entonces, Prensa, Propaganda y Censura correspondía a Gobernación. Una crisis derivaría esta responsabilidad a Prensa y Propaganda de FET y JONS, a las que Arias Salgado se había afiliado.
Llegan los gendarmes
El episodio consta en la Memorias de Aurelio Biosca. Se refiere en ellas a que su "intranquilidad era relativa" dadas las personalidades y ministros que frecuentaban sus programaciones añadidos, cómo no, a la Caudilla en trance de progresía en Artes. Pero la visita de la Policía, dos gendarmes de paisano, extraños dilettantes, a "Biosca" y su exigencia de una lista que contuviera a todos los presentes, expositores y discursistas en el "I Salón de los 11" le sobresalta y enfrenta a una realidad ajena a sus ideales. También a los de Benjamín Palencia, otro pincel que Falange se atribuye pese a sus conexiones con Alberti, Braque, García Lorca y el jeroglífico Dalí. Un Palencia con cuyo grupo vallecano, partidario de la autodidaxia sin academicismos rígidos,"Convivio", iba a conectar y a exponer Menchu Gal el 6 de marzo de 1951, en "Primera Colectiva".
Otro factor, favor o desfavor, fue que la que luego dio en llamarse Falange Auténtica apadrinó o se adjudicó la organización de la "Academia Breve" por gentes a ella y las muestras adheridas. Arrese, arquitecto, otro sinuoso personaje que se había plantado en Salamanca, Junto a Pilar Primo de Rivera y otros protofascistas ante lo que Zuloaga retratara, un Caudillo con boina requeté, camisa azul con yugo y flchas y capotón y espuelas de militar monárquico; Arrese, bilbaino con inquietudes sociales que no llegaban a los presidios ni a frenar el ritmo de ejecuciones y torturas; Arrese, el de las Viviendas Protegidas, le compuso a Franco, que le había detenido en su día, un nuevo Gabinete de incondicionales con reservas tras el episodio del editorial de "Arriba", escrito por Ridruejo, "El Hombre y el Currinche", mofándose del general Galarza.
Multa con sonrisas
Biosca, cautelar, va directo al toro, pide cita al jefe del Gabinete de Prensa. Pronto transferido a la Secretaría General de Prensa y Propaganda de FET y JONS, con el advenedizo Arias Salgado encabezándolo. Lucha de poderes en el laberinto del Movimiento continuo. El por entonces anterior jefe del Gabinete de Prensa no concede la entrevista a don Aurelio, le somete a impaciente paciencia. Entretanto, a "Biosca" llega una aviso de multa por 1.000 pesetas de entonces a un negocio deficitario. Cargo: "No haber entregado a Censura previa los textos del Catálogo" del "Salón de los 11".
Le conceden al fin audiencia con el aún censor general. Éste, todo sonrisas, felicita al grupo por su esforzada labor en Cultura. Narra Biosca: "Gracias al prestigio" -- afectos al Régimen, a ver qué vida, a los desafectos los enjaulaban -- "de los componentes no nos cerraron el local". Pero nadie le libra, ni los encomios del Jefe de Prensa, ni la celebridad de sus firmas, de esas 1.000 pesetas: dos Eduardo Vicentes. Biosca el de "Biosca" deja escrito: "Pese a mis claros deseos de realizar una labor estrictamente cultural y exenta de cualquier política, no terminaron ahí mis quebraderos de cabeza con el régimen...."
La "Primera Colectiva"
En aquella "Primera Colectiva", 6-24 de marzo de 1951, siempre en "Biosca", Menchu Gal rompe moldes con Delgado, García-Ochoa, Redondela, Martínez Novillo, Juan Guillermo y Eduardo Gregorio. No perdamos de vista que en Postguerra española no existe la foto de Cappa o Gerda Taro para la pintura-denuncia. Que la norma es 'todo eso es verdad pero no se representa ni mucho menos se publicita en exposición'. Que, incluido el subconsciente, se fuerza a quienes hacen arte, periodismo, narrativa, a refractar en indirecta o continentes sin contenido, o contenidos sin continente, lo crudo del panorama circundante.
Un año antes, una sociedad deslumbrada y que prefería ignorar las descargas cotidianas en presidios y las personas que se desmayaban en las aceras desfallecidas, sin siquiera un boniato que las alimentara, asistía al desafío del "Séptimo Salón de los Once". En cartel, 24 de octubre de 1950, Miró, Dalí, Bohigas, Zanini, Torres García, Padrós, Ponç, Zabaleta, Jorge de Oteiza, Cuixart y un jovencísimo Tàpies. Oteiza exhibe rostro anguloso, bigote de mosquetero, gabardina de rigor y chaqueta que le viene grande. Puede que Jorge de Oteiza nunca haya sido joven. Puede que comenzara a serlo cuando mutó a alias Oteitza, hacia 1969.
Cátedra de novilleros
Fue la sala de don Aurelio, muy perspicaz con la infancia traviesa y escabullida de las aulas, la cátedra donde se aprendía Arte a fuer de hacer novillos. En las galerías del Distrito, más en "Biosca" que en otras, te permitían pasar por las mañanas y contemplar aquellas obras que se adivinaban misteriosas e inalcanzables. Se animaba, además, a la golfería desertora a pillar uno de aquellos cuidados catálogos con ilustraciones. Mejor que los cromos de Corea. Quizás nos adivinara en búsqueda de obra del profesor Monsieur Manaut Viglietti, que jamás expuso allí a saber si porque no quiso o porque resultaba peligroso para la galería y para sí mismo.
En cuanto a mujeres inmiscuidas en la plástica renovadora de aquella década, recuerdo a Elena Asins, a Maria Antonia Dans, Amalia Avia, Olga Sacharoff, María Francisca de Arenza "Pachy", Anita Sola de Inbert, María Blanchard. Y la teórica, la Condesa de Campoalange, autora de "La secreta guerra de los sexos".
"Psicopatología de la Guerra"
Aunque aquí, en plena convalecencia postraumática de la sociedad española, también irrumpe, y con una división blindada, la psiquiatría carpetovetónica. Vallejo Nájera ha publicado la "Psicopatología de la Guerra Española", en la que se demuestra que los rojos la perdieron por rojos y por evidente degeneración psicosomática. Eximentes injuriosas. En esa monografía se ignora que los generales africanistas cometieron la más indigna de las traiciones militares, aparte de esa grandilocuencia de la bandera: arrebataron la Tropa al pueblo al que debía defender, y del que procedía. Forzaron por tanto a las milicias a crearse en un santiamén y a ser autodidactas bélicas. Sin cuartel, además.
Ese vergonzoso ensayo está dedicado así: "Al Invicto Caudillo Imperial, Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire Excelentísimo Señor Don Francisco Franco Bahamonde, ofrenda la presente obra en respetuoso homenaje de admiración". Búsquenlo.
Paisajismo neorrealista
Por aquellos días la juventud segrega nuevas savias incluidas en el paisaje y el neorrealismo, como la espeluznante "Primera Comunión" de Antonio López, a quien a saber por qué todos -- también Beorlegui -- llaman "Antoñito López" ; o la "Procesión del Corpus" de Solana que ya describimos. Una tarde nos la mostraron los últimos responsables de "Biosca" a Félix Beristain y a mí. O el tétrico "Pueblo" de Cirilo Martínez Novillo ; o "El autobús" de Amalia Avia. Menchu Gal tira por el fovismo y la mancha que da en el blanco. Prosigue asimismo con sus retratos sin clemencia. Y sale a las afueras, a captar paisaje en lucha con la luminosidad huidiza.
El perenne planteamiento, que se trasluzca lo que tras ventanas, ventanucos, portones o muros acribillados acontece. Todo parece herméticamente prohibido, condicionado, hediondo de pánico y ptomaínas al amanecer, excepto los caprichos del Arte. Franco, como Hitler, era pintor, Le constaba que una cohorte armada de pinceles, paletas y tubos de pringue polícroma no le iba a hacer jamás una revolución. Si Picasso había expuesto en Barcelona, hay para pensar que no se trajo el "Guernica" porque no quiso. Pero vayamos a la grana anécdota psicovanguardista de las Bellas Artes.
El Prado y El Pardo
Tenía el Caudillo un paisano del Ferrol, Fernando Sotomayor, pintor vocacional que como suele suceder olvidaba sus orígenes y el disgusto que dio a su familia, monárquica de derechonas y alto standing, cuando decidió dejar las Leyes y concentrar sus talentos en las telas, desnudos clásicos de escayola y veladuras. Otra oveja negra. Adiós al Derecho Romano y el Fuero Juzgo. Ignoraban sus tutores, ayos y padres que las Bellas Artes, como la tan inmediata Arqueología, conducen por otras sendas al poder político. O, al menos, a sus sacristías. Lawrence de Arabia, con la excusa de ralizar excavaciones egiptólogas, se fabricó una valiosísima trama de información y espionaje en territorio palestino. Verbigratia.
Era Fernando Sotomayor de jovenzuelo más antiguo en cuanto al concepto de Bellas Artes que el Cid, Viriato, Indivil y Mardonio juntos. Chicharro, padre, algo menos. Feas artes, jamás. No relativizaba la noción. Lo feo es feo y punto. No emociona. Él, Sotomayor, había emocionado muchísimo a un Jurado, cuando el calendario mutaba del XIX al XX, a través de un lienzo con el argumento de "El anarquista y su familia en la noche de la ejecución". Lo cual le valió una beca para Roma. Viajó por Europa y las Américas, convencido de que más allá de Rembrandt y de Rubens se abría el abismo, el vacío, la demencia. Había catado el Impresionismo en Francia y le entraron náuseas. Del cubismo y el purismo, el suprematismo y el rayonismo, ni comentario. Aberraciones.
Mala puntería nacional
Pintor de Cámara de Alfonso XIII, de cortesanas y palaciegos de postín, como Chicarro Agüero, terminó de Director del Museo del Prado, se esfumó durante la Guerra Civil y regresó a aquél cuando ganó Franco. Le esperaba la ardua tarea de recuperar en Ginebra todos los fondos del celebérrimo museo, allí trasladados por miedo a que la Aviación fascista, o su Artillería, se llevara por delante el edificio y sus contenidos. Era proverbial la mala puntería de los Nacionales cuando intentaban demoler la Telefónica, que tantos desvelos costó a Cárdenas.
Ayudó Sotomayor a D'Ors, personalidades incompatibles, a traerse a Madrid los depósitos de joyas artísticas. De ahí se suceden una serie de cargos, prebendas, escaños, entorchados y responsabilidades. El Pardo y El Prado se retroactivan en feedback. Aunque Sotomayor va más allá. Contaminado del morbo clínico empeñado en tesis, hipótesis y síntesis de encajar el genio con la locura y ambos con las Bellas Artes, cuya escolástica se desintegraba.
"Desquiciamiento del Arte"
Cumplió Sotomayor como rector de la Academia de San Fernando y de El Prado hasta su muerte. Bajo su férula estudiaría Menchu Gal en dualidad vocacional: conocer para renegar. Fue Procurador en Cortes, gerifalte, censor intrínseco aferrado a la ortodoxia quizás debido a que su afición le nació de tomar clases con un delineante. Ejerció de sumo pontífice oficial de lo correcto y saludable. Los mamarrachos de "Biosca", los Oteizas, Chillidas, Guinovarts, Cuixarts, Sacharoffas y demás ralea le exasperan. Tanto, que ante una de las "Colectivas", o "Salón de los Once", o antológica de El Paso, viéndose impotente ante la avalancha de tendencias tendenciosas, echa mano, como los ayos y tutores de Menchu, de la Ciencia Médica avanzada en Psiquiatría.
Toma la estilográfica, pues, este devoto de la línea estricta, de los motivos y argumentos estáticos y, momificdo en las páginas de "La Esfera", dirige un escrito furibundo nada menos que al presidente de la Sección de Psiquiatría del Colegio de Médicos de Madrid. En ella denuncia "el desquiciamiento del Arte". Deseaba el ingreso de aquella turbamulta despendolada en Ciempozuelos o Leganés, con los hermanos de San Juan de Dios. Y que les metiesen duchas frías a presión.
Listos útiles
Se ignora la respuesta de los facultativos. Que, dado lo que suele verse en las salas de espera de sus despachos, no disponen de mucho ojo clínico en cuanto a percepciones. O prefieren el abstracto-microscopio que se asemeja a grupúsculos de amebas o sinapsis al rojo vivo. Cirujanos estéticos incluidos, que someterían a régimen anticelulítico a las damas desnudas de Clará. En cuanto a los del diván, Van Gogh con la oreja vendada en sus clíncas, ya señalamos. Y hasta hoy. Pero por fortuna surgen estudiosos que proclaman la verdad, como Lawrence S. Kubie en su "Neurotic Distorsion". Dice: "Cuando un hombre triunfa en la creación, eso sucede a pesar de su lucha para superar la neurosis y no es, en ningún caso, el fruto de esa misma lucha".
El pensamiento Kubie
Kubie, de nuevo: "El fin que hay que perseguir es el de liberar los procesos preconscientes de las distorsiones y obstrucciones interpuestas por los procesos inconscientes y de las vulgares limitaciones de los procesos conscientes". Hay que releerlo, ya sé. Viene a decir que la línea correcta es eludir la influencia de lo patológico, por una parte; y, por otra, la de lo anodino y por lo tanto desartístico.
La pintura de los días de "Biosca" se sella y considera la pintura de la gran liberación en un Madrid garbancero, pero limitada por otro cauce que Kubie ignora por distancia. O sea,
la censura fáctica de un Régimen que necesita a pesar de él que se difunda el hecho de esa libertad informalista y colórica. Sirve de coartada para gritar que sus vanguardias de trinchera admitían vanguardias de bastidor y peana. Sólo que sin pasarse. La Falange populista encarna, pues, la oposición de listos útiles y, algunos, de inmeso talento e inquietud plástico-social. Arias Salgado es vicesecretaio de Educación Popular. Otros exfascistas prefieren el 'apparatchik' al chic y desde la burocracia cubren el expediente. Sonrisas al infractor, pero caña inmisericorde, que si no el Movimiento los margina.
Eterno Posibilismo
Menchu Gal sabe regatear e incorporarse a una adaptación darwiniana que en Madrid ponen en marcha dramaturgos como Buero Vallejo, actores como Marsillach, poetas ultraístas, dibujantes de cómic, periodistas de "La Codorniz" y paisajistas de estremecedora neutralidad óptica: el Posibilismo, tendencia emergente en una postguerra de prohibiciones y fascioapocalipsis en las montañas nevadas.
Por cierto, que el Posibilismo, el ismo más ismo de los Ismos, ni se ha extinguido ni está en decadencia. Lo llaman 'voto útil' y, como a su anterior acepción, lo promueve el miedo, un miedo ibérico que tardará otra generación en difuminarse aunque quieran borrarlo con otro desasosiego mayor y apocalíptico, el del "Greenism". Una fijación inquisitorial del yanqui medio, heredero de los pastores 'freelance' del Far West, de los platillos volantes de Orson Welles y de un telepredicador llamado Al Gore. Al que se añade la divulgación médica en los media que, corriendo de boca en boca, hace más daño psíquico que varias plagas pestilentes en lo físico. Se nos desea hipocondriacos. En fin.
Estetas, ensayistas y público
Durante la época-"Biosca", no puede negarse, se pudo apreciar cómo poetas, ensayistas, novelistas, grabadores, estampadores, dibujantes y, dado que la pupila es indispensable para que las Artes no sean unívocas, público (ilustrado, no se olvide) se complementaban logrando un mayor dinamismo en la producción recíproca. También, paradoja, un colectivismo espiroidal y fértil en polémica. Se comenta la producción plástica, la materia prima distribuida, manipulada y empero asilvestrada. Con lo cual el espectador interpreta subjetivamente más allá de imagen, tacto y texto.
Esta otra era, 2008, exige como vano reclamo catálogos firmados por eméritos de Bellas Artes -- ni mejores ni peores que Sotomayor -- y ello es un disparate por simbles razones de identificación. Por cierto que Gauguin mismo en sus "Racontars de rapin", sólo publicados en 1951, año clave para "Biosca" y la Escuela de Madrid-Vallecas, lanza un libelo muy verídico contra la crítica de arte de sus días y la fraseología ad-major-gloria del literato, que pierde perspectiva y se introvierte.
Gauguin en Atuana
Dicho panfleto en hojas dispersas, blog en bloc en la selva, fue escrito poco antes de su muerte en Atuana. Para él, el color es 'enigmático'. De él nacen, predicción del videoclip, sensaciones armónico-sonoras, trata de insinuar. Cerebral, declara: "Je suis un grand artiste et je le sais". Busca esoterismo en lo exotérico y convoca a ir "Au centre mystérieux de la pensée, parce qu'il y a physique et métaphisique".
Los catedráticos y profesores de algo tan escasamente racional como es la expresión artística mueble sólo pueden ser aprehendidos por otro docente de lo inexplicable. Plumas que ejercen el comentario volandero, intransferible, logran una mayor transferencia que lo académico. Que las disertaciones racionalistas -- disparates -- para algo que dimana de la vida con sus contenidos de crueldad, irracionalidad, angustia inexpresable, miedo al miedo, euforias y subidones, sobran. Para alias Oteitza el trotskista ocasional facción Gramsci , "Tutto è Politica". Lo hemos visto. Muchos lo han leído (o dicen haberlo hecho).
Canibalismo estético
En cuanto a Giorgio de Chirico dejó un volumen: "Le peintre et son génie chez l´écrivain", de título elocuente. De modo que las logorreas jamás están de más, si no se trata de aplicar el Carbono-16 o el ADN al pellejo de los lienzos, pigmentos y formas escultóricas.
Sotomayor, no me canso, era académico. Los académicos siguen padeciendo fobias propias de toda cátedra con licencia para detestar o elevar a los altares según les vaya la úlcera o si les han multado o no al ir a la expo. Punto.
Hoy el ballet de las Artes es contorsionismo. Todo es instalación, hasta la ropa limpia tirada por los suelos de mi casa junto a periódicos, libros, fotos que caducan vertiginosas y zapatillas que bostezan. El testimonio de nuestra época quedará fijo cuando el agujero de ozono verde del cambio climático nos extermine como a los dinosaurios. Quienes, por cierto, se extinguieron porque se devoraban los unos a los otros.
Más que el CO2 y el invernadero en estratosfera, el canibalismo ético nos exterminará. Dejaremos para la arqueología del XXIII una estampa de los perfiles que nos hacen las empresas -- y los chismorreos -- sin mirarnos de frente. O los videojuegos, la telebasura, la ciberbasura, la hemeroteca al dictado, las páginas web como éstas en disco-duro, los cajeros automáticos, los CD e incluso esas tablillas prehistóricas llamadas disquetes, y el you-tube.
Sólo seremos originales mucho, mucho después de muertos, incinerados y desvanecidos en el éter. Cuando don Aurelio nos dejaba, infames novilleros, entrar en "Biosca" y llevarnos catálogos con maravillosas reproducciones de sus estetas, sabía que el Arte ha de ser intercambio entre ese entusiasmo creativista que a Menchu Gal (y a su generación) embargaba, y la curiosidad activa del inquiridor sin complejos. Éramos infantiles, no pueriles. Hoy el drama es que hay mucho cuento, pero nadie se lo cree.
(Continuará; To be Continued; À Suivre; Jarraitzeko)






















































































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